Ron Weasley había pasado a ser el jugador estrella de Gryffindor desde su actuación en la final de quidditch. Consiguió parar nada más y nada menos que veintiocho lanzamientos. Según decía la gente ahora había dos estrellas en Hogwarts, Harry y él. Había llegado más alto de lo que llegó cuando empezó a enrollarse con Lavender, y eso lo creía imposible.
Su reputación era de guaperas rompecorazones y bien merecida que la tenía. Desde mediados de curso iba con una chica distinta cada día y estaba disfrutando como un niño pequeño, se dijo que así debían sentirse los famosos, las estrellas de quidditch internacionales. Así debía de sentirse Harry. Dejó a Lavender en cuanto tuvo oportunidad, y aunque vio que a ella claramente le dolió, también vio que sorprendentemente la chica se sintió aliviada.
Lavender había tenido tiempo para reflexionar desde la charla con Hermione. Estaba loca por Ron y lloró cuando éste la dejó, pero viéndolo con perspectiva era lo mejor que le podía haber pasado. Hermione tenía razón con respecto a Ron, no se la merecía, de hecho tal y cómo se estaba comportando no se merecía a nadie. Siguió animando al pelirrojo y riéndose con sus bromas, pero sabiendo que nunca más iba a volver a caer en sus redes.
Ron estaba tan concentrado en lo suyo que no se dio cuenta de que había una persona que no besaba el suelo que él pisaba. Desde su conversación con Lavender en el baño, Hermione Granger decidió que era hora de pasar página. Aquel curso estaba resultando una tortura para ella, en primero se prometió no volver a llorar por Ron Weasley y había incumplido su promesa; claro lloraba por razones distintas, pero seguían siendo lágrimas. Debía superar lo del pelirrojo. Debía hacer lo que no pudo hacer durante los cursos pasados, pasar de él de una vez por todas.
Ron no se había dado cuenta de los desastres que provocaba a su paso, de hecho ni se había dado cuenta que desde que se besaron en el baño de prefectos, Hermione y él no habían vuelto a discutir. Él lo achacaba a los horarios, ahora él se pasaba el tiempo merodeando por los pasillos y enrollándose con la chica de turno; pero la verdad es que Hermione lo había estado evitando, iba a comer a horas distintas, cada vez que le veía en la sala común volvía a la biblioteca y hacía las rondas de prefectos más tarde. El único momento en el que no les quedaba más remedio que coincidir era en clases; momento que él aprovechaba para alardear delante de sus compañeros.
Aunque Ron estuviera en una nube y no se diera cuenta de la situación Harry sí que lo hacía. Sabía perfectamente que su amiga estaba evitando al pelirrojo y de hecho la ayudó a hacerlo, a él tampoco le gustaba nada la nueva actitud de su amigo. Hermione merecía ser feliz para variar y aunque fuera extraño, puede que Ron le estuviera brindando esa oportunidad. Hermione era brillante, inteligente y una bruja excepcional; sin la distracción de Ron Weasley podía conseguir grandes cosas.
La última tarde del curso, sin embargo, un cambio de horarios descolocó la situación. Iba a haber entrenamiento de quidditch pero se canceló, decidieron darles la tarde libre. Harry no tuvo tiempo de avisar a Hermione de que se dirigían a la sala común, donde ella pasaba las tardes estudiando cuando ellos entrenaban. Esa tarde, estaba estudiando las asignaturas del último curso.
-¡No me lo puedo creer! –exclamó Ron al entrar en la sala común y verla sentada estudiando. -¡El último día del curso y todavía sigue estudiando! ¡Hacía tiempo que tú y yo no coincidíamos! ¡Habrás estado encerrada en la biblioteca a todas horas! Tranquila, con tu cara nadie te lo reprocharía.
Ante este comentario, Hermione hubiera montado en cólera y hubiese empezado una sesión de gritos; pero lo que hizo fue actuar como si no hubiera oído nada.
-¡Vaya, la sabelotodo se ha picado! –exclamó Ron sorprendido, era la primera vez desde segundo curso que Hermione no le respondía a sus insultos y no le gustó en absoluto. -¡Siempre he sabido que eras asquerosa, pero estás empezando a ser cobarde también! ¡Deberías considerar cambiarte de casa!
Hermione se levantó cogiendo sus libros y antes de subir las escaleras al dormitorio se volvió.
-¿Qué tal el último entrenamiento Harry? –le preguntó a su amigo como si el pelirrojo no existiera. –Habéis llegado mucho antes de lo habitual.
-Ya, es que se ha cancelado, han decidido darnos la última tarde libre.
-¡Han hecho bien, últimamente volvíais agotados del esfuerzo!
-Tú también deberías relajarte un poco, voy a ir a ver a Hagrid, vente conmigo.
-De acuerdo, es una buena idea.
-¡Voy con vosotros! –dijo Ron con voz un poco más alta de lo habitual, se había sentido excluido en esa conversación.
-¿Sabes qué Harry? Pensándolo mejor aprovecharé para ir a la biblioteca –dijo Hermione dirigiéndose a la puerta. –Había olvidado mirar la receta de una poción que quería hacer en vacaciones, ¿nos vemos luego?
-Claro –dijo Harry siguiéndole el juego a la chica. -¡Pero no te vuelvas loca en vacaciones, disfruta!
-¡Descuida, me lo pasaré como una enana!
Ambos rieron y la chica salió de la sala común.
-¿Se puede saber a qué narices ha venido eso? –le gritó Ron a su amigo de camino a la cabaña de Hagrid.
-¿A qué ha venido el qué? –le respondió Harry tranquilamente.
-¡Habéis pasado de mí completamente y ella ha renunciado a venir en cuanto he dicho que venía!
-Tranquilo Ron, habrá tenido un mal día.
Ron se quedó pensativo ante eso. Se estaba empezando a dar cuenta de que desde que se enrollaron en el baño de los prefectos, Hermione y él no se habían vuelto pelear. Y aunque no lo admitiera ante nadie, lo echaba de menos. El hecho de que estuviera con otras chicas no cambiaba lo que sentía por Hermione. En un principio llegó a pensar que al estar con otras chicas se le pasaría, Lavender no le había servido para olvidarla, pero eso no significaba que otras no le sirvieran. Por desgracia, a pesar de la fama y los ligues, la sabelotodo seguía dentro de su cabeza.
