Capítulo 13: "Anfitrite al descubierto"
Después de estar más de quince minutos discutiendo con el peliverde, donde se escuchaban frases del tipo "No, porque luego dices que tus santitos están extraños", "No quiero salir", "Estoy cansada", "Tengo que estudiar", "¿Y para qué compraré un vestido? Tengo muchos". Luego de esas mil y un frases, el Patriarca logró coger a la muchacha y cargarla sobre su hombro (Lo cual le costó bastante ya que se había fortalecido con los entrenamientos propinados por sus santos anteriormente), se teletransportó hasta la entrada del Santuario donde la esperaban ambos santos pacientemente.
-Les aseguro que este no será su día –amenazo la muchacha severamente a los tres varones que la rodeaban mientras que sus rojos ojos brillaban macabramente.
Aunque esta advertencia no provocó nada en los tres varones, a veces era peor soportar a su amada diosa, así que lo que decía una niña no les iba a aterrar en lo más mínimo.
Se dirigieron hacia la ciudad de Atenas, allí ella tenía mucho que ver y podría entretenerse durante todo el día. Y vaya que lo hizo, además de tener a los caballeros corriendo de un lado para otro, los tenía preguntándole mil y un cosas, además de muchos paquetes que tenían que traer cargando y ¡Ni siquiera había pasado medio día!
Estaban sentados en un restaurante bastante lujoso, esperando que les trajeran su orden para almorzar, la joven miraba molesta por la ventana mientras ambos caballeros solo esperaban que terminase pronto el día.
-¿Cuánto pretenden demorarse en traer la comida? –pregunto la chiquilla molesta.
-Vamos, ya está por venir, sólo ten un poco de paciencia –dijo Aioros intentando calmarla.
-¿Saben? En todo el tiempo que hemos estado esperando podría haberme comprado ya más de cinco prendas –dijo la muchacha molesta por la espera.
-¿No te quedaras nunca sin dinero? –pregunto Shura ya cansado.
-No –respondió sin más. De pronto su mirada se fijó en cierto chico de rosados ojos y se metió inmediatamente bajó la mesa.
-¿Qué te ocurre? –pregunto en un susurro Shura agachándose para poder verla.
-Cállate, sólo hagan como que no estoy aquí –contesto la muchacha de igual manera.
-¿Por qué te escondes? –pregunto Shura recuperando su posición en la mesa.
-Por allí está un sirviente de la familia Solo ¿Saben quién es la familia Solo? –pregunto la muchacha reprochándolos por su falta de atención y preguntándose cómo estos dos tipos podrían cuidarla si ni siquiera sabían quienes estaban a su alrededor.
-Es Sorrento de Sirena –dijo Aioros luego de buscar disimuladamente por sus alrededores.
-Así es, si me ve aquí descubrirá que estoy al cuidado de Atena y sacara conclusiones y ¡Pium! Poseidón atacara –dijo la muchacha haciendo mil y un gestos, indicando todo lo que ocurriría, los santos luchaban por no estallar en carcajadas.
Estuvo unos minutos más debajo de la mesa, hasta que Aioros le indicó que el general de marina ya se había marchado. Espero un par de minutos más y salió de su escondite.
-¿Por qué tanto alboroto? –pregunto el español.
-Si me ve con más caballeros dorados sería muy sospechoso ¿No crees? –contesto la muchacha como si fuera lo más obvio.
-Pero sólo podríamos pasar por ser amigos –comento nuevamente.
-¡Claro que no! –Exclamo la muchacha agresivamente-: Ya me vio una vez con Camus… digo, con Acuario, si ahora me ve con ustedes dos será muy sospechoso, es mejor evitar así no les pondré en riesgo y todos felices –explicó la joven irritada.
Hasta que llego el mesero con su orden y almorzaron los tres, luego siguieron con las compras para la muchacha, que también obligo a los santos a comprarse un par de trajes para sus asuntos de etiqueta junto a la joven o aparte. No permitiría que los protectores de su amiga lucieran como pordioseros, según ella.
Ya había caído la noche en Grecia y dos santos comenzaban a subir completamente cargados por las doce casas del Santuario, mientras la doncella subía con una radiante sonrisa satisfecha por sus compras.
-¿Y todo eso? –pregunto Mu al ver a sus compañeros.
-¡Aries! ¡Te he traído un obsequio! –exclamo la muchacha con alegría mientras sacaba uno de los paquetes del lado de Aioros, entregándoselo al carnero.
-Muchas gracias –dijo cordialmente el santo.
Lo mismo se repitió en las siguientes dos casas, donde los tres muchachos recibieron sus paquetes extrañados pero gustosos al fin y al cabo. En cambio, en Cáncer fue un poco más difícil hacer la entrega por las negativas del santo pero la muchacha término aventándoselo y amenazándolo si no lo recibía, por lo cual, no le quedó más remedio al italiano.
Los siguientes tampoco tuvieron líos con recibirlos, después de todo la alegría de la joven era tal que no podían resistir, a excepción de Capricornio y Sagitario, que ya estaban hartos con la situación, preferían mil veces tener que pelear por defender a su diosa que acompañar a una chica malcriada de compras.
Además de tener que aguantarse las burlas de sus compañeros: Géminis (ambos), Cáncer, Leo y Escorpión. Sin duda ya daban gracias a todos los dioses porque su día terminaba y ambos sobrevivían a ello.
Aunque al llegar a la Cámara del Patriarca, notaron el serio semblante de Shion, aunque la joven obvió esto y siguió su recorrido hacia su habitación.
-¡Detente allí, Masako! –exclamo el Patriarca con voz imperante, haciéndola detenerse rápidamente y dedicarle de paso una asesina mirada.
-¿Qué te ocurre? –pregunto la muchacha enarcando una ceja.
-Tenemos problemas. Muchachos, dejen los paquetes aquí y vuelvan a sus casas a descansar –ordenó el Papa.
Ambos obedecieron inmediatamente al Patriarca pero no pasaron por alto el serio semblante que tenía el peliverde e intuían que no era algo simple como las pataletas de la joven, algo tenía que haber pasado. Mientras que en la Cámara del Patriarca, la muchacha estaba sentada frente a él en el piso con las piernas cruzadas frente suyo observando al hombre con curiosidad pero sin dejar de arrugar el entrecejo dando a notar su molestia.
-¿Y me dirás que pasa? –pregunto Masako.
-¿Hoy viste a alguien en especial? –pregunto Shion observándola, ella lo meditó un poco y asintió.
-Vi a Sorrento, ese tipo que siempre está con Julián Solo, el envase de Poseidón si no me equivoco –contesto la muchacha, ya entendía de que iba el tema-: ¿Sabes algo?
-Así es, envié a unos cuantos santos a cuidarles las espaldas por si acaso, aunque no era necesario, pero ellos mismos escucharon cuando dijo por móvil que te había visto y que estabas acompañada de dos santos de oro, también recordó el episodio con Camus, cuando llegaste al pueblo. Ya están sospechando que te estamos resguardando –al terminar de decir esto, los ojos rojos cambiaron su ira por alerta, sabía que era muy peligroso que la descubrieran y no lo pensaba por ella, sino que se preocupaba por los habitantes del Santuario y de Rodorio, ellos importaban más que su propia vida.
-Me iré de aquí entonces –dijo la muchacha poniéndose en pie, dispuesta a coger sus cosas y volverse a Japón.
-Descuida ya tenemos todo planeado –dijo Shion sin inmutarse por la reacción de la joven.
-¿Qué? ¿Cómo que ya tienen todo planeado? ¿Cómo se les ocurre decir que tienen todo listo? ¿Acaso son tontos o qué? ¿Sabes el riesgo? ¡Poseidón también es fuerte y Saori no está aquí! ¡Es estúpido hacer todo esto! ¡Estaba completamente en lo cierto al pensar que los santos de Atena eran unos idiotas! –decía la muchacha notablemente enojada, tenía que saber desligarse del Santuario lo antes posible, aunque no contaba con lograr sacar de sus casillas al respetable Shion de Aries.
-Escúchame, niña… ¡Tú estás a cargo nuestro así que harás lo que yo te diga aunque tenga que amarrarte al Santuario! –Ordenó el Patriarca levantando ampliamente su tono de voz procurando no gritar para no alertar a nadie-: ¿Entendiste? ¡Y sí no me quieres hacer caso y te escapas, voy a ir a buscarte a donde sea y te traeré arrastrando tomando todos tus largos cabellos rojos y luego te amarrare a la estatua de Atena donde todos puedan verte para que no te escapes más de aquí!
-Está bien… Así cualquiera llega a acuerdo ¿No? –contesto la muchacha algo intimidada, mientras una gota resbalaba por su nuca al ver al Patriarca de esa manera.
-Entonces… -dijo el Patriarca luego de respirar profundamente-: Tu vuelo sale mañana por la tarde.
-¿Qué? ¡Pero explícame! ¿Dónde me voy? ¿A qué hora? ¿Qué debo llevar? ¿Alguien me espera allá? ¿Cómo debo cuidarme? ¡Dime algo! –rogó la joven dejando salir su nerviosismo a la luz.
El Papa la miró divertido, al fin tenía a la joven a su merced y algo había logrado controlarla, estaba satisfecho aunque lamentaba que fuera en la situación que estaban, pero tenía que cuidarla y cuidar a sus hijos les gustara o no la decisión que tomo su deidad. Meditaba observando cada uno de sus gestos, pensando su decirle de inmediato todo, o sólo un poco, quizá no le diría nada o quizás sí…
