Antes que cualquier otra cosa, pido una humilde disculpa por haberme tomado tanto tiempo en actualizar. Sé que una vez que se inicia con esto, se hace un compromiso con todo aquel que se digna y prestar algo de su valioso tiempo para leer lo que uno escribe y por eso me disculpo por la tardanza, más sin embargo, no creo en las excusas así que no daré ninguna, solo les diré que, esta historia llegara a su fin sin importar nada.

Ahora, pasemos a los agradecimientos:

Satoshi-Taicho: Gracias por la calificación que me das y espero que esta vez no haya dolor que te evite disfrutar mi capitulo, y puedas darme tu critica y creeme cuando te digo que, las dudas será algo que te dare en cada uno, así que no te escaparas de ellas.

Pegaso Seiya: Gracias por el apoyo. Tu duda, si es que llega a eso, será resuelta en este capítulo pero, temo decirte que te dejare con nuevas, todo sea en pos de la trama.

Golden Knights: Descuida, no fuiste solo tú, de hecho a mí también se me hicieron demasiado forzados los cambios de escenario. Quise experimentar con una nueva forma de jugar con los escenarios y sobra decir que no me salió como esperaba.

Aioria: En cuanto a los escenarios, te digo lo mismo que le dije a Golden Knights. Así es, faltan muchas cosas que se iran explicando con el tiempo, desenvolviendo el fruto de mi locura, el cual espero sea de tu agrado. Y si, los adversarios de los caballeros, en esta ocasión son muy distintos, me canse de que en la serie solo tuvieran que pelear contra peleles confundidos, como los espectros de Hades, de los cuales, solo los 3 jueces podían llegar a valer la pena, así que decidí darles un verdadero reto.

Danyra: Gracias por tu opinión. (Bueno, ese fue algo corto)

A todos ustedes y a los que deciden quedarse en el anonimato. Muchas gracias por leer mi historia. Ahora sí, pasemos directo al capítulo.

Capítulo 3:

El ángel cazador

Altas y blancas columnas de mármol rodeaban un pequeño y cristalino lago azul, en cuyo centro flotaba una pequeña porción de tierra, que era tapizada por la hermosura de decenas de flores, de casi todos los colores imaginables, que bailaban de la mano de la débil brisa, rodeando con su danza a un enorme laurel. Ahí, bajo la sombra del bello árbol, recostado sobre su tronco, Apolo, se relajaba a ojos cerrados, tocando su lira.

El dios del sol llenaba de vida el lugar con su melodía pues, abrazados por el dulce y armonioso sonido de las cuerdas de aquel dorado instrumento, los rayos del sol parecían avivarse, incluso aquellos que se escabullían entre las hojas del laurel, el bailoteo de las flores parecían volverse más cadencioso y elegante, y los peces que vivían en el lago saltaban, de vez en vez, fuera del agua como deseosos de escuchar mejor aquel bello sonido, aunque fuera solo por un momento. Apolo demostraba su naturaleza divina, tan solo pasando sus dedos entre aquellas cuerdas, pues solo dios sería capaz de crear semejante belleza.

Aquella diminuta isla, donde se encontraba el dios, era unida con la orilla por un sencillo puente que compartía el color de las columnas, por él que no cabrían más de dos personas a la vez y que llevaba directo hasta una par de imponentes puertas de oro que guardaban el paso hacia dentro de su templo. Las puertas se abrieron lentamente y de su interior surgió Héctor, con su armadura carmín intacta y reluciente y su blanca capa cayendo desde sus hombros. El guerrero caminó por el puente hasta detenerse a un paso de poner un pie sobre la pequeña isla y ahí se arrodilló guardando un silencio absoluto.

Héctor se mantuvo silente e inmóvil, solo dedicándose a deleitarse con lo que sus oídos escuchaban hasta que la melodía llegó a su fin. Habiendo terminado la gloriosa pieza, el dios del sol abrió sus ojos, azules como el cielo, postro su lira al pie del laurel, se levantó y caminó hasta su guerrero. Aún de pie y pese a su considerable altura, el manto de color blanco que llevaba le cubría todo el cuerpo, solo eran apreciables unas clase de hombreras de oro que llevaba, que era desde donde colgaba su manto.

–Me sorprendió saber que completaras tu misión tan rápido. Te felicito. –dijo el dios de cabello rojizo.

–Gracias, a mí también me sorprendió. –secundó el guerrero y para luego continuar. –Solo que, me temo, existen dos inconvenientes al respecto.

Apolo, por un instante, miró extrañado a su guerrero, manteniéndose a la espera de que él continuara su explicación, espero que no duro mucho tiempo pues, enseguida, su guerrero continúo: –El primero y el menor de ellos, es que a pesar de tener el poder, carece del conocimiento, a su mente le es totalmente desconocido el verdadero significado de la palabra guerrero, por ahora solo es alguien que lucha por que su deber se lo manda, aunque, eso es un inicio. –al decirlo eso, Héctor guardo silencio unos momentos, tanto él como su dios sabían que eso no representa mucho problema, de hecho, era algo que ya esperaban, decirlo fue solo una forma de disminuir el verdadero pero, pensando que no funcionaria suspiró, prediciendo la mala reacción que su dios tendría cuando terminara de contar su relato y sin más remedio continuó: –El segundo y el mayor, es que se trata de un caballero de Atena.

La reacción de Apolo, fue tal como Héctor esperaba, al dios le fue imposible contener su desconcierto ya que sus ojos, que se abrían tanto como les era posible, lo delataban. Luego, el dios del sol cayó en la negación, intentando convencerse de la imposibilidad de las palabras del guerrero y hablando de la certeza que tenía de haber alcanzado, con su poder, a cada uno de los caballeros de Atena que quedaban en su templo.

Tras unos momentos de reflexionar en silencio, finalmente, el dios del sol se serenó y con esa misma calma, de su boca, emano el nombre de su hermana, la diosa de la luna. Apolo fue capaz de recordar la sensación del cosmos de su hermana, expandiéndose justo en aquel momento en el que cubrió el santuario completo con su poder. Más que exaltarlo, el dar con la culpable, lo calmó pues, de lo contrario, significaría que hubo humanos capaces de evitar su poder.

Héctor comenzó a hacer suposiciones, si Artemisa había actuado en contra de su hermano, era posible que Apolo decidiera actuar igual pero, en vez de preocuparlo, eso hizo que Héctor esbozara una sonrisa, su corazón latía más rápido con la sola idea de medirse ante los ángeles de la diosa de la luna.

–No te emociones aún. –le dijo Apolo a su guerrero. –Mi hermana siempre ha sido caprichosa y aunque, ahora, con su capricho me ha desafiado, no puedo negar que con ello, nos ha facilitado las cosas. ¿No te parece?

El guerrero solo asintió y después, tras un suspiro, el dios concluyo: -No sé lo que busque esta vez pero, si continúa interfiriendo de esta forma, tendré que hacer algo al respecto. A pesar de que conoce bien la situación, sigue anteponiendo sus caprichos.

Apolo le dio la espalda a su guerrero y mientras caminaba de regreso hacia el laurel, le dio la orden de retirarse, su última misión mucho antes de lo esperado, así que sería mejor que descansara para la próxima. Héctor, obedeciendo, se incorporo y se alejo a través del puente, al cruzar el umbral de las puertas de oro, estas comenzaron a cerrarse a sus espaldas mientras que la música de la lira de Apolo, comenzaba a escucharse nuevamente, acompañando aquellas puertas hasta que se cerraron por completo, dejando solo al dios que, hundía todo en la belleza divina de su melodía.

Muy lejos de aquel fragmento de paraíso, envueltos en el cobijo de colores rojizos y dorados que les daba el bosque en el que vagaban, Seiya y As, los jóvenes viajeros, finalmente dieron con un pequeño claro donde descansar. As, con su habitual serenidad, se recostó mientras que sus ojos añiles se mantenían fijos en el débil resplandor carmesí que atravesaba los arboles frente a él que, en bajo el purpura cielo, simbolizaba la muerte de otro día.

Seiya, por su parte, se tiro de espalda al suelo tapizado por la hierba que mantenía su color esmeralda, mientras se quejaba de manera caprichosa, acerca de su cansancio y del hecho de dormir el suelo, recordando con nostalgia la ultima cama en la que durmió, cuando él y As llegaron al orfanato que era manejado por aquellas hermanas. Entre quejas y recuerdos, Seiya no notó una pequeña piedra, de esas hechas con tierra húmeda, que se dirigía hacia él, hasta que choco con su cabeza, deshaciéndose tras el golpe y luego escuchó la voz de As diciendo: -Deja de quejarte tanto.

Las acciones de As generaron la molestia en el joven castaño, quien de inmediato se levanto y caminó hasta el exigiéndole una explicación por lo que hizo, nisiquiera prestando atención a las palabras que le dijo después y notándolo, el joven pelirrojo, continuó, interrumpiendo la rabieta de su amigo: -No sabemos cuánto nos falte pero, si te cansas y empiezas a quejarte desde ahora, nunca llegaremos.

Seiya quiso seguir reclamando pero, mirando directamente a los ojos de As, supo que él tenía razón, además de que, en ellos, podía ver algo más que meras ganas de jugar al sabio, pudo ver un dejo de verdadera preocupación. Y ya sin poder seguir quejándose sobre lo mismo, Seiya se dio la vuelta, derrotado pero, mientras se regresaba a su lugar dijo con orgullo y resignación: ¿Qué, no sabes distinguir un simple juego? La verdad a veces no sé porque te traje conmigo.

-Porque sabes bien que sin mí, ya estarías muerto, en el fondo de algún agujero. –contesto de inmediato, As y acto seguido, comenzó a reír.

Seiya, aún con algo de orgullo, no dijo nada y volvió a acostarse bocarriba sobre el suelo cubierto de hierba, y ya en esa posición, más relajado, dijo: -Sí, es posible. –y tras decirlo se unió a las risas, que As aún mantenía, y juntos pasaron de la risa a la carcajada.

Las risas de ambos jóvenes, salían del claro, metiéndose a la espesura restante del bosque, donde llegaban hasta unos atentos oídos cubiertos por una larga cabellera de jade, perteneciente a una dama, cuyo rostro, era cubierto por una máscara de plata que llevaba el diseño de un antifaz. A la distancia, la mujer se escondía su delgada figura tras los arboles, acercándose poco a poco al claro, donde As y Seiya descansaba. El cabello que le cubría parte de la espalda, así como las medias que contorneaban sus largas piernas, se perdían con el color de la hierba. Al moverse, el sobrante del lazo amarrillo, que delineaba su cintura, ondeaba en el viento. El sigilo y elegancia con la que se movía, hacían olvidar los zapatos de tacón que calzaba y la pesada armadura purpura que vestía. Aunque su rostro estaba cubierto, sus brazos, de los cuales solo uno era protegido por su armadura, dejaban ver la claridad de su piel y hundida entre sus cabellos, llevaba puesta una pieza más de su armadura, a manera de diadema.

La amazona continuo su camino con calma, deteniéndose momentáneamente detrás de arboles para asegurarse de no ser vista y cuando estuvo lo suficientemente cerca como para ver con claridad a los jóvenes en el claro, se detuvo, de nuevo tras un árbol, y se mantuvo quieta, en silenció, observando con gran detenimiento, era como si el tiempo se hubiese detenido, dejándolo ahí inmóvil y observante. Entonces, el agudo sonido de una campanilla, detrás de ella, la sacó de su trance. La amazona se giro rápidamente y ante ella se encontraba Icaro, el ángel de Artemisa, quien llevaba puesta su armadura, además de llevar una jabalina dorada en su mano.

-Con que aquí era donde te escondías, Shaina. –dijo el joven pelirrojo, con una voz tranquila, mientras se acercaba un poco a la amazona y tras detenerse a escasos pasos de ella, continuo: -Le dije a mi señora, que no los aceptara, que no eran de fiar pero, no me hizo caso y ya ves lo que sucedió, en cuento la batalla en el santuario de Atena comezó, ustedes abandonaron a Artemisa de la misma forma en la que abandonaron a Atena

-Entonces, ¿Artemisa te ha mandado hasta aquí para ejecutarme por mi traición? –preguntó la amazona con una ligera calma, misma que se disipó, exaltándose, al continuar: -¿Quién es ella para hablar de engaños, cuando ella misma nos mintió al hablarnos sobre el destino de Atena y Seiya?

-No te servirá de mucho pero ¿Te sentirías mejor si hablaras con él? –preguntó el ángel, dejando atónita a la amazona, e interpretando su silencio como respuesta, continuo: -Siendo así, entonces, ve y habla con él. Aprovecha ahora que se queda solo. –concluyo, al tiempo en que, usando la jabalina, apuntaba hacia el claro, donde As se alejaba de Seiya, internándose en el bosque.

-¿Me dejaras ir a hablar con él, como si no pasara nada? –preguntó desconfiada, Shaina.

Perdiendo la paciencia, Icaro suspiro, y serenándose nuevamente, dijo: -Encontrarte en este preciso lugar, era algo que no contemplaba, y amerita un ligero cambio en el plan, estoy seguro que mi señora pensaría lo mismo.

De nuevo, la amazona de plata guardo silencio, dudosa del motivo tras las acciones del ángel. Cada vez más desesperado por la duda de Shaina, Icaro le dio la espalda y, con la voz más tranquila que fue capaz de usar, ultimó: -Hazlo deprisa, que yo tengo una misión que cumplir y eso no ha cambiado. Te daré una señal cuando tu tiempo se acabe, entonces todo comenzara y no me importara quien esté en medio.

Ya sin más que decir, Icaro caminó alejándose de Shaina y perdiéndose en el bosque, solo dejando tras de él, los ecos del sonido que su campanilla hacia al caminar, y a una amazona que entendía que, más que confiar o no, debía aprovechar la oportunidad que se le presentaba sin que, de momento, le importaran los motivos del ángel.

En el pequño claro, Seiya reunía un montón de rocas en una sección del suelo donde no había hierba. Con las rocas formaba un círculo en el suelo y al terminar, tomó una de ellas en su mano y apretándola fuerte comenzó, a manera de broma, a insultar a su ausente compañero por lo que le había hecho unos momentos atrás y finalmente arrojo la roca, con fuerza, hacia el bosque, solo como diversión.

Alcanzando a escuchar pasos sobre la hierba, detrás de él, el joven castaño creyó con sorpresa que su amigo había regresado con la leña demasiado rápido, pero su equivocación fue evidente al escuchar la voz de una mujer, que con tono incrédulo lo llamaba por su nombre, desde la misma dirección de donde provenía el sonido de aquellas pisadas.

Extrañado, Seiya se giró y contemplo a aquella mujer de cabellos de jade y rostro cubierto, quien se acercaba lenta y pausadamente hacia él. Seiya, en ningún momento se movió, la imagen de aquella mujer no lo alteraba, sino, le intrigaba con esa curiosidad, se mantuvo calmado, a la espera de que ella terminara de acercarse y saber que sucedía.

Frente a frente, el silencio era el único que hablaba, Shaina tenía demasiadas preguntas para el joven que creyó muerto, que no podía decidirse sobre cual hacer primero pero, siendo relajada por la suave brisa que comenzaba a soplar, finalmente logro hacerlo, sin embargo, fue Seiya quien tomo la iniciativa emitiendo una pregunta que, más que romper el hielo, logro dejar helada a la amazona: -¿Quién eres?

La amazona no fue capaz de entender por completo la pregunta que el joven le hizo, escucho cada palabra, pero entendía ni el sentido ni motivo de esta. Ignorando sus dudas recién surgidas y la misma pregunta que le fue hecha, Shaina contestó en un tono irritado: -Deja de jugar, Seiya, y dime, ¿Qué sucedió en el santuario? ¿Qué fue de Atena? ¿Por qué no éstas con los otros?

Despues de un momento, Seiya se encogió de hombros y se dio la vuelta, mientras dijo, en tono burlon: -No tengo idea de que me hablas, pero si no me quieres dar tu nombre solo di que no, en lugar de decir tantas cosas sin sentido.

Una helada sensación recorrió la espalda de la amazona, mientras veía como el joven castaño se alejaba, como si no le importara. Suponiendo la única razón que parecía darle algo de sentido a las cosas, Shaina, se sintió frustrada e ignorada, para ella, Seiya conocía la verdad pero en vez de contársela, solo se hacia el desentendido y aceptando eso, decidió tratar de otra manera.

Exclamando el nombre del despreocupado joven, para llamar su atención, la amazona lo atacó con su mano, utilizando sus uñas largas y afiladas, como garras, con las que logro desgarra la camisa roja de Seiya, quien le reclamó con enojo: -¿Pero que te sucede? ¿Estás loca o algo parecido?

-De acuerdo Seiya, si así es como me veras de ahora en adelante, será así como te responderé. Así que. ¡Como guerrera de Artemisa, te exijo que me respondas o de lo contrario te arrebatare la vida! –Exclamó la amazona, de manera amenazante, al tiempo que de nuevo se abalanzaba para atacar con sus garras al joven

Seiya, miró fijamente a la amazona y notó un pequeño destello. Bajo la boca, en la última parte que alcanzaba a cubrir su mascar, se escapaba una solitaria gota transparente que venía desde dentro de la máscara, y que reflejaba uno de los escasos y moribundos rayos de sol, que quedaba, en ese momento, Seiya abandono toda posibilidad de corresponer la agresión y al notarlo, la amazona detuvo su ataque y exclamó con tono que parecía dejar atrás, toda señal de calma: -¡Es que piensas dejar que te asesine antes que contestarme!

El joven se calmó y dijo: -No me importa que tantas cosas sin sentido digas o lo que hagas, yo no levantare mis puños contra una mujer. Lo único que quería era conocer tu nombre, dado que tú conoces el mio, no tienes porque ponerte así.

-¿Pero qué dices, Seiya? ¿Es que ya no te importa ni siquiera tu misión?– preguntó consternada la amazona, la fuerza en su voz comenzaba a abandonarla, y eso era evidente, pese a que intenta ocultarlo aumentando el tono agresivo de la misma.

La pregunta de Shaina, provocó gran seriedad en el semblante de Seiya, quien de inmediato contestó: -Mi misión es lo único por lo que vivo pero, esta no tiene nada que ver contigo, a menos, que sepas algo sobre mi hermana. Sabes mi nombre sin que yo te conozca, debiste escucharlo en algún lado, solo por un momento pensé que tu podrías saber algo de ella, pero solo dices locuras, así que no importa, solo sigue tu camino, yo daré con ella solo.

-¿Tu hermana? –Interrogó la amazona, cambiando su tono agresivo, por un calmado y lleno de dudas, para después continuar: ¿En verdad, nada de lo que digo tiene sentido para ti?

Tras la confirmación del joven, la amazona se quedo en silencio un momento, clavando su escondida mirada, en los castaños ojos de este, como buscando algo en ellos. Nuevamente, el sonar de una campanilla, fue el culpable de regresarla a la realidad y en ella, recodó las palabras de Icaro, dándole la espalda a Seiya, con ellas en mente se dio la vuelta suponiendo que, Seiya, en ese estado, no podría hacer frente al ángel, mientras ese mismo joven, buscaba entre los arboles el origen de ese peculiar sonido.

-De acuerdo, entonces, me retiro. Tal vez, así sea mejor. Adios, Seiya. –dijo la amazona sin voltear, su voz ya no tenía fuerzas para ocultar su desconsuelo. Seiya, sin entender lo que sucedía, solo la vio alejarse lentamente. La suave brisa volvió a correr por el claro, llevándose a la amazona con ella y dejando al joven, pensativo, concentrado en la extraña sensación que tenia, de que algo más debió de haber sucedido, sensación que crecía con cada pasó que daba aquella mujer y que se quedó, después de que esa mujer se perdió de su vista, entrando en el bosque.

El bosque fue tomando por completo, por la noche. Seiya y As, quien finalmente había regresado con la leña, estaban sentados uno frente al otro, separados por el incandescente fulgor de la fogata que habían hecho. As, sujetando un mapa contra el suelo, hablaba de lo cerca que estaba la siguiente ciudad y que no les tomaría más de un par de días para cruzar el bosque y llegar a ella.

Seiya se había cambiado la camisa que le fue desgarrada, por una de color negro y se mantenía pensativo y distante, recordando el pequeño encuentro que tuvo durante la tarde. El joven castaño tenía la idea que aquella mujer, en el fondo no debía ser tan mala pero, no por eso dejaba de pensar que estaba algo loca. Al notar el estado de su amigo, el pelirrojo preguntó: -¿Sucedió al interesante mientras no estaba?

Seiya, reaccionando, soltó una risa nerviosa mientras lo negaba. La risa de Seiya se cortó de manera abrupta, cuando se dio cuenta de que, una vez más le ocultaba algo a su compañero de viaje. En definitiva, ese encuentro fue algo interesante que contar pero, por inercia ó reflejo, el negó que algo hubiera pasado, como otras veces había sucedido y él se preguntaba él porque.

Tras la negativa de su amigo, As siguió la plática con otro tema, uno acerca de lo que él siempre había querido preguntar: -Dime, Seiya, exactamente. ¿A dónde vamos? Cuando empezamos este viaje, ambos sabíamos que sería una búsqueda a ciegas pero, desde hace un tiempo tú pareces saber exactamente a donde te diriges. No preguntas nada en los pueblos o ciudades por donde pasamos, parece como si ya no buscaras nada y ahora solo te dedicaras a caminar en una misma dirección, lo que hoy nos llevo a despreciar un viaje gratis hasta la siguiente ciudad, para adentrarnos a pie en este bosque. O ¿Es que hay algo que no me has dicho?

Seiya se mantuvo absorto unos momentos, de nuevo sentía el impulso de evadir la pregunta y negarlo todo pero, el ya estaba cansado de sentirse mal por tener esa desconfianza, de no ser capaz de sincerarse con alguien que lo había apoyado tanto tiempo y bajo ese ideal, decidió contarle la verdad sobre él porque de su comportamiento.

Ante la mirada interrogante de su amigo, el joven de camisa negra, afirmo saber en donde se encontraba su hermana, comentando que, más que saberlo, podía sentirlo. Seiya narró, la forma en cómo, una sensación calidez parecía llamarle y al cerrar los ojos, el podía ver a una luz a la distancia, en medio de la oscuridad, brindándole esa sensación que tenía a ojos abiertos. El estaba seguro de esa calidez, esa ternura, esa luz en medio de la oscuridad, se trataba de su hermana, llamándolo, quizás, buscándolo a él de la misma forma que él a ella y debido a su lazo, podían incluso sentirse al estar cada vez más cerca. Finalmente, el joven explicó que fue precisamente, el seguir esa luz y ese sentir, lo que lo ha guiado desde entonces, sin la necesidad de preguntar direcciones o ver un mapa, y por eso mismo, de la nada, bajó de la camioneta de aquel granjero y se interno en el bosque.

Seiya, expectante, aguardaba la respuesta de su amigo, esperando de antemano algún reclamo o queja por haberlo guiado tanto tiempo sin un rumbo real, basado solo en una sensación que bien podría ser falsa y haberlos hecho errar por completo el camino pero, en cambio, obtuvo todo lo contrario.

Tras escuchar la explicación de Seiya, As mantuvo su mirada añil en los ojos de su compañero y una vez que constato, a través de ellos, la fe en sus palabras y que realmente estaba seguro de que era su hermana quien lo llamaba, el joven pelirrojo, soltó un suspiro y se recostó en el suelo, desde donde dijo: -Bueno, no puedo decir que me extraña de ti. Siempre has sido impulsivo e impetuoso, no es raro pensar que te dejes llevar, de esa manera, por algo así, aunque, supongo que en una búsqueda a ciegas como está, nunca está de más usar el instinto o algo parecido y ¿Quién mejor para usarlo? Que alguien que tiene un lazo de sangre con aquello que buscamos.

As parecía demasiado tranquilo, no solo parecía haber esperado una explicación de igual extrañeza sino que, parecía entenderlo muy bien, además de apoyarlo. Solo hubo dos problemas que, el joven castaño, encontró en la respuesta de su amigo: el primero era que él no llamaría a eso, instinto pues, estaba seguro que era algo muy diferente y el segundo fue que, por más tranquilo que fuera su estado, un dejo de preocupación logro escaparse a través de su voz.

El joven de ojos azules se sentó nuevamente y dirigiendo su mirada a su amigo, dijo: -Al menos esto volverá aún más interesante este viaje. Habrá que ver hasta dónde nos lleva esa luz que dices sentir. –las palabras, ahora más serenas, del joven, hicieron que la calma de su amigo regresara a él, y luego finalizó: -Dije que te acompañaría, y eso hare, sin importar las locuras que decidas seguir.

Seiya se alegró de saber que aquella desconfianza que sentía era totalmente infundada, y que podía contarle cosas, a su amigo, por más locas que estas parecieran y sin el temor de ser juzgado como loco. Seiya pensó en darle las gracias a su compañero por su apoyo pero, de nuevo, el metálico sonido de una campanilla, resonó por todo el claro, interrumpiendo la amena conversación de los jóvenes viajeros.

Seiya, quien ya conocía el sonido, solo se extrañó de volvero a escuchar, mientras que As, ignorante del mismo, comenzó a buscar, con la mirada, la dirección de donde provenía sin embargo, antes de encontrarla, tres jabalinas doradas, emergieron de entre los árboles, viajando por el viento a una velocidad que las hacia silbar, y ensartándose, finalmente, en el espacio que había entre ambos jóvenes, extinguiendo por completo la fogata que los separaba, dejándolos solo la tenue luz que la luna y las estrellas les brindaban.

Sorprendidos y desconcertados, los jóvenes se pusieron de pie velozmente, más por reflejo que por voluntad propia, al tiempo que dirigían su mirada hacia toda las direcciones imaginables, en busca de su agresor. Desgraciadamente, para los jóvenes, antes de dar con el culpable de su ataque, un silbante sonido, dirigió su atención hacia tres nuevas jabalinas que se dirigían hacia Seiya, quien a duras penas logro esquivarlas, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo. As corrió hacia Seiya para auxiliarlo pero, más jabalinas llegaron a incrustarse en el suelo ante él, obligándolo a detenerse abruptamente.

Por la mente de ambos jóvenes pasaban muchas cosas, mientas intentaban averiguar y quién y por que los atacaba. Cazadores y bandidos eran las opciones más viables, pero eso no les explicaba ni el motivo, ni el uso de una arma tan poco convencional. Lo único en lo que estaban de acuerdo en ese momento, era que estando en el claro, eran blancos idóneos para cualquiera que estuviera en esos árboles.

-¡Sal y da la cara! –Exclamó un frustrado Seiya, quien de nuevo se ponía de pie pero, lo único que obtuvo como respuesta fue otra jabalina, la cual pasó peligrosamente cerca de su rostro, causándole una leve cortada en su mejilla derecha. Después de ese último ataque, los jóvenes se pusieron de acuerdo, cada uno recogió su morral del suelo y corrieron para ponerse a salvo ocultándose en la parte del bosque, contraria a aquella desde donde eran atacados.

Aun entre los árboles, los viajeros se mantenían corriendo, el castaño por delante y el pelirrojo siguiéndole muy de cerca, no planeaban dejar correr hasta tenerla certeza de haber perdido a su atacante, aunque, para su mala fortuna, eso no parecía que fuera a suceder pronto, cuando otra jabalina, se ensarto en un árbol, al lado del cual pasaron corriendo.

Las silbantes jabalinas seguían, persiguiéndolos y quien más complicaciones tenia con ello, era As, pues era quien iba atrás, quien realmente comenzaba a enfadarse por la frustración de no poder hacer nada más que correr, emoción que lo orillo a sugerirle, a su amigo, un cambio de estrategia. El plan de As era simple, según él, era solo una persona, quien los atacaba, siendo así, ellos se separarían, y a aquel a quien dejara en paz lo rodearía y lo encontraría para detenerlo. Seiya no compartía la misma certeza de su compañero, respecto al número de atacantes pero, pensó que era su turno para confiar en el instinto de su amigo.

Entonces, ambos dejaron de correr, deteniéndose por completo y aguardando el momento apropiado. Se mantenían a la espera de un nuevo ataque, para iniciar con el plan sugerido por As, hasta que dicho ataque, sucedió. Una jabalina se dirigió a cada uno de los jóvenes, quienes, siguiendo su plan, las esquivaron separándose.

Ya cada quien por su cuenta, fue a Seiya a quién siguieron las jabalinas, obligándolo a correr lo más lejos posible de su compañero para que este pudiera cumplir con lo que habían planeado. Corriendo entre los árboles, el joven castaño, llegó hasta una pendiente bastante pronunciada cuyo oscuro fin era inalcanzable para la débil luz proporcionada por la luna. Deteniéndose un poco al inicio de esta, analizó bien lo que haría y mirando a su alrededor, Seiya confirmo que no había otro camino más que el que tenia ante él y decidido, se preparo para comenzar su descenso cuando una última jabalina lo fijó como su blanco.

Lograr evadir el objeto que atentaba contra su vida, ocasiono que Seiya perdiera el equilibrio y por consecuencia, cayó, rodando, por la pendiente, golpeándose repetidamente contra el suelo y las rocas que había en el camino. Tras la violenta caída, el joven castaño, fue a dar hasta un pequeño arroyo que bajaba, atravesando la pendiente y lugar donde cayó, golpeando su cabeza contra un roca que emergía a la mitad del mismo, dejando inconsciente al joven, recostado sobre esa misma roca y sumergido, hasta la cintura bajo la fría corriente acuosa.

Siguiendo la corriente del arroyo, donde yacía el joven castaño, viajaba la mitad de una máscara, donde era apreciable la mitad de un grabado a manera de antifaz. La máscara, siguió sin detenerse, valiéndose de la corriente para atravesar el bosque, hasta encontrarse con el inconsciente joven de camisa negra, y en cuyo pecho, detuvo su libre recorrido, como si desde un principio, hubiera sido él, el destino al que intentaba llegar.

Continuara.

Bueno, helo ahí, espero haya sido de su agrado, de momento me despido. Hasta el próximo capítulo.

Cuídense, gente.