Hola gente que lee esta pequeña obra! *-* Sé que les he tenido abandonados pero ahora he vuelto con un nuevo capi! Respondiendo a la pregunta de Elena hecha en los reviews (Que me animan a seguir escribiendo *-*) Verás, si algo estoy planeando entre Camus y Masako, pero aún no lo sé bien, a medida que voy escribiendo la historia veré como resultara mejor pero en este cap veremos luces de ello, sin más que decir, les dejo con el capítulo número 15! Besos! =)
Capítulo 15: "Inquietud"
Se metió por donde iba la multitud, pero caminaba rápidamente mientras que el peliazul y la pelirroja estaban confundidos por la actitud pero le seguían, la muchacha sabía que no era la misma ruta que habían utilizado al llegar. Milo también miraba por todas partes, algo le decía que estaban huyendo. "De dónde venimos, a tu izquierda" le dijo Camus a través de su cosmos y al voltearse disimuladamente notó porque iban tan rápido y apresuro el paso cogiendo de la mano a la menor, quién aun no entendía mucho de lo que pasaba.
Siguieron caminando entre la multitud del aeropuerto y pronta estaba la salida, otra por la que habían llegado, hasta que alguien jaló fuertemente a la pelirroja, rompiendo el contacto manual que tenía con Milo, provocando que ambos santos dorados se voltearan rápidamente preocupados, y la tensión aumento al no verla a sus espaldas.
-¡Milo, ¿Cómo se te ha soltado?! –pregunto Camus alarmado mirando a todas partes.
-No lo sé, Camus, fue con fuerza –dijo Milo de la misma forma imitando a su amigo.
-¿Sabes qué pasará si algo le ocurre? –pregunto Camus pensando en la reacción del patriarca y de Atena.
-Claro que lo sé, sé que debemos protegerla –contesto Milo.
-¿Dónde está? –se preguntó Camus mientras la buscaba a través de su cosmos.
-¿Ya aprendió a usar el cosmos? –pregunto Milo desconcertado.
-Sí, Shaka le enseñó pero creo que también aprendió a ocultarlo –contesto el francés.
-Por Atena, ¿Cómo se nos pierde esta niñita? –se preguntó Milo preocupado buscando aquella cabellera roja entre las personas que iban y venían en el aeropuerto.
Mientras tanto, unos metros más alejado de ellos, justo al lado de la salida, estaba la japonesa junto a una muchacha rubia de ojos azules, la cual los escondía detrás de unos anteojos de sol y una gorra azul, la rubia abrazaba fuertemente a la joven como si no la hubiera visto en años.
-¡Masako! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¡Te ves tan linda así! –decía la joven luego de soltarla y admirándola-: Pero ¿Por qué estás tan camuflada?
-Melanie… verás… -decía Masako recuperándose del shock provocado-: Ya sabes, soy una chica de la alta sociedad, soy demasiado importante para que todos me vean –respondió la muchacha aludiendo a su status social.
-Tienes razón, es cómo lo mismo refiriéndose a mí, soy una súper estrella, también debo ocultarme de los paparazzi y esas cosas –dijo la muchacha sonriendo ampliamente-: Pero… espera… ¿Qué haces aquí en París? ¿No se suponía que tú estabas en Estados Unidos? Eso me dijeron desde tu casa, llevábamos meses sin saber de ti, tenías a muchas personas preocupadas.
-Ah, yo… -decía Masako pensando en la mejor excusa para darle a su amiga pero ideó mejor responder con otra pregunta-: ¿Has visto a Saori?
-Claro que sí, hace una semana estuve con ella.
-¿Y cómo ha estado? Ya sabes…
-Sí, sé que son muy cercanas –dijo la rubia riendo-: Está muy bien, encargándose de los asuntos de su familia, ya sabes cómo son los Kido, aunque es extraño que me preguntes por ella, si dijo que hablaba contigo usualmente.
-Sí, hablamos, pero ya sabes, no es lo mismo verse que hablarse –contesto Masako riendo también, aunque por dentro rogaba que los caballeros aparecieran para llevarla, antes de que la rubia comenzara a hacerle más preguntas.
-Tienes razón. A propósito, ¿Sabías que Julián ya no busca a Saori? Desde que te fuiste ha estado algo extraño, creo que últimamente viajo a Estados Unidos ¿Acaso tienen algo ustedes? –pregunto Melanie perspicazmente averiguando si había un romance entre ambos muchachos.
-¡Claro que no! –Respondió Masako rápidamente, notándose molesta-: Ya no estoy interesada en él –agregó la joven mientras pensaba-: "Claro que no me interesa, si me encuentra sé que me asesinará, no me conviene verlo ni nada parecido"
-¡Aquí estabas! –se escuchó la voz de un varón con acento griego tras suyo.
-¿Quiénes son ellos? –pregunto Melanie viendo a los apuestos jóvenes a espaldas de su amiga, quien se volteaba a verlos con ojos esperanzadores.
-¡Milo, Camus! –exclamó Masako contenta por primera vez por verlos.
-¿Por qué te desapareciste así como así? –pregunto Camus seriamente, ella tragó saliva con dificultad.
-No, verás, yo no quise…
-¿Son tus guardaespaldas? –Pregunto Melanie sorprendida-: Lo siento mucho, soy Melanie Stewart y yo fui quien jaló a Masako separándola de ustedes.
-¿Melanie Stewart? ¿La famosa cantante? –pregunto Milo sorprendido y reconociendo de inmediato a la muchacha.
-Milo, no lo grites –dijo Masako instándolo a callarse-: Y sí, ella me jaló, tiene fuerza aunque no lo crean. Milo ¿No estás cansado? Deberíamos volver al hotel.
-¿Al hotel? Ah sí, claro, Milo debe estar cansado por el largo viaje –dijo Camus siguiéndole el juego a la pelirroja.
-¿En qué hotel están? Verán, yo estaré en el…
-No estamos en el mismo que tú, Melanie, no te preocupes, ahora debemos irnos –dijo Masako caminando hacia atrás-: ¡Nos vemos otro día, Mel!
Y al terminar de decir esto, los tres rápidamente se marcharon dejando a la rubia extrañada por el rápido escape de su amiga. Subieron al auto en el que habían llegado, y Camus rápidamente arrancó yéndose lo más rápido posible hasta la casa donde estaban alojando. Aún tensos por la situación descendieron del vehículo con el equipaje de Milo y se sentaron para respirar tranquilos en los cómodos sofás de la sala de estar.
-Al menos esta vez pudimos librarnos de Sorrento –dijo Masako dejándose caer en el sofá.
-¿Sabías que estaba en el aeropuerto? –pregunto Milo sorprendido.
-Claro que sí, cuando noté que íbamos por otro camino me volteé y lo vi, no soy tan tonta como parezco –dijo Masako inflando sus mejillas ofendidas.
-Cuando te tiraron creí que era él, nos asustamos –dijo Camus mientras servía unas gaseosas.
-Yo también me asusté –dijo Masako recordando y sintió dos miradas divertidas-: Me asusté, solo un poquito –agregó la muchacha sonrojándose-: Aunque no era lo mejor que fuera Melanie, si hubiera visto a Sorrento le hubiese llamado y preguntado por Julián, y ¡chan! Me hubieran descubierto.
-¿Cómo es que la conoces? –pregunto Milo.
-¿A Melanie? Ella es japonesa de padres ingleses, la conozco desde pequeña, ya sabes, esos rollos de alta sociedad –contesto Masako notándose agotada-: A propósito, Milo, ¿Cuánto tiempo te quedaras aquí?
-No lo sé, unos días supongo –contesto el Escorpión dorado-: Mandaron algunas cosas desde el santuario, aunque el Patriarca lucía muy preocupado.
-¿Sabes? Podríamos ir a visitar el Louvre, Camus no me ha querido llevar –dijo Masako mientras hacía un puchero, ignorando claramente lo que había dicho el escorpión del Santuario y el pontífice del lugar.
-¿Escuchaste lo que acabo de decir? –pregunto Milo.
-Pero yo dije que quiero ir al Louvre, no está lejos de aquí –insistió la joven.
-Pero…
-Es inútil, ha estado insistiendo desde que Afrodita le dijo que tenía que ir –dijo Camus.
-Está bien, un día iremos ¿Vale?
-¡Genial! –exclamo la muchacha emocionada.
Llegada la noche, la joven se fue a dormir mientras Camus y Milo conversaban en la sala.
-Pensé que sería más fácil –comento Camus aludiendo a la joven muchacha que dormía en su cuarto.
-No creo que te cause tantos problemas como parece, creo que por otro lado va la cosa –dijo Milo con una media sonrisa en la cara.
-¿A qué te refieres? –pregunto Camus extrañado.
-Camus, eres mi mejor amigo y creo que algo te pasa con ella ¿No? La chica te preocupa más de lo necesario –comento Milo.
-Claro que me preocupa mucho, es algo encomendado por Atena ¿Cómo quieres que reaccione? –se defendió el aguador dorado.
-No es sólo por Atena ¿Acaso te gusta o me equivoco en ello? –insistió el peliazul.
-No, Milo, claro que no –respondió Camus, pero por dentro se preguntaba si quizá su amigo tenía algo de razón.
-Está bien, diré que te creeré por ahora pero no lo hago –dijo Milo riendo, era divertido ver a su mejor amigo en esta situación-: ¿Qué te parece si pedimos pizza? Muero de hambre.
Mientras tanto, el día lunes llego y con ello la tan ansiada visita de Masako al Louvre, tan camuflada junto a sus caballeros como si fuera toda una estrella del rock, hizo su ingreso al famoso museo francés, dónde apreciaba maravillada las obras del lugar, yendo de un lado a otro, con una cámara fotográfica en mano. Aunque más feliz le hacía la promesa de que estarían el día completo recorriendo París, que era lo que tanto deseaba ella.
Todo marchaba perfectamente hasta que la joven se detuvo en una de las obras arqueológicas observándola detenidamente, pareciéndole muy familiar.
-¿Esto no es parte del Santuario donde viven? –pregunto Masako observando la parte del Partenón mientras la hacían callar inmediatamente.
-No lo digas tan alto, ¿Recuerdas que estamos en secreto aquí? –le dijo Milo mientras tenía una mano tapando la boca de la muchacha, quien asintió levemente.
-¿No sabes pasar desapercibida? –pregunto Camus evitando notarse ofuscado.
-No, nunca me enseñaron a pasar desapercibida, de hecho, me enseñaron todo lo contrario –respondió ella poniendo las manos en su cintura.
-Ya era hora de encontrarte.
Esa voz hablaba a las espaldas de ellos, provocando escalofríos en los tres que observaban la obra parte del Santuario griego, ninguno quería voltear porque sabían al peligro inminente que se estarían exponiendo, y también el peligro en el que pondrían a los demás asistentes.
