Capítulo III: "Una aparición misteriosa, una rosa delicada"

Y así ambos comenzaron su largo camino de regreso, ya estaban por las afueras del pueblo y en las cercanías del Santuario, Masako volvía a ser presa del agotamiento pero no se daba a vencer, aunque esto preocupaba a su acompañante. El lugar era oscuro y sin darse cuenta, alguien se les atravesó deteniéndose justamente en frente de la chica de ojos rojos.

-¡Masako! –exclamó esta persona que vestía encima una especie de abrigo con capucha.

-¡Tú! –contestó ella sorprendida mientras Camus no entendía que pasaba.

-Ven, vuelve conmigo –decía el tipo tomándola fuertemente de las muñecas.

-Suéltame, me lástimas –respondió ella con cierto temor en su voz.

-No, eso no, tú eres mía y te vas ahora conmigo –volvió a decir nuevamente el hombre intentando atraerla hacia él pero un brazo se atravesó soltando el agarre.

-Disculpa, pero la señorita está conmigo y no quiero problemas aquí, así que márchate –dijo cortésmente el acuariano.

-¡Un Santo de Atena! –exclamó el tipo con miedo.

Al notar a Camus, el hombre huyo directamente hacia el pueblo ya que había muchas personas en las calles del lugar.

El joven se acerco a ver el estado de su acompañante.

-Masako ¿Cómo te encuentras?

-Bien, pero me duelen las muñecas –dijo ella molesta.

-¿Quién era? –preguntó Camus con demasiada curiosidad.

-Una persona de la que no me gusta hablar –contestó ella evitando el tema.

Camus quedo un poco extrañado con la respuesta pero no quiso preguntar más, no era muy educado entrometerse en la vida de los demás y eso tampoco iba con él, así que decidió seguir su camino hacia el Santuario.

Luego de un buen rato, llegaron al lugar y subieron directamente al templo, ya estaban por dar las 9 de la noche y el Patriarca los esperaba leyendo un libro.

-Un poco tarde ¿No? –dijo el Patriarca cerrando su libro y volteándose para verlos.

-Je, pero ya estamos aquí –contestó Masako con una sonrisa.

-Veo que lo pasaron bien –comentó el Patriarca.

-Claro que sí –dijo Masako con ánimo.

-Bien, Masako ve a tu cuarto que necesito hablar con Camus –ordenó el Patriarca.

Masako solo asintió y se dirigió al lugar que le habían dicho, así el Patriarca se sentó junto a Camus a conversar sobre el día.

-¿Te dio algún problema? –consulto el Patriarca.

-Ninguno, es toda una dama –contestó el acuariano.

-¿Y ocurrió algo relevante? –volvió a preguntar el peli verde.

-Sí, cuando veníamos de regreso entre el Santuario y el pueblo, apareció un tipo bastante extraño que se le acerco a Masako y forcejeo un poco con ella, al parecer, quería llevársela –contestó el caballero dando algunos detalles.

-¿No te fijaste como era? –preguntó el patriarca con mucha curiosidad.

-No pude verlo, estaba con un capuchón –contestó Camus.

Y así siguieron conversando un buen rato. A eso de las 10 de la noche Camus decidió marchar a su templo donde no había estado en todo el día, estaba bastante cansado, el día fue muy agotador pero provechoso, pudo descubrir cómo era su nueva princesa aunque el hecho ocurrido un rato atrás no le dejaba de rondar en la cabeza, sentía curiosidad, no era algo normal ver todo eso pero decidió darle tiempo al tiempo, tal vez, la misma chica le contaba que ocurría.

Al llegar a sus aposentos notó que no estaba solo, vio que en su sala se asomaba una cabellera azulada desde el sofá, pudo reconocer de inmediato quien era la persona que invadía su lugar.

-Milo, ¿Qué haces aquí? –pregunto Camus.

-Ah, hola Camus, pues… hoy no te vi en todo el día y me preguntaba dónde te metiste –contestó el caballero de Escorpio.

-Tuve que hacer algo para el Patriarca –contestó el caballero de Acuario sentándose en un sillón de la sala.

-¿Qué hiciste? –preguntó Milo curioso.

-Lleve a la señorita Masako a conocer el pueblo –contesto tranquilamente bajo la cara de horror de Milo.

-¡Que horrible! ¡Esa chica es tan…! –decía Milo espantado puesto que seguía con la misma impresión de la joven.

-No exageres, los demás tenían razón, debemos conocerla –contrarió Camus logrando que el rostro de Milo cambiara por sorpresa.

-No lo sé… No estoy muy interesado en eso –comentaba el caballero de Escorpio.

-Mira, no es tan molesta como nos pareció la primera vez, de hecho, es bastante simpática, agradable y amable –comentaba Camus.

-Eso espero, aunque te tomo todo el día llevarla por el pueblo –decía Milo con un tono pícaro.

-Se nos paso el tiempo volando, recorrimos todo el lugar –respondió el acuariano ignorando el tono de su amigo.

Y así siguieron conversando este par de amigos, aunque Camus no abandonaba su tono frío, Milo intentaba sacarle mucha información ya que a pesar de que la chica no era de su agrado le atraía conocerle. Le pareció alguien interesante según lo que le contaba su amigo.

Mientras en el templo de Atena, en una habitación bastante bonita, una pelirroja observaba por la ventana la bonita noche que caía sobre Grecia, estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que alguien había ingresado al lugar y que la observaba desde hace un rato en silencio, si no es por una fuerte ráfaga que la saco de sus pensamientos y observo hacia su cuarto.

Allí se encontró con los púrpuras ojos del Patriarca Shion quien la miraba con una agradable expresión, aunque la chica creyó que la regañaría puesto que era bastante tarde para que se encontrase en pie a lo cual se apresuro en hablar.

-Ok, ahora mismo me voy a la cama –dijo ella quitándose del lado de la ventana.

-Está bien, pero no venía a hablar de eso –comentó el Patriarca observándola.

-¿Qué ocurre? –preguntó la chica confundida.

-Quería saber sobre cómo te fue hoy ¿Qué te pareció el día? –preguntó el Patriarca preocupado.

-Bueno, el día fue muy bueno, aprendí mucho y conocí muchas cosas, me pareció muy bonito el pueblo aunque… -de pronto se quedo callada.

-¿"Aunque…"? –citó el hombre esperando que la chica terminara de hablar.

-Aunque el caballero de Acuario es muy frío –decía ella con graciosas cascadas en sus ojos.

-Ah, pero bueno, él es así no te preocupes –comentaba el Patriarca intentando calmar a la más joven-: Es cierto, quiero hablar algo contigo

-Pero si no hice nada malo hoy, me porté como una señorita –intentaba esquivar su regaño.

-No es eso, es sobre cierto incidente que ocurrió hoy cuando volvían –empezaba a decir Shion provocando que Masako se asustase-: ¿Podrías contarme que ocurrió?

-Está bien, se que te tengo que contar igual –decía ella bajando su mirada-: Resulta que estábamos regresando y veníamos ya en ese camino entre el pueblo y el Santuario, todo iba bien hasta ese momento pero de pronto, alguien apareció misteriosamente y se posó frente mío, allí noté que era 'él' y me sostuvo fuertemente de las muñecas y me empezó a decir cosas, así que Camus tuvo que intervenir –relató ella un poco triste por el suceso.

-Entonces tenemos que tener cuidado, Atena me mata si algo te ocurre –decía Shion analizando la situación.

-Lo sé, pero creo que estos caballeros influyen demasiado respeto por lo cual no veo que haya que preocuparse mucho –decía ella con una sonrisa.

-Ya veremos, por ahora acuéstate a dormir que mañana será un largo día –decía el antiguo caballero de Aries.

-¿Qué tengo que hacer mañana? –dijo ella anonadada.

-Visitaras las doce casas –le dijo el Patriarca antes de salir del cuarto.

Y así la chica bufó luego de que salió el Patriarca y procedió a cambiar sus ropas para meterse a la cama a descansar luego de un largo día.

Y así cada uno de los habitantes del santuario recurrieron a lo mismo para luego comenzar un nuevo día.

Se supone que todos deberían dormir, pero no, en una de las casas se ve a un inquieto joven sueco que se da vueltas en la cama inquietamente, no logra encontrar la forma de conciliar el sueño. Siente una extraña sensación, se siente invadido y escucha unos pasos por lo cual decide salir a su jardín a ver que ocurre para dejar de lado esa sensación que no le deja dormir.

Afrodita decidió vestirse y salió con mucho cuidado de su lugar de descanso para dirigirse al lugar donde se encuentran sus hermosas rosas. El caballero lentamente se detiene al notar que hay alguien allí, no puede notar quien es puesto que la persona está cubierta completamente del negro de su vestimenta. Con mucho cuidado se acerca pero la persona que está allí al escuchar sus pasos se asusta levantándose bruscamente para marchar del lugar aunque no resulta puesto que el caballero le afirma fuertemente del brazo.

-¿Quién eres y qué haces aquí? –preguntó el caballero amenazadoramente.

-Lo siento, caballero de Piscis, soy Masako, sólo observaba las rosas de tu casa –contestó la chica quitando su gorro dejando ver su rostro.

-Señorita Masako –dijo sorprendido Afrodita soltándole y haciendo una reverencia.

-No es necesaria esa formalidad, discúlpame por haberme entrometido aquí sin permiso –se disculpo la chica con una reverencia.

-No, no se preocupe, es sólo que no le reconocí con sus ropas –dijo el caballero-: Disculpe mi intromisión pero ¿No debería estar durmiendo?

-Debería, pero no tengo sueño y quise salir a caminar un poco y me encontré con tus rosas que me llamaron mucho la atención –decía acercándose para observarlas mejor.

-Tenga cuidado, son venenosas –advirtió Afrodita y la señorita dio un salto para alejarse.

-Se ve que están bien cuidadas, te preocupas mucho por ellas –dijo sonriendo sin dejar de observarlas.

-Claro que sí –contesto orgulloso el santo de Piscis.

-Bien, vuelve a dormir que yo me marcho –ordeno Masako dándole una mirada.

Afrodita sólo le observo y noto que la joven no tenia sueño pero no era por cualquier razón, la joven no era de su total agrado pero al igual que el caballero de Acuario, decidió conocerla un poco y no encontró nada mejor que invitarla a su casa.

La joven acepto con un poco de duda pero feliz de cierta manera, no le agradaba mucho el concepto que los caballeros tenían de ella por lo cual prefirió aceptar la invitación para que al día siguiente no ocurriesen tantos problemas.

Entraron al lugar y Masako quedo sorprendida, era muy bonito y tenía unas decoraciones fantásticas, estaba ordenado y limpio lo cual más le agrado a la chica. El joven le invito a sentarse en uno de los sofás de la sala mientras él iba por algo de beber y comer para que platicasen a gusto. Mientras tanto, Masako observaba cada detalle del lugar, le parecía maravilloso puesto que aun no había entrado a ninguna de las casas de los caballeros, al obtener esa impresión de la casa de piscis se volvió ansiosa por conocer las demás.

Afrodita volvió y la observaba atentamente, la chica parecía sumida en su observación pero el chico decidió sacarla de su concentración.

-¿Señorita Masako? –llamó él con suave voz sacando a la chica.

-¿Ah, sí?

-¿Prefieres un té o café? –pregunto el caballero sentándose a su lado dejando una bandeja sobre una mesita que había allí.

-Té, por favor –pidió ella educadamente.

-Está bien –acepto el caballero sirviéndole.

-Afrodita, por favor, llámame solo Masako –pidió ella en forma de ruego.

-Si usted quiere –acepto el caballero.

-Pero no me trates con tanto respeto, no me gusta –dijo ella cerrando los ojos fuertemente.

-Está bien –acepto nuevamente y sorprendido por la expresión.

Así siguieron hablando muchos temas de los que ambos sabían, además el chico le comentaba como vivían allí, lo que hacían, lo que le gustaba, las relaciones que se sostenían en el lugar y demás. Masako seguía atentamente lo que el caballero le decía y ponía atención a cada palabra dicha por el joven, le interesaba lo que hablaba y el caballero así lo notaba, aunque esa sensación lo obligaba a ponerse un poco nervioso puesto que nunca tenía tanta atención y, sin duda, la mirada de la chica era algo… penetrante con esos ojos rojos como el fuego.