Capitulo VII: "Un castigo de Oro"
Al dia siguiente, los afortunados que no salieron la noche anterior tomaron desayuno en el templo principal. Fue un desayuno bastante agradable, y luego siguieron con otras actividades, aunque por nadie pasaba desapercibido que Shion seguía molesto por el espectáculo ocurrido y esa molestia más incrementaba puesto que ya sería mediodía y ninguno de los caballeros aparecía o daba señales de vida.
El peliverde iba de aquí para allá bastante nervioso y molesto, Masako le miraba sentada en el trono de Atena tranquilamente mientras estudiaba o leía algún libro para pasar el rato. De pronto, al quitar la vista de su libro, a lo lejos observó la silueta de un caballero, no, dos caballeros. Allí venían Aioros de Sagitario y Aioria de Leo, ambos hermanos se acercaban al templo principal, el primero cabeza gacha y arrastrando a su hermano, el segundo venía al parecer reclamando con cara de niño regañado.
-Buenos días, Patriarca Shion, buenos días, Señorita Masako -saludó Aioros sin levantar la mirada, conciente de su error.
-Buenos días, Sagitario -saludaron ambos nombrados al caballero.
-Buenos días, Patriarca, buenos días, Princesa Masako -saludo Aioria, que parecía más gatito que caballero de Leo.
-Buenos días, Leo -respondieron ambos nuevamente.
-¿Estás son horas de aparecer, muchachos? -pregunto el Patriarca con un tono de voz firme y claro.
-Lo sentimos mucho, Patriarca -se disculpó Aioros.
-Supongo que Aioria también está conciente de lo que sucedió anoche -el nombrado asintió y levanto su mirada lo mínimo para mirar a Masako que los miraba seria desde su trono-: Bien, entonces continúo... Me parece realmente vergonzoso lo que sucedió, partiendo porque salieron sin permiso, luego invitaron a la princesa Masako, para continuar con llegar a las cuatro de la madrugada y comenzar con habladurías sobre su diosa Atena, quién siempre vela por todos ustedes, además de que luego de semejante escándalo que hicieron en estas mismas escalas hubo que llevarselos cargando hasta sus templos de tan ebrios que venían, realmente estoy avergonzado de aquella actitud y no quiero ni imaginar el escándalo que deben haber hecho en Rodorio -después de esto, el Patriarca se detuvo y ninguno de los dos caballeros dijo algo en su defensa, ambos estaban completamente concientes de sus actos y la resaca les molestaba bastante.
-Lo sentimos, Patriarca -dijeron al unísono los hermanos griegos.
-Quiero que a las 9 de la noche estén aquí y yo mísma les impondré su castigo por esto -sentenció Masako con la misma firmeza del Patriarca-: Ahora vuelvan a sus quehaceres y si ven a otros de los involucrados solicito que lo envíen hacía el templo principal.
-Ahora pueden marcharse.
Ambos se retiraron en silencio. Lo mismo sucedió con los restantes, quienes habían escuchado de igual manera el mísmo discurso del Patriarca y la mísma sentencia de la dama. Prontamente, llegó la hora de reunión, ella estaba en el gran salón sentada para recibir a los jóvenes caballeros. No demorarón mucho en reunirse, fueron bastante puntuales y allí estaban todos vistiendo sus armaduras y pulcramente presentados esperando la sentencia de la dama.
-Bueno, seré breve puesto que Shion ya ha dicho todo lo que se debía decir, admito mi error sobre haberles dejado marchar pero ante eso, debo de imponerles un castigo puesto que la falta es bastante grave, aún así, pueden escoger entre dos opciones, o les impongo un duro castigo, o no les castigaré pero Atena sabrá lo que ocurrió, la decisión la deben tomar en grupo y tienen 5 minutos para decidirlo, yo enseguida volveré -habló la chica levantandose del trono y saliendo del salón hacia sus aposentos privados.
-¿Qué haremos? -pregunto Milo.
-Supongo que no podemos dejar que Atena se entere -comento Saga pensativo.
-Si se entera nos matará, no creo que el castigo sea tan duro -le apoyó Kanon.
-Tienen toda la razón, además lo que hicimos fue demasiado grave -dijo Shaka luego de meditarlo un momento.
-Entonces ¿Optaremos por el castigo? -pregunto Aioria.
-Claro que sí, hermano.
-Supongo que no nos queda de otra -comento Afrodita.
-Pero si esa enana llega a decirle algo a Atena la mataré -amenazó Máscara Mortal levantando su puño en forma amenazante.
-Bueno, ya calmáte no creo que lo haga -dijo Shura bajando la mano del italiano.
-Bien, he regresado -anuncio Masako volviendo a su trono-: ¿Qué han decidido?
-Señorita, hemos optado por el castigo -contesto Saga con una reverencia.
-Muy bien, Géminis, entonces... -dijo recorriendo su mirada por el rostro de todos los santos presentes-: El castigo será el siguiente, como sé, a ustedes les gusta lucir sus armaduras y el hecho de que son caballeros dorados allá abajo en Rodorio, sobre todo en el día ¿No? Bien, también les gusta entrenar con las armaduras o vestirlas siempre que se pueda. Por ello, luego de pensarlo un buen rato, he decidido confiscar sus armaduras doradas por el período de un mes o más, según el comportamiento que estén llevando -termino de decir mientras que pareciese que a los caballeros les hubiera caido un balde de agua fría.
-¿Quéee? ¡No puedes hacer eso, maldita bruja! -grito Máscara Mortal a punto de lanzarse contra la chica si no fuese por que Shura y Afrodita le sostuvieron.
-Más respeto con la deidad que tienes en frente ahora, o será peor para tí, Cáncer -contesto la muchacha sin inmutarse ante la amenaza-: Mejor que dejen sus armaduras en el acto y se marchen de aquí, no soportaré estos espectaculos aquí.
A los caballeros no les quedo más que acatar la orden y dejar de vestir sus armaduras, aquellas donde demostraban tanto poder y fuerza. Se marcharon en silencio, a excepción de Ángelo que seguía maldiciendo a la superior.
-¿Estás segura del castigo? -pregunto Shion que había visto todo desde el acceso a los aposentos privados.
-Claro que sí, es algo fuerte para ellos pero necesario, aunque no me agrada ser así -contesto Masako suspirando con tristeza-: Veo que es bastante duro todo esto.
-Y luego te tocará peor.
-Lo sé, Shion, lo sé, cuando me vaya de aquí tengo que tomar mis propias responsabilidades y no serán agradables.
La semana siguiente que transcurrió fue bastante penosa para los castigados, los caballeros que siempre se veían imponentes con aquellos vestuarios dorados ahora sólo eran unos muchachos más que entrenaban, sin contar que o su ánimo se veía muy decaído o bastante prepotentes, por ello, los más pequeños optaban por no acercarse a estos nueve jóvenes.
Masako observaba la situación desde ciertos puntos estrategicos, e investigando sobre lo que hacían y como se comportaban los chicos, tenía que velar por el orden y el bienestar del Santuario en ausencia de la diosa Atena, quién seguía sumida en su mundo japónes.
Además, entre lo tristes que estaban y molestos a la vez con la chica a cargo, no le dirigían la palabra, ni siquiera una mirada a ella puesto que no les hizo gracia no contar con sus armaduras como estaban acostumbrados desde el día en que las habían obtenido.
-Acuario ¿Estás aquí? -se escucho la voz de la pelirroja en el recibidor.
-Entra, estoy en la sala -contesto el muchacho, la chica se adentro entonces en el templo-: ¿Necesitas algo?
-Eh... no, sólo venía a ver como estabas -contesto Masako sentandose en un sofá
-¿Qué te preocupa? -inquirió Acuario observandola de reojo.
-Los muchachos... creo que ahora me odian -comento Masako mientras clavaba su mirada en el piso.
-Veamos... -comenzó el caballero sentandose junto a ella en el sofá-: ¿Porqué piensas eso?
-¿Te parece poco el haberles quitado sus armaduras de oro que tanto les costó obtener? -cuestionó Masako mirandole seriamente.
-Bueno, tienes razón, pero eso no significa que te odien.
-Pero... ni siquiera me miran, ni han acudido al templo principal, sólo envían sus informes por escrito -ante lo que decía ella, Camus no pudo evitar soltar una carcajada por el agobio de la dama.
-Lo siento, pero escucháme, no es lo que tú piensas, lo que ocurre es que hay muchos que están avergonzados, además no se atreverán a presentarse en el templo ante tí o ante el Patriarca sin vestir sus armaduras doradas, al menos no allá arriba, sería una falta de respeto, aún si tu les confiscaste la armadura -dijo el santo de Acuario mirando divertido a la chica, quién estaba con un gesto de sorpresa bastante entretenido.
-Entonces ¿no me odian? -pregunto la pelirroja con los ojos llenos de lágrimos por la emoción.
-No, no te odian, tranquila ¡Cuidado!
-Gracias, gracias, Camus, muchas gracias -decía la muchacha estando encima del francés abrazandolo-: Me pone tan contenta saberlo.
-Bien pero podrías quitarte, me incomodan mucho estas situaciones -contesto mientras el tono rojizo se apoderaba de su rostro.
-Si, ahora me marcho que tengo que ir a estudiar, vendré pronto por aqui ¡Au revoir! -dijo la chica mientras se levantaba y corría hacia la salida para desaparecer escaleras arriba.
Paso otra semana más y el ambiente seguía igual, claro, hasta que uno de los jovenes aspirantes a caballero apareció en el coliseo buscando a Aioros de Sagitario, indicandole que se dirigiese inmediatamente al Templo principal, así lo hizo.
Al llegar, dudó un poco si entrar o no, pero finalmente se decidió por lo primero y con paso firme se hizo presente ante Masako y el Patriarca.
-Bienvenido, Sagitario -saludo Shion.
-Buenas tardes, señores -devolvió el saludo Aioros arrodillandose-: ¿En que puedo ayudarles?
-Verás, Aioros, te hemos llamado porqué...
