6. DEL EDÉN AL INFIERNO

*ATENCIÓN: Contiene lemmon. Si no te gusta, no lo leas. Pero te gustará.

Gris. Todo a su alrededor era gris. La fría piedra sólo le daba una humedad poco confortante a aquella pequeña celda donde la habían encerrado. Por lo que parecía, la desvencijada mansión en la que Hieku había confesado todo su plan no era más que una coartada, la verdadera sede del nuevo clan Hyûga estaba allí, en aquella antigua casa de piedra, oculta dentro de un pequeño pueblo de campesinos en el que nunca ocurría nada. Perfecto para criar a generaciones y generaciones de ninjas que conquistasen más tarde un territorio para su líder. Y en el sótano del angosto caserío, en la única celda construida, estaba ella, encadenada a la pared con grilletes en manos y piernas, obligada a colaborar en aquel macabro plan de la forma más indigna y bochornosa.

Ese tipo había tenido en cuenta su habilidad, sus conocimientos sobre los Hyûga y lo había reducido todo a "será una gran fábrica de niños". Cerró los ojos. Aquello no podía estar pasando realmente. ¿Así iba a terminar todo? Su esfuerzo, su trabajo duro, sus ilusiones, su vida… Una mujer que siempre había defendido el poder de las kunoichi, que tenía como ídolo a la más fuerte de la aldea, era ahora sometida a un hombre ¡simplemente por el hecho de tener vagina! Apretó los dientes. Quería llorar, pero no tenía fuerzas ni ganas de dejar que la viesen destruida. Tal vez estaban destrozando su vida, pero no les daría la satisfacción de ponérselo fácil.

Rika entró en la jaula. Le resultó irónico que aquellos que se oponían al Pájaro Enjaulado utilizasen celdas como primera medida de seguridad. Sonrió con tristeza. De algún modo, comenzaba a entender todo el dolor que un día vio reflejado en los ojos de Neji. La dama de los ojos albinos venía acompañada de dos mujeres, sirvientas, a las que ordenó que despojasen a la kunoichi de sus ropas, dejando su cuerpo completamente expuesto a aquella mujer, quien la examinó y palpó cada zona como si fuese médico.

-Tu estado de salud, salvando el cansancio y los vestigios de la pelea, es bastante bueno. Tienes un cuerpo fuerte, unas caderas lo suficientemente anchas como para dar muchos hijos a mi padre –Sonrió, enorgullecida-. No eres muy guapa, y por tu edad probablemente no has tenido mucha experiencia, así que serás fácil de domar.

-No soy un caballo –Escupió cada sílaba como si fuese veneno, mirándola con ira. ¿Cómo una mujer puede hablar así de otra? ¿Cómo se puede hablar de seres humanos como si fuesen simples objetos o carnaza?

La mujer alzó dos dedos. ¿Un sello? El calor regresó a aquel dibujo de su yugular, penetrando en su sistema nervioso, haciendo que se retorciese, queriendo huir de algo que estaba en su propio cuerpo.

-Esa marca que te hemos puesto es un sello de sumisión. Cada vez que hagas o digas algo inapropiado, la activaré hasta que creas que ya no aguantarás más.

Tenten no dijo nada en absoluto. No quería admitirlo, pero estaba asustada como no se había asustado nunca. Rika dio otra orden y las sirvientas comenzaron a lavar su cuerpo con agua y jabón aplicados con esponjas, sin soltarla de los grilletes. El jabón escocía en las heridas, pero no se quejó. No quería que volviesen a activar aquella marca, eso le impediría hacer nada por salvarse. Cuando estuvo completamente limpia, la bajaron para ocuparse de sus cabellos, los cuales peinaron en un tradicional recogido festivo, con un par de palillos decorativos y accesorios brillantes de esos que llevaban las esposas de las señoras feudales y que a ella, como kunoichi, poco le importaban. También maquillaron su rostro, depilaron su cuerpo y la envolvieron en las coloridas telas de un kimono ceremonial que así a ojo valía más que toda su casa. Entonces recordó que los Hyûga tenían dinero a puñados, por lo que por mucho que fuesen del Bouke y por encima desertores, aquello no debía sorprenderle. Pero sus ojos hacían chiribitas cada vez que se miraba. Nunca se había sentido tan… femenina.

A empujones, Rika la sacó de allí, maniatada, llevándola por un corredor oscuro hacia el peor momento de su vida. El poco iluminado dormitorio no tenía más que un pequeño armario bajo y un futón distendido sobre el tatami. Un par de velas se derretían sobre el mueble, reflejándose en los ojos blancos del hombre que la observaba fríamente desde el centro de la estancia. Rika le dio un último empujón y cerró la puerta corredera. Tenten se tumbó boca arriba, totalmente estirada, inmóvil, y, sumergiéndose en los ojos de aquel, tan distintos de los que acostumbraba a adorar, se obligó a dejar de sentir, regresando a los recuerdos de una ocasión que ahora parecía tan lejana…

[Flash Back]

Llevaban ya un tiempo viéndose a escondidas, robándose besos y regalándose caricias furtivas, en un principio fruto de la curiosidad, ahora buscando el deseo que sólo podía proporcionar el uno al otro. Sin embargo, una fría noche a finales de invierno, casi un año atrás, durante una complicada misión en los alrededores de la aldea oculta de la Niebla, no habían sabido dónde detenerse… Por lo que no se habían detenido. Al principio se miraban de reojo, sentados el uno junto al otro sobre una roca, a orillas de la laguna helada alrededor de la que habían decidido acampar. Fue la primera misión que hicieron a solas. La primera noche que estuvieron solos.

Neji podía ver cómo y cuándo ella lo observaba, cómo sus labios se curvaban en una bonita sonrisa que se reflejaba en sus ojos castaños, cómo se encendían aquellas mejillas suaves que tanto le gustaba besar. Él mantenía, orgulloso, su inexpresividad habitual, fingiendo que contemplaba el hielo mientras vigilaba cada uno de sus movimientos. Aquella noche, Neji bendijo a los dioses por haberle concedido sus ojos, unos ojos con los que poder apreciar cada detalle de la maravillosa mujer que se sentaba a su lado.

Después de una discusión por ver quién hacía la primera guardia, ninguno quiso ceder, y ambos quedaron en silencio, bajo la mirada indiscreta de la luna. Pero Tenten veía dos lunas mucho más dignas de admirar. Claro está que ninguno iba a decir lo mucho que disfrutaban viéndose o las ganas que tenían de dar un paso más en aquella extraña relación. Aquella vez, fue el Hyûga el que dio el primer paso, cogiendo su mano sin mirarla directamente. Todo su cuerpo se estremeció al tocar su piel, pero tragó saliva y se armó de paciencia consigo mismo. No podía ser capaz de matar a cien enemigos sin crispar el gesto y ponerse nervioso al tocar a una chica con semejante pudor. Y ni siquiera quería pensar en qué ocurriría si… No. No, no, no, no. Era mucho mejor que no pensara en la ínfima, remota y tan anhelada posibilidad de tener sexo con ella. Estaba poniéndose histérico, pero por suerte no lo exteriorizaba.

Esto, no obstante, jugaría en su contra, pues la introspección de aquel momento le impidió darse cuenta de que Tenten se acercaba peligrosamente a él para, seguramente, besar su mejilla. En un acto reflejo, giró la cabeza y recibió el beso donde realmente lo quería. Aun así, le costó recordar que aquello no era nuevo, que ya se habían besado antes. Se separó un momento para mirarla a los ojos, y luego, sujetándola por la nuca, retomó el beso con dulzura, aumentando la temperatura progresivamente, mordiendo su labio inferior porque sabía que eso siempre le arrancaba algún que otro suspiro. Y le encantaba oírla suspirar.

Por alguna razón, Tenten estaba nerviosa. Quizá porque era la primera noche que estaban solos, o tal vez porque nadie más podía verlos u oírlos allí; es decir, no existía ningún tipo de barrera o impedimento que provocase una pausa prematura. Por tanto, no habría pausa, y no estaba segura de qué ocurriría después de todo. Lo único que tenía claro, mientras sentía cómo Neji perdía lentamente su infinita cordura y le desgastaba la piel del rostro y el pescuezo con cientos de besos y caricias, era que no iba a arrepentirse de aquello. Porque llevaba mucho tiempo cansada de desear sin ser deseada, de observar en la sombra sin que nadie la viese a ella… Y ahora Neji la veía, y de qué forma… Se apoyó en él y se impulsó para sentarse a horcajadas sobre su regazo, sorprendiéndolo gratamente. Enredó los brazos en su cuello y volvió a los mordiscos apasionados y, sí, descontrolados; a la par, sus ágiles dedos se deslizaban por la oscura melena del muchacho y la liberaban de su presa, le volvía loca aquella melena. Se detuvo un segundo para contemplar sus hermosos ojos como lunas, brillantes y vibrantes, con un fondo que Tenten no supo identificar.

-¿Estás segura de esto? –Susurró él a ras de la piel de su cuello.

-Nunca había estado tan segura en mi vida –Respondió, a pesar de su sonrisa nerviosa y del temblor de su cuerpo.

Volvió a besarla, aquella respuesta le gustó. Sin previo aviso, el joven deslizó las manos bajo aquella blusa de corte chinesco, acariciando su espalda y examinando el cierre de su sostén, a sabiendas de que le costaría quitárselo, bien porque nunca había desabrochado uno, bien porque sus manos parecían de gelatina. Comenzó a tironear de la tela de la blusa hacia arriba, con intención de quitársela, pero entonces la escuchó tiritar.

-¿Tienes frío? –Asintió, increíblemente ruborizada. El shinobi pestañeó. Siempre había visto a su compañera como una chica bonita, pero la mujer que estaba sobre él en aquel momento le parecía realmente hermosa.

Se pusieron en pie e, inconscientemente cogidos de la mano, corretearon hacia la tienda de campaña que habían montado en la linde del bosque, entraron, y Neji se ocupó de cerrarla a cal y canto. Después, se dio la vuelta y se llevó una mano a la boca, estaba impresionado, sonrojado y era consciente de que su riego sanguíneo comenzaba a circular en dirección sur.

-¿Ocurre algo? –Tenten se había deshecho de su blusa y de sus pantalones, y a pesar de la vergüenza que su rubor indicaba, se hallaba sentada con una expresión de lo más natural mientras deshacía el primero de sus dos moños. Él apartó la mirada. Tenía que aguantar un poco más.- Eh, Neji, ¿estás bien?

-S… Se supone que la gracia está en que te desnude yo, no en que te desnudes y… y me sorprendas cuando me dé la vuelta… -Comenzó a liberarse del kimono, centrándose en una acción sencilla y cotidiana evitaría mirarla directamente. O eso habría podido hacer si ella no hubiese gateado hasta él con una pícara sonrisita en los labios.-¿Qué?

-¿Tan nervioso estás que no puedes ni quitarte el kimono? –Él chasqueó la lengua- Deja que te ayude.

Con brusquedad, lo tumbó en el suelo, sobre los sacos de dormir, y quedó sobre él, atacando su yugular. Neji cerró los ojos y se limitó a sentir. La morena fue dejando un rastro de húmedos besos desde debajo de su oreja hasta el hueco del esternón, utilizando las manos como herramienta para arrancar su kimono, llenando su fibroso cuerpo de marcados pectorales y perfectos abdominales de roces de fuego y saliva. Inspiró hondo y ahogó un suspiro. No quería dejarle ver que le tenía totalmente sometido, que llevaba el control de la situación. No obstante, cuando ella se aventuró a deshacerse de sus pantalones, quedando en igualdad de condiciones, decidió demostrarle que también él sabía complacerla.

Rápidamente, la tiró al suelo y se colocó sobre ella, con sus piernas rodeando la cintura del shinobi. Acarició su rostro y le regaló una tierna sonrisa, algo muy impropio de Neji Hyûga pero que Tenten descifró sin dificultad: llevar el control suponía parte de su ego masculino. Le devolvió la sonrisa, en señal de duelo, e intentó besarle, pero él se inclinó hacia su cuello, tirando de su piel con los dientes, arrancándole ya algún gemido suave y discreto. Rozó con la yema de los dedos sus caderas, sus costados y su abdomen, hasta dar con la maldita prenda que sabía que no podría quitar conservando la dignidad. Acarició los tirantes, deslizándolos por los hombros, tenía que ir con cuidado y dejar lo mejor para el final. Esta vez con los labios, dibujó los límites del sostén, delineando el borde apuntillado de la fina prenda de color azul metálico, siendo consciente de que aquel paso era de gigante. Posó las manos suavemente sobre sus senos y los mimó lenta y cariñosamente, deleitándose en su labor, observando cómo Tenten cerraba los ojos y comenzaba a respirar con cierta dificultad. Sin miramientos, utilizó la fuerza bruta y partió el sujetador en dos, liberando aquellos generosos, firmes y suaves pechos que tantas ganas tenía de ver. Los acarició de igual modo, centrándose esta vez en aquella zona que es más sensible, jugueteando con aquellos delicados botones entre sus dedos y sus dientes, sonriendo al notar cómo se endurecían a medida que los rozaba. Comenzó entonces a oír una vocecilla jadeante y suplicante nacida entre los labios de la mujer a la que estaba dedicando tanto mimo, unos gimoteos gozosos resultantes de todo aquello. Se separó de sus senos y regresó a su boca, a besarla, a adorarla con la mirada. Pero todavía acababa de empezar.

Sentía su cuerpo casi desnudo aumentando de temperatura, sentía cómo su propio cuerpo reaccionaba ante tal situación y sobre todo cómo necesitaba más. Entre sus piernas, aquella maldita mujer había despertado su instinto animal, que luchaba ahora desesperado por hacerla suya. Pellizcó con dulzura sus nalgas, un trasero que siempre había llamado su atención y ahora era suyo; se deshizo de su ropa interior, un fino tanga a juego con el sujetador que él había destrozado. Y, del mismo modo que con sus pechos, decidió jugar, explorar con sus hábiles manos lo que únicamente conocía por la teoría. La melodiosa voz de su amante, que le tiraba del pelo y arañaba su espalda si dejar de besarle, le indicó que lo estaba haciendo bien. Aprovechó la humedad que sus juegos habían provocado para abrirse camino en ella, primero despacio, utilizando uno sólo de sus dedos, luego de forma rítmica, introduciendo otro más, asegurándose de no hacerle daño. Pensar en complacerla y en tener el control le ayudaba a mantenerse en calma y poder llevar la situación. Pero ella no estaba de acuerdo con él, y tuvo que hacer aquello.

Tenten se sentía frustrada, como si Neji tuviese el control de su cuerpo, y no era justo. Apenas podía pensar, sólo reaccionaba ante los roces de la piel de su compañero, que le producían un placer que jamás había sentido o imaginado. Si tan sólo aquello fuese algo más que un juego experimental, habría sido perfecto… Pero no se puede tener todo. Decidió ponerse a su nivel, recordarle que todavía podía sacarle ventaja y… Arqueó la espalda. Si no actuaba rápido, no tendría control sobre sí misma. Se las ingenió para abrazarse a su cuerpo y hacer que la levantase del suelo, regresando a su regazo, donde ahora notaba su palpitante erección a través de la ropa. El roce contra esta les hizo buscarse para devorarse nuevamente, poco quedaba ya, pero ella necesitaba demostrar que podía ganar en el juego de poder. Actuó del mismo modo que él. Orgullosa, retiró aquellos bóxer negros y se dedicó a jugar y experimentar, sin dejar de besar sus pálidos labios, sintiéndose satisfecha con cada suspiro y gruñido que le robaba. No tenían miedo a llegar al final, ni se arrepentirían. Al fin y al cabo, a veces el destino te da un golpe de suerte, y aquella misión lo había sido.

Por fin, la recta final. Neji había acariciado su rostro una vez más, y ella le había pedido sin palabras que entrelazasen sus dedos. Pese a todo, seguía siendo su primera vez, y los nervios e incluso el miedo seguían vigentes en ambos. Al principio fue lento, incluso algo doloroso, pero él la abrazó, diciéndole que todo estaba bien, que esperarían a que se acostumbrase. Y, después, retomaron la lucha de cuerpos. Eso sí, esta vez apartaron la guerra por ser el más fuerte, y buscaron un placer común e intrínseco que encontraron al cabo de un rato. La abrazó tan fuerte como pudo, sintiendo que le había dado su alma y que ahora tenía la de su bonita kunoichi. Entonces, todo acabó, y una calma infinita los devoró.

Sudor. Besos. Gritos. Arañazos. Súplicas. Obscenidades. Todo ello bordado mediante el perfecto trabajo de la unión de dos cuerpos, cosido con retales de piel y de deseo, en una minúscula tienda de campaña. Había valido la pena todo el agotamiento o toda la espera. Porque ambos, aunque no fuesen a admitirlo nunca, se habían regalado la mejor noche de sus vidas. Y no lo olvidarían jamás.

[Fin del Flash Back]

Decidió abrir los ojos. El sudor que perlaba la frente de aquel hombre goteaba sobre su cuerpo, que era tomado sin compasión. No había habido caricias, ni juegos, ni competición. Sólo un silencio absoluto y una sensación de humedad en los ojos de ella, que miraba al techo, recordando que la mañana después de perder su virginidad con el chico del que siempre había estado enamorada había nevado a su alrededor, pero ninguno había tenido frío, porque habían dormido abrazados. Y ahora, en una caldeada habitación de una mansión, bajo las mantas y con un varón ya entrado en años penetrándola insípidamente, tenía verdadero frío.


Bien, veo que esto avanza... Este es el primer capítulo con lemmon, he de admitir que me costó bastante escribirlo porque soy vergonzosa a la hora de ser tan explícita... En fin, espero que os haya gustado, o algo... Por otro lado, sigo queriendo opiniones sobre la historia en general.

¡Por cierto! En el capítulo anterior, tuve un pequeño fallo de expresión con el último diálogo de Hieku, pero parece que ya está corregido... Espero que no os haya causado molestias

¡Nos escribimos!

Drusila.