Ambos estaban enamorados, eso era evidente; ambos se deseaban físicamente, eso era evidente; incluso ambos querían estar juntos… Entonces, ¿Por qué razón seguían insultándose y haciéndose la vida imposible? Eso era todo un misterio para Ernie. Desde que entró en el baño de prefectos aquella tarde se había involucrado en una historia de la que intentaba huir desesperadamente.

-¡Vamos, reconócelo, fue ella la que empezó! –le dijo Ron por milésima vez esa semana.

-Ya te lo he dicho, no sé quién empezó, no lo vi –dijo Ernie aburrido.

-¡Tuvo que ser ella! ¡Yo solo respondí, sí, eso pasó! –se dijo Ron hablando consigo mismo.

Ninguno de los dos quería reconocer que estaba enamorado, ambos eran igual de cabezotas y testarudos. Les daba un miedo terrible confesarse, temían no ser correspondidos.

Ron pensaba que fue ella la que se le lanzó, pero pensó que lo había hecho porque tenía una necesidad física y que si ahora él le decía que estaba enamorado de ella, la chica se reiría en su cara. Hermione pensaba algo similar, pero contando con que fue él quien se lanzó. Curiosamente el que se llevó la peor parte de esa situación fue el pobre Ernie. Desde entonces Ron y Hermione le acorralaban en los pasillos para preguntarle quién empezó, quién profundizo el beso, quién parecía desearlo más…

-¡En serio, no puedo más! –explotó el pobre chico cuando Hermione le acorraló en las escaleras por sexta vez esa semana. -¡No sé qué diablos pasa con vosotros dos, pero resolvedlo solos! ¿Es qué no os dais cuenta de que estáis locos el uno por el otro?

-Ernie, eso no es verdad –le respondió Hermione seriamente. –Ron me ha hecho la vida imposible desde primero, me ha hecho muy desgraciada, si yo le gustara lo más mínimo querría verme feliz…

-¿Y tú? ¿A ti no te gusta él?

-Yo… no, yo le odio, sí, le odio con toda mi alma –murmuró Hermione intentando convencerse a sí misma.

-¡Oh! ¡Así que le odias! ¿Le odias tanto que te lo montas con él en el baño de prefectos? Curiosa forma de odiar… No me quiero ni imaginar lo que harías si te gustara alguien.

Otra persona que lo estaba pasando bastante mal era Lavender Brown. Había estado yendo tras Ron desde que empezó el curso pero el chico siempre se las ingeniaba para evitarla. Una tarde no pudo soportarlo más y se echó a llorar en el baño de las chicas. Hermione que pasaba por allí, oyó el llanto y entró.

-¿Hola? –preguntó indecisa.

-¿Hermione?

-¡Ah! ¡Hola Lavender! ¿Quieres que te deje sola?

Hermione sabía que nunca le había caído bien a la rubia y que seguramente Lavender no quería que la viera llorar.

-No tranquila pasa.

Hermione entró al baño y se encontró a la pobre chica con los ojos rojos de pie junto al lavabo.

-Lo siento, seguramente pensaras que soy idiota.

-¡Si supieras las veces que me encerré a llorar en el baño durante primero!

-¡Ah! Por cierto, lo siento por eso… era una niña estúpida.

-No hay nada que sentir.

Hermione le sonrió y Lavender le devolvió la sonrisa.

-Bueno, ¿por qué estabas llorando?... si no quieres no hace falta que me lo cuentes…

-Sí, me gustaría, estaría bien desahogarse con alguien. Verás, supongo que conoces a Ron Weasley…

-Sí, por desgracia me es familiar –dijo Hermione sonriendo.

-Pues este verano él y yo hemos estado… bueno, juntos.

Aquella confesión hizo que el corazón de Hermione le diera un vuelco. Ahora ya estaba convencida de que Ron no podía sentir nada por ella, era imposible, se había pasado el verano con Lavender. Pero a pesar de que se había convencido de ello, confirmarlo no la hizo sentir mejor.

-Y cuando llegamos a Hogwarts, yo tenía la esperanza de formalizar lo nuestro…

-¡Un momento! Eso significa que, ¿aún estáis juntos?

-Sí, al menos en principio, aunque él se avergüence de ello.

Aquello fue aún peor. No solo no sentía nada por ella, sino que encima se había enrollado con ella teniendo novia. En ese momento, todo el dolor que sentía se transformó en ira. Era un juego, lo había sido desde el principio.

-Lavender, escúchame, no te mereces a esa rata…

-Lo sé, sé que soy una idiota por estar colada por él, pero es que no lo puedo evitar…

Estuvo consolando a Lavender hasta la noche. Cuando dio la hora de la cena parecía que la chica se encontraba algo mejor.

-Muchas gracias Hermione, eres una buena persona, a pesar de ser una sabelotodo…

Hermione se rio ante ese comentario.

-Ya, esa es la opinión que muchos tienen de mí.

-¿Vamos a cenar?

-Ve tú, yo ahora te sigo, tengo algo que hacer.

Lavender le hizo un gesto de despedida y salió del baño. Hermione se sentó en el suelo apoyada en la pared del baño, estuvo allí durante media hora, tras la cual rompió a llorar.