No pensaba actualizar tan rápido pero no puedo negárselo a mi querida Sig. Este es un capítulo cortito, simplemente para zanjar lo que empezó en el anterior y poco más.
CAPÍTULO 9: Después del ataque
- ¡Que no la hayan besado¡Que no la hayan besado! – susurraba Ron una y otra vez mientras arrodillado en medio de la calzada abrazaba el cuerpo de Hermione.
Al llegar junto a ella la habían llamado a gritos pero Hermione no reaccionaba, Ron despegó la cabeza de Hermione de su pecho para mirarla de nuevo.
- ¡Hermione¡Hermione!, háblame – le suplicó.
Hermione entreabrió los ojos y le devolvió la mirada, no emitió ningún sonido pero sus labios se movieron ligeramente como si tratara de pronunciar un monosílabo. Ron suspiró y volvió a abrazarla mientras dos lágrimas surcaban sus mejillas.
- Me ha mirado, - exclamó con un inmenso alivio - eso significa que los dementores no la han besado¿verdad?- preguntó mirando a su hermano con ansiedad.
- Se pondrá bien – respondió Bill tranquilizadoramente – pero ahora deberíamos darle un poco de chocolate, tenemos que volver a casa cuanto antes.
- Podéis pasag allí la noche. – Propuso Fleur con la respiración entrecortada, todavía agitada por la rápida carrera que ella y Tonks habían emprendido en cuanto vieron que todos los dementores se concentraban. - Bill y yo os buscagemos un rincón donde dogmir.
- No. - Dijo Ron en tono tajante. - La llevaremos a Grimmauld Place, allí también tenemos chocolate.
Ron se incorporó con Hermione en brazos y Harry comprendió que su amigo prefería la intimidad de Grimmauld Place para cuidar de ella.
- Gracias – dijo Harry dirigiéndose a Bill y Fleur – pero nosotros nos ocuparemos de ella, estaremos bien. No os preocupéis.
Todavía no había terminado la frase cuando Ron se desapareció con Hermione en brazos sin importarle que pudiera haber algún muggle observándoles desde alguna de las ventanas de los edificios que los rodeaban. Harry lo siguió inmediatamente casi sin tiempo para despedirse.
Al llegar a Grimmauld Place Ron subió a Hermione a su cuarto mientras Harry preparaba un chocolate caliente. Cuando Harry subió al piso superior con el chocolate encontró a Hermione tendida sobre su cama, a su lado Ron le cogía la mano y le hablaba intentando que le prestara atención y no volviera a caer en aquel estado de semiinconsciencia en el que había quedado inmediatamente tras el ataque. Ella estaba muy debilitada y parecía incapaz de ingerir nada sólido pero el chocolate era lo mejor para reponerse de un ataque de dementores, si conseguían que bebiera un poco enseguida se sentiría mejor.
En cuanto hubo tomado el chocolate Hermione se quedó dormida y Harry se retiró a su habitación dejando que Ron se quedara a solas con ella, el peligro había pasado y mañana Hermione estaría perfectamente pero si se tratara de Ginny no habría nada en el mundo que pudiera alejarle de su cabecera así que no intentó convencer a Ron para que durmiera un poco.
A Harry le costó quedarse dormido, Ron y Hermione se habían empeñado en acompañarlo en la búsqueda y destrucción de los Horrocruxes pero estarían mucho mejor en Hogwarts, seguros en el castillo, asistiendo a clase y continuando con sus vidas. Eran sus mejores amigos, siempre estaban a su lado, ayudándole, apoyándole, dispuestos a arriesgar sus vidas. Esta vez habían llegado a tiempo pero quien sabe que ocurriría la próxima vez, tal vez alguno de ellos resultara gravemente herido. O muerto. Aunque Harry prefería no pensar en eso siquiera.
Además se sentía terriblemente egoísta por haber deseado que Ron y Hermione no se hicieran novios, Harry estaba seguro de que ellos se querían y sabía que si algo le ocurría a uno de los dos el otro lamentaría siempre haberse guardado lo que sentía, pero eran tan indecisos que estaban perdiendo un tiempo precioso para estar juntos.
Aunque por motivos distintos a él le había ocurrido algo parecido con Ginny, ella estuviera allí todo el tiempo y mientras él había sido lo bastante tonto como para no reparar en ella durante años. Después el tiempo para estar juntos había sido demasiado corto.
Hermione les había ayudado a Ginny y a él y Ron no le había arrancado la cabeza por enamorarse de su hermana pequeña, así que ahora le tocaría a él ser tolerante y convivir con una pareja de enamorados. Ron y Hermione no deberían desperdiciar ni un solo momento más.
Suponiendo que cuando se hubiera pasado el susto del ataque ellos llegarían a la misma conclusión y prometiéndose a sí mismo olvidarse de su egoísmo y alegrarse por ellos cuando se decidieran a estar juntos Harry se quedó dormido.
A la mañana siguiente Bill pasó a visitarles muy temprano, antes de ir a trabajar. Harry y Ron seguían ofreciéndole chocolate a Hermione cada cinco minutos aunque ya se encontraba mucho mejor, de hecho el aspecto de Ron era bastante peor que el ella, estaba pálido, ojeroso y despeinado aunque comía con mucho apetito. Bill decidió quedarse a desayunar con ellos y aprovechó para regañar ligeramente a Ron por desaparecerse la noche anterior de forma tan repentina.
- Pudisteis quedaros conmigo y con Fleur, no nos hubiera importado. Y esa precipitación al desapareceros, menos mal que no había muggles mirando.
- Como si eso importara. – Objetó Ron desviando por un momento la atención de su plato de huevos revueltos – Los muggles ya estarían más que impresionados al ver a unos locos de aspecto raro corriendo por las calles con varitas en la mano y acompañados de unos extraños animales plateados. Y además – Ron le dirigió a su hermano una sonrisa burlona – no esperarías de verdad que alguien en su sano juicio quisiera pasar la noche bajo el mismo techo que vosotros dos.
Bill contestó a Ron aunque decidió ignorar su último comentario.
- Afortunadamente era Halloween, de modo que a nadie le extrañó nuestro aspecto, ni siquiera el mío – bromeó señalando su rostro que había quedado terriblemente desfigurado después de ser atacado Greyback, el líder de los hombres lobo al servicio de Voldemort.
- ¿Qué ha pasado con los muggles? – quiso saber Hermione – Tuvo que vernos un montón de gente, no creo que los del Ministerio fueran capaces de localizarlos a todos para modificarles la memoria.
- ¿No has leído tu ejemplar de El profeta de hoy, Hermione?- Preguntó Bill extrañado.
- No he podido hacerlo todavía porque estos dos no dejan de atosigarme para que coma más chocolate – contestó Hermione como si reprendiera a sus amigos aunque luego les dedicó una sonrisa.
- Según El Profeta las autoridades muggles han explicado a la población que los patronus formaban parte de un espectáculo de luz, sonido y fuegos artificiales que estaba previsto para celebrar Halloween pero que salió mal.
- ¿Y los muggles se lo han tragado? – preguntó Ron incrédulo.
Pero a Harry no le pareció tan descabellado.
- Créeme Ron, se tragarán mucho mejor esa explicación por estúpida que parezca que la verdad de lo que pasó. Probablemente las personas que estuvieron más cerca de los dementores no se lo crean del todo pero la mayoría de la población si lo hará, y eso es lo que les importa. Menos mal que los muggles no pueden ver a los dementores porque no se me ocurre nada que pudieran decirles para explicar lo que son. ¿Qué más dice El Profeta?- Preguntó Harry a Bill.
- Nada interesante. Hablan del ataque y de que afortunadamente nadie salió herido, ni muggles, ni magos. No mencionan el ataque que sufrió Hermione porque no se enteraron. Os desaparecisteis tan rápido que ninguno de los aurores os vio y los muggles no pueden identificaros así que optamos por no contar a nadie que estuvisteis allí, supongo que lo preferiréis así. El Profeta les atribuye todo el mérito a los aurores y publican que gracias a la intervención del Ministerio se ha evitado que los dementores siembren el pánico en las calles de Londres.
- Típico de El Profeta – dijo Harry sirviéndose otro baso de zumo de calabaza – los dementores podrían haber atacado a docenas de muggles e incluso así publicarían que el Ministerio hizo un gran trabajo.
- Todavía no me lo puedo creer, dementores en el centro de Londres. – Hermione se quedó pensativa y un escalofrío recorrió su columna. Al verlo Ron le acercó una rana de chocolate que ella rechazó con la mano.
Esa mañana también recibieron la visita de una preocupada señora Weasley que se empeñó en quedarse todo el día con ellos, ejerciendo de madre protectora y lamentándose de que Bill les hubiera permitido acompañarle la noche anterior. Aunque ninguno de los tres lo reconoció lo cierto es que ahora que vivían solos les resultaba agradable recibir de vez en cuando la visita de alguien que se preocupara por ellos. Cuando el señor Weasley terminó su jornada laboral y se pasó por allí había una pequeña multitud reunida en la cocina de Grimmauld Place. Fleur había llegado por la tarde con una enorme tarta de chocolate que había hecho ella misma y que reservaron como postre para la cena y Bill se presentara en cuanto salió del trabajo, igual que Tonks. Lupin, apareció un poco después, por fín había regresado de una misión que cumplía para La Orden del Fénix y acababa de enterarse de lo que había pasado.
- Las cosas van de mal en peor, esta vez hemos podido evitarlo pero casi perdemos a Hermione y muchas personas inocentes ajenas a esta guerra han estado en peligro. – Se lamentó el señor Weasley. - Si Voldemort permite a dementores y otras criaturas que ahora trabajan para él campar a sus anchas no podremos detenerles. Mucha gente resultará herida.
- Los dementores no le van a servir a cambio de nada, ni tampoco los licántropos o los gigantes. – En la voz de Lupin se apreciaba una profunda tristeza. - Tenemos que prepararnos para lo peor.
- Todo sería más fácil si contáramos con un espía en sus filas. – Dijo Tonks levantándose y empezando a recoger la mesa. -Podríamos anticiparnos a este tipo de ataques.
- No sigas insistiendo en eso, - la señora Weasley la miraba del mismo modo que cuando reprendía a alguno de sus hijos – ya te hemos dicho que es demasiado peligroso.
Cuando Tonks pasó por su lado Lupin la cogió la mano y la obligó a sentarse junto a él en el banco.
- Ya lo hemos hablado, no dejaré que te infiltres entre los mortífagos. – Le dijo mirándola con seriedad.
- Ni siquiera sabrán que soy yo- protestó ella. – Y si no estuviera dispuesta a asumir riesgos no me habría hecho auror.
- No lo haremos, - intervino Bill - ellos no confiarán lo suficiente en un recién llegado y suplantar a uno de los mortífagos antiguos no es una buena idea, podrían reconocerte.
- Lo sé, pero la situación cada vez empeora más, debemos hacer algo. - A pesar de la oposición de todos Tonks seguía insistiendo en la idea aunque dudó un momento antes continuar hablando con voz queda. – No penséis que defiendo a Snape pero a veces nos resultaba muy útil.
Todos se quedaron callados, fue la señora Weasley quien rompió el silencio tras acercarse a Tonks y cogerle la mano que tenía libre.
- Sí, a veces era útil, pero el precio a pagar fue demasiado alto- dijo mirándola a los ojos.- Igual que lo sería si te descubriesen. Olvídalo, afrontaremos el peligro si es necesario pero no dejaremos que uno de los nuestros se meta voluntariamente en la boca del lobo. – Y mirando amenazadoramente a Harry, Ron y Hermione añadió – y eso va por vosotros también.
