Hola! Aquí les traigo un nuevo capítulo que espero que les encante! Gracias por leerme a pesar de demorarme tanto en actualizar ! Eso, os adoro mis lectores *-*

Capítulo 12: "Los mensajes de Atena"

Ya iba un mes de entrenamientos, muchas obligaciones, desde arduos entrenamientos que duraban del amanecer hasta que caía la noche en Grecia, los santos estaban todos en sus respectivas casas descansando, disfrutando su día 'libre', pero la pelirroja iba de un lado a otro en su cuarto, nerviosa, tenía un muy mal presentimiento sobre todo, quizá algo podía salir mal en la reunión a la que había citado a los santos para terminar con el regreso de las armaduras a los restantes, así 'su' orden de caballeros estaría completa.

Después de tanto darle vuelta a todos los asuntos que tenía en la cabeza, llego la hora tan esperada de la reunión. Uso un vestido azul turquesa, amarrado en el cuello, el cual estilizaba su figura completamente, le llegaba un poco más por debajo de las rodillas y era algo inflado, y eso ayudaba a que le diera el toque informal con unas zapatillas ya que sus piernas estaban completamente agotadas por el entrenamiento del día.

Salió de su habitación y apareció por las escaleras, todos los caballeros esperaban en el vestíbulo así que dirigieron rápidamente sus miradas hacia ella que hacía su aparición. Levantó la mirada como siempre, manteniendo su altivez y descendió por ellas, siendo Camus el caballero que le ofreció su brazo para guiarla al comedor luego de su saludo.

Cogieron sus respectivos lugares y comenzaron a comer a la orden del Patriarca, mientras cenaban no se dejaron esperar las bromas, las historias, las anécdotas, las burlas, etc. Todo esto hasta que Shion golpeó levemente una copa con sus cubiertos llamando la atención de la orden dorada y bronceada, que esta vez habían sido invitados.

-Muchachos, como saben –comenzó el Patriarca mirándolos a todos uno por uno-: El motivo de la invitación de hoy, es por ciertos acontecimientos que se están desarrollando.

-¿A qué se refiere? –pregunto Mu con el debido respeto, esta vez fue la muchacha quien tomó la palabra.

-Verán, lo principal que nos iba a reunir aquí hoy, es el regreso de sus armaduras.

-¿En serio? ¿Las recuperaremos? –pregunto Milo incrédulo, parecía un niño casi con juguete nuevo.

-Sí, las recuperaran –afirmo la joven.

-Ya estaba bueno, yo sabía que no podías ser tan estúpida como te veías –espeto el santo de cáncer.

-¡Máscara Mortal! –Exclamo Shion llamando la atención provocando que a todos los recorriera un escalofrío-: Esas no son formas de tratarla.

-En fin, yo puedo verme estúpida pero tengo cerebro, no como tú, Cáncer –contesto Masako desatando risas, excepto en el santo nombrado.

-¿Quién te crees para hablarme así? –pregunto Máscara Mortal levantándose de la mesa bruscamente.

-Bleh, en fin ¿No quieres tu armadura de vuelta? –pregunto la muchacha sonriendo de lado, Ángelo tomo aire y volvió a ocupar su lugar.

-¿Sólo para eso es todo esto? –pregunto Kanon con curiosidad.

-Cállate, o no harán más estas cosas –le murmuro Saga dándole un codazo.

-¿Qué ocurre, Géminis? –pregunto Shion enarcando una ceja.

-No es nada, Patriarca –contesto Saga antes de que Kanon abriera la boca.

-Bien ¿Puedo continuar? –dijo Masako ya casi saliéndose de sus casillas, Máscara Mortal en realidad la fastidiaba aunque fuese un solo comentario, muchos asintieron y ella le dio el pase a Shion.

-Muchachos, verán, hay un mensaje de la señorita Atena para ustedes, envió una carta dirigida al Santuario, y en algunas partes los nombra a ustedes, así que procederé a leérselas –dijo el antiguo Santo de Aries sacando una hoja muy bien doblada de su túnica y desdoblándola con cuidado para leerla.

Los santos dejaron de comer y posaron sus curiosas miradas en el papel y luego en Shion, la joven pelirroja observaba todas las expresiones de los muchachos, era una imagen bastante tierna verlos tan curiosos pero a la vez lo encontraba algo tonto.

"Queridos:

Espero que estén muy bien en mi ausencia, lamento no haber podido volver aún pero les aseguro que estoy haciendo todo lo posible para regresar a mis labores como Atena.

Chicos, el patriarca me informó que ustedes ya eran conscientes sobre la reencarnación que por estos días reside en el Santuario, en realidad, eso me ha quitado un peso de encima. Solamente espero que la protejan, y respeten tal cual, ayúdenle a entrenar y en sus dotes de diosa puesto que también los puede ayudar.

Os amo, mis caballeros. Atena"

Shion sin decir más, cerró la hoja de papel que tenía entre sus manos dejando desconcertados a los caballeros dorados, quienes esperaban algún mensaje para su diosa. Pero luego saco otro e hizo lo mismo que con la anterior, retomando su lectura ya que en ese papel estaban los nombres de todos los santos con un mensaje para cada uno.

Luego de leer los mensajes, desatando ternura y risas en la orden dorada y bronceada, la cena acabó, pero el Patriarca le ordenó a Acuario, Virgo, Sagitario, Capricornio y Aries que se dirigiesen a su despacho puesto que necesitaba tener una conversación con ellos y con la joven Anfitrite, los seis le esperaban mientras devolvía las armaduras a los santos restantes con ayuda de los jóvenes de Bronce.

-¿Qué ocurre? –pregunto la pelirroja mirando a Shion de reojo.

-¿Directo? –pregunto el Patriarca, la pelirroja asintió con la misma mirada-: Bien, tengo un mensaje de Atena que darles –anunció, reparando su mirada en cada uno, contemplando sus curiosas expresiones en algunos, las impasibles de otros-: Ella ha sido informada de los entrenamientos de la princesa Masako y también ha recibido sus informes, por lo cual, les agradece y les felicitara en cuanto regresé.

-Eso suena bien –murmuro Masako perspicaz, algo le decía que no era lo único que iba a decir el Patriarca.

-Además, quería informarles que por orden de la mismísima Atena, los entrenamientos se suspenderán durante un tiempo, así que retomaremos las actividades normales y a esta muchacha intentaremos incluirla un poco en la alta sociedad griega, puesto que ya se ha dicho mucho por su ausencia, y su súbita desaparición.

-¿Súbita desaparición? –pregunto Mu sin entender.

-Pertenezco a la Alta Sociedad Japonesa, por eso conocí a Saori hace unos cuantos años –contesto Masako.

-¿Y ahí ella se dio cuenta de que eras un recipiente? –consulto Aioros.

-Algo así, dijo que tenía algo especial y que algo había visto, luego me explico sobre el Santuario y me trajo aquí para adecuarme –volvió a explicar la muchacha.

-¿Por qué no te llevo directamente con Poseidón? –pregunto Shaka, uno de los más reacios a aceptar la presencia de otra deidad en el santuario.

-No lo sé, deberían preguntárselo a ella porque yo… yo no tengo idea –respondió Masako encogiéndose de hombros, y no mentía, era verdad que Saori lo sabía pero a pesar de sus insistencias nunca le había dicho nada, según la pelimorada era por protección.

-¿Tienen alguna otra pregunta? –inquirió el Patriarca mirándolos uno por uno. Todos negaron-: Bien, entonces pueden marcharse. Excepto tú.

Los santos se despidieron siguiendo los protocolos y se marcharon, mientras la joven pelirroja estaba ahí, sentada aún frente al patriarca.

-¿Qué ocurre? –pregunto ella enarcando una ceja, ya se había hecho tarde y quería solo irse a dormir.

-Noté algo muy extraño hoy –comento Shion.

-¿Qué cosa? –pregunto ella pero no le importaba demasiado.

-¿Algún santo te ha… como decirlo… declarado su amor? –pregunto Shion buscando las palabras menos petrificantes para la joven, aunque no sirvió de mucho puesto que ella se quedó perpleja frente a él.

-¡¿Qué?! ¡Pero que estupidez más grande es esa! ¡¿De dónde sacaste todo eso?! –pregunto ella con los ojos como platos y sonrojada hasta las orejas.

-No lo sé, más de uno te miraba y te advierto que no me gusta eso –avisó el antiguo santo de Aries, pareciendo más que el Patriarca, un padre celoso.

-¡Estás loco! ¡Nunca me fijaría en uno de tus estúpidos dorados! ¡¿Crees acaso que me fijaría en un montón de músculos y chicos cabezas huecos que lo único que saben hacer el reclamar y salir de fiesta o aburrirse y acatar todo como corresponde?! Tengo aspiraciones mucho más altas que esos imbéciles dorados –espeto la muchacha agresivamente, aun sonrojada y diciendo todo lo que se le ocurría por la vergüenza que estaba pasando.

-Yo solo te decía… -murmuró Shion luego de semejante escándalo, ella suspiro pesadamente buscando relajarse.

-No me voy a fijar en tus santitos dorados, ni plateados, ni bronceados, no son mi tipo –afirmo ella marchándose, dando un portazo tras de sí.

-Espero que sea así –musitó Shion dejándose caer en su trono.

Días después, la muchacha no había aparecido por ninguna parte, ni siquiera había visitado a algún santo de oro como solía hacerlo, solo los bronceados la habían visto durante las comidas, puesto que no salía para nada más de su cuarto alegando estar demasiado ocupada o cansada para hacer alguna actividad.

Y después de haber sido tantos días, la muchacha fue obligada a salir por el Patriarca, para ir a la gran ciudad a comprarse algún vestido o algo, todo lo que fuera necesario para que dejara sus berrinches, siendo escogidos los Santos de Capricornio y Sagitario quienes la acompañarían esta vez. Al menos podrían divertirse y eran los de mayor confianza y paciencia según el Patriarca.

Después de estar más de quince minutos discutiendo con el peliverde, donde se escuchaban frases del tipo "No, porque luego dices que tus santitos están extraños", "No quiero salir", "Estoy cansada", "Tengo que estudiar", "¿Y para qué compraré un vestido? Tengo muchos". Luego de esas mil y un frases, el Patriarca logró coger a la muchacha y cargarla sobre su hombro (Lo cual le costó bastante ya que se había fortalecido con los entrenamientos propinados por sus santos anteriormente), se teletransportó hasta la entrada del Santuario donde la esperaban ambos santos pacientemente.

-Les aseguro que este no será su día –amenazo la muchacha severamente a los tres varones que la rodeaban mientras que sus rojos ojos brillaban macabramente.