Lo prometido es deuda así que no os hago esperar más para saber que es lo que hay en la Cámara. Gracias por leer la historia.
CAPÍTULO 14: En la Cámara de los Secretos
Después de pasar con Hagrid gran parte de la mañana volvieron al castillo a la hora de comer. En cuanto entraron en el Gran Salón vieron que estaba casi desierto, había menos de la mitad de los alumnos que otros años y el ambiente era mucho menos bullicioso de lo habitual, al sentarse en la mesa de Gryffindor notaron que muchos de sus compañeros no habían ido ese año. No estaban Seamus Finnigan, ni Parvati Patil, ni, afortunadamente en opinión de Ron, Lavender Brown.
Harry en cambio observó con desagrado que Dean Thomas todavía estaba en Hogwarts. Ahora que Ginny y él no eran novios, Dean podría tratar de recuperarla, y con los pocos alumnos que había en el colegio ese año tendría un montón de oportunidades para estar con ella, en el comedor, en la sala común… Harry se sintió enfermo al pensarlo y casi estuvo tentado de salir sin comer porque había perdido el apetito cuando de pronto percibió un envolvente aroma a flores y al girar la cabeza vio que Ginny se había sentado junto a él.
- ¿Qué hacéis vosotros aquí? – preguntó tranquilamente mientras cogía un bollo.
- Estamos de visita, solo nos quedaremos hoy – se apresuró a contestar Hermione.
- Hemos venido para ir a la biblioteca – añadió Ron apresuradamente, y por desgracia sin sonar demasiado convincente.
Ginny miró a Ron divertida, sonriendo.
- A la biblioteca. Claro.
Aunque Ginny no dijo nada más Harry estaba seguro de que no les había creído. Observó como ella sin dejar de sonreír se sirvió un plato de chuletas y puré de patatas y empezó a comer con apetito. Poco después llegó Neville que se había pasado la mañana en los invernaderos ayudando a la profesora Sprout y se sentó con ellos.
Durante la comida Neville y Ginny les contaron una vez más lo desagradable que había sido que los enviados de Srimgeour registraran el castillo. Umbridge se presentara con aires de superioridad y mostrando orgullosa la autorización del ministro se paseó impunemente por todo el colegio, disfrutando de lo lindo mientras se lo restregaba en las narices a la profesora McGonagall. Ginny también comentó lo asquerosa que le pareciera la actitud de Percy, caminando detrás de Umbrige todo el rato y halagándola continuamente. Mientras comían Harry vio como Dean Thomas les miraba de vez en cuando con disimulo, parecía contrariado y poco después se levantó y salió del comedor con cara de pocos amigos.
Antes de que terminaran de comer Neville se despidió y se marchó a toda prisa murmurando algo sobre una redacción sin acabar. Poco después Harry, Ginny, Ron y Hermione se levantaron y salieron del Gran Salón. Al pasar delante de la mesa de Slytherin, Harry se dio cuenta de que Crabbe y Goyle, los matones de Malfoy, no habían vuelto al colegio, seguramente sin Malfoy dándoles órdenes no habrían sido capaces ni de subirse al expreso de Hogwarts. Cuando pasaron ante la mesa de Ravenclaw, Luna Lovegood les saludó de un modo bastante efusivo y ellos se detuvieron un momento. Harry lamentó de veras no tener un poco más de tiempo para charlar con ella pero tenían cosas más urgentes que hacer.
Estaban cruzando la puerta del Gran Salón cuando se toparon con Percy, literalmente, y que él y Ron casi se chocaron. Ron se puso muy tenso y se estiró tanto que ganó varios centímetros. Percy, también muy tieso, se paró frente a Ron y los saludó en tono formal.
- Hola. Bienvenidos a Hogwarts, la directora McGonagall me ha dicho que hoy estaríais de visita.
Ron no contestó, solo le miró de forma desafiante. Los dos permanecían erguidos, uno frente al otro, impidiendo la entrada o la salida del Gran Salón.
Percy decidió ignorar la evidencia de que toda la sangre de su hermano pequeño se agolpaba en sus orejas, que estaban peligrosamente rojas, y fingiendo no darse cuenta de la tensión que se respiraba en el ambiente volvió a hablar con el mismo tono formal que usaría con alguien prácticamente desconocido.
- Pronto comenzará mi clase con los de séptimo, si vosotros queréis asistir para mí sería un placer veros allí.
- Estamos ocupados, - le espetó Ron mirándole con desprecio – tenemos mejores cosas que hacer que asistir a tus clases. Adiós.
Ron echó a caminar a grandes zancadas dejando a Percy con la palabra en la boca, iba tan enojado que hablaba consigo mismo, mientras Harry, Ginny y Hermione echaban a andar tras él intentado alcanzarle.
- ¿Cómo puede tener tanta cara?, hablarnos como si nada cuando ni siquiera se ha disculpado por lo mal que nos lo ha hecho pasar, sobre todo a mamá. Debería haberle golpeado. Pensándolo bien… todavía estoy a tiempo.
Dio media vuelta y volvió sobre sus pasos, cruzándose con los demás que a duras penas podían seguir su ritmo, pero Hermione le sujetó por el brazo y le obligó a detenerse.
- Ron, no hagas tonterías. Si has podido contenerte hasta ahora seguro que puedes seguir haciéndolo. Además, Percy es un profesor.
Ron se paró en medio del pasillo y miró a Hermione sorprendido, como si no supiera que hacía ella en aquel lugar, aprovechando el momento de desconcierto por el que Ron atravesaba momentáneamente Hermione continúo hablando.
- Y además tenemos que ir a la biblioteca, es muy importante¿recuerdas? – dijo hablando muy despacio y recalcando las palabras mientras le miraba fijamente.
Hermione consiguió que la atención de Ron se centrara un poco, de modo que todavía de mal humor y con cara de pocos amigos asintió con la cabeza y dejó que Hermione tirara de él en dirección a la biblioteca.
- Yo no tengo clase ahora, subiré a la sala común a terminar una redacción para el profesor Flitwich – dijo Ginny mirando como Ron y Hermione se alejaban y echando a andar ella también. Pero antes de que se marchara Harry la detuvo.
- Espera Ginny, me gustaría hablar contigo. Nos vemos más tarde, - gritó Harry a Ron y Hermione, que ya se alejaban por el pasillo, - os buscaré en la biblioteca en cuanto termine… lo que tengo que hacer. – Añadió para asegurarse de que le comprendían.
- Estaremos esperándote allí - le contestó Hermione desde lejos.
Harry se llevó a Ginny a un pasillo apartado para asegurarse que nadie les interrumpía.
- He traído esto para ti – dijo sacando de debajo de su túnica un espejo que tendió a Ginny. – Es un espejo de doble sentido, yo tengo su pareja en Grimmauld Place, con ellos podremos hablar cuando queramos.
Harry estaba nervioso, sostenía el espejo en su mano, esperando que Ginny lo tomara aunque ella no hacía ningún ademán de cogerlo.
- Yo ya sé que tienes motivos para no querer comunicarte conmigo, pero me gustaría que si tienes algún problema… o si quieres decirme algo, lo uses. Solo tienes que pronunciar mi nombre y yo apareceré en el espejo. Es mucho más rápido y seguro que los polvos Flu o las lechuzas.
Harry miró con preocupación el espejo en su mano, temió que Ginny lo rechazara, al fin y al cabo había sido él quien la alejara de su vida¿por qué iba ella a aceptar ahora aquel lazo entre los dos?, sin embargo Harry deseaba de corazón que se quedara con el espejo.
- Si lo prefieres puedo darle el otro a Hermione – sugirió dubitativo.
Durante unos segundos que a Harry se le hicieron eternos Ginny le miró sin decir nada y al fin cogió el espejo que él le ofrecía. Harry suspiró aliviado y siguió hablando intentando que Ginny le comprendiera.
- Ginny, sabes que solo trato de mantenerte al margen por precaución, pero no quiero que te sientas sola. - Harry lamentó haber dicho eso¿cómo podía hacerle entender?, se estaba adentrado en un terreno pantanoso y a cada palabra se hundía peligrosamente en arenas movedizas. Cada vez con mayor inseguridad siguió tratando de explicarse. – No quiero decir que estés sola porque yo no estoy aquí, sé que eres muy popular y tienes muchos amigos en Hogwarts, pero si necesitas…
Aquello iba realmente mal, notó que empezaba a sudar pero no pudo seguir porque la pelirroja le interrumpió.
- Tranquilo, Harry –Ginny le sonrió. – Sé lo que querías decir, y no te preocupes por mí, si necesito hablar contigo usaré el espejo.
Una vez más Harry se sorprendió de lo bien que ella le comprendía, incluso cuando le costaba expresar lo que sentía. Ella le miró con expresión divertida.
- Y ahora ¿vas a contarme a qué has venido a Hogwarts?, aunque imagino que seguramente se trata de uno de esos asuntos supersecretos y peligrosísimos en los que siempre andas metido y en los que no debo inmiscuirme por mi seguridad – dijo en tono jocoso.
- Tal vez – contestó Harry evasivo.
- No esperaba menos de ti.
Totalmente serio Harry se sinceró que con ella y le explicó que habían ido a Hogwarts para registrar la Cámara de los Secretos. Inmediatamente Ginny dejó de bromear.
- La Cámara de los Secretos… - murmuró pensativa - creo que ni siquiera he vuelto por el baño de Myrtle la Llorona desde entonces. – Ginny fijó sus ojos castaños en los de Harry y habló con seguridad. – Iré contigo.
- ¡Ginny! – protestó Harry a modo de regaño.
Pero Ginny no estaba dispuesta a escuchar una negativa.
- ¡Vamos, Harry! no es peligroso. Ya no hay ningún basilisco, el diario está destruido, y ya no tengo once años – replicó con decisión.
Un segundo después su expresión cambió y le miró de modo suplicante, Harry se sintió incapaz de resistirse.
- Está bien – concedió de mala gana.
- Estupendo, - respondió Ginny emocionada y echó a correr hacia el tapiz que ocultaba el atajo hasta la torre de Gryffindor. – Nos vemos en el baño de las chicas.
- Espera¿adonde vas? – preguntó Harry.
- A por mi escoba, la necesitaremos para subir por la tubería. No es una Saeta de Fuego pero servirá.
Harry se alegró de haberle dicho a Ginny que podía acompañarle, él no había pensado en como subiría después por la tubería, al ver su cara Ginny lo adivinó inmediatamente y sonrió.
- No me digas que no lo habías pensado – dijo empleando un tono levemente burlón. - Sospecho que algunas de tus aventuras deben parte de su éxito a Hermione.
- Ni lo dudes – respondió Harry con una sonrisa – ella y Ron siempre me han ayudado mucho.
Habían llegado a la entrada del atajo y Ginny apartó el tapiz y se coló rauda tras el.
- Voy contigo – dijo Harry entrando tras ella - No sabía que tuvieras una escoba.
- Fred y George me la regalaron el verano pasado por mi cumpleaños, - explicó Ginny. - Después de que Ron, Hermione y tú os marcharais. Dijeron que alguien con mi talento para volar tenía que tener escoba propia pero sospecho que lo hicieron para animarme.
Harry prefirió no preguntarle porque los gemelos creían que ella necesitaba que la animaran. Por suerte Ginny volvió a hablar, impidiendo que se creara un silencio incómodo.
- De todas formas no he podido usarla demasiado, este año no hay Quiddich, y además de no dejarnos volar ni siquiera podemos salir del castillo – dijo con una mueca de disgusto.
- Lo sé. No me extraña que lo eches de menos, yo también lo hago. – Replicó Harry con un deje de amargura en la voz, la verdad es que empezaba a estar harto de su encierro en Grimmauld Place, hasta ese día no se había dado cuenta de lo muchísimo que añoraba la vida en Hogwarts, al menos tal como era antes de la muerte de Dumbledore.- Daría cualquier cosa por coger mi escoba y darme una vuelta por ahí fuera, aunque sea enero y esté todo nevado.
- ¿Por qué no has querido esperarme en los baños? – preguntó Ginny cambiando de tema.
- Sinceramente, prefiero no encontrarme con Myrtle si puedo evitarlo – respondió Harry.
Ginny le dedicó una mirada pícara que hizo que Harry sintiera mariposas en el estómago.
- ¿Todavía te acosa? – preguntó ella divertida. – La verdad, entiendo que se sienta atraída por ti – dijo mirándole a Harry el trasero con descaro – y desde luego tu tendencia a coquetear con la muerte seguro que es un incentivo para ella, pero tranquilo, estarás conmigo, yo te protegeré.
Los dos se echaron a reír. Estaban llegando a la salida del atajo, cerca de la entrada a la torre de Gryffindor, y de pronto el tapiz del fondo se abrió y apareció Dean Thomas, quien seguramente iba a su clase de Defensa contra las Artes Oscuras.
Harry recordó la vez que él y Ron sorprendieran a Ginny y Dean besándose en ese mismo pasillo. Los celos le hicieran desear hechizar a Dean pero ahora la situación se invertía y era Dean el que los miraba furioso, como si quisiera hechizarlos a dos. Contrariado por la complicidad que mostraban entre ellos dio media vuelta y sin decir una palabra volvió a desaparecer por donde había venido, dando un golpe al tapiz sin tratar de disimular su rabia.
- Hay quien no acepta un no por respuesta – dijo Ginny encogiéndose de hombros sin darle mucha importancia. – Como Myrtle, supongo.
Harry esperó a Ginny tras el tapiz mientras ella subía a su habitación para coger la escoba, no quería arriesgarse a entrar en la sala común y encontrarse con conocidos o viejos amigos que les retrasaran. Para eso ya tendrían tiempo más tarde, ahora estaba ansioso por bajar a la Cámara de los Secretos y descubrir si allí había algún Horrocrux. Cuando Ginny apareció con la escoba volvieron por el atajo hasta el segundo piso y entraron en el baño de las chicas. Por suerte el fantasma de Myrtle no estaba por allí.
Sin perder un momento Harry se acercó al lavabo que tenía una pequeña serpiente grabada en uno de los grifos y hablando en pársel susurró:
- Ábrete.
Como la vez anterior el grifo brilló con una luz blanca y comenzó a girar, el lavabo se hundió hasta desaparecer y dejar al descubierto una enorme tubería. Harry miró a Ginny.
- ¿Seguro que quieres venir? – preguntó.
- Por supuesto – respondió Ginny con firmeza mientras sujetaba su escoba con fuerza.
- Dame la escoba, yo bajaré primero.
Harry cogió la escoba de Ginny y se metió en la tubería. Se deslizó durante metros y metros, cayendo a toda velocidad. Cuando la tubería se volvió horizontal se preparó para la caída y aunque tambaleándose consiguió caer de pié y recuperar el equilibrio a tiempo para sostener a Ginny, que venía tras él.
Avanzaron por el pasillo de piedra hasta que se encontraron con el muro que Lockhart derribara por accidente, Ginny atravesó el agujero sin muchos problemas pero el cuerpo de Harry había sufrido muchos cambios en cinco años y tuvieron que retirar algunas piedras más para que pudiera pasar.
Pasaron junto a la enorme piel del basilisco y siguieron hasta encontrar la gruesa pared en la que había talladas dos serpientes entrelazadas.
A diferencia de la vez anterior la entrada a la Cámara estaba abierta. Ellos eran las últimas personas que estuvieran allí y después de la lucha con el basilisco y la destrucción del diario habían salido a toda velocidad sin preocuparse de cerrar las puertas a su paso.
Cuando se asomaron a la entrada de la sala percibieron un hedor insoportable de materia en descomposición, comenzaron a toser y tuvieron que apartarse de la entrada de la Cámara.
- Es por culpa del basilisco, un cuerpo tan grande descomponiéndose durante años en un lugar cerrado - dijo Harry – tendremos que hacer un encantamiento cascoburbuja si queremos entrar.
Momentos después los dos entraban franqueaban la entrada llevando unos cascos que les protegían de la atmósfera pútrida que se respiraba en la Cámara. Las columnas de piedra eran tan altas que se perdían en la oscuridad y Harry pensó que si tenían que registrar la sala centímetro a centímetro, igual que la mansión de los Ryddle, se harían viejos antes de terminar.
- Así que ésta es la Cámara de los Secretos – murmuró Ginny a su lado. – No sé cuantas veces habré estado aquí, pero no la recuerdo en absoluto.
Harry la observó, Ginny estaba de pie en la entrada de la Cámara, mirando todo a su alrededor, no parecía asustada, a Harry le dio la impresión de que solo sentía curiosidad. Ella siguió hablando.
- Todo lo que hice mientras me poseía es una enorme laguna en mi cerebro y lo que pasó cuando volví en mí y salimos de aquí apenas lo recuerdo de lo impresionada que estaba. Durante mucho tiempo me sentí culpable por lo que había pasado. Los pollos muertos, la sangre en las paredes, tanta gente en peligro…
- Solo tenías once años y tú también estuviste en peligro, Ginny, no deberías sentirte culpable. Ryddle tenía mucha facilidad para seducir a quien le convenía, su encanto resultaba irresistible para todo el mundo, incluso los profesores de Hogwarts le adoraban cuando estudió aquí.
- Lo sé, Dumbledore me lo explicó, pero a pesar de todo yo me sentía responsable de lo ocurrido.
- Nada se eso habría pasado si hubiéramos estado más pendientes de ti – dijo Harry en voz baja.
Ginny le miró.
- ¿Por eso me has traído el espejo? – preguntó.
Harry no necesitó contestar, solo la miró con ternura y ella le devolvió la mirada.
- Te lo agradezco Harry, pero creo que tienes otros muchos asuntos de los preocuparte. Yo estoy bien.
Harry la miró ensimismado, si no llevaran los dos un cascoburbuja la habría besado hasta quedarse sin aire.
- ¿Qué buscamos exactamente? – preguntó Ginny sacándole de sus pensamientos.
- La verdad es que ni yo mismo lo sé – confesó él – puede que sea una pequeña taza dorada con dos asas y el símbolo de Hufflepuff, aunque también puede ser cualquier otra cosa.
- Eso lo complica un poco – razonó Ginny.
- Tiene que ser algo simbólico, creo que cuando lo vea lo reconoceré.
Se adentraron en la Cámara e inevitablemente su mirada se fijó en el cuerpo del basilisco, muerto a los pies de la enorme estatua de Salazar Slytherin. Ginny se acercó y lo miró con una mezcla de asco y curiosidad, aunque el hedor persistía apenas quedaba nada del basilisco aparte de la piel, el tiempo y las ratas habían acabado con todo lo demás.
Junto a Ginny, Harry no miraba al basilisco, su atención estaba fija en un punto situado muy por encima de sus cabezas. Ginny también levantó la mirada y Harry señaló el lugar por el apareciera el basilisco, la boca de la enorme estatua que al igual que la entrada a la Cámara todavía permanecía abierta. En ese momento estuvo seguro de lo que tenía que hacer, era una suerte que Ginny hubiera traído su escoba.
- Nadie sabría como abrirla excepto Voldemort, - dijo montando sobre la escoba de Ginny y señalando la abertura en la estatua - si la Cámara de los Secretos esconde algo estará allí.
Dando una patada sobre el suelo de piedra Harry se elevó lentamente en la escoba.
- Sé que has sufrido caídas peores jugando al Quiddich, pero ten cuidado, Harry. – le advirtió ella.
Cuando Harry alcanzó la boca de Slytherin se puso de pie en equilibrio sobre la escoba y de un salto se introdujo por la abertura. Ginny le perdió de vista.
Harry se encontró en una habitación de piedra mucho más pequeña que la sala de la venía, al menos en esta habitación alcanzaba a ver el techo y todas las paredes. Ante él había una enorme rampa de piedra que descendía hasta el suelo, varios metros más abajo.
Sacó su varita y utilizándola para iluminarse descendió por la rampa que usaba el basilisco para alcanzar la salida, con una rápida mirada barrió toda la habitación. No había columnas, ni adornos de serpientes, solo suelo y paredes de piedra completamente lisa, tan lisa y suave que al tacto la habitación parecía construida con enormes cantos rodados.
Lo único que adornaba aquella sala era una enorme serpiente que formaba una S ocupando prácticamente toda la pared del fondo. La marca de Slytherin. Harry se aproximó y la miró de cerca, a simple vista no se apreciaba en ella nada particular pero él sabía que no podía fiarse de eso.
La examinó cuidadosamente, pasando la mano sobre la piedra lisa en busca de algún rastro de magia. De pronto le pareció observar un pequeño destello a unos dos metros sobre su cabeza, aproximadamente sobre la mitad de la letra S. Acercó todo lo que pudo su varita para iluminarse mejor y buscó la causa del destello. Allí había algo del mismo color grisáceo que la piedra, solo que no era de piedra. A la luz de la varita Harry distinguió lo que era, una pequeña calavera, del tamaño de su mano aproximadamente, con la boca abierta y una serpiente saliendo de ella. La firma de Lord Voldemort. La marca tenebrosa, labrada en una plata vieja cuyo color se confundía con el gris de la piedra.
Preguntándose a sí mismo si funcionaría algo tan sencillo pero pensando que por probar no perdía nada Harry levantó su varita y pronunció un conjuro.
- Accio Marca Tenebrosa.
La Marca Tenebrosa se desprendió de la pared y se posó con suavidad en la palma de su mano.
