Por fin mi ordenador funciona y puedo actualizar. Este capítulo está dedicado a Laslu, muchas gracias y espero que siga con sus operaciones.
CAPÍTULO 5: La joya de la familia
El número 12 de Grimmauld Place seguía siendo un lugar tan desagradable y poco acogedor como Harry, Ron y Hermione lo recordaban. Hacía casi dos años que no iban por allí y afortunadamente las tareas de limpieza parecían estar terminadas. Por fin aquella casa se había librado de todos los objetos viejos y en ocasiones tenebrosos que la familia Black había acumulado durante siglos. La Orden del Fénix se había desecho de todo aquello tratando de hacer la casa más habitable y Mundungus Flecher también habría colaborado a su manera, encargándose de robar cualquier cosa que pudiera parecer mínimamente valiosa y encontrara a su alcance. Solo habían sobrevivido a la exhaustiva limpieza unos pocos muebles viejos y desvencijados que se encontraban en mejor estado que los demás y que incluso así mostraban rastros de haber sido habitados hacía tiempo por polillas y doxys, y algún que otro objeto, como el cuadro de la madre de Sirius que colgaba en la pared del recibidor, que estaba hechizado para evitar que se sacara de la casa.
Instalarse en aquella casa fue muy triste para los tres, especialmente para Harry. Afortunadamente tenía con él a Ron y Hermione, no sabría si estando solo habría sido capaz de emprender la tarea que tenía por delante, aunque a veces pensaba que no podría permanecer durante mucho tiempo con ellos en un lugar cerrado debido a su gran afición a pelear constantemente aunque no tuvieran motivos. Para fortuna de Harry esto había cambiado un poco ese verano, de hecho en los días que compartieron en La Madriguera Harry no les vio discutir ni una sola vez.
El enorme caserón de los Black parecía un lugar fantasma, el silencio que reinaba por toda la casa solo era roto por los estridentes gritos y amenazas que de vez en cuando provenían del cuadro del recibidor. Nada más cruzar el umbral fueron recibidos por la señora Black con su amabilidad acostumbrada, que les llamó entre otras cosas usurpadores, sangre sucia y traidores a la sangre.
A la mañana siguiente Ron, harto de oírla, quiso lanzar al cuadro un hechizo Silencius para que se callara pero por desgracia el hechizo no funcionaba con cuadros, solo con personas de carne y hueso. A Harry se le ocurrió que tal vez podían taparle la boca con esparadrapo, como hacen los muggles. Sin pensarlo demasiado colocaron un trozo sobre su boca, pero el problema era que ella podía moverse por todo el cuadro y esquivarlo. Al ver que se apartaba del esparadrapo Ron no se dejó desanimar y pasó toda la mañana cubriendo el cuadro entero. Tuvo que oír como la madre de Sirius le insultaba llamándole de todo mientras adoptaba posturas imposibles para poder acceder a los huecos que todavía no estaban cubiertos, la verdad es que para ser una mujer tan mayor era muy flexible.
- ¡Cállese!, – le espetó Ron poco antes de terminar- quiera o no tendrá que hacerlo, le voy a tapar la boca con este bendito invento de muggles.
Esto la enfureció todavía más pero Ron siguió colocando esparadrapo. Cuando terminó el sonido quedaba bastante amortiguado y si se corrían las cortinas que cubrían el cuadro apenas se notaba.
Hermione, que era el principal blanco de las iras de la señora Black, no se cansó de repetir a Ron durante toda la mañana que no era tan terrible y que no hacía falta que se tomara tantas molestias, pero en realidad cuando Ron terminó su trabajo Hermione le sonrió muy agradecida y le dio un abrazo que hizo que las mejillas de Ron se pusieran tan rojas como su pelo.
Como todavía no tenían las cosas de Dumbledore y la casa estaba suficientemente habitable tuvieron que buscar algo con lo que mantenerse ocupados esos primeros días. Ron y Hermione empezaron a leer los libros de Oclumancia y Legeremancia y practicaban siguiendo las instrucciones de Harry.
Los tres se alegraron mucho cuando Remus Lupin apareció por allí con un montón de cajas que contenían las cosas que habían pertenecido a Dumbledore. Desde que Tonks y él eran pareja Remus había dejado de vivir en esa casa para trasladarse a la de ella pero Harry, Ron y Hermione le dejaron claro que siempre serían bienvenidos y que agradecerían cualquier visita suya.
Pasar lo que quedaba del verano encerrados en aquella casa, sin nada que hacer, podía ser deprimente y suspiraron aliviados de tener por fin algo en que ocupar el tiempo. Lo primero que Harry vio que Dumbledore le había dejado fue el pensadero. Al verlo se le pasó por la cabeza que quizás Dumbledore le hubiera dejado información que le resultara útil, buscó como un loco entre las cajas, tratando de encontrar alguna botellita o recipiente con algún recuerdo de Dumbledore que pudiera ayudarles pero no encontró ninguno.
Durante semanas estuvieron estudiando la herencia de Harry, sacaron de las cajas todos y cada uno de los objetos y los examinaron cuidadosamente. En aquellas cajas había muchísimos objetos extraños que ellos ya habían visto antes en el despacho de Dumbledore. Aunque ahora ya no zumbaban ni echaban humo, afortunadamente ninguno parecía roto a pesar de que algunos eran muy delicados y habían estado amontonados en el almacén de Cabeza de Puerco. A medida que pasaban los días Harry se desanimaba, entre los objetos de Dumbledore no habían encontrado nada que les diera una pista acerca de los Horrocruxes ni de su paradero y a veces no podía evitar pensar que era una pena que aquellas cosas, seguramente útiles y valiosas, fueran a parar a manos de alguien que no tenía ni idea de cómo usarlas.
Cuando terminaron de revisar todas las cajas Harry y Ron se dejaron caer en el sofá dispuestos a lamentarse durante un rato de su mala suerte.
- Es inútil - dijo Ron- jamás sabremos como funcionan la mitad de estas cosas y aunque lo descubriéramos no creo que nos sirviera de mucho.
En ese momento Hermione entró en la sala cargada con varias plumas y un enorme rollo de pergamino, se acomodó en el suelo, entre las cajas, y sin decir nada comenzó a escribir. Los dos se quedaron mirándola y Ron le preguntó:
- ¿Se puede saber qué haces, Hermione?
- ¿No está claro?, pretendo hacer un inventario –contestó sin levantar la cabeza.
- ¿Un inventario? – preguntó Ron atónito- Tardarás siglos, y además ¿para qué quieres un inventario?
Hermione suspiró y levantó la cabeza.
- Siempre es útil tener un inventario, Ron. – Hablaba con el mismo tono de voz con el que le explicaría algo muy sencillo a un niño pequeño- podremos saber que objetos tenemos, para qué sirven, en fin no todos pero sí algunos – añadió al ver una expresión de escepticismo en la cara de Ron – y dónde están guardados para encontrarlos rápidamente si los necesitamos.
Ron no pronunció ni una sola palabra pero estaba claro que los argumentos de Hermione no le habían convencido, así que añadió.
- Mundungus Flecher conoce esta casa, podría venir cuando estemos fuera y llevarse cualquier cosa - y añadió con ironía- y no me digas que tienes algo mejor que hacer que ayudarme.
Ron se incorporó un poco en el sofá para discutir más comódamente con Hermione.
- Vamos Hermione, Mundungus no robará nada de esto, eso no ocurrirá en primer lugar porque cree que en esta casa ya no queda nada que robar y en segundo porque sabe que si aparece por aquí Harry le matará por llevarse sus cosas.
- Eso es verdad – sentenció Harry interviniendo en la conversación – y lo tendrá merecido.
- Y además –añadió Ron en tono triunfante- un inventario solo te serviría para saber lo que se ha llevado pero no podrías recuperarlo.
- Voy a hacer un inventario – replicó Hermione con determinación inquebrantable.
- Está bien, hazlo. - Sin levantarse del sofá Ron estiró la mano y sacó de una de las cajas un objeto al azar, resultó ser un instrumento plateado que se sostenía sobre media docena de finísimas patas.- Dime Hermione¿cómo piensas catalogar esto?
Hermione le dirigió una mirada asesina.
Harry pensó que sus amigos volvían a ser los de siempre, los primeros días que pasaron en Grimmauld Place Harry temió que por fin Ron y Hermione se hicieran novios. Se sentía culpable por haberlo pensado así pero ahora que apenas podría salir al exterior estaba seguro de que la única cosa peor que aguantar sus peleas sería verlos besándose por todos los rincones de la casa, precisamente cuando él había tenido que renunciar a Ginny. Sabía que era egoísta pero no se sentía capaz de compartir la casa con unos enamorados.
Tratando de alejarse un poco de la discusión Harry cruzó la habitación y se sentó junto al tapiz que representaba el árbol genealógico de los Black. Debía de estar hechizado como el cuadro de la entrada o no habría sobrevivido a la operación de limpieza.
Harry paseó la mirada por el tapiz de la familia de Sirius, una de las más nobles y respetadas familias de magos de sangre pura. Eso era así porque los miembros que se habían casado con muggles habían sido borrados, sin embargo la parte baja del árbol estaba plagada de nombres de mortífagos que no habían sido borrados. Esa era la política en aquella casa por eso Sirius había renegado de la familia, por eso odiaba tanto la casa y todo lo que representaba. Quien iba a decirle a Harry que el número 12 de Grimmauld Place acabaría convirtiéndose en su refugio, aunque lo odiaba tanto como lo había hecho Sirius.
Sin buscarlo sus ojos se posaron sobre un nombre: Draco Malfoy. Harry apenas había pensado en Draco últimamente¿que habría sido de él?
En los seis años que compartieron en Hogwarts Draco y él habían alimentado una constante rivalidad que se fue incrementando poco a poco hasta estallar a finales del curso pasado, cuando un desafortunado enfrentamiento entre ellos casi había acabado en tragedia. En aquella ocasión Harry trataba de defenderse y no pretendía herir a Malfoy, no tanto al menos, pero la situación se le había escapado de las manos. Harry se dio entonces cuenta de que hay conjuros que no se deben emplear ni siquiera con los rivales. Con amargura pensó que seguramente, al menos en eso, Draco estaría de acuerdo con él, ya que pocas semanas después, cuando se encontraba frente a frente con un Dumbledore débil y desarmado no había sido capaz de matarle a pesar de todas las amenazas que había recibido por parte del mismísimo Voldemort. Por desgracia Snape no dudó en hacerlo por él, pero Draco había desobedecido las órdenes de Voldemort y Harry estaba seguro de que pagaría por ello. Estuviera donde estuviera Draco su situación no era envidiable, Harry seguía sin sentir simpatía por él pero al menos tenía que reconocer que no tenía madera de mortífago.
Aquella casa parecía conjurar pensamientos tristes. Parecía alimentarse, como los dementores, de la felicidad de la gente, Harry temió que si permanecían muchos meses en ella acabarían tan amargados y desesperados como Sirius. Pensando en su padrino Harry deslizó la mano con suavidad por la parte inferior del tapiz hasta que sus dedos se posaron sobre la pequeña quemadura que señalaba el lugar donde debería estar el nombre de Sirius. Su madre había borrado su nombre del tapiz porque él no era como el resto de la familia. Acarició con tristeza el pequeño círculo de tela quemada y entonces sus ojos se posaron en el nombre que estaba justo al lado, Regulus Black, el antiguo mortífago, sus padres sí estaban orgullosos de él, para ellos era algo así como la joya de la familia Black.
Por una asociación de ideas Harry recordó que ahora él también tenia su propia joya familiar y buscó el medallón que tía Petunia le había regalado por su cumpleaños y que ahora llevaba siempre al cuello. En cuanto lo tuvo en su mano un resorte se disparó en su cerebro y llamó a Ron y Hermione que seguían discutiendo al otro lado de la sala.
- ¿Qué pasa, Harry?- preguntó Hermione caminando hacia él.
- No sé cómo no se me ocurrió antes – contestó Harry sin apartar los ojos del tapiz - aquí está. Regulus Black.
- ¿De qué estás hablando? – Ron también miraba el tapiz pero no entendía nada.
- Regulus Black. R.B. – explicó Harry – La nota del falso Horrocrux está firmada por R.A.B. y llama a Voldemort Señor Oscuro, solo los mortífagos le llaman así. Por lo que sabemos de Regulus él fue un mortífago arrepentido.
- ¿Dónde está la nota Harry? – preguntó Hermione interesada – ¿qué dice exactamente?
Harry buscó el medallón falso en sus vaqueros, sacó la nota y aunque la sabía de memoria la leyó una vez más en voz alta para Ron y Hermione.
"Al Señor Oscuro:
Sé que moriré mucho antes de que leáis esto, pero quiero que sepáis que fui yo quien descubrió vuestro secreto. He robado el auténtico Horrocrux e intentaré destruirlo lo antes posible. Me enfrento a la muerte con la esperanza de que cuando encontréis la horma de vuestro zapato seáis mortal de nuevo.
R.A.B."
- Podría ser – murmuró Hermione.
- Claro que podría ser – Ron estaba entusiasmado, tener una nueva pista haría que Hermione se olvidara de la absurda idea de catalogar objetos de nombre desconocido – Harry tiene razón, solo los mortífagos le llaman Señor Oscuro. Pudo oír cosas que no debía, o algo así. Lo que está claro es que mientras trabajaba para Voldemort descubrió la existencia de los Horrocruxes.
- Yo diría del Horrocrux – corrigió Hermione – por la nota parece como si creyera que solo hay uno, y que una vez destruido Voldemort volverá a ser mortal. Sea quien sea R.A.B. solo descubrió a medias el secreto de Voldemort.
- Pero sabía que moriría porque tenía pensado abandonarle – Harry se estaba contagiando del entusiasmo de Ron, un entusiasmo que no había sentido desde la muerte de Dumbledore, meses atrás - Sirius me lo dijo: "a Voldemort no puedes entregarle tu dimisión así como así, es toda una vida de servidumbre o la muerte". Los mortífagos le mataron porque pensaban que les había traicionado pero seguramente Voldemort no imaginaba el alcance de su traición.
- ¿Crees que tendría tiempo de destruirlo? – preguntó Ron mirando a Harry.
- Quien sabe, quizá él fue R.A.B. pero tendremos que descubrir que hizo con el auténtico Horrocrux después de robarlo.
- No podemos dar por hecho que él es R.A.B. – Hermione todavía tenía sus reservas- tendremos que asegurarnos, lo primero será averiguar el segundo nombre de Regulus. Podríamos revisar el historial de los alumnos de Hogwarts, quizá allí conste su segundo nombre.
- No será necesario ir a Hogwarts, sé perfectamente quien puede ayudarnos – dijo Harry con confianza – y gritó ¡Kreacher!
