Capítulo II: "Un día con Camus"

Pasaron las horas y empezaba a salir el sol dando inicio a un nuevo día que para algunos podría ser bastante agitador y para otros un día bastante relajado.

Los caballeros comenzaron temprano con sus quehaceres, mientras el Patriarca mandó a llamar a un caballero para asignarle una tarea extra para el día de hoy, el joven de cabellera verde azulada esperaba pacientemente que el ariano mayor se presentara ante él. Mientras en una habitación se veía una discusión bastante peculiar.

-Masako, ya es hora de levantarse –decía Shion quitándole las tapas de la cama.

-No quiero –decía ella volviendo a cubrir-: Es muy temprano.

-Es bastante tarde y tienes que salir –insistía Shion-: Créeme que es tu primer día completo aquí y no quiero empezar tomando medidas extremas contigo.

-Déjame dormir –decía ella haciendo pucheros de manera infantil.

-Levántate, tienes cosas que hacer, eso te pasa por dormirte tan tarde –le regañaba Shion.

-Pero si tú aceptaste jugar consola conmigo en vez de enviarme a dormir –dijo enojada.

-Y yo no estoy reclamando por sueño, así que ahora metete a la ducha y rápido que pronto debes salir –le dio como ultimátum el hombre y le quito sus tapas de la cama para luego salir de la habitación.

-Maldito –gruñó Masako lanzando una almohada a la puerta dispuesta a levantarse.

Mientras, un acuariano seguía esperando en la sala hasta que el hombre hizo presencia en el lugar. El más joven hizo una reverencia mostrando respeto.

-Bueno, Camus te preguntarás para que te mande a llamar –decía Shion mientras el chico asentía-: Bueno, necesito que me hagas un gran favor

-¿Qué cosa, Patriarca? –preguntó Camus.

-¿Podrías llevar a Masako a conocer el pueblo? Yo tengo mucho que hacer hoy ahora que Saori no está –dijo Shion suspirando.

-Está bien –aceptó Camus aunque la idea no le agradaba mucho, pero era bastante educado para decir que no, sin contar que quería conocer más a la chica y comprobar realmente como era su personalidad.

-Entonces, espérala aquí, ella bajará luego –dijo el patriarca.

-Está bien –respondió el dorado.

EL joven se sentó en uno de los sillones mientras el Patriarca subía en busca de la princesa. Llego a la habitación, golpeó y al escuchar que entrase, ingresó y se encontró con que la chica lucía bastante bonita, no llevaba ese vestido largo, simple, aburrido y café que utilizó el día anterior. Vestía unos jeans cortos negros, un top bastante ajustado color negro junto a un delgado poleron negro y unas zapatillas verde limón.

-¿Te falta mucho? –preguntó Shion observándola.

-No te preocupes, sólo mi cabello y listo –respondió aproblemada por su cabello.

-A ver, yo te ayudo a peinarlo –dijo Shion tomando el cepillo y su cabello entre sus manos para desenredarlo-: Tienes el cabello muy suave.

-Claro que sí, lo cuido mucho –contestó ella orgullosa.

-Ah, bueno, ya está desenredado –dijo Shion.

-Realmente eres un genio, quedo estupendo –dijo ella maravillada colocando una horquilla en su cabello.

-Ya, baja rápido que te están esperando –ordenó el patriarca.

-Ok ok, adiós –dijo ella mientras salía rápidamente de la habitación.

Mientras, Camus seguía esperando que la chica llegase a su encuentro, estaba un poco ansioso aunque no se percibía al frente de los demás. La joven llego a la sala donde esperaba el santo acuariano.

-Buen día –saludó la chica con una pequeña reverencia.

-Buenos días, señorita –respondió el chico también reverenciándose.

-¿Nos vamos? –preguntó ella señalando el camino de salida.

-Ah sí claro –dijo Camus encaminándose seguido de la chiquilla.

Caminaron en silencio hasta salir del Santuario, era bastante incómodo puesto que ella no conocía ni a él, ni el lugar, se sentía bastante insegura. El camino fue bastante largo y al llegar al pueblo, a la chica se le notaba cansada.

-¿Quiere descansar? –preguntó Camus notando el cansancio de la joven.

-No, no te preocupes –contestó ella simulando ser fuerte.

-Está bien –aceptó él un poco dudoso.

-Oye, Acuario, no es necesario que me trates con tanta formalidad –comentó ella caminando a su lado.

-Debo hacerlo –respondió él.

-Pero a mí no me gusta, llámame por mi nombre, mi nombre es Masako –dijo ella sonriendo.

-Está bien, pero tú también me llamas por mi nombre –condicionó.

-Etto… pero es que tengo un problema –contestó nerviosa.

-¿Qué ocurre? –preguntó Acuario.

-No sé cómo te llamas –respondió ella entrecerrando sus ojos.

-Es cierto, no me he presentado. Mi nombre es Camus –contestó.

-Está, bien, yo soy Masako y tú eres Camus –resumió ella con aire infantil.

Siguieron caminando un largo rato, mientras el santo le mostraba a Masako cada lugar del pequeño pueblo y ella observaba con detalle cada momento que podía, se interesaba por que aprendía cosas nuevas, le gustaba el lugar era muy lindo según ella, tenía una esencia que le gustaba, mientras caminaban por un lugar muy concurrido en el pueblo Masako observaba las tiendas buscando una que otra cosa, mientras las miradas caían sobre ella y el caballero.

-Camus, ¿Por qué nos observan tanto? –preguntó nerviosa.

-Debe ser extraño, ver a un santo de Atena acompañando a una chica que no conocen –supuso el mayor.

-Me siento incómoda –comentó.

-Relájate, es normal –le dijo con una muy leve sonrisa.

-Bueno –aceptó.

Siguieron su camino por las tiendas pero el camino se hacía más lento cada vez, se notaba el cansancio en Masako puesto que ella no estaba acostumbrada a caminar todas esas distancias.

Camus al notarlo decidió buscar un lugar para descansar, hasta que divisó una cafetería lo cual no le pareció mala idea para tomar un descanso.

-¿Entremos a servirnos algo? Yo invito –propuso el joven señalando la cafetería.

-Está bien –dijo Masako cediendo por el agotamiento.

Entraron a la cafetería juntos bajo la atenta mirada de algunas personas. Una señorita se les acercó a atenderles mientras Camus pidió un café con pastel mientras la chica pidió un té con leche junto a lo mismo que su acompañante.

El ambiente era bastante tranquilo, realmente era para descansar y se relajaban mucho. Aún así se sentía incómodo puesto que no hablaban, Masako leía uno de los tantos volantes que le habían entregado en las calles y Camus sólo le observaba.

-Realmente, no eres tan molesta como creíamos –comentó el santo de acuario.

-Supuse que eso habían pensado de mí –respondió ella quitando la vista de los folletos-: No fue muy amable mi llegada.

-Sí, todos creemos exactamente lo mismo, pensamos que eras algo así como una tirana –comparaba el chico.

-¡Tan así! –Exclamó ella sorprendida-: Es que, no podía ser de otra forma porque estaba Saori-chan vigilándome –explicaba ella jugando nerviosamente con sus dedos.

-Ya veo, bueno, al menos a mí me caes bien, los demás aun te tienen que conocer –decía Camus.

Siguieron conversando y luego llegaron sus pedidos, cada uno disfruto de lo ordenado, el servicio que brindaba aquella cafetería era muy bueno y eso se notaba en la sonrisa de cada uno de los clientes. Camus ya sabía de la reputación de dichoso lugar por lo cual, decidió llevar a la señorita a disfrutar.

Las horas pasaban, llevaban más de 10 horas fuera del Santuario, habían marchado a las 10 de la mañana y ya estaban por dar las 6 de la tarde, sin contar, que por estos tiempos ya oscurecía tempranamente.

Terminaron sus respectivos alimentos, Camus pagó la cuenta y se marcharon de allí, al salir, notaron que ya era de noche aunque el tiempo había pasado volando para ambos.

-Creo que ya es hora de volver a casa –dijo Masako mirando el cielo.

-Opino lo mismo –contestó el santo.

Y así ambos comenzaron su largo camino de regreso, ya estaban por las afueras del pueblo y en las cercanías del Santuario, Masako volvía a ser presa del agotamiento pero no se daba a vencer, aunque esto preocupaba a su acompañante. El lugar era oscuro y sin darse cuenta, alguien se les atravesó deteniéndose justamente en frente de la chica de ojos rojos.