En fín… advertí que el trío lo tendría más difícil a partir de ahora. Un saludo a todos.
CAPÍTULO 8: Noche de terror
Después de destruir el Horrocrux decidieron que tenían que poner todo su empeño en prepararse para seguir adelante, que encontraran el guardapelo había sido una cuestión de suerte y sabían que tendrían que esforzarse más para localizar los que quedaban. Llegaron a la conclusión de que lo más urgente era aprender a dominar por completo los hechizos no verbales así que se pusieron manos a la obra. Harry también siguió trabajando en Legeremancia y Oclumancia y decidió enseñar a Ron y Hermione todo lo que había aprendido aunque no resultaba fácil, eran disciplinas muy complicadas y a ellos no les bastaba con adquirir unos principios básicos. Harry empleó muchas horas de práctica para mejorar y se esforzó al máximo en instruir a Ron y Hermione lo mejor que pudo, aunque los progresos de momento no eran demasiado evidentes sobre todo en el caso de Ron.
Mientras, en Hogwarts, el curso ya había comenzado aunque eran muy pocos los alumnos que habían regresado al colegio. Para evitar que tantos jóvenes magos quedaran sin recibir ninguna formación académica la profesora McGonagall ideó un sistema de enseñanza a distancia que los alumnos pudieran seguir desde sus casas. Desde luego su formación no sería tan buena como si asistieran personalmente a clase pero al menos el curso no estaría completamente perdido, los alumnos que trabajaran duro quizá consiguieran aprobar los exámenes finales si decidían presentarse, aunque para los de séptimo curso sería prácticamente imposible adquirir un nivel suficiente para superar los ÉXTASIS.
Hermione se apuntó entusiasmada al programa de enseñanza a distancia. Al principio pensó que le costaría convencer a Harry y a Ron para que lo siguieran porque siempre se habían sentido más motivados por las múltiples distracciones que ofrecía Hogwarts que por los estudios en sí mismos pero Hermione argumentó que probablemente tendrían que enfrentarse a situaciones muy peligrosas y que cualquier cosa que pudieran aprender podría resultarles útil, y sorprendentemente para ella Ron y Harry no opusieron resistencia. Necesitaban ocupar en algo su tiempo para no dejarse vencer por la tristeza de aquella casa y a las pocas semanas de comenzar el curso descubrieron que lejos del agobio de los deberes y las presiones de los profesores aprendían relativamente rápido teniendo en cuenta la complejidad de los hechizos y conjuros de nivel ÉXTASIS.
En esas semanas no recibieron buenas noticias. Tonks y Lupin les visitaban con frecuencia y también los señores Weasley y Bill y Fleur, que habían vuelto después de pasar una temporada en Francia tras la boda.
Crecido tras la muerte de Dumbledore, Voldemort se creía seguro de su victoria. En esos meses los ataques se habían multiplicado, las filas de mortífagos se nutrían de magos temerosos de su poder y ya nadie se fiaba ni de sus mejores amigos porque los seguidores de Voldemort eran ahora una auténtica legión. Lo peor de todo era que el Ministerio cada vez se revelaba más inoperante ante los ataques y parecía imposible que pudiera contener la oleada de violencia que asolaba el país. La gente apenas salía de sus casas más que lo imprescindible, ya ni la propaganda del Ministerio ni las especulaciones publicadas por el diario El Profeta podían animar a una comunidad mágica que cada día observaba más descorazonada la incapacidad del Ministerio para frenar la situación.
Harry, Ron y Hermione permanecían la mayor parte del tiempo encerrados en Grimmauld Place, como todo el mundo casi todas sus compras las recibían a través a lechuzas, igual que el programa de formación a distancia de Hogwarts y solo salían ocasionalmente de casa para hacer alguna visita a la Madriguera o a Lupin y Tonks. En esas ocasiones casi siempre utilizaban la red Flu, que era una de las pocas cosas que de momento el Ministerio de magia gestionaba con total seguridad, para no tener que salir a la calle.
La noche de Halloween Bill y Fleur les invitaron a cenar para enseñarles su nueva casa, vivían en una encantadora casita de campo, muy pequeña pero acogedora. Después de hacer algunas reformas Fleur la había decorado a su gusto, lo que probablemente le costó algún que otro roce con la señora Weasley, pero había que reconocer que el resultado era estupendo. Bill solía bromear con el tamaño de la casa diciendo que cuando más pequeña más tendría que acercase a él su mujercita aunque era conocido por todos que siempre que podían dejaban el mínimo espacio libre entre ellos. Esa tarde Ron, Harry y Hermione se presentaron a través de la red Flu esperando disfrutar de una cena tranquila y que los recién casados moderaran un poco sus muestras de afecto ante sus invitados.
Inevitablemente en un momento de la cena salió a relucir el nuevo puesto de Percy como profesor.
- Ayer recibimos una lechuza de Ginny – contó Bill cogiendo una chuleta sangrante de una fuente de carne preparada especialmente para él – dice que Hogwarts está insoportablemente aburrido este año, casi no hay alumnos, el campeonato de quiddich no se celebra y además tiene que esquivar a Percy por todo el castillo.
Ron, que se estaba sirviendo su tercer plato de suflé aunque todavía tenía la boca llena, se apresuró a tragar para continuar con la conversación.
- ¿Qué te ha contado de Percy?, no la estará molestando.
Bill sonrió antes de contestar.
- Ginny es capaz de lanzarle el hechizo Mocomurciélagos aunque ahora sea su profesor, - en su rostro se reflejaba una expresión de orgullo – creo que la persiguió durante los primeros días por los pasillos tratando de hablar con ella, pero ya sabes como es Ginny, tiene mucho carácter y no está dispuesta a perdonarle.
Ron había dejado de comer, su enfado con Percy era una las pocas cosas capaces de quitarle el apetito.
- Aunque volviera a La Madriguera arrastrándose no merecería que le perdonásemos – dijo enojado, - no después de cómo se ha comportado.
Ron interrumpió lo que estaba diciendo cuando un enorme lobo plateado irrumpió en el comedor. Al ver al patronus todos dejaron de comer, este era el modo en que se comunicaban los miembros de la Orden del Fénix, era posible que uno de ellos estuviera en problemas.
- Es el patronus de Tonks, – dijo Bill preocupado – ella estaba de guardia esta noche por la zona del Ministerio, necesita ayuda.
Todos se levantaron en el acto dispuestos a echar una mano.
- Ahora somos mayores de edad Bill, no puedes prohibirnos ir. – Dijo Ron contestando a una mirada interrogativa de su hermano.
- Está bien, venid si queréis, pero tened cuidado.
Sin decir nada más los cinco sacaron sus varitas y salieron al exterior. Estaba una noche espléndida, soplaba una brisa fresca que anticipaba la proximidad del invierno pero la temperatura era agradable, en silencio caminaron aprisa unos cuantos metros alejándose de la casa hasta llegar a un lugar desde el que pudieran desaparecerse. Cuando Bill se detuvo miró a los demás y dijo:
- Nos vemos en la entrada del Ministerio.
Todos asintieron con la cabeza y se desaparecieron. Harry sintió la desagradable sensación que ya conocía de pasar por un tubo muy estrecho, tan estrecho como para notar que los ojos se hunden en las cuencas y que el pecho se oprime impidiéndote respirar, ahogándote de tal modo que crees que no lo resistirás.
Cuando Harry se apareció en la entrada del Ministerio aspiró hondo deseando expandir sus pulmones, llenarlos del aire fresco de la noche y olvidar la sensación de ahogo que se sufre al aparecerse, pero el aire que tomó resultó ser tan frío que le heló pulmones. Los cinco se miraron alarmados y todos a la vez pronunciaron asombrados la misma palabra: ¡dementores!
Echaron a correr hacia el cabo de la calle, no se veía a Tonks por allí cerca ni tampoco a ningún dementor por las inmediaciones pero la sensación de frío y tristeza era tan intensa que a la fuerza tenían que estar cerca y debían ser muchos. Llegaron a la esquina y siguiendo su instinto giraron hacia el lado de donde parecía proceder aquel aire gélido, en la siguiente calle tropezaron con Tonks que estaba muy agitada.
- Menos mal que habéis llegado – dijo la bruja atropelladamente – hay cientos de ellos concentrándose en un radio de varias manzanas, hay más aurores pero necesitamos ayuda, los muggles celebran Halloween y están en las calles, desprotegidos. Ni siquiera pueden ver a los dementores.
- Será mejor que nos separemos, así cubriremos un espacio mayor. – Bill se dirigió a Ron y Hermione. - ¿Habéis ahuyentado alguna vez a los dementores?
- No – dijo Ron – pero sabemos conjurar un patronus, podremos hacerlo.
- Perfecto – contestó Bill. - Fleur y Tonks se las apañarán bien juntas. Ron, ve con Harry. Y tú, Hermione, vendrás conmigo.
Las tres parejas echaron a correr en distintas direcciones tratando de cercar a los dementores. Harry corría tan rápido como podía, sintiendo como aquel aire cada vez más frío le helaba los pulmones. Si no se daban prisa los dementores podrían atacar a un montón de muggles. Aunque no pudieran verlos los muggles ya habrían notado la presencia de los dementores, el frío helado, el miedo, la tristeza, la sensación de revivir los peores recuerdos de tu vida, la impresión de que nunca más volverás a ser feliz, Harry esperaba que muchos muggles ya se hubieran puesto a salvo al ver que algo extraño ocurría, aunque no pudieran comprender lo que era, pero muchos de ellos estarían lejos de sus casas. Los dementores se alimentaban de los recuerdos felices y habían elegido la noche ideal para atacar, montones de niños indefensos recorrían las calles, ignorantes del peligro que les acechaba, incapaces de enfrentarse a él. Harry estaba seguro de que sí tenían la oportunidad causarían todo el daño posible, no dudarían en aplicar el beso de la muerte a todos los que cayesen en sus manos, pobres desgraciados que perderían su alma para siempre.
De pronto escuchó el sonido ronco que producía la respiración de los dementores y al doblar la esquina los vio, dos dementores que se dirigían directamente hacia él. Sin dudarlo un segundo levantó su varita y buscó en su mente un recuerdo feliz. Ni siquiera necesitó pronunciar el conjuro, le bastó con pensarlo. De su varita comenzó a salir un humo plateado que enseguida se materializó en un hermoso ciervo plateado, el ciervo echó a correr hacia los dementores poniéndolos en fuga y siguió su camino calle abajo, en línea recta hasta que Harry le perdió de vista.
A su espalda Ron pasó corriendo y se detuvo a la entrada de la calle siguiente. Desde donde Harry estaba no podía verle pero le oyó gritar – Expecto Patronum- y pudo ver como otro dementor huía deslizándose sobre los tejados de los edificios.
Ambos echaron a correr por las calles paralelas y se encontraron en el próximo cruce, después de comprobar que entre ellos no había ningún dementor se giraron y dándose la espalda uno al otro conjuraron unos nuevos patronus. Cinco dementores más escaparon en la oscuridad mientras los patronus seguían su camino. Siguieron limpiando las calles a toda velocidad, en ocasiones se cruzaban con pequeños grupos de muggles aterrorizados que no comprendían lo que sucedía a su alrededor pero Harry y Ron los esquivaban a toda prisa y seguían adelante. En poco tiempo su zona estaba completamente despejada pero entonces Harry reparó en que todos los dementores se habían ahuyentado en la misma dirección, quizá no se estuvieran marchando, solo se estaban replegando, reuniéndose en un mismo punto de la ciudad. Alarmado miró a Ron y elevó la voz para que pudiera oírle a pesar de la distancia.
- Se están concentrando, tenemos de detenerles. ¡Corre!
Echaron a correr a toda velocidad en la dirección en la que se marchaban los dementores, durante varias calles no se cruzaron con uno solo pero podían sentir el frío cada vez más intenso, incluso podían escuchar a lo lejos el sonido amortiguado de su respiración.
- ¡Harry!
Harry se detuvo y miró hacia atrás, Ron estaba plantado en medio de la calle y miraba hacia arriba. Había montones de dementores deslizándose suavemente sobre los tejados de los edificios, todos se dirigían en la misma dirección, hacia algún punto situado a la derecha de Ron y Harry. Recorrieron el último tramo de la calle tan aprisa como pudieron y al llegar al cruce giraron. A lejos vieron a Hermione que ayudaba a unos niños a ponerse a salvo en un edificio mientras Bill, unos cien metros más allá, trataba de contener a una legión de dementores. De pronto, como salidos de la nada, media docena de dementores rodearon a Hermione y se abalanzaron sobre ella mientras cerraba la puerta, estaban tan cerca que casi podían tocarla con sus pútridas manos. Fue como el pistoletazo de salida de una competición, en ese momento todos los dementores que había sobre sus cabezas iniciaron un descenso en picado a toda velocidad y se concentraron en un siniestro círculo alrededor de Hermione.
- ¡Expecto Patronum! – gritaron Harry, Ron y Bill al mismo tiempo. Fleur y Tonks que acababan de aparecer por otra bocacalle hicieron lo mismo.
Entonces fue como si todo sucediera a cámara lenta, Harry sintió que los patronus tardaban horas en materializarse mientras los dementores seguían estrechando el cerco entorno a Hermione. Aunque no podía apartar la vista de Hermione por el rabillo del ojo vio a Ron a su lado, incluso en la oscuridad de la noche se podía apreciar la lividez en su rostro, de su varita solo había salido una ligera nube de humo plateado. Cuando los patronus estuvieron formados se echaron a correr hacia el círculo de dementores, a Harry le pareció que tuvieran que recorrer montones de quilómetros para llegar hasta ellos. A medida que los patronus se aproximaban los dementores comenzaron a dispersarse pero durante unos momentos que parecieron eternos Hermione, totalmente cercada por docenas de dementores, desapareció de su campo visual.
Todos echaron a correr tras los patronus aunque el círculo de dementores todavía no se había disuelto. Antes de que llegaran hasta ella todos los dementores desaparecieron y pudieron ver el cuerpo de Hermione tendido sobre el asfalto.
