Hola! Como están mis lectores? Espero que excelente y que disfruten demasiado del capítulo que les dejaré a continuación. Muchísimas gracias por leer y por los reviews que dejan, me encanta saber la opinión que tienen o cuánto disfrutaron, sin más que hablar les dejo el capítulo Número 11.

Disfruten de la lectura!

Capítulo 11: "La verdad del entrenamiento"

Y como si fuera por arte de magia, Masako se levantó en dirección a la cáscada, cogió un poco de agua y retiro su maquillaje, luego se quitó su vestido y debajo tenía ropa para poder entrenar y ató su cabello en una coleta alta con una cinta que saco del maltrecho vestido.

-¿Mejor?

-Sí, supongo que está bien, ahora iniciaremos el entrenamiento -aseguró Camus poniéndose frente a ella y analizándola completamente con un semblante serio.

Desde ahora, tenían que tomarse todo esto muy en serio.

-¡Oye! ¡Esto es demasiado! -exclamo Masako colgada de una liana cabeza abajo, ante la atenta mirada de Camus, quien estaba de pie frente a ella-: Enséñame otras cosas, estas tonterías son para esculpir el cuerpo y necesito aprender a manejar mi cosmos, entre otras cosas.

-Pero si tienes un cuerpo débil no podrás encender tu cosmos, además, agradece que estoy siendo suave para ser tu primer día, podrías preguntarle a Hyoga como fui con él cuando estuvo a mi cargo.

-No necesito preguntarle a nadie -respondió la chica mientras bajaba de la liana y se ponía de pie frente al acuariano.

-Vamos al paso siguiente -dijo Camus mientras le daba la espalda y seguía su camino entre el bosque, ella corrió detrás de él.

Llegaron a un sector donde había un lago, unos roqueríos y aún seguía rodeado de árboles. El francés comenzó a observar el ambiente y analizarlo, mientras la pelirroja se sentaba en los roqueríos esperando la siguiente orden de su maestro y así aprovechaba de descansar un poco, sentía su abdomen ardiendo producto de los ejercicios de hace unos minutos.

Como las rocas eran altas, pudo divisar a los lejos que cierto santo dorado se acercaba, no pudo evitar sonreír y bajar corriendo hacia el muchacho de Sagitario.

-¡Aioros! -grito mientras se detenía frente a él.

-Buenas tardes, princesa ¿Qué tal todo? -pregunto el joven siempre educado.

-¡Terrible! Esto es demasiado para una chica como yo -admitió la joven molesta y dando un pisotón en el piso. Camus observaba detrás de ella con expresión divertida.

-¿Un poco problema? -pregunto Aioros al otro Santo.

-Ha sido más difícil de lo que pensé -respondió Camus suspirando-: Aunque creo que será rápido.

-A propósito, luego ¿Quién será mi entrenador? -pregunto Masako mirándolos a ambos.

-Creo que Shaka, te ayudará a todo lo que se refiera a mantener la calma, pero primero debes saber manejar tu cosmos -contesto Aioros.

-Entonces ¿Camus cuando me enseñarás eso? -pregunto Masako emocionada, al parecer el entrenamiento empezaba a gustarle.

-Cuando tengas ganas de entrenar y no quejarte por todo.

-¿Y si dejo de quejarme? -pregunto la señorita ilusionada.

-Está bien, sigamos entrenando.

-Siento interrumpirlos, pero es hora de almorzar y el Patriarca quiere almorzar con todos sus santos dorados, así que me enviaron a buscarlos.

Y así fue como terminaron su entrenamiento de la mañana, todos fueron a alistarse para el almuerzo y los caballeros fueron llegando uno a uno, pronto la princesa ocupo lugar junto a ellos. Era extraño que el Patriarca los citase a todos al mismo tiempo y a comer, quizá tenía una noticia importante que darles, tal vez volvía Saori, o devolverían sus armaduras o algo así, pero mucho especulaban y poco sabían.

-¡Esta comida está deliciosa! -decía Máscara Mortal comiendo rápidamente.

-Tienes razón, hace tiempo que no venía a comer aquí -decía Milo imitándole.

-A propósito, Patriarca, ¿Cuál es el motivo? -pregunto Aldebaran con una expresión llena de curiosidad.

-Verán, muchachos -dijo el Patriarca aclarando su garganta y captando la atención de todos, incluida la pelirroja que estaba a su lado-: Tengo un tema delicado que hablar con ustedes.

-¿Qué ocurre, maestro? -pregunto Mu preocupado.

-Verán, como saben, desde un principio la princesa que está a mi lado fue enviada para velar por ustedes y ser la imagen de la princesa Atena mientras ella atendía unos asuntos en Japón, como Saori Kido -comenzó a hablar Shion, muchos asintieron-: Pero ese no es el único motivo por el cual está aquí ¿No se habían preguntado por qué una chica normal estaba aquí?

-"Les va a decir todo... pero... " -pensaba Masako mientras observaba atenta la situación y las reacciones de los santos buscando no demostrar su nerviosismo pero por debajo de la mesa apretaba sus manos que comenzaban a sudar.

-Bien, muchachos, sucede que esta pelirroja deben protegerla al igual que a Saori, ya que... ya que también es una deidad, o al menos la reencarnación de ella.

-¿De quién estamos hablando? -pregunto Camus mirándola seriamente.

-Mi cuerpo es el envase de Anfitrite, Diosa de los mares calmos y esposa del Dios Poseidón -contesto la pelirroja bajando la mirada tímidamente pero sin demostrarlo en su tono de voz.

-Así es, a eso me refiero pero el punto es que Poseidón aún no sabe sobre está reencarnación, y puesto que habían tenido una pelea la última vez que se vieron, tendremos un gran lío si se entera y ella podría morir en caso de que Poseidón la encontrase, por eso Atena nos ha encomendado la misión de protegerla y entrenarla para la batalla, además de ayudarle con su conciencia de diosa –prosiguió Shion pero calló atento a las reacciones de sus muchachos.

-No quiero ser descortés ni nada por el estilo, pero… -dijo el santo rubio captando la atención esta vez-: ¿No sería un problema si Poseidón se entera? Caería directamente un ataque sobre el Santuario y nosotros no tenemos nada que ver en esto, éste es el Santuario de Atena, no de Anfitrite u otro Dios.

-Sí, supongo que en eso tienes razón, Shaka, pero… -iba a decir Shion cuando fue interrumpido.

-Con su permiso, Patriarca, pero esto también nos concierne puesto que es una orden que Atena nos dio directamente fuese por el motivo que fuese, en estos momentos estamos a cargo de la protección de Masako y aún no despierta completamente su conciencia de diosa.

-Era exactamente lo que quería decir.

-¡Pero no por eso puede llegar y quitarnos nuestras armaduras! –exclamó Máscara Mortal.

-El trato era que aceptaban el castigo o Atena se enteraría de lo que ocurrió, no le diré a Saori pero ustedes me respetan –estipulo la pelirroja mirándolo de reojo.

La muchacha lucía un vestido verde y su cabello estaba recogido en una alta coleta, sin llamar demasiado la atención en el mediodía griego, el cual ella admiraba desde el balcón del comedor mientras que los caballeros gozaban de la sobremesa al haber terminado su almuerzo.

-¿Aburrida? –pregunto una voz masculina colocándose junto a ella.

-Algo… -respondió la joven volviendo la mirada a su acompañante-: Muchas gracias por haberme defendido, Camus, hace un rato.

-No tienes nada que agradecer, sólo dije la verdad –contesto el muchacho con la vista fija en algún punto ciego.

-Como sea, aun así te lo agradezco, fuiste muy oportuno –dijo la muchacha sonriendo.

-¿Sabes? Me preocupa lo que ocurra si Poseidón se entera –comento el acuariano.

-¿Por qué? –pregunto la joven confundida.

-Porque podría atraparte y tú aún no sabes cómo defenderte, ni siquiera tu conciencia ha despertado completamente, eso ya es una razón más que suficiente para preocuparse, además sería peligroso si te marchas así como así con él.

-Estás en lo cierto. Por lo mismo, Shion les comunicó esto, para tener protección y prepararme ante lo que inevitable. Aunque si te soy sincera, no me siento preparada para todo esto, preferiría gozar toda la vida de mi familia, mis vestidos, mis reuniones y fiestas, y más cosas de alta sociedad.

-¿Tu familia? ¿Saben algo de esto? –pregunto Camus interesado.

-No… verás… mi único familiar era mi hermano pero desapareció hace unos cuantos años, mis padres murieron hace unos años y no hay más familia –contesto encogiéndose de hombros, como si el tema no le interesara en lo más mínimo.

Ya iba un mes de entrenamientos, muchas obligaciones, desde arduos entrenamientos que duraban del amanecer hasta que caía la noche en Grecia, los santos estaban todos en sus respectivas casas descansando, disfrutando su día 'libre', pero la pelirroja iba de un lado a otro en su cuarto, nerviosa, tenía un muy mal presentimiento sobre todo, quizá algo podía salir mal en la reunión a la que había citado a los santos para terminar con el regreso de las armaduras a los restantes, así 'su' orden de caballeros estaría completa.