Por si alguien ya ha leído los dos primeros capítulos quisiera avisaros de que mi historia está totalmente libre de spoilers de Dealthy Hallows, el motivo es que estoy esperando la traducción oficial para leerlo. Los primeros días fueron horribles pero ahora sé que aguantaré.

Como no sé como termina la saga cualquier parecido con el libro de J.K. es una casualidad aunque he redactado la trama siguiendo las pistas que ella dio antes de la publicación de D.H.

Saldrán los espejos de Sirius, la moto voladora, Víktor Krum, hará magia alguien que no la había hecho nunca y todos esos pequeños detalles que ella adelantó. Agradecería mucho que si dejáis un review (hacedlo, por favor) no contenga spoilers. Gracias a todos y… a leer.

CAPÍTULO 3: Una nueva etapa

Harry y Tonks aterrizaron sobre la hierba, muy cerca de la Madriguera, nada más poner los pies sobre el suelo Harry vio un par de figuras que merodeaban en la oscuridad cerca de la casa y sacó su varita.

- No, no, Harry, tranquilo. – Se apresuró a decir Tonks - Son aurores, los ha enviado el Ministerio.

- ¿Aurores? – Harry los miró con desconfianza. Los aurores eran magos muy poderosos, cazadores de magos tenebrosos que trabajaban para el misterio, Tonks era una de ellos aunque también era miembro de La Orden del Fénix. En el funeral de Dumbledore Rufus Scrimgeour, el ministro de magia, le había ofrecido a Harry la protección de sus aurores a cambio de que accediera a dejarse ver por el ministerio, pero Harry había rechazado la oferta porque no compartía el modo de luchar contra Voldemort del ministerio. Desconcertado miró a Tonks - ¿Cómo han sabido que vendría aquí?

- Cuando solicitamos el traslador para traerte tuvimos que dar algunas explicaciones. El ministro insistió en tener la casa vigilada mientras permanezcas en ella -Tonks sonrió y guiñó un ojo -no quiere que la comunidad mágica le culpe si algo le pasa "al elegido".

- Comprendo.

A Harry no le hizo mucha gracia saber que el ministro de magia le había enviado protección a pesar de que le había dicho que no la deseaba. Estaba claro que el ministro seguía interesado en usarle en su campaña de propaganda y parecía dispuesto a hacerlo con o sin su colaboración. Los aurores no estaban en la propiedad de los Weasley y nadie podía prohibirles que deambulasen por el camino que llevaba hasta la casa, Harry pensó que mientras permaneciera en la Madriguera exponía al peligro a toda la familia Weasley, incluida Ginny, y que quizá la presencia de los aurores ahuyentara a los mortífagos. De momento aceptaría la protección del ministerio hasta que comenzara con la misión que Dumbledore le había encomendado antes de morir.

En cuanto se detuvieron ante la puerta, antes incluso de llamar, esta se abrió y apareció la señora Weasley.

- Pasad, pasad, os estábamos esperando.

Cuando entraron Harry vio que además de Ron y Hermione también Ginny estaba en la cocina, estaba pálida y parecía nerviosa, pero antes de que él y Tonks tuvieran tiempo de saludar ella se levantó y desapareció escaleras arriba diciendo que se había hecho muy tarde e iba a acostarse.

Harry se quedó allí de pie mirando el lugar por el que ella había desaparecido hasta que Ron le sacó de su ensimismamiento.

- Menos mal que ya estáis aquí, ahora que quien-tu-sabes puede ir a por ti queríamos asegurarnos de que no hubiera complicaciones y llegaras de una sola pieza.

Harry se sintió un poco incómodo al notar que todos estaban tan pendientes de él. Tenía previsto meterse en un montón de líos y de situaciones peligrosas así que sería mejor que nadie se enterara para no hacerles pasar malos ratos.

- Ha sido muy fácil, mi tía nos dejó usar el traslador desde su cocina.

- ¿En serio?, ¡Vaya, me cuesta creerlo!-dijo Ron sorprendido.

Harry sonrió:

- Sí, este verano ha sido un poco más tolerante con la magia.

- ¿Quieres comer algo Harry?-les interrumpió la señora Weasley.

Hasta aquel momento no había sido consciente del hambre que sentía, la inesperada visita del hermano de Dumbledore hizo que se olvidara de su cena pero ahora sentía rugir su estómago, y aunque estaba deseando hablar a solas con Ron y Hermione, decidió que podía esperar hasta el día siguiente y disfrutó de una deliciosa cena antes de irse a dormir.

A la mañana siguiente en cuanto terminaron de desayunar se encerraron en el cuarto de Ron con el pretexto de abrir los regalos de cumpleaños de Harry. Durante el verano se habían carteado con frecuencia pero el correo no era seguro y por eso se veían obligados a ocultar cualquier información relevante, ahora Harry estaba ansioso por contarles su conversación con el hermano de Dumbledore, sus progresos en legeremancia y sus planes para el futuro.

- Así que el camarero de Cabeza de Puerco y Dumbledore eran hermanos, quien podría imaginarlo.-Dijo asombrada.Hermione.

- Bueno, que alguien sea hermano tuyo no quiere decir que se parezca a ti, no tienes más que fijarte en el idiota de Percy.

En su tono de voz se apreciaba el resentimiento, la familia Weasley no había perdonado los continuos desplantes de Percy. Hermione posó comprensivamente una mano sobre la rodilla de Ron y siguió hablando.

- ¿Sabes exactamente qué es lo que te ha dejado Dumbledore?

- No. Aberforth solo dijo que casi todas sus cosas, las llamó montón de cachivaches.

- Pero puede ser interesante Harry. Quizá entre ellas encontremos alguna pista, tenemos por delante mucho trabajo y ni siquiera sabemos por donde empezar. Tal vez Dumbledore supiera algo que no tuvo tiempo de contarte.

- No creo, Hermione. Dijo que hacía tiempo que sospechaba que Voldemort había dividido su alma, pero no tuvo la certeza de que existían seis Horrocruxes hasta que conseguí el recuerdo de Slughorn. – Harry no dejaba de pasear por la habitación, tratando de calmar la inquietud que sentía.- Sabemos que dos han sido destruidos y podemos estar bastante seguros de que no se equivocó al suponer que la copa de Hufflepuff, y la serpiente de Voldemort son otros dos, pero todavía queda uno que puede ser cualquier cosa y no creo que Dumbledore supiera donde buscarlos. Eso sin contar el medallón de Slytherin, a saber lo que RAB ha hecho con el.

Harry todavía llevaba consigo el medallón falso, conseguirlo había sido muy peligroso, si Dumbledore no se hubiera debilitado tanto tomando aquella poción no habría muerto aquella noche, y todo para nada porque alguien se había llevado antes que ellos el verdadero Horrocrux con el pedazo de alma de Voldemort. Contemplar aquel medallón le servía para centrarse, para recordar que lo único importante era encontrar y destruir todos los Horrocruxes, y luego enfrentarse de nuevo a Voldemort cuando éste volviera a ser mortal. Todo lo demás, el colegio, el resto de su vida, tendría que esperar.

- En un par de días Ron y yo tendremos nuestros carnets de aparición, ahora lo más urgente es encontrar un sitio a donde ir. Tendremos que investigar, revisar las cosas de Dumbledore… necesitamos quedarnos en un lugar tranquilo de donde podamos entrar y salir cuando queramos sin dar explicaciones a nadie.

- Y si puede ser un lugar seguro, mejor. -Dijo Ron tumbándose en la cama y mirando al techo- a poder ser un sitio en el que mi madre no pueda encontrarme, no quiero imaginar como se va a poner cuando le cuente que este año no pensamos volver a Hogwarts.

Esa misma mañana llegaron a la Madriguera cuatro lechuzas con cartas para Ron, Harry, Ginny y Hermione. Al final el consejo escolar había decidido reabrir el colegio para aquellos alumnos que quisieran asistir (aunque era previsible que muchos no lo harían después de que uno de los profesores hubiera asesinado al director) y habían nombrado nueva directora a la profesora McGonagall. Harry, Ron y Hermione contestaron inmediatamente rechazando ocupar sus plazas en Hogwarts y aprovechando la ocasión Ron no tuvo más remedio que enfrentarse a la señora Weasley y confesarle que no iban a volver al colegio para terminar sus estudios. En cuanto estalló la noticia Ginny se retiró discretamente de la cocina. La señora Weasley puso el grito en el cielo diciendo que arruinarían su futuro y muchas cosas más que no dieron resultado. Después trató de obligar a Ron a obedecerla pero el objetó que era mayor de edad y podía tomar sus propias decisiones, por último intentó persuadir a Hermione preguntándole como iba a abandonar los estudios la alumna más brillante de Hogwarts, estaba segura de que si convencía a Hermione para volver al colegio Harry y Ron la acompañarían, pero Hermione se mostró inflexible y la estrategia de divide y vencerás tampoco dio los resultados que la señora Weasley esperaba.

Al final desistió esperando que cuando esa noche el señor Weasley llegara a casa tuviera unas palabras con los chicos y les hiciera cambiar de opinión pero no fue así. Aunque el señor Weasley se mostró muy preocupado aceptó las explicaciones de Harry de que tenía que llevar a cabo una importante misión secreta que Dumbledore le había encomendado antes de morir, y ante el asombro de su esposa también comprendió que Ron y Hermione quisieran acompañarlo. Conocía a los tres lo bastante bien como para saber que no cambiarían de opinión así que se ofreció a ayudarlos en todo lo que estuviera en su mano y les hizo prometer que se pondrían en contacto con algún miembro de la Orden si necesitaban ayuda.

Esa noche, después de cenar, se sentían bastante satisfechos de como había salido todo, la señora Wealey parecía un poco contrariada pero al no tener ningún apoyo no tenía mas remedio que aceptar su decisión. Los tres subieron a hablar a la habitación de Harry.

- ¿Y dices que practicabas con tus tíos?-preguntó Hermione ojeando uno de los libros de Legeremancia de Harry.

- Sí, no tenía a nadie más. Con ellos resultaba fácil pero no creo que sea lo mismo con Voldemort.

- Si, desde luego –comentó Ron - no creo que Quien-tu-sabes esté al mismo nivel que tus tíos precisamente.

-Necesitaría alguien con quien practicar, alguien que sepa magia avanzada y que tenga conocimientos de oclumancia.

- Creo ya tenemos una solución a tu problema, Harry –dijo Ron señalando la ventana. Harry y Hermione se acercaron y sonrieron, en aquel momento las figuras de dos aurores del ministerio pasaban por delante de la casa.

A la mañana siguiente estaban terminando de desayunar cuando una lechuza marrón entró por la ventana de la cocina y se acercó a Ginny. Al verla la señora Weasley comenzó a gritar.

- ¡Oh!, esto es increíble, ¡Es Hermes, la lechuza de Percyl! Ginny, querida, Percy te envía una carta, ábrela pronto.

Ginny estaba tratando de desatar la carta de la pata de Hermes mientras su madre no paraba de hablar.

- Deprisa Ginny, vamos, date prisa. Hace tanto tiempo que no tenemos noticias suyas, ni siquiera contestó a Bill cuando le invitó a la boda, espero que no sean malas noticias.

Pero no eran malas noticias, al menos para la señora Weasley. La profesora McGonagall había sido incapaz de encontrar un nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, todo el mundo sabía que desde hacía mucho tiempo ningún profesor duraba más de un año en el puesto y el último que lo había ocupado era ahora un prófugo de la justicia por haber asesinado al director. Como el puesto estaba vacante correspondía al Ministerio nombrar un nuevo profesor y Rufus Scrimgeour había decidido prescindir de su ayudante junior y enviarlo a Howargts.

La señora Weasley estaba exultante de alegría, un Weasley iba a dar clases en Hogwarts, y además había tenido la consideración de ponerse en contacto con Ginny para comunicarle que iba a ser su profesor. Quizás fuera el final del distanciamiento de Percy con el resto de la familia.

Quien no parecía nada contenta de tener a Percy como profesor era Ginny.