5. CAMBIO DE PLANES
Pasaban las horas, pero Tenten no se rendía. Atacaba con todas sus fuerzas, les había robado varias armas y, poco a poco, fue venciendo a los desertores. Su cuerpo estaba en las últimas, más de la mitad de sus puntos de chakra habían sido dañados o bloqueados, y no dejaba de moverse, atacar y esquivar. La luz del amanecer rasgaba el cielo cuando el último de los cuatro atacantes cayó, y la kunoichi se dejó caer para tomar grandes bocanadas de aire. No podía creerlo pero había vencido, y estaba más que segura de que podría salir de allí con vida.
Gateó hasta la pared, donde se apoyó para poder erguirse y abrir la puerta con dificultad. Siendo lo más silenciosa que pudo, lo cual resultó difícil porque cojeaba de la pierna derecha, llegó al recibidor, donde esperaba encontrar al hombre y la mujer que la habían sujetado antes. Para su sorpresa, el recibidor estaba vacío, la puerta entreabierta y de fuera procedían voces conocidas. Salió de la casa con sigilo, y el primer sol de la mañana le obligó a cerrar los ojos. Fue sólo un parpadeo, suficiente para que alguien sujetase sus manos en la espalda y la arrastrase unos metros hacia delante a una velocidad vertiginosa. Se giró para ver quién la sostenía. Aquella mujer desconocida la sujetaba mientras sonreía al frente; a su lado el líder de los desertores miraba hacia el bosque. Tenten siguió su vista, y no pudo creer lo que encontró.
Neji, Gai sensei, Lee, Hinata, el señor Hiashi… Todos estaban en primera línea de batalla, ¿acaso venían a salvarla? No pudo evitar querer sonreír, pero recordó la situación en la que estaba.
-¡Tenten! –Chilló Lee, obviamente desesperado por entrar en acción- ¿Estás bien?
-¡…! –Su voz no quería salir, tal vez el paralizante seguía siendo efectivo en sus cuerdas vocales.
-De acuerdo, Hieku –Comenzó el señor Hiashi-. Hemos traído a Neji tal y como querías. Ahora devuélvenos a Tenten.
El desertor rió.
-Lamentablemente no puedo hacerlo, señor Hiashi –Su voz era áspera y fría como la piedra.-. Al principio, Neji era nuestro objetivo, pero he perdido todo el interés que tenía en él.
Los cinco abrieron los ojos de par en par. ¿Qué quería decir con aquello? Entre tanto, Tenten seguía intentando atar cabos. ¿Es que el plan era cambiar a Neji por… por salvarla? En su pecho, su corazón dio un vuelco, bien por agradecimiento, bien porque era la locura más grande después de dar quinientas vueltas a la aldea caminando con las manos.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres? –Fue Gai sensei quien se dirigió a Hieku, totalmente serio y carente de su sonrisa habitual.
-Un tratado de paz.
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Neji intentaba digerir dos cosas de aquella extraña situación. La primera, que Hieku Hyûga, el líder de la revuelta y ahora único desertor del clan, quisiese firmar la paz. La segunda, ver cómo su amiga estaba siendo aguantada por aquella desconocida que ni el señor Hiashi sabía identificar, herida por las peleas que Hinata había descrito, medio expuesta por haber sido raptada cuando dormía, vestida con un pijama que él conocía demasiado bien. Apretó los puños. No entendía nada, pero tenía que llevársela de vuelta a la aldea.
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-¿Un tratado de paz? –Hiashi y Gai pestañearon, perplejos.
-Nosotros somos los únicos que han quedado en pie, pero no estamos dispuestos a volver al clan –Introdujo la mano entre sus cabellos y desató el protector que cubría su frente, mostrando cómo su sello había desaparecido sin dejar marca alguna. Los cinco de la hoja se miraron entre ellos-. Y no tengo motivos para hacerlo, como podéis ver. Esto es algo que debo agradecer a Rika –Señaló a la mujer que sostenía a Tenten-, mi hija.
-¿Tu hija?
-Sí, tuve un pequeño desliz extramatrimonial y aproveché para comenzar todo esto –Esbozó una cruel sonrisa-. Llevo veinte años preparando esta escisión, por lo que no seré yo quien regrese a casa.
-Está bien, Hieku. Si no quieres volver y ya no te interesa Neji, ¿se puede saber por qué no nos devuelves a la chica?
-Pues… porque la necesito, de momento.
-¿La necesitas? –Neji dio un paso al frente. Sentía cómo le hervía la sangre bajo la piel, algo en su interior iba a estallar de un momento a otro.- ¿Te crees con derecho a tomar lo que quieras, cuando quieras, para utilizarlo a tu antojo como si fuese una simple herramienta?
-Vamos, cálmate, chico. Cualquiera diría que ella es para ti algo más que una compañera de equipo –Escupió las últimas palabras, regocijándose. El heredero del Bouke apareció, a una increíble velocidad, junto al enemigo, a quien golpeó sin compasión varias veces.
-¡Neji! –El maestro Gai y el señor Hiashi lo detuvieron, mientras Lee y Hinata les guardaban las espaldas. Hieku, que había caído al suelo, se puso en pie, y lanzó una mirada a su hija, que asintió y tiró a Tenten bruscamente al suelo. Esta se revolvió e intentó ponerse en pie, pero Rika fue mucho más rápida, le retorció un brazo y apoyó la palma de su mano libre contra su pescuezo. Un calor inhumano traspasó su piel y le provocó un terrible dolor. Chilló con todas sus fuerzas, las lágrimas brotaron de sus ojos castaños a causa del pánico que aquello le hacía sentir. Su voz había regresado en forma de grito desgarrador que asustó a todos los presentes.
-¿¡Qué estás haciendo!? –Gritó Neji a la hija del desertor.- ¡Déjala, apártate de ella!
-¡Suéltala! –Esta vez, fue Lee quien ayudó a su compañero a protestar. Fuese lo que fuese, la estaban hiriendo y sus alaridos les atenazaban los nervios.
Rika sonrió e hizo lo que los muchachos pedían. Al apartar la mano de la kunoichi, esta dejó de gritar, pero cayó de bruces y dejó de moverse. En su cuello, una extraña marca negra como el carbón, una estrella de cuatro puntas que rezumaba calor. Un sello.
-Pero ¿qué demonios…?
Hieku se transportó junto a su hija, cogió a Tenten y la cargó sobre su espalda y, antes de irse, se explicó:
-No atacaré al clan si el clan no me ataca. Ya no tengo nada que ver con vosotros, y mi hija tampoco -Lanzó una mirada a Tenten-. Esta chica ha demostrado que tiene conocimientos sobre el Byakuugan y las habilidades de sus poseedores, ha demostrado lo fuerte que es y lo mucho que conoce nuestras técnicas de barrera de sangre. Eso la convierte en la candidata perfecta para dar lugar a una nueva estirpe de usuarios del Byakuugan –Sonrió, pérfido, justo antes de esfumarse junto a su hija y a Tenten.
Hiashi y Gai se miraron. Ninguno podía creer lo que acababan de oír, ni siquiera comprendían bien lo que había ocurrido, pero salieron de su ensimismamiento al recordar que no estaban solos. Observaron a sus tres acompañantes. Hinata, impresionada, se tapaba la boca con ambas manos, intentando creer que no era cierto que alguien pudiese hacer algo semejante. Por su parte, Neji seguía mirando fijamente el lugar en el que Tenten había caído, no veía nada más que la sombra de su imagen y no oía nada más que el eco de sus gritos de desesperación. Lee se acercó a Gai sensei sin perder a Neji de vista, y preguntó:
-Gai sensei… ¿Qué ha querido decir con candidata perfecta para dar lugar a una nueva estirpe…?
-Eso, Lee –El maestro lo sujetó por los hombros, contemplando a Neji con un alto nivel de preocupación-, significa que va a obligar a Tenten a darle hijos con los que fundar un segundo clan Hyûga.
