Holaaa! =) Bueno, he vuelto para dejarlos un capítulo corto y algo monótono, pero pronto se pondrá más interesante la historia, espero que les guste! *-*
Capítulo 16: "¡Sorpresa!"
Esa voz hablaba a las espaldas de ellos, provocando escalofríos en los tres que observaban la obra parte del Santuario griego, ninguno quería voltear porque sabían al peligro inminente que se estarían exponiendo, y también el peligro en el que pondrían a los demás asistentes.
-Pero ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿Eres tonto o qué? –se quejaba Milo en la cafetería del lugar mientras bebía su café.
-Lo siento, no pude evitarlo –contesto el cangrejo dorado riendo aun.
-No fue divertido, Máscara Mortal –dijo la muchacha molesta.
-Lo siento, pero sus caras de susto fueron lo mejor –decía satisfecho por su hazaña.
-La verdad es que hace falta tu presencia en el santuario, ni siquiera Atena ha ido a vernos –comentaba Afrodita bebiendo su café.
-¿Tienen el permiso del Patriarca? –pregunto Camus preocupado.
-Sólo por unos días, tenemos que volver pronto, ya sabes, no podemos dejar el Santuario descuidado –contesto el pisciano.
-Yo también los extraños mucho, Afrodita –comento la joven con nostalgia.
-Supongo que se quedaran en casa ¿No? –dijo Camus pensando en cómo acomodar su hogar.
-No, Camus, no podemos abusar de tu hospitalidad.
-Claro que sí, nos quedaremos allí, el dinero que nos ahorraremos del hotel lo podemos gastar en fiestas y demases –dijo Máscara Mortal pensando en todo lo que podría hacer.
-¿En fiestas? Yo creía que habían venido a verme –reclamo la pelirroja celosa pero luego recordó su posición entre ellos y una sonrisa maliciosa se alojó en su rostro.
-Pero aprovecharemos para salir también, mocosa –contesto Máscara Mortal.
-Oh, qué triste, Mascarita, pero no podrás irte de juerga porque yo no te daré el permiso –dijo la joven princesa jugando con sus cabellos.
-No me interesa, no tengo por qué pedirte permiso.
-Lamentablemente, entre los cinco soy quien ocupa el rango más alto, así que… creo que al Patriarca Shion no le gustara saber eso.
-¡Afrodita! ¡Tú dijiste que saldríamos y esta cría se está aprovechando! Con eso me convenciste para que te acompañara –se quejaba el canceriano molesto.
-¡Por Zeus! ¿Por qué trajiste a este tipo? Muchos de los chicos son más agradables que él –se quejó la pelirroja mirando desafiante al italiano.
Y así siguieron recorriendo París mientras presenciaron todo el día las peleas de Máscara Mortal y Masako, quienes parecían perro y gato, aunque Milo era el más divertido con ello buscando avivar las peleas cada vez más.
Ya en la noche, cenaron y se quedaron viendo películas durante un rato, aunque Afrodita era quien más se daba cuenta de los cambios que podía ver en la muchacha a pesar del poco tiempo que llevaba fuera, ya no era la pequeña caprichosa que había llegado al Santuario junto a Saori, ahora solamente discutía de gusto, no porque fuese en contra de ella o por capricho.
Además notó que el cambio de país, ciudad y hogar también le ayudaba, ya no usaba esos vestidos gigantes ni obligaba a los demás a que le atendieran, ayudaba a Camus en todo lo que el acuariano le permitía, ya que el joven la sobreprotegía puesto que era su principal protector en la casa, a pesar de contar con la presencia de otros tres santos dorados, el francés era quien más se preocupaba de que la joven estuviera en perfectas condiciones.
Los rayos del sol se colaban tímidamente entre las cortinas de la casa parisina, posicionándose en los rostros de los jóvenes que aun dormían confortablemente en sus camas, aunque eso no fue precisamente lo que les despertó de manera tan abrupta.
-¡¿Acaso no saben comportarse?! ¡Deberían tener más cuidado! –exclamaba Masako molesta mientras atendía a un maltrecho y ebrio Milo, junto a un ebrio Máscara Mortal.
-¿Qué ocurrió? –pregunto Camus, quien se hacía presente en el salón.
-Tuvimos una pelea con unos tipos en un bar –contesto Máscara Mortal sujetando sus sienes.
-Ya veo –dijo Afrodita suspirando y ayudando a la pelirroja a curar al escorpión.
-¡Ouch! Tengan cuidado –se quejó Milo.
-No reclames, esto te ocurre por meterte en líos –le regaño la joven.
-Eres como una hermana menor muy preocupada –murmuro Afrodita con ternura viendo la delicadeza que tenía la muchacha al curarle.
-Claro que no, solo lo hago porque me da lástima verlo así –contrarresto la muchacha sonrojándose por la observación.
-Eres una gruñona –dijo Máscara Mortal.
-Aun así viniste a verme a Paris, así que con ello me puedo dar por satisfecha respecto a ti –respondió la joven sin siquiera voltear su mirada.
-Oh, Masako… eres tan bonita –decía Milo sujetando una de sus manos, los tres santos restantes lo miraron sorprendido.
-Te irás a la cárcel si sigues así, soy solo una niña –respondió la muchacha sin demostrar gesto alguno.
-Tranquila.
-Lo sé, está ebrio –contesto Masako suspirando mientras terminaba de curar una que otra herida-: Milo, deberías tomar un café y luego ir a dormir. Tú también deberías hacer lo… mismo…
Todos dirigieron su mirada hacia el otro hombre en estado etílico, Máscara Mortal se había quedado plácidamente dormido en el sillón sin siquiera darse cuenta, al parecer los muebles eran bastante cómodos.
Luego de terminar con el escorpión, el peli azul se fue a dormir y Afrodita llevo a Máscara Mortal a una cama para que pudiera descansar, mientras que Masako iba a terminar sus horas de sueño y Camus junto al caballero de Piscis se iban a hacer otras cosas.
