No recordaba que hubiera tanto de los Black en este capítulo hasta que lo ayer lo leí para corregirlo. Espero que lo disfrutes Sig ;)
Como quedaba un poco largo lo dividí en dos, la segunda parte en unos pocos días, lo prometo.
CAPÍTULO 13: De vuelta en Hogwarts
Después del fracaso del día anterior en la mansión de los Ryddle Harry se levantó decidido a seguir intentándolo. Bajó a desayunar y después de engullir un cuenco de cereales y un baso de zumo de calabaza a toda velocidad salió de la cocina y les dijo a Ron y Hermione que les esperaría en la sala, junto al pensadero.
Harry sabía que junto con el del cementerio el recuerdo de lo ocurrido en la Cámara de los Secretos era uno de los más importantes porque podría rebelarles algo acerca de la naturaleza de los Horrocruxes, sin embargo había demorado el momento de compartirlo con Ron y Hermione. Harry se sentía mal recordando que en su momento no se había dado cuenta de lo duro que fue para Ginny su primer año en Hogwarts y de lo sola que se había sentido, teniendo que soportar las burlas de sus hermanos y la indiferencia del propio Harry. Entonces era pequeña y tímida y sus hermanos mayores en lugar de cuidar de ella no la habían ayudado a integrarse precisamente. Si todos hubieran estado un poco más pendientes de Ginny ella no habría tenido que refugiarse en el diario de Ryddle, o al menos lo habrían descubierto mucho antes y todo aquello se habría evitado.
De todas formas Harry sabía que tenían que revisar ese recuerdo, cuando se enfrentó a Ryddle él no sabía lo que eran los Horrocruxes ni que Voldemort había convertido su antiguo diario en uno de ellos, ahora tenía la esperanza de que tal vez Ryddle le hubiera dado alguna pista que entonces le pasara inadvertida.
Una vez dentro de pensadero, al llegar a la Cámara y ver el cuerpo de Ginny tendido a los pies de la enorme estatua de Slytherin, Harry sintió como si alguien le hubiera arrancado las entrañas dejando un enorme hueco en su interior. Se la veía tan pequeña y frágil que parecía otra persona diferente de la Ginny que él conocía. Harry se contempló a sí mismo arrodillado junto a ella suplicándole que despertase, y sin poder evitarlo su mirada se dirigió hacia Ron que observaba la escena sin pestañear. Cuando momentos después Ryddle comenzó a hablar de ella con desprecio Harry tuvo que reprimir el impulso de hacer algo tan ridículo como tratar de lanzarse sobre él y golpearle.
Ron y Hermione salieron del pensadero un poco pálidos, impresionados por el modo en el que Harry se enfrentara al basilisco a pesar de su juventud pero pronto se repusieron y los tres reflexionaron sobre cada frase que había pronunciado Ryddle.
- Dijo que se había vuelto lo bastante poderoso para empezar a alimentar a Ginny con algunos de sus propios secretos, - Ron parecía extremadamente preocupado, hizo una pequeña pausa antes de continuar hablando bajando ligeramente el tono de su voz hasta convertido casi en un susurro - para empezar a darle un poco de su alma. Estaba hablando de los Horrocruxes¿qué creéis que hubiera pasado si Ginny hubiera muerto?
- Él habría vuelto, quizá con su aspecto de dieciséis años, o quizá hubiera ocupado el cuerpo de Ginny, - Harry se sentía morir solo de pensarlo – no lo sé.
Harry se quedó pensativo, Ryddle había dicho algo que lo mortificaba: "Por todo lo que Ginny me había dicho sobre ti, yo sabía que irías al fin del mundo para resolver el misterio… y más si atacaban a uno de tus mejores amigos".
- Como puedo ser tan idiota, – dijo Harry sin poder evitar enfadarse consigo mismo – ya escuchasteis lo que dijo, me avisó de que utilizaba a mis amigos como cebo e incluso así yo volví a caer en la misma trampa con Sirius.
Harry todavía se sentía culpable de la muerte de Sirius, especiamente desde que unos días atrás entrara en la habitación que su padrino destinara a Buckbeak. Antes de volver a salir de la habitación Harry reparara en que había algo en suelo, cerca de la pared de la ventana, apenas se veía porque estaba casi oculto detrás de un viejo mueble. Sirius solía pasar días casi enteros encerrado en aquella habitación con el hipogrifo como única compañía, muchas veces se sentaba en el suelo, con la espalda apoyada contra esa misma pared y se quedaba allí durante horas. Al aproximarse, Harry descubrió la pareja del espejo que Sirius le había regalado la última navidad. Se lo imaginó allí sentado, solo, esperando que se comunicara con él. Buscó su espejo roto en el fondo del su baúl, lo reparó y los guardó juntos. Si hubiera utilizado el espejo Sirius estaría vivo.
- No te atormentes, Harry. – Hermione posó su mano sobre el hombro de Harry.- Cuidas de los que quieres y él lo sabe, por eso lo utiliza en tu contra, pero no tienes que avergonzarte de ello, al contrario, deberías sentirte orgulloso de ser así.
- ¿Así de idiota, quieres decir? – preguntó Harry en un impulso que no pudo controlar.
- Sabes que no me refiero a eso, Harry – Hermione le miró con paciencia.- Solo pretendo decir que está bien que te preocupes por los demás, simplemente tienes que ser más cuidadoso. Sabe cómo atacarte porque te conoce, pero ahora nosotros le conocemos a él.
- O eso intentamos – intervino Ron. - ¿Qué será lo próximo que hagamos?
Harry se alegró de cambiar de tema y no pensó ni un segundo antes de contestar.
- Hogwarts fue el lugar más importante de su vida, incluso cerró la Cámara de los Secretos para poder seguir en el colegio. Tenemos que registrar el castillo.
- ¿No crees que eso ya lo habrá hecho Dumbledore? – preguntó Hermione extrañada. – Además estoy segura de que en Hogwarts no encontró nada sobre los Horrocruxes, y Slughorn tampoco le dio demasiada información. No creo que supiera como hacerlos antes de terminar el colegio.
- Quizá no, - convino Harry – pero tienes que reconocer que no hay sitio mejor que la Cámara de los Secretos para ocultar un Horrocrux. Nadie sabía donde estaba la entrada, e incluso sabiéndolo necesitarías hablar pársel para abrirla. Ya le oísteis, probablemente él y yo seamos los únicos hablantes de pársel que hubo en Hogwarts desde tiempos de Slytherin, y aunque alguien lograra entrar todavía tendría que enfrentarse al basilisco.
- Si, Harry, - concedió Hermione – pero si no hizo ningún Horrocrux cuando estaba en el colegio ¿cómo iba a esconderlo allí? Dumbledore no le permitió volver después.
- Por eso mismo,- insistió Harry – tal vez ese fuera uno de los motivos por los que estaba tan empeñado en volver a Hogwarts, para guardar uno de sus Horrocruxes en la Cámara de los Secretos. Ya sabéis la importancia que le da a los símbolos y no hay mejor lugar que la Cámara para recalcar que él es el heredero de Slytherin.
- Tienes toda la razón, Harry, -djjo Ron- pero Dumbledore no le admitió como profesor, puede que deseara volver a la Cámara de los Secretos pero no tuvo la oportunidad de hacerlo.
- Os equivocáis, tuvo todo un curso para hacerlo. Durante meses Voldemort se paseó por todo el castillo oculto en el turbante de Quirrell. Pudo abrir la Cámara y dar órdenes al basilisco para que permitiera a Quirrell esconder el Horrocrux. Tenemos que ir a Hogwarts.
A toda velocidad Hermione redactó una carta para la profesora McGonagall en la que le explicaba que deseaba hacer unas consultas en la biblioteca del colegio y le pedían permiso para pasar un día entero en el castillo. Estaban seguros de que a la profesora McGonagall no le resultaría extraño que Hermione quisiera visitar la biblioteca.
En cuanto Hermione terminó de escribir la carta Harry subió a buscar a Hedwing que descansaba en su jaula.
- Hedwing, necesito que lleves una carta a Hogwarts, quiero que esperes la respuesta de la profesora McGonagall y me la traigas cuanto antes. – Harry acarició con cariño las plumas blancas de Hedwing – Sé que es un viaje muy largo pero es muy importante¿podrás hacerlo?
La lechuza miró a Harry y ululó suavemente, como toda respuesta levantó una de sus patas para que Harry atara la carta. Harry la miró con agradecimiento y le dio una golosina, después de atar la carta la llevó en su brazo hasta la ventana y la despidió acariciándola de nuevo.
Pasaron el resto del día practicando Transformaciones pero incluso a Hermione le costaba trabajo concentrarse, los tres estaban muy excitados ante la perspectiva de volver a Hogwarts aunque solo fuera durante unas horas. Al final desistieron y acabaron abandonando las transformaciones y sentándose junto al fuego recordando las noches pasadas en la sala común de Grinffindor, los pasadizos secretos, los torneos de Quiddicht y otras cosas que añoraban del colegio. Incluso Filch y la señora Norris, o Peeves les parecían ahora menos horribles. Ya era muy tarde cuando escucharon una voz que chillaba en el piso superior.
- ¡Harry Potter!
Los tres sacaron sus varitas y se levantaron de un brinco.
- ¿Qué es eso¿Lo habéis oido? – preguntó Hermione extrañada avanzando con cautela hacia la puerta.
- Sí.- Contestaron Harry y Ron.
De pronto volvieron a oír la misma voz, esta vez con mucha más claridad que antes.
- ¡Harry Potter¿estás ahí?
- La voz viene de arriba¿cómo es posible?, – preguntó Ron. – No hay nadie más en casa y solo la chimenea de la cocina está conectada a la Red Flu.
Los tres salieron de la sala y subieron las escaleras con sus varitas fuertemente agarradas, al llegar al segundo rellano la voz se oyó de nuevo.
- ¡Harry Potter¡contesta!
- Viene de esa habitación, - dijo Harry señalando la puerta del que antes había sido su cuarto, de pronto Harry recordó porque ya no ocupaba esa habitación y comprendió lo que sucedía – tiene que ser Phineas Nigellus.
Entraron y vieron al antepasado de Sirius y antiguo director de Hogwarts en el cuadro que casi nunca ocupaba, mirándolos con reprobación.
- ¡Vaya!, la directora tenía razón, estáis aquí. Me pregunto que se os ha perdido en la casa de los Black. Tengo un mensaje de la directora McGonagall para vosotros.
- ¿Cómo sabe ella que estaríamos aquí?- preguntó Harry al cuadro.
Las pequeñas pupilas de Phineas se fijaron en Harry.
- Veo que sigues tan insolente como siempre, joven Potter. – Dijo dejando bien claro que tampoco esperaba ningún cambio en su actitud. – Ella no lo sabía, simplemente lo supuso. – Después Phineas hizo una pausa antes de empezar a repetir de modo monótono el mensaje de la profesora McGonagall. – La directora dice que puede ser peligroso en estos tiempos utilizar una lechuza que llama tanto la atención para enviar mensajes importantes. Por razones de seguridad Hogwarts solo se conecta puntualmente a la red Flu, para que no entre cualquiera en el castillo. Mañana temprano pedirá al Ministerio que conecten su chimenea, en cuando sepa a que hora lo harán yo mismo os lo comunicaré. ¿De acuerdo?
- De acuerdo, - respondió Harry – déle las gracias de nuestra parte a la profesora McGonagall.
Phineas Nigellus desapareció de su retrato sin dignarse despedirse siquiera y a la mañana siguiente apareció de nuevo, muy temprano, para decirles que en diez minutos la profesora McGonagall los esperaba en su despacho. Los chicos terminaron su desayuno a toda prisa y se pusieron sus viejas túnicas del colegio aunque ya les quedaban un poco cortas.
El primero en entrar en la chimenea fue Harry. Momentos después apareció un poco mareado en la chimenea del antiguo despacho de Dumbledore, delante de él, muy tiesa, le esperaba la profesara McGonagall mirándole con su habitual expresión de severidad.
- Buenos días, Potter.
- Buenos días, profesora – saludó Harry saliendo de la chimenea.
Mientras esperaba a Ron y Hermione echó un vistazo a su alrededor. El despacho estaba muy cambiado, ya no estaba la percha de Fawkes ni todos los objetos de Dumbledore que ahora él tenía en Grimmauld Place. Los muebles eran prácticamente los mismos pero la profesora McGonagall los había transformado poniendo tapicerías de cuadros escoceses y cortinas a juego.
Allí seguían los cuadros de todos los antiguos directores de Hogwarts, casi todos ellos dormitaban distraídos, aunque Harry había pasado el tiempo suficiente en aquel despacho como para saber que casi todos se hacían los dormidos. Phineas, al contrario que los demás cuadros no fingía dormir, le observaba con una mezcla de curiosidad y malicia. Sintiendo una opresión en el pecho Harry miró justo encima de la silla del director, donde estaba el cuadro de Dumbledore, también él parecía plácidamente dormido, pero justo cuando Harry acababa de desviar la mirada para ver si ya había llegado Ron, Dumbledore hizo un pequeño movimiento que captó su atención de nuevo. Abrió un poco los ojos y esbozando una ligera sonrisa casi imperceptible miró a Harry y guiñó un ojo antes de volver a hacerse el dormido.
Harry le sonrió y luego miró hacia la chimenea, Ron estaba junto a la profesora McGonagall y Hermione acababa de llegar. En cuanto Hermione hubo salido de la chimenea la profesora McGonagall comenzó a hablar.
- Bienvenidos de nuevo a Hogwarts, chicos. Tenéis todo el día para estar en el castillo, por lo que a mí respecta y aunque no asistáis a clase todavía sois alumnos del colegio, de modo que tendréis que respetar las normas.
La profesora McGonagll hizo especial hincapié en la última frase y mirando por encima de sus gafas cuadradas les dedicó una mirada tan penetrante e intimidatoria que hizo que Harry se preguntara si no sospecharía que la biblioteca era solo una excusa para enmascarar el verdadero motivo de su visita. Después de una breve pausa siguió hablando, esta vez en un tono mucho más cordial y Harry apreció algo en su mirada que se podría calificar como nostalgia.
-Podéis ir a biblioteca, asistir a alguna clase, y comer y cenar en el Gran Comedor. En la mesa de Gryffindor siempre habrá un lugar para vosotros. Mi chimenea volverá a conectarse a las diez en punto para que podáis dejar el castillo, es un poco tarde pero pensé que después de la cena quizá os apetecería pasar un rato a la sala común.
- Es una gran idea, muchas gracias, profesora McGonagall. Por todo. – Respondió Harry en nombre de los tres.
- De nada, Potter. Ya os he dicho que para mí continuáis siendo alumnos de Hogwarts. – La profesora McGonagall les sonrió.- Conociendo vuestra tendencia a meteros en líos tengo que advertiros que no os portéis mal o perderéis puntos para Grynffindor, y ahora salid de mi despacho, por favor, tengo muchas cosas que hacer. Iré a buscaros a la sala común diez minutos antes de la hora.
En cuanto salieron del despacho de la profesora McGonagall corrieron hasta la entrada del pasadizo secreto que llevaba a la escalera de mármol de la entrada, era temprano y la mayoría de los alumnos estarían desayunando en el Gran Salón, si tenían suerte podían encontrarse allí con Hagrid. Tenían todo el día para registrar la Cámara de los Secretos y si Hagrid llegara a enterarse de que habían estado en el colegio y no le habían visitado no se lo perdonaría nunca.
Al llegar a la escalera pudieron ver a Hagrid en el hall reuniendo a un grupo de alumnos de tercero para su clase de cuidado de criaturas mágicas, bajaron corriendo para reunirse con él, pero antes de llegar abajo Hagrid les vio y dio un brinco.
- ¡Harry¡Ron¡y también Hermione!, que alegría veros de nuevo en Hogwarts, os he echado mucho de menos.
Los chicos ya habían llegado junto a él y Hagrid les abrazó a los tres a la vez, estrujándolos con fuerza. Ellos no se quejaron pero sintieron como les crujían las costillas.
- Nosotros también a ti, Hagrid – dijo Hermione dándole un abrazo a la parte de la cintura de Hagrid que podía abarcar. – Y a Hogwarts.
- La profesora McGonagall está haciendo un gran trabajo, es una buena directora, y me ha mantenido en el puesto de profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, - dijo orgulloso – pero sin vosotros… y sin Dumbledore, esto no es lo mismo – añadió con la mirada perdida.
- Lo sabemos, Hagrid – dijo Harry tocándole el brazo porque necesitaría una escalera para alcanzar su hombro.
- Tenemos todo el día para estar en Hogwarts. Hagrid¿querrás invitarnos a un té en tu cabaña? – preguntó Ron tratando de animarle.
- Por supuesto que sí, chicos. – Respondió más animado. -Pero ahora no puedo, tengo clase con los de tercero. Los alumnos no pueden salir solos del castillo, si os parece bien vendré a buscaros cuando termine mi clase. Fang se pondrá muy contento de veros y Buck… ejem, Witherwings, también. Y creo que todavía me queda algo de tarta de calabaza.
- Estupendo, - dijo Hermione sonriendo.- Nosotros aprovecharemos para ir a clase de Encantamientos. Ahora estamos estudiando los encantamientos para transformar la apariencia y son muy complicados, así el profesor Flitwick nos dará su opinión y algún consejo. Y también podremos ver a Neville.
- Nos vemos aquí dentro de una hora, entonces. – Dijo Hagrid contento, y reagrupando a sus alumnos de tercero salió del castillo llevándoselos a través de los campos nevados.
- Ahora tendremos que comernos su tarta, Ron – dijo Harry regañando en broma a su amigo cuando se quedaron solos.
- Habrá que hacer ese sacrificio, - contestó Ron encogiéndose de hombros- se le veía tan triste al hablar de Dumbledore.
- Estoy tan contenta de estar en Hogwarts que incluso comeré un trozo de la tarta de Hagrid – dijo Hermione con una sonrisa.
