Capítulo IV: "Las visitas a los templos"
Así siguieron hablando muchos temas de los que ambos sabían, además el chico le comentaba como vivían allí, lo que hacían, lo que le gustaba, las relaciones que se sostenían en el lugar y demás. Masako seguía atentamente lo que el caballero le decía y ponía atención a cada palabra dicha por el joven, le interesaba lo que hablaba y el caballero así lo notaba, aunque esa sensación lo obligaba a ponerse un poco nervioso puesto que nunca tenía tanta atención y, sin duda, la mirada de la chica era algo… penetrante con esos ojos rojos como el fuego.
Ya eran altas horas de la madrugada y al parecer entre ellos aun no se sentía nada de sueño pero ya tarde era, así que Masako decidió marchar para descansar y así el chico no estuviese cansado al día siguiente.
Agradeció feliz y se marcho, también le dejo dicho que al día siguiente volvería a visitarlo pero esta vez con el Patriarca, al igual que a todos los caballeros de Oro.
Se despidieron, realmente se habían llevado bien y ambos tenían una agradable sensación. Así fue como Afrodita se marcho a su cama y Masako al templo de Atena.
El resto de la noche paso tranquilo para todos y así la luna huyo y salió el sol de sus aposentos para iluminar un nuevo día en el Santuario que habitan nuestros guerreros.
La mañana paso tan normal como todos los días para los santos dorados, aún así, los santos de bronce se presentaron temprano en los antiguos aposentos de Saori para ver en que podían servir a la joven. Al llegar, el Patriarca los dirigió hasta el comedor del templo. Al entrar, notaron que la mesa estaba muy bien decorada con distintos tipo de bocadillos y 7 lugares. Allí, el Patriarca les invitó a sentarse señalando a cada uno un lugar mientras se esperaba a la señorita.
-Buenos días –saludó alegre la chica haciendo notar su presencia.
-Buenos días –respondieron al unísono todos los presentes.
La chica procedió a tomar su lugar y con un llamado del Patriarca un par de hombres procedieron a servir el té en cada taza de los presentes.
Fue un desayuno bastante agradable y ameno, entre palabra y palabra los chicos conocían mejor a la joven que ya se sentía bastante cómoda con estos 5 jóvenes. Podían reír todos los ratos juntos mientras el Patriarca observaba cada detalle procurando que no se pasaran con la chica.
Pronto termino el desayuno y cada uno debía ir a cumplir sus obligaciones, desde luego, cada uno de los chicos tenía algo que hacer ya que el Patriarca así se los había asignado. Tampoco podrían compartir más con Masako (lo cual, les agradaba bastante) ya que ella también tenía obligaciones que cumplir en ese preciso instante. Y así el comedor quedo prácticamente vacío. El Patriarca fue a buscar una que otra cosa mientras la joven se alistaba.
Mientras esto ocurría aquí, en la primera cada del zodiaco, un joven de cabellos lila y un pequeño conversaban.
-Maestro ¿Qué haremos hoy? – preguntaba Kiki emocionado.
-Creo que después de la visita del patriarca iremos a entrenar, Kiki –contesto Mu ante la atenta mirada de su discípulo.
-¿Y que hare en todo este rato? –pregunto nuevamente.
-Estudiaremos un rato –contesto el caballero ateniense con una sonrisa mientras Kiki hacia un puchero.
Y así comenzaron a estudiar un poco sobre historia y matemáticas, a Kiki no se le veía muy feliz puesto que hoy quería salir lo más pronto posible, Mu notaba esto pero nada podía hacer, solo pedía que pronto llegara su maestro con la joven.
En el templo de Tauro, Aldebarán preparaba un gran desayuno y algunos bocadillos para recibir a sus superiores. No quería dar una mala impresión, ni mucho menos recibir un llamado de atención de Atena, quería demostrar que él era un buen chico y que también era un buen anfitrión.
En los aposentos de los gemelos, un gran desastre muestra una típica pelea entre ambos chicos que pelean como cuando eran aún más pequeños, aunque pronto ya dejaban de pelear para notar el problema que habían dejado en su casa, notando que poco faltaba para el inicio de las visitas comenzaron a correr de aquí para allá ordenando y limpiando todo para dejarlo reluciente, realmente cambiaba la casa de Géminis.
En la casa de Cáncer, un tranquilo Death Mask limpiaba un poco su casa, no le preocupaba mucho la visita de la chica, de hecho, ni siquiera le interesaba pero, al igual que los demás, no quería que el Peli verde le llamara la atención, ni mucho menos un castigo. Por lo cual, dejaba su casa lo más presentable sin esforzarse demasiado.
En Leo, un Aioria sin complicaciones terminaba tranquilamente de limpiar sus cosas, no tenía un gran desastre puesto que en el día se encontraba fuera de casa y en las noches pues, llegaba solo a dormir sí es que no salía de fiesta.
En cambio, en casa de Shaka, el chico se encontraba meditando, ya que los quehaceres estaban listos desde el día anterior y solo tuvo que preparar en la mañana unos cuantos bocadillos.
Mientras tanto, Dohko se dedicaba a limpiar, ya que hace mucho no estaba en casa, y preparaba algunos juegos para jugar con su mejor amigo, mientras buscaba la ropa adecuada para recibirles de la mejor manera posible.
En el templo de Escorpio, Milo limpiaba mientras tarareaba una canción, no estaba tan preocupado ni molesto por la visita, ya que Camus le había dicho que todo sería más agradable ya que no estaba la princesa Saori.
En los aposentos de Aioros, el muchacho leía un libro sentado en las escaleras ya que en su casa no había mucho que hacer como siempre se dedicaba a limpiar y lo mantenía.
En casa de Camus pasaba exactamente lo mismo, aunque el acuario se dedicaba a estudiar un poco, como siempre hacía en la mañana, para luego ir a tomar un baño.
Finalmente, Afrodita cortaba unas rosas y las arreglaba para luego dárselas a la muchacha que las había contemplado maravillada la noche anterior y hacia otro arreglo para decorar un poco de la entrada y la sala de estar de su templo.
Finalmente, pasadas las 8 de la mañana, el Patriarca y Masako se hicieron presentes en la entrada de la primera casa, allí salió Mu junto a Kiki para recibirles e invitarles a pasar al salón.
-Es un gusto recibir su visita, señorita –comentó Mu haciendo una pequeña reverencia.
-No es necesaria tanta formalidad, y para mí es un gusto venir aquí, está muy cuidada tu casa –comentó la muchacha observando por todos lados.
-Como verás, Mu, vinimos a hacerles una pequeña visita para saber cómo marchan las cosas por aquí –decía el Patriarca, observando a Kiki de reojo para que no hiciese ninguna travesura.
-Bueno, aquí todo ha estado tranquilo, he estado viendo una confección de nuevas armaduras para los caballeros de bronce ya que al parecer las suyas están a punto de morir –comentó Mu.
-Ya veo, tienes razón, esas armaduras han sufrido bastantes daños ¿Y cómo va todo con Kiki?
-Kiki progresa bastante en sus estudios y entrenamientos, al parecer será un buen sucesor de nuestro signo –respondió Mu con orgullo.
-Kiki es un niño muy lindo –comento Masako haciendo que el peli naranjo se sonrojase.
Continuaron charlando por un rato, hasta que Shion se coloco algo más serio de un momento a otro.
-¿Pasa algo Maestro? –pregunto Mu algo extrañado.
-Sí, hay algo que quisiera comentarles –contesto Shion mirando a ambos jóvenes.
-¿Qué ocurre, Shion? –pregunto Masako preocupada por la seriedad del mayor.
-Bueno, es algo que aún no está muy decidido, así que prefiero que solo ustedes lo sepan por ahora –dijo el hombre, luego tomo un poco de aire y continuó hablando-: Miren, la señorita Atena me llamo anoche algo tarde, me dijo que las cosas por allá no le estaban funcionando muy bien, por lo cual quizá me llama para que me marche a Japón en una semana más, o sea, todo depende de cómo marchen las cosas.
-No es una buena noticia –comento Mu cabizbajo.
-Pero si volveré –comento Shion sonriendo.
-Uhm, estaré más sola de lo normal –comento Masako algo molesta.
-Por eso son estas visitas y todo eso, para que te adecues a estar con los muchachos –respondió el gran patriarca del lugar-: Bueno, ya es hora de seguir, aún nos quedan once casas por recorrer.
-Nos vemos luego, Mu, Kiki –dijo la muchacha haciendo una pequeña reverencia.
Los arianos menores se despidieron y el Patriarca junto a la muchacha siguieron su camino hacia Tauro, allí Aldebarán los recibió muy bien y comieron bastante. El gran joven les tenía un coctel preparado, algo que agradecieron sus visitas, luego de marchar, el castaño quedo muy satisfecho.
Sin embargo, luego de la agradable visita en la casa de Tauro, no todo podía seguir perfectamente… Al llegar a casa de los gemelos, el Patriarca con la chica iban subiendo las escaleras cuando notaron una que otra cosa tirada y dos voces gritando desde más arriba.
-¡Mira el desastre que siempre dejas! –gritaba Kanon.
-¡¿Qué yo dejo? ¡Como si tú no hubieras hecho nada! –le refutaba Saga igual de molesto.
-¡Pero si tú has comenzado! ¡¿Acaso no te das cuenta de que el Patriarca está a punto de llegar? -insistía Kanon enseñandole el desastre que ocasionaron entre ambos.
