Un agradecimiento muy especial para Sig, que parece mi oráculo personal, contestando a todas mis preguntas. Gracias preciosa por ser tan amable y atenta. Un beso.
CAPÍTULO 7: La maldición asesina
Harry no podía apartar la mirada del guardapelo de Slytherin, Dumbledore y él habían corrido tantos peligros para conseguirlo y el precio a pagar había sido tan elevado que no podía creer que ahora lo tuviera allí, al alcance de su mano. Al pensar que siempre lo habían tenido tan cerca sentía un intenso dolor en el pecho y se le aceleraba el corazón. Ellos mismos lo habían tirado a la basura, no quería ni pensar en lo que hubiera pasado si Kreacher no lo hubiera rescatado de allí. Y todo lo que vino después, la aventura en la cueva, el lago subterráneo, la poción, los inferius…sin saber que el guardapelo estaba a salvo en Hogwarts. Si lo hubieran sabido antes Dumbledore estaría vivo.
Tratando de que Kreacher no notara su nerviosismo Harry estiró su mano muy despacio hacia el guardapelo, cuando lo rozó con los dedos notó un escalofrío que le recorría la columna vertebral pero lo ignoró y cerrando su mano sobre el medallón tiró suavemente. Pero Kreacher sostenía con fuerza la cadena y Harry tuvo que dar un tirón para arrancarlo de sus manos, el elfo emitió un gemido y entrecerró los ojos mirando a Harry con odio.
- Kreacher - dijo Harry sosteniéndole la mirada – quiero que vuelvas a Hogwarts. Tienes absolutamente prohibido hablar con nadie de lo que ha pasado aquí hoy. No puedes contarle a nadie que estamos en esta casa ni que nos has visto. – Kreacher fulminaba a Harry con la mirada pero a él no le importó – Te prohibo que cuentes nada acerca de Regulus Black, ni del lugar al que te llevó, ni de la poción que te hizo enfermar, y muchísimo menos de este medallón.
Harry sostuvo el medallón ante los ojos de Kreacher y vió como se ponía muy pálido y apretaba los puños con todas sus fuerzas. El elfo temblaba de pies a cabeza, acababan de arrebatarle su posesión más preciada y Harry estaba seguro de que se vengaría en cuanto se le presentara la oportunidad así que tenía que darle unas instrucciones muy precisas que Kreacher no pudiera desobedecer.
- Si alguien te pregunta algo acerca de este guardapelo miente. Di que no sabes donde está, que no lo has visto nunca. Y ahora vuelve a Hogwarts.
- Kreacher no tiene más opción que hacer lo que el amo le ordena, aunque deteste hacerlo. – Murmuró entre dientes de forma casi inaudible.
- Muy bien- replicó Harry - veo que lo has entendido.
El elfo hizo una reverencia dirigiendo una última mirada asesina a su amo y desapareció.
Cuando se quedaron solos los tres tomaron aire, se sentían como si hubieran contenido la respiración durante horas, después de tanta tensión Harry sintió como sus músculos se relajaban. Se dirigió hacia la mesa del comedor y posó sobre ella el guardapelo, se sentaron alrededor y se quedaron mirándolo en silencio. Al cabo de un rato Harry se dio cuenta de que Ron y Hermione parecían estar esperando que él dijese algo.
- No puedo creer la suerte que hemos tenido, si no hubiéramos venido a esta casa podríamos tardar una eternidad en descubrir que Regulus era R.A.B., o no descubrirlo nunca, y si Kreacher no llega a registrar la basura lo habríamos perdido para siempre – dijo fijando la mirada en el guardapelo, como hipnotizado por él. – Hay tantas cosas que podrían haber salido mal, y sin embargo aquí está uno de los Horrocruxes, y sin que lo hayamos buscado.
Ron y Hermione tampoco podían apartar la mirada del guardapelo, quizás por pertenecer a uno de los fundadores de Hogwarts y ser un objeto con propiedades de magia antigua, quizás porque contenía un pedazo del alma de Voldemort, o quizás porque su búsqueda le había costado la vida a Dumbledore, el caso es que parecía ejercer sobre ellos un poder de atracción poco común.
- Es precioso- murmuró Hermione.
- Si, lo es – dijo Harry. – Ahora me pregunto cómo pudimos tirarlo a la basura sin más.
Aunque en el fondo Harry intuía la respuesta, no era el medallón el que los fascinaba si no la certeza de que un pedazo del alma de Voldemort residía en él, por eso no habían reparado en él la primera vez que lo vieron, cuando aún no sabían lo que ocultaba.
–Es fácil adivinar porque Voldemort lo escogió para hacer uno de sus Horrocruxes, perteneció a Slytherin y luego pasó por sus descendientes de generación en generación hasta que llegó a su madre.
Ron levantó la vista del guardapelo y se dirigió a Harry.
- ¿Todavía conserva su alma?
- Eso creo. Después de que Dumbledore destruyera el Horrocrux de anillo la piedra estaba resquebrajada. – Harry cogió el guardapelo e intentó abrirlo pero le resultó imposible y volvió a posarlo sobre la mesa.- No está roto así que Regulus no debió destruirlo antes de morir.
- Me cuesta creer que el hermano de Sirius fuera R.A.B. – dijo Hermione pensativa.
- Si, esta claro que Sirius se equivocó con él. – Harry pensó en la única vez que su padrino le había hablado de Regulus, entonces Sirius se había referido a él de modo despectivo. – Creo que nunca sabremos cómo Regulus descubrió la existencia del Horrocrux ni porqué traicionó a Voldemort.
Se hizo otro silencio en el que los tres volvieron a mirar el guardapelo.
- ¿Y ahora que hacemos? – preguntó Ron un momento después.
Harry dudó unos segundos antes de responder, la verdad es que no se había parado a pensar en como debía destruirlo, la única vez que destruyera un Horrocrux lo hizo sin saber lo que era en realidad.
- No lo sé, para destruir el diario le clavé el colmillo envenenado del basilisco, supongo que funcionará como con una persona normal, hay que buscar el modo de matar ese pedazo de su alma.
- Entonces lo más lógico sería usar el Avada Kedavra. – Dijo Hermione con un hilo de voz.
Harry miró a Hermione, estaba pálida. Los tres habían hablado mucho acerca de buscar y destruir los Horrocruxes de Voldemort pero era como si hasta aquel momento no fueran conscientes de lo que esto significaba. Tendrían que usar una maldición imperdonable.
- Yo lo haré – dijo Harry con decisión.
- No, Harry- Hermione le detuvo cuando iba a sacar su varita.
- Tengo que hacerlo Hermione, – protestó Harry que esperaba que ella le soltara un discurso sobre las consecuencias de emplear una maldición imperdonable- ya sé que es una maldición imperdonable y preferiría no usarla pero es necesario. ¿Recuerdas la profecía? "uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida", no preferirás que sea él quien me mate a mí.
Por segunda vez hizo ademán de sacar la varita pero Hermione volvió a detenerle de nuevo.
– No es por eso Harry. – Hermione parecía dolida de que Harry pensara que ella no quería que lo hiciera.- No tenemos la seguridad de que vaya a salir bien, podría pasar cualquier cosa.
- ¿Y qué sugieres?- preguntó Harry.
- No tenemos porque destruirlo ahora – propuso Hermione.
Harry reflexionó un momento.
- Bueno, aquí el guardapelo está a salvo. Voldemort no puede encontrarlo y nadie más conoce su existencia, solo Snape podría robárnoslo pero no tendremos la suerte de que ese gusano se pase por aquí. – Dijo Harry con resentimiento en la voz.- Pero se trata de un Horrocrux, Hermione – y Harry le dirigió a su amiga una mirada un tanto sarcástica.- Es magia muy oscura, no encontrarás nada acerca de cómo destruirlo en ninguno de tus libros, tendremos que fiarnos de nuestra intuición y la mía me dice que no es peligroso. No ocurrió nada cuando destruí el diario y que yo sepa Dumbledore no tuvo problemas con el anillo.
Ron puso cara de no estar muy de acuerdo.
- Lo que tú digas Harry, pero en mi opinión la mano de Dumbledore no tenía muy buen aspecto el curso pasado.
- Dumbledore se hirió la mano porque una maldición muy poderosa protegía el escondite del anillo. Cuando vino a buscarme en Julio a Privet Drive llevaba el anillo puesto, todavía no lo había destruido pero su mano ya estaba herida. Creo que ese es uno de los motivos por los que Voldemort protege tanto los escondites, estoy convencido de que es más difícil encontrar los Horrocruxes que destruirlos.
Hermione frunció el ceño.
- Me pregunto porqué no lo destruyó inmediatamente.
- Supongo que creía que estaba a salvo, era el único mago al que quien-vosotros-sabéis temía enfrentarse.- Contestó Ron con una voz cargada de tristeza.
- O quizás trataba de asegurarse de que Voldemort no notaría que se había destruido uno de sus Horrocruxes, – reflexionó Harry – ya sabía que había perdido el diario pero si percibe la destrucción de otro eso le pondría sobre aviso.
La idea era preocupante, bastante difícil sería encontrar y destruir los Horrocruxes que faltaban como para perder la única baza que jugaba a su favor: la sorpresa. Si Voldemort descubría que alguien iba tras los Horrocruxes las cosas se les complicarían muchísimo más. La alarma se reflejó en el rostro de Ron.
- Pero él no lo nota¿verdad? No puede notarlo, si lo hace estamos perdidos. – Dijo con expresión de derrota.
Harry recordó una de sus conversaciones con Dumbledore acerca de los Horrocruxes.
- Dumbledore dijo que creía que no.
Ron miró a Harry atónito, luego se levantó y comenzó a pasear nervioso por la habitación.
-¿Qué creía?, eso no es muy tranquilizador, la verdad.
- Yo creo que Dumbledore no se equivocaba. – Dijo Hermione con calma. – Si supiera que alguien había destruido el anillo tomaría medidas para reforzar la seguridad de los demás Horrocruxes, sin embargo Harry y Dumbledore encontraron en la cueva lo mismo que Kreacher y Regulus.
Ron volvió a sentarse al lado de Hermione.
- Supongo que tienes razón. Menos mal que podemos contar con tu inteligencia Hermione- Ron le acarició el pelo y Hermione sonrió levemente. – Bien, - dijo en un tono animado- ya que no es imprescindible destruirlo ahora podíamos celebrar que lo hemos encontrado con una buena cena.
- Eres incorregible, - Hermione le miraba asombrada- después de todas las emociones de esta tarde y sólo piensas en comer. No cambiarás nunca Ron Weasley.
La sonrisa se esfumó inmediatamente de la cara de Ron, que se puso a la defensiva.
- Precisamente por eso, la emoción me abre el apetito, y además es muy tarde.
- Está bien, - Hermione volvió a sonreír- vayamos a la cocina y preparemos algo para cenar.
- Creo que Ron tiene razón, hemos conseguido un Horrocrux sin correr ningún peligro, deberíamos celebrarlo. -Harry se guardó el Horrocrux en el bolsillo y los siguió a la cocina. – Creo que quedan algunas cervezas de mantequilla y una botella de hidromiel.
A la mañana siguiente decidieron que como probablemente Voldemort no notaría la destrucción del Horrocrux sería mejor hacerlo cuanto antes. Después de desayunar recogieron la cocina y dispuestos a hacerlo Harry colocó el guardapelo sobre la vieja mesa. Estaba sacando su varita mágica cuando Hermione le detuvo.
- Harry, no pensarás que dejaremos que seas tú quien lo haga¿verdad?
– ¿Por qué no había de hacerlo?- preguntó Harry atónito por las palabras de Hermione.
El rostro de Hermione tenía otra vez esa expresión de quien tiene que explicar lo evidente.
- Porque eres el elegido, Harry. Tú eres el único que puede vencer a Voldemort, no podemos dejar que te expongas a un peligro que puedes evitar.
Harry estaba empezando a enfadarse.
- Es mi misión, Hermione, y yo debo hacerlo. Tú lo has dicho: soy el elegido – añadió en tono triunfante pensando que eso zanjaría la discusión, pero Hermione no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente.
- Precisamente por eso Harry. La misión es lo más importante, y no permitiremos que la pongas en peligro corriendo riesgos innecesarios por protegernos. Esto podría salir mal y tú tienes que enfrentarte a Voldemort.- Yo destruiré el Horrocrux.
Hermione se giró hacia la mesa de la cocina con decisión pero resultó que mientras discutía con Harry Ron había sacado su varita y apuntaba al Horrocrux.
- Ni hablar, Hermione, seré yo quien lo haga, - dijo blandiendo su varita -apartaos.
Tanto Harry como Hermione abrieron la boca dispuestos a protestar pero Ron se les adelantó con voz enérgica.
- ¡Callaos los dos¡No quiero oír ni una sola palabra! – Había en su expresión una determinación que pocas veces le habían visto. -He dicho que lo haré yo, no pienso permitir que ninguno de vosotros se acerque a este guardapelo.
Ron blandía su varita con tanta convicción que Harry y Hermione estuvieron seguros de que los hechizaría si trataban de detenerle.
- Está bien Ron, -dijo Hermione- pero espera un momento.
En lugar de apartarse como Ron le había pedido Hermione se estaba acercando a él, hablándole con voz suave.
- Ron, esto puede ser muy peligroso, - ella le miró nerviosa a los ojos y las orejas de Ron se pusieron de un color rojo intenso- antes de que lo hagas creo que deberíamos…
Hermione se detuvo a media frase y Ron contuvo la respiración, la tenía tan cerca que podía notar como temblaba, podía notar incluso su aliento. Ron cerró los ojos. Entonces ella sacó su varita mágica y casi en un susurro dijo:
- ¡Protego!
Las orejas de Ron volvieron inmediatamente a su color a habitual y él dio un paso atrás, como si tratara de huir de Hermione aunque ahora un escudo invisible se interponía entre ellos.
- Ejem… si, un encantamiento escudo. Muy bien pensado, gracias Hermione – aunque la expresión de Ron reflejaba más decepción que agradecimiento- y ahora, por favor, apartaos.
Harry y Hermione se situaron en el otro extremo de la habitación y vieron como Ron apuntaba al guardapelo con su varita. Hermione cogió la mano de Harry y la apretó con fuerza, él vio que estaba muy pálida, Ron también lo estaba pero sin embargo parecía muy decidido.
- ¡Avada Kedavra!
De la varita de Ron salió un rayo verde que alcanzó al guardapelo y éste se desplazó a toda velocidad sobre la mesa, fueron solo unos centímetros pero a su paso dejó un rastro de madera quemada. En un momento todo había terminado. Harry y Hermione se acercaron rápidamente.
- ¿Ya está? – preguntó Hermione sin apartar la mirada de Ron.
- Eso creo – contestó Ron con una sonrisa de satisfacción.
Hermione le abrazó mientras decía:
- Menos mal que no te ha ocurrido nada.
Harry tomó el guardapelo en su mano, aunque hacía solo un momento había quemado la mesa ya no estaba caliente. A simple vista parecía intacto, trató de abrirlo pero seguía tan fuertemente cerrado como antes.
- No ha funcionado.
- ¿Qué?- preguntaron Ron y Hermione a la vez mientras se separaban.
- ¿Estás seguro de que no ha funcionado? – quiso saber Ron con una expresión en parte de decepción y en parte de incredulidad.
- Si, seguro. – Y tratando de evitar que la confianza de Ron en sí mismo se desmoronase añadió- Pero sé porque ha sido.
A Harry le había pasado lo mismo la única vez que había pronunciado una maldición imperdonable. Después de matar a Sirius su asesina, Bellatrix Lestrange, se había regodeado ante Harry, búrlandose de su dolor, él sintió tanta rabia que le lanzó la maldición Cruciatus tratando de hacerla callar. La maldición la alcanzó de lleno y si estuviera bien realizada debería sentir un dolor que no sería capaz de soportar pero Bellatrix simplemente se había caído al suelo. Después de eso se levantó como si nada y volvió a burlarse de Harry diciendo que para lanzar una maldición imperdonable había que sentirla, desearlo de verdad.
Harry se dio cuenta que él era el único en aquella casa capaz de destruir el Horrocrux, por mucho que lo intentaran ni Ron ni Hermione podrían hacerlo, temían a Voldemort, como todo el mundo, y deseaban verle derrotado, muerto, pero jamás le odiarían con la misma intensidad que Harry.
Aunque la profecía podría haberse referido también a Neville, Voldemort le había elegido a él cuando era un bebé, le había marcado con aquella cicatriz y había destruido toda su vida. Si Voldemort hubiera elegido a Neville él sería ahora una persona diferente. Harry comprendió que Voldemort le había convertido en lo que era: un chico capaz de pronunciar una maldición asesina.
Harry colocó el guardapelo sobre la mesa y pidió a Ron y Hermione que se alejaran de allí aunque antes de hacerlo Hermione le lanzó un encantamiento escudo igual al que poco antes le había hecho a Ron. Con una mirada de determinación Harry apuntó al guardapelo, pensó en su padre muerto por defenderle, en las súplicas que su madre había hecho a Voldemort por la vida de su hijo antes de morir, pensó en las muertes de Sirius y Dumbledore y en todas la ocasiones en que Voldemort había intentado asesinarle, en su carácter frío, implacable y cruel. Sintió como el odio se extendía por su interior, quemándole las entrañas. Supo que estaba listo, que deseaba la muerte de Voldemort más que nada en el mundo, que deseaba matarle.
-¡Avada Kedavra!
De nuevo un rayo de luz verde iluminó la habitación y alcanzó el guardapelo. Esta vez no se desplazó por la mesa, solo se abrió sin hacer ruido y soltó una pequeña nube de humo verde.
Cuando Harry lo cogió en su mano vio que había dejado una enorme quemadura en la mesa y que aunque a simple vista el guardapelo estaba en perfecto estado ahora el cierre estaba roto. Harry suspiró hondo y mirando a sus amigos dijo:
- Solo quedan tres.
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Ya sé que hasta ahora lo han tenido facilísimo, a partir del próximo capítulo les pondré las cosas un poco más difíciles, mientras ¿te animas a dejarme tu opinión en un review? Gracias por adelantado.
