Capítulo 17: "Noche parisina"

Todos dirigieron su mirada hacia el hombre en estado etílico, Máscara Mortal se había quedado plácidamente dormido en el sillón sin siquiera darse cuenta, al parecer los muebles eran bastante cómodos.

Luego de terminar con el escorpión, el peli azul se fue a dormir y Afrodita llevo a Máscara Mortal a una cama para que pudiese descansar, mientras que Masako iba a terminar sus horas de sueño y Camus junto al caballero de Piscis se iban a hacer otras cosas.

Y así los días siguieron avanzando en París con la visita de los caballeros dorados. Gozaron de distintas actividades que lideraba la menor del grupo junto al caballero de Piscis, quienes parecían dos pequeños en medio de la capital francesa, yendo de un lugar a otro y buscando hacer recuerdos de todo lo que veían y llamaba su atención con cámara fotográfica en mano.

Al llegar el fin de semana, los tres caballeros culminaron con su visita y se marcharon de regreso a Grecia. Así dejando descansar a la japonesa y al francés en la tranquilidad de su hogar, dónde ambos estaban sentados cómodamente en la sala de estar.

-Fueron buenos días –comento la muchacha cansada pero con una expresión satisfecha.

-Supongo, pensé que sería peor –contesto el caballero de Acuario para luego mirar a la muchacha.

-¿Ocurre algo? –pregunto ella sintiendo la mirada sobre sí.

-¿Qué te parece si el próximo fin de semana vamos a comer a algún restaurante o algo así? –pregunto el muchacho observándola.

-Me parece bien –contesto ella con una sonrisa para el francés.

Los días pasaron con tranquilidad y lentitud para el caballero de Acuario, o al menos eso parecía, ya que se veía nervioso a momentos y tranquilo en otros. Mientras que la muchacha sólo se dedicaba a estudiar y a sus cosas de chicas, ignorando mucho de lo que ocurría con su protector.

El día destinado para su cena llegó, pero cuando éstos se disponían a marcharse, repararon en que había correspondencia de parte del Santuario, la cual les ordenaba volver de manera urgente al Santuario de la diosa de las armas.

-Ya no hay vuelos a Grecia por hoy así que mejor vamos a cenar ¿No? –dijo la muchacha con calma.

-Sí, tienes razón. Aunque no deja de extrañarme –comento el Santo una vez ya se encaminó hacia el lugar.

-Es sorpresivo, pero bueno, mañana ya estaremos allá, disfrutemos la noche parisina –concertó la joven sonriendo mientras miraba las luces que adornaban la ciudad, colgando con una gran sonrisa del brazo del Acuariano y recibiendo celosas miraban de las damas que los veían pasar.

Llegaron a un lugar bastante ostentoso, al parecer el joven había preparado con bastante cuidado el paseo para la joven deidad. Y había acertado plenamente al ver la sonrisa en el rostro de ella al terminar su comida, para luego realizar una caminata por París, buscando aprovechar la última noche para volver al día siguiente a los aposentos griegos.

-Quería seguir por más tiempo en París –comento la muchacha desanimada.

-Podríamos volver… o sea, cuando todo se calme –contesto el caballero.

-¿De verdad? –pregunto ella emocionada.

-Claro, siempre que podamos.

-Es cierto, la situación es difícil, no sabemos qué ocurrirá pronto ni cómo será el regreso –comento mientras observaba el reflejo de la luna en el tranquilo flujo del río Sena.

-"Si tan sólo fuese de otra forma" –pensó Camus mirándola absorta por el río.

-¡Qué bonitas! –exclamo la joven mientras se volteaba hacia un hombre que les estaba hablando, era uno de los típicos vendedores de rosas que andaba al acecho de parejas enamoradas en tan romántica postal.

-Claro que sí, tienen que serlo. Aunque si su novio le regalase una estoy seguro que no se compararía a lo bonita que le debe de encontrar –dijo el hombre.

-No… él no es… -decía Masako sonrojándose.

-Deme aquel ramo –dijo el acuariano mientras sacaba su cartera y pagaba las rosas. El hombre se marchó rápidamente al finalizar la transacción-: Son para ti –agregó el muchacho extendiendo el ramo hacia la chica.

-Gracias –contesto mientras las tomaba entre sus manos.

-Sé que Afrodita es el encargado de estas cosas, pero bueno, a veces las cosas pueden variar ¿No? –dijo rápidamente Camus, evitando que se produjese un incómodo silencio.

-Así es –contesto ella entre risas, era divertido ver al más frío y serio de la orden dorada nervioso por la situación.

-Si fuésemos personas normales…

-¿Qué pasaría con eso?

-Seríamos libres…

-No nos conoceríamos –dijo la muchacha ágilmente, buscando evaporar todo encanto romántico, algo muy difícil estando en París, pero la situación que vivían lo ameritaba urgentemente-: Y si fuese así, tampoco me fijaría en ti, verás… eres algo mayor.

-¿Estás segura que sólo por eso? –pregunto el santo dorado a la vez que acortaba un poco las distancias entre ellos.

-Vamos, no ha… -decía la joven nerviosa pero un desvanecimiento le impidió continuar hablando.

Despertó un par de horas después en su habitación, con el aguador dorado a su lado, aún estaba con las mismas ropas con las que había salido pero algo no marchaba bien con ella. Su cabeza daba vueltas y vueltas, un montón de imágenes pasaban por su cabeza rápidamente, imágenes que ella no tenía desde antes.

-¿Cómo te sientes?

-¿Qué ocurrió? –pregunto la muchacha confundida.

-Te desmayaste, estábamos en el río y tuve que traerte rápidamente de vuelta a casa. Tu cosmos se manifestó algo agresivo, y bueno, será mejor que tú misma te veas en el espejo –contesto Camus mientras la joven se levantaba con su ayuda para hacerle caso.

-No puede ser… -decía ella al analizar la parte superior de su cuerpo, había algo que no le gustaba para nada-: No puedo salir a la calle de esta manera.

-Algo tendremos que hacer.

Al llegar a Grecia, Milo, Shura y Aioros les estaban esperando a la salida desde primera hora. Los santos reconocieron de inmediato al joven de la undécima casa, a quien recibieron con la alegría pero no fue tan así con la joven japonesa.

-¿Y dónde está Masako? ¿Quedo en París? –pregunto Milo haciendo como si aún la buscase.

-Estoy aquí –dijo la muchacha jalando la ropa del escorpión.

-¿Tú? Tú no eres la chica pelirroja que yo conozco –dijo Milo observándola con desconfianza.

-¿Acaso pasaste por una obra en construcción y te cayó un bote de pintura? –pregunto Shura riendo.

-¿O sacaste a Camus de sus casillas y por eso tiñó tu pelo de azul? –pregunto Aioros en el mismo plan, notando la gran diferencia de la muchacha entre su cabellera roja y el nuevo azul que lucía en estos momentos, aunque estaba en gran cantidad oculto por una gorra.

-No, ya sé lo que es –se unió Milo llamando la atención de los cuatro-: Es el último grito de la moda ¿No? Como tú siempre haces todo lo que quieres y cuando quieres.

-Me las van a pagar apenas lleguemos al Santuario, trío de imbéciles –murmuro la joven cogiendo su maleta y adelantándose, mientras los otros cuatro reían detrás suyo.

Y el camino estuvo lleno de burlas y comparaciones respecto a la joven y su nuevo cabello. Esta vez podrían gozar un poco puesto que la muchacha había perdido uno de los mayores rasgos de orgullo que tenía y del cual solía jactarse constantemente ante quien la mirase y en cada oportunidad que tuviese.