Holaaaa! Siento no haberos escrito en todo este tiempo pero mi inspiración parece que andaba de vacaciones junto a mi cerebro y tarde bastante en escribir :c Aunque trataré de dejarles estos días otro capítulo aunque no sea muy largo porque me iré de vacaciones! Ahora les dejo el capítulo y espero sus hermosos y lindos reviews *-* 3 ¡
Capítulo 13: "Un cambio por protección"
El Papa la miró divertido, al fin tenía a la joven a su merced y algo había logrado controlarla, estaba satisfecho aunque lamentaba que fuera en la situación que estaban, pero tenía que cuidarla y cuidar a sus hijos les gustara o no la decisión que tomo su deidad. Meditaba observando cada uno de sus gestos, pensando su decirle de inmediato todo, o sólo un poco, quizá no le diría nada o quizás sí…
Luego de haber hecho sus maletas durante toda la noche y sin llevar ningún vestido de fiesta, porque Shion le había dicho expresamente "No estarás en un lugar donde necesites esas cosas y no puedes llamar la atención aunque seas una dama", entonces, empacó unos pocos vestidos casuales y lo demás eran solo jeans, remeras, chaquetas y zapatillas, ropa cómoda. No sabía cuánto estaría pero tampoco empacó mucho, no pretendía estar siempre con lo mismo, así que ya iba notando que tendría que ir de compras donde fuese que estuviera.
En fin, después de una larga noche, ya estaba en el aeropuerto junto a la orden bronceada y la orden dorada, muchos para despedirle y otros por obligación. Unos poco más alejados estaban el aguador dorado y el Patriarca, el primero recibiendo muchas órdenes de éste último.
-Recuerda, tienes que protegerla con todo, no me interesa lo que ocurra pero si algo le pasa Atena me mata a mí y luego a ti ¿Entendido? –decía el Pontífice notablemente preocupado.
-Patriarca, no tiene de que preocuparse, podré cuidarla –dijo Camus serenamente.
-No me preocupo porque sé que lo harás, lo que me preocupa eres tú. Hijo, debes de haberte dado cuenta que es algo difícil.
-Sí, lo sé, pero podré con ello.
Se embarcaron en el avión rumbo a Europa, y al cabo de unas cuantas horas llegaron a destino, la joven que iba a la ventana lo notó de inmediato al ver la Torre Eiffel, estaban en París, Francia, en el país natal de su guardián. Descendieron del avión y se dirigieron inmediatamente a una casa ubicada en Rue Saint-Honoré, una calle cercana al centro de la ciudad. Bajaron del auto y se adentraron en la casa (de la cual, Camus tenía las llaves).
Era una casa promedio, no era grande ni pequeña ni estaba llena de grandes lujos, contaba con una sala de estar, un comedor, una cocina, dos habitaciones con baños incluidos cada una, y unas tres habitaciones de huéspedes y un baño de visitas, lo justo y necesario para dos.
-¿Aquí nos "esconderemos"? –pregunto Masako mirando el lugar y haciendo las comillas con sus dedos.
-Así es, el Patriarca junto a Atena predispusieron todo para ello –dijo Camus-: Es un lugar seguro, así que cuando viaje al Santuario por equis motivos, otro caballero vendrá aquí aunque no tendríamos problemas si te quedaras sola.
-Si necesitan caballeros para cuidarme ¿Significa que no confían en los entrenamientos que ustedes mismos me han otorgado? –pregunto riendo suavemente, mientras el aguador enarcaba una ceja.
-O quizá no confiamos en tus capacidades –contesto impasible.
-¡Eso es una falta de respeto! –Espeto la muchacha mirándolo de reojo-: En fin, tengo hambre ¿Qué hay para comer?
Ya había caído la noche en la capital del amor y la muchacha hablaba animadamente con el Patriarca, quien quería saber sobre el viaje.
-¡Shion! ¡París es hermoso! ¡Es que yo no quiero irme nunca de aquí, es fantástico! ¡Sí, voy a portarme bien! ¡Claro! ¡Muchas gracias, Shion! –decía la muchacha al otro lado del teléfono.
-"Y pensar que he regresado a Francia, donde poco y nada recuerdo" –pensaba el caballero de Acuario mirando por la ventana.
-¿En qué piensas? –pregunto la muchacha posándose a su lado.
-En nada –respondió Camus.
-¿Sabes? Francia siempre me ha parecido un lugar hermoso, sobre todo París, creo que será entretenido estar aquí.
-¿Recuerdas que no puedes llamar la atención? –pregunto Camus mirándola, tenía que cuidarla y no estaban allí precisamente porque iban de paseo.
-Lo sé, lo sé. No es necesario que me lo digas cada momento –dijo Masako molesta, ella por ahora sólo quería divertirse.
-Si Poseidón te encuentra…
-Si Poseidón me encuentra será mi problema, son líos que yo debo arreglar con MI MARIDO, pero ante el peligro inminente de muerte, Atena está haciendo el favor de protegerme hasta que despierte completamente mi conciencia de diosa –dijo Masako dando a notar que tenía muy clara la situación y recalcando el vínculo que le unía al Dios del mar.
-¿Y sabes cuál es el problema con Poseidón? –pregunto Camus, ella se encogió de hombros.
-No tengo idea, si lo supiera ya estaría matándome para solucionarlo –contesto Masako, aunque el tema no le preocupaba mucho, nunca fue criada para ser una diosa, ni nada parecido, siempre fue la muchacha de alta sociedad y ahora que tenía 15 años solamente quería divertirse, y más aún si estaba en París.
Se fueron temprano a descansar. Al día siguiente cuando Camus despertó escucho a la joven que hablaba por teléfono y reía consecutivamente.
-Afrodita, ¿Pero en realidad el Louvre es tan genial como dices? –Preguntaba la muchacha riendo, al parecer hablaba con el caballero de Piscis-: Está bien, intentaré convencer a Camus de que me lleve, o si no me perderé.
Camus la observaba desde la cocina estilo americana que tenían en la casa, la muchacha lucía contenta, aunque se notaba la nostalgia en la forma de hablar. No había pasado siquiera un día pero su forma de extrañar el santuario era notoria.
-Entonces… Claro, si entiendo. Está bien, como digas. Sí, sí, Afrodita, me quedó claro, ajá, ajá –decía Masako mientras Camus intentaba deducir que tanto le decía el caballero-: Llámame luego, Camus ya se levantó y es hora de desayunar –dicho esto, cortó la llamada y miro con una sonrisa al francés-: Buenos días.
-Buenos días, veo que te has levantado temprano –comento el caballero de Acuario.
-Así es, ven, tomemos desayuno –dijo la muchacha guiándolo al comedor, allí había de todo para dos personas y el acuariano se preguntaba de donde había sacado todo-: Fui a comprar al levantarme.
-¡No deberías salir! –Dijo Camus notablemente preocupado-: Sí te ven podrían descubrirte.
-Descuida, no hay nadie cerca por el momento, no siento ningún cosmos –dijo la muchacha con toda la tranquilidad del mundo.
-¿Cómo es eso? ¿Cuándo aprendiste a sentir el cosmos? –pregunto Camus sorprendido.
-Shaka me lo enseñó en el Santuario, cuando me enseño a meditar, lo aprendí hace casi un mes –contesto la joven.
-Ya veo –musito el Acuariano mientras la preocupación volvía a él, si podía sentirlo también significa que lo había despertado, esto era un peso más a sus preocupaciones.
-¿Cuándo llegará Milo? –pregunto la joven sacando de sus pensamientos a Camus.
-El fin de semana –contesto.
-¿No te hace ilusión verlo? –pregunto ella sorprendida por la frialdad del muchacho ante la visita de su mejor amigo.
-¿Por qué lo dices?
-Vamos, es tu mejor amigo y no te ves feliz porque vendrá –contesto ella mientras devoraba una tostada.
Y así entre las andanzas de la muchacha y Camus siguiéndola para cumplir con su misión llego el esperado fin de semana, ya pronto se cumpliría una semana en París, aunque para ella había sido eterno y para Camus había pasado rápidamente.
En el aeropuerto estaban ambos esperando que el escorpión saliera por la puerta de llegada, mientras salían y salían personas con sus equipajes pero ninguno se asemejaba a su peliazul. Hasta que salió un tipo vistiendo ropa casual con una boina en la cabeza y lentes oscuros, parecía una superestrella, y esto hubiera sido más divertido de lo que ya era, pero los que esperaban también lo parecían luego de una dura discusión entre el francés y la japonesa, la cual gano el local.
-¡Milo! –exclamo Masako contenta.
-¡Masako! ¡Camus! –dijo el escorpión viéndolos.
-Hola –saludo el frío acuariano ayudando con su maleta a su amigo.
-¿Cómo estuvo el viaje? ¿Dijeron algo desde el Santuario? ¿Cómo está el Patriarca? ¿Y Shura con Aioros? ¿Me trajiste algo? ¿Cuántos días pretendes quedarte? –preguntaba la muchacha.
-Tranquila, de a una pregunta –dijo Milo riendo-: Y dime ¿Cómo es eso de que aun veo a mi amigo vivo si esta solo a tu cuidado?
-Vamos por aquí –dijo Camus yéndose por otro lado.
Se metió por donde iba la multitud, pero caminaba rápidamente mientras que el peliazul y la pelirroja estaban confundidos por la actitud pero le seguían, la muchacha sabía que no era la misma ruta que habían utilizado al llegar. Milo también miraba por todas partes, algo le decía que estaban huyendo. "De dónde venimos, a tu izquierda" le dijo Camus a través de su cosmos y al voltearse disimuladamente notó porque iban tan rápido y apresuro el paso cogiendo de la mano a la menor, quién aun no entendía mucho de lo que pasaba.
