Hola a todos, os dejo un nuevo capítulo. Querida Sig, aquí tienes algo más de Sirius, aunque no fue escrito para sobornarte porque estos capítulos tienen un montón de meses. Espero que os guste.
CAPÍTULO 11: Desviando la atención
Sin que los chicos se dieran cuenta los días seguían pasando y ya se estaba aproximando la navidad. De repente la casa les pareció más fría y deprimente que nunca. En el exterior las calles de Londres amanecían nevadas muchas mañanas y a veces recordaban con nostalgia las primeras nevadas del invierno en Hogwarts, entonces los alumnos salían a los terrenos del colegio y organizaban divertidas batallas de bolas de nieve.
En ocasiones Harry temía que la casa se les viniera encima, uno de los motivos por los que la detestaba tanto es que se había convertido en una especie de prisión para Sirius durante los últimos días de su vida. Perseguido por los mortífagos por ser integrante de la Orden del Fénix y por los aurores del ministerio por considerarle un peligroso asesino al servicio de Voldermort, Sirius se vio obligado a permanecer recluido durante meses en un lugar que odiaba y soportando la insufrible compañía de Kreacher. Al menos ellos no tenían que aguantar ni a Kreacher ni los gritos e insultos del cuadro de la señora Black. El único motivo por el que ahora Harry toleraba una situación parecida era porque resultaba necesario para su misión pero desde luego su estancia en aquella casa sería temporal. En cuanto hubiera encontrado y destruido todos los Horrocruxes saldría a buscar a Voldermort y de una forma u otra todo aquello terminaría.
A medida que pasaban los días los recuerdos de la última navidad de Sirius le atormentaban. La perspectiva de recibir la visita de Harry y de toda la familia Weasley para pasar allí la navidad había sido lo único que animara un poco a su padrino durante su largo encierro en Grimmauld Place. A Harry se le hacía insoportable recordar la brevedad de aquella alegría de Sirius, que canturreaba alegremente mientras decoraba la casa con motivos navideños en los que probablemente habían sido los días más felices para él en muchísimo tiempo.
En cuanto la señora Weasley les sugirió que pasaran la navidad en La Madriguera, Harry y Ron aceptaron inmeditamente, encantados de perder de vista la lúgubre casa de la familia Black aunque solo fuera durante unos días. Hermione, que también estaba invitada, prefirió rechazar la oferta y visitar a sus padres para pasar con ellos las fiestas. Los chicos lo comprendieron perfectamente, ninguno lo dijo en voz alta pero todos tenían la certeza de que aquellas podían ser sus últimas navidades.
Hermione era la única bruja de su familia y era muy poco probable que siendo muggles sufrieran ningún ataque y en La Madriguera habría tal cantidad de Weasleys y miembros de la Orden del Fénix que los mortífagos tendrían que estar locos para dejarse caer por allí. Harry nunca había tenido una familia y adoraba las reuniones de los Weasley, la casa llena y todos los hermanos armando alboroto, así que después de varios meses de reclusión esperaba ansioso el momento de disfrutar de un poco de esparcimiento en compañía de los Weasley.
La mañana del 24 de Diciembre se levantaron muy temprano y prepararon unos ligeros equipajes con lo imprescindible para unos pocos días. El señor Weasley había solicitado un permiso en el Ministerio para incluir temporalmente la chimenea de los Granger en la red Flu, de modo que Hermione se ahorrara un viaje en tren o tener que aparecerse en pleno día en medio de una población muggle. Estaban empezando a desayunar cuando una lechuza tocó con el pico en la ventana.
- Mi ejemplar de El Profeta – dijo Hermione posando su tostada y levantándose para abrir la ventana a la lechuza.
- Hermione, cierra enseguida esa ventana o se nos congelará el zumo de calabaza – protestó Ron desde la mesa.
Hermione se apresuró a meter cinco knuts en la bolsita atada a la pata de la lechuza y cerrar la ventana cuanto antes. Sin esperar a sentarse de nuevo desenrolló el periódico mientras cruzaba la cocina.
-No puedo decir que me sorprenda – dijo con el ceño fruncido antes de sentarse a la mesa.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Harry levantando la vista de su cuenco de cereales.- ¿Nuevos ataques?
- No, no es tan malo, esta noche parece que no ha habido ataques. – Contestó Hermione sin levantar la vista de El Profeta. – Pero vuelves a salir en la portada Harry.
Hermione les tendió el periódico y Harry y Ron echaron un vistazo. La cabecera estaba ocupada por una foto de Harry bajo un titular escrito en letras enormes que decía ¿Dónde está ahora el elegido?
- No me preocupa – dijo Harry devolviendo el diario a Hermione sin dejar de comer, estaba tan acostumbrado a que en El Profeta hablasen de él sin saber lo que decían que había dejado de darle importancia. – Tengo otras cosas en las que pensar aparte de las mentiras que publica el profeta.
- Es una venganza – dijo Ron sin levantar la vista de su plato – por no ceder a las presiones del ministro. ¿Qué dice?
- Pues se preguntan porque Harry no ha regresado a Hogwarts y donde se esconde desde hace meses – Hermione leía el artículo a toda prisa sin detenerse demasiado. Sin apartar la vista del periódico cogió la tostada que quedara a medio comer sobre su plato y después de darle un pequeño mordisco continúo. – También te acusan de abandonar a la comunidad mágica cuando más te necesita, y de desatender tus obligaciones como el elegido ¡es todo tan absurdo! – dijo posando bruscamente El Profeta sobre la mesa – como si tuvieras alguna obligación de ser el héroe nacional.
- No me importa. Que publiquen lo que quieran, – dijo Harry encogiéndose de hombros – lo harán igualmente. Y supongo que continuarán porque desde luego no pienso dar ninguna explicación de lo que estamos haciendo.
- Pues claro que continuarán, esto es solo el principio de otra maniobra de distracción, llevan más de un mes hablando del éxito de los aurores la noche de Halloween. Eso les vino muy bien pero no pueden seguir siempre con lo mismo, los ataques continúan y la popularidad del ministro cae en picado. – Hermione se había levantado a por otra jarra de zumo de calabaza, todavía con el diario en la mano echaba una última ojeada a la portada de El Profeta antes de tirarlo a la basura. -Necesitan desviar la atención para que no se hable de sus fracasos, fijaos en este titular: El ministerio continúa su implacable búsqueda de mortífagos. Dice que no muestran consideración y que serán inflexibles con cualquiera que colabore con Voldemort o sus mortífagos, aunque pertenezca al propio Ministerio. Nombran el caso de una de sus empleadas que está siendo investigada, la señora Edgecombe.
- Edgecombe¿No era ese el apellido de la chivata que nos delató cuando formamos el ED? – preguntó Ron.
- Si, – confirmó Harry- y su madre trabajaba en el Ministerio.
- Sí, por eso nos delató, -recordó Ron - su madre hacía buenas migas con Umbridge así que no lo lamento en absoluto. – Hizo una pausa mientras se servía otro plato de salchichas. – Por cierto que a Umbridge también deberían vigilarla de cerca.
- A Umbridge deberían haberla mandado a Azkaban por tratar de emplear una maldición imperdonable contra un alumno, - dijo Harry mirándose las cicatrices que le habían quedado en la mano por culpa de los despiadados e injustos castigos de su antigua profesora – en lugar de mantenerle su puesto en el Ministerio.
- No seré yo quien defienda a Umbridge, ni tampoco a la señora Edgecombe, – intervino Hermione con cara de preocupación - pero hemos visto otras veces que el Ministerio acusaba a alguien sin pruebas solo para demostrar a la comunidad mágica que su trabajo es eficaz. Hasta ahora esa mujer era una de las empleadas más incondicionales del Ministerio, si no es culpable significará que no les importa a quien tengan que usar para limpiar su imagen. – Hermione hizo una breve pausa, daba la impresión de que trataba de buscar un modo delicado de decir lo que pensaba. - Tu padre debería andarse con cuidado, Ron.
- Si, él nunca ha estado bien considerado en el Ministerio… - Ron se detuvo de repente, sintiéndose incómodo al recordar de repente que aquella frase era de Percy, tratando de disimular su disgusto ante los demás hizo un esfuerzo por seguir hablando como si nada – en fin, lleva un montón de años trabajando para ellos, a estas alturas no creo que pueda mejorar su imagen.
Después de desayunar recogieron rápidamente sus cosas y dejaron Grimmauld Place, la primera en hacerlo fue Hermione y una vez que se hubo marchado, Ron metió la cabeza en la chimenea y utilizó los polvos Flu para asegurarse de que había llegado bien a casa de sus padres. La madre de Hermione, que entrara en la sala para recibir a su hija en cuando la oyó llegar, casi sufrió un infarto al ver de repente la cabeza del pelirrojo asomar en su chimenea. Estaba acostumbrada a que los magos hicieran cosas raras pero ver aparecer en su salón la cabeza de alguien rodeada de llamas verdes y hablando como si nada era demasiado. Al ver el susto que le había dado a la señora Granger, Ron se disculpó a toda prisa y sacó la cabeza de la chimenea mientras Hermione le despedía con una sonrisa.
Inmediatamente después Harry tomó su pequeño equipaje y entró en la chimenea para ir a La Madriguera, recorrió la red Flu girando sobre sí mismo a toda velocidad hasta que aterrizó en la chimenea de los Weasley. Pero su llegada a La Madriguera no fue tan tranquila como de costumbre, de pronto se vio rodeado de una densa nube de ceniza negra y empezó a toser. Medio mareado, a ciegas, con la cara manchada y las gafas sucias se apartó a toda velocidad de la chimenea porque Ron venía justo detrás de él y no quería que le cayera encima. Estaba saliendo de la chimenea cuando tropezó con alguien.
- Lo siento – dijo entre toses sacándose las gafas totalmente ennegrecidas por el hollín.
En ese momento Harry deseó que un enorme boquete se abriera bajo sus pies y se lo tragara la tierra. Frente a él estaba Ginny mirándole sin mover un músculo. Y él era tan torpe que casi la había tirado al suelo. En su interior maldijo su mala suerte, llevaba meses sin verla y salía de la chimenea en un estado lamentable, sucio y despeinado. Ella en cambio estaba radiante, la encontró tan hermosa, con su larga melena pelirroja y aquellos ojos castaños, y para colmo él se quedaba allí parado, mirándola sin saber que decir.
Por suerte para Harry no tubo que decir nada porque en ese momento Ron aterrizó en la chimenea y otra nube de ceniza inundó toda la cocina. Harry oyó como Ron comenzaba a toser a sus espaldas a la vez que la señora Weasley irrumpía en la cocina.
- ¡Oh!, ya estáis aquí, no os esperábamos tan temprano.- Se aproximó rápidamente a ellos y comenzó a sacudir la ceniza de la ropa de Ron que, todavía entre toses, se apartó a toda velocidad sacudiéndose él mismo la ropa con ahínco para evitar que su madre tuviera la tentación de seguir ayudándole. – Pensaba limpiar la chimenea porque vamos a usarla mucho estos días pero vosotros os habéis adelantado un poco.
- Hola – dijo Ginny dirigiéndole a Harry una mirada pícara, ninguno de los dos se habían movido del sitio y todavía permanecían muy cerca uno del otro – iba a entrar a limpiarla ahora mismo, por poco no te caes encima de mí.
Desde que había tropezado con Ginny, Harry no se había movido ni siquiera para limpiarse la ceniza, algo de lo que ahora se alegraba porque así no se notaría lo sonrojado que estaba.
Antes de que Harry pudiera contestar nada la señora Weasley lo hizo por él:
- Suerte que no ha sido así, - dijo mientras removía un puchero en el otro lado de la cocina, - habrá que limpiarla enseguida, seguramente Fred y George no tardarán mucho en llegar.
En ese mismo instante uno de los gemelos aterrizó en la chimenea y una nueva oleada de ceniza lo inundó todo, casi sin darle tiempo a apartarse y antes de que toda la ceniza se hubiera posado en el suelo se oyó un ruido y todos supieron que el otro gemelo acababa de llegar. Estaban tan ennegrecidos que Harry no sabría decir cual de ellos era Fred y cual George.
- Hola a todos – saludó George alegremente mientras se limpiaba la ceniza - ¡Oh!, fíjate Fred, pero si es el elegido. Tal vez deberíamos petrificarle y enviar una lechuza a El Profeta para avisar de que le hemos encontrado.
- Hola chicos – dijo un Harry sonriente.
Fred miró a Harry de arriba abajo fingiendo sorpresa.
- Hola Harry, pero¿que haces tú aquí¿no deberías estar salvando al mundo?
- Me he tomado unas pequeñas vacaciones – contestó Harry de buen humor.
- Está bien, pero que sean breves, - dijo George imitando unos modales pomposos que recordaban a los de Percy - es muy irresponsable por tu parte no librarnos a todos del peor mago tenebroso que jamás ha existido.
Harry respondió con una sonrisa, aquello era estupendo. Pasaron todo el día decorando el árbol y colgando guirnaldas por toda la casa, bromeando sin parar como si el mundo a su alrededor no fuera un lugar peligroso y sus vidas no corrieran ningún riesgo.
Pasada la navidad Fred y George volvieron al callejón Diagón. El negocio marchaba bien, al menos la línea de artículos de defensa, porque ya nadie tenía demasiado humor para comprar artículos de broma, y los gemelos necesitaban ocuparse personalmente de atenderlo. Harry y Ron, en cambio, se quedaron hasta pasar año nuevo, ellos no tenían ninguna prisa por volver a Grimmauld Place y Hermione también tenía planeado quedarse hasta entonces con sus padres.
Mientras no recibieran la visita del patronus de Hermione sabían que no estaba en peligro, pero de todas formas para asegurarse de que todo iba bien, Harry le enviaba a Hedwing casi todos los días con una breve nota, la lechuza descansaba un rato en casa de los Granger y luego volvía con la respuesta de Hermione. Los días que Harry tenía que enviar a Hedwing a otro lugar, o si veía que la lechuza estaba muy cansada, él o Ginny cogían un puñado de polvos flu y asomando la cabeza en la chimenea charlaban con Hermione. Aunque ahora sus padres ya no se mostraban tan impresionados como al principio, Ron prefería mantenerse lo más alejado posible de la chimenea de los Granger.
El día antes de volver a Grimmauld Place una noticia arruinó el final de sus vacaciones. El Profeta publicó que la familia Bones había sido asesinada por mortífagos. Se trataba de una influyente familia de magos que no había cedido ante las presiones de pasarse al lado de Lord Voldemort. Susan Bones estudiaba con ellos en Hogwarts y había pertenecido al ED, Harry sabía que Susan perdiera a varios miembros de su familia y comprendía perfectamente porqué no habían cedido al chantaje. La familia Bones prefiriera esconderse pero los mortífagos los habían localizado y la noche anterior la Marca Tenebrosa apareció sobre la casa. Cuando los aurores llegaron no encontraron a nadie con vida, ni siquiera a la propia Susan que aunque seguía estudiando en Hogwarts se había reunido con sus padres para pasar la navidad.
La muerte de los Bones supuso un duro golpe para aquella parte de la comunidad mágica que todavía se resistía a unirse a Voldemort. Estaba claro que habían sido traicionados por alguien muy cercano a ellos, tenía que tratarse de una persona de su total confianza, y eso no resultaba nada alentador. Aunque Voldemort era muy selecto escogiendo a sus mortífagos (pocos eran los elegidos que trabajaban directamente para él) sus seguidores ya eran tantos que formaban intrincadas y enormes redes que llegaban a cualquier lugar. Aquellos que de una u otra manera colaboraban con él o le facilitaban información, aún sin tener ningún contacto directo con su señor, eran tantos que nunca podrían localizarlos a todos. De vez en cuando el Ministerio detenía a alguien y le enviaba a Azkaban, la cárcel ya estaba a rebosar de mortífagos y otra gente que directa o indirectamente trabajaba para Voldemort pero por cada detenido una docena de nuevos colaboradores ocupaban su lugar.
Tras el asesinato de Dumbledore muchas familias no habían querido que sus hijos volvieran a Hogwarts porque no les parecía un lugar seguro, pero ahora ya no existía ningún lugar en el que los magos que no hubieran tomado partido por Voldemort pudieran sentirse a salvo.
