CAPÍTULO 18: El plan

-¿Has averiguado algo?

Bill no acababa de acostumbrarse al interrogatorio al que le sometían cada vez que se asomaba por Grimmauld Place. Aunque esta vez esperaba que fuera una de las últimas.

- Será complicado – advirtió mirando al trío con seriedad.

- Entonces ya sabes cuales son las medidas de seguridad que la protegen. – Dijo Harry incapaz de contenerse, en un tono más propio de una afirmación que de una pregunta.

- Si. – Afirmó Bill lacónicamente y se sentó mientras los chicos lo imitaban mirándole expectantes, esperando que continuara hablando. – En primer lugar deberéis contratar una cámara de alta seguridad, y tendréis que ingeniároslas para que os den una cercana a la Ryddle, esa será la única manera de conseguir que un duende os acompañe hasta el pasillo indicado.

- No creo que eso sea un problema – dijo Harry tratando de apremiar a Bill para que desvelara más detalles.

- Solo permiten a dos personas subir al vagón con el duende, sin embargo necesitaréis ir los tres, así que supongo que uno deberá usar la capa invisible para colarse sin que le vean.

- Lo hemos hecho miles de veces – afirmó Ron con impaciencia.

- Las cámaras de alta seguridad están en las galerías más profundas, os espera un largo viaje por túneles que solo los duendes conocen, en la entrada de las galerías de máxima seguridad hay hechizos y maldiciones muy peligrosas y también habrá otras en cada tramo de túnel que recorráis. En principio será el duende quien las deshaga pero volverán a activarse automáticamente a los treinta segundos, de modo que tendréis que aprender a desactivarlas para poder salir.

- ¿Sabes que hechizos y maldiciones serán? ¿Podrás enseñárnoslas? – preguntó Hermione con un deje de ansiedad en la voz.

- Sí, - respondió Bill con calma - eso forma parte de mi trabajo y sé exactamente que es lo que os encontraréis y lo que tendréis que hacer. Es complicado aprender a deshacer esos hechizos porque se trata de una magia muy especializada, pero os he visto aprender cosas más difíciles que esas.

Bill hizo una pausa antes de continuar explicando a los chicos lo que deberían hacer.

- Cuando lleguéis a las cámaras tendréis que dejar al duende fuera de combate, - en ese momento desvió la mirada y se revolvió en su silla, visiblemente incómodo con esa parte del plan ya que tendría que traicionar a la gente para la que trabajaba. No es que los duendes fueran unas criaturas muy agradables pero Bill disfrutaba con su trabajo y ellos siempre habían sido unos jefes justos, incluso se portaron con amabilidad cuando sufrió el ataque que le desfiguró.

- Te prometo que ellos nunca lo sabrán, Bill – le aseguró Harry que recordaba haber visto a algunos duendes en la ceremonia de la boda aunque luego no se quedaron al banquete. – Comprendo que es difícil pero no te lo pediríamos si no fuera necesario.

Bill asintió y continúo con los detalles de lo que había averiguado.

- Puede que sean pequeños pero son criaturas muy resistentes a la magia, tendréis que hechizarle los tres a la vez, procurad no fallar y tened en cuenta que el efecto no durará mucho. De todas formas lo que más me preocupa es vuestra seguridad, tendréis que usar el dedo del duende para abrir la puerta y detrás de ella es posible que os encontréis con otros obstáculos, como un troll de seguridad…

- ¿Un troll de seguridad? ¿nos tomas el pelo, Bill? – le interrumpió Ron despreocupadamente – incluso dormidos podríamos ocuparnos de varios de ellos.

Bill le miró muy serio y terminó su frase.

- … o muy probablemente un dragón.

- ¿Un… dragón? – preguntó Hermione palideciendo de repente.

- Creía que eso eran invenciones de Hagrid – dijo Harry pensativo, estrujándose el cerebro para encontrar la forma de burlar a un dragón encerrado en una mazmorra a cientos de metros bajo tierra. Habría muy poco espacio así que la idea de volar quedaba descartada y una conjuntivitis tampoco sería de gran ayuda porque aunque el dragón no les viera seguiría bloqueando la entrada de la cámara.

- Los duendes son muy cuidadosos, - explicó el mayor de los Weasley – guardan sus medidas de seguridad bajo el mayor secreto pero sospecho que es muy posible que tengan dragones en las cámaras de máxima seguridad. Con eso no puedo ayudaros – concluyó levantándose de su asiento - tendréis que pedirle ayuda a Charlie.

- Si, claro, - dijo Ron irónicamente – tal y como está el correo me parece una idea fantástica esa de enviarle una lechuza y contarle que necesitamos su ayuda para asaltar una cámara de máxima seguridad en Gringots.

- ¿Todavía no lo sabéis? – preguntó Bill mirándole extrañado.

- ¿Saber qué? – preguntó Ron a su vez.

- Que a Charlie le han concedido un traslado, - explicó Bill sentándose de nuevo - la semana que viene ya estará viviendo en La Madriguera y la próxima se incorporará a su nuevo puesto.

Como los chicos no parecían repuestos de la sorpresa inicial y tardaban en reaccionar Bill consideró que debía darles algo más de información.

- No puedo creer que nadie os lo haya contado aún, - comentó Bill sorprendido - viene para hacerse cargo de la colonia de galeses verdes que han encontrado hace poco, son los últimos en libertad y quieren crear un espacio protegido para ellos.

- ¿Y porqué nadie me lo ha contado? – preguntó Ron ofendido – seguro que soy el último de la familia en enterarme.

- No lo sé, Ron, lo cierto es que yo me enteré hace un par de días. Charlie dijo que no quería contar nada hasta que tuvo la certeza de que la plaza sería para él y quizás papá y mamá pretendían darte una sorpresa. De todas formas eso no tiene importancia ahora, tenéis otras cosas de las que preocuparos porque aunque logréis apañároslas con el dragón todavía tendríais que salir de los túneles sin la ayuda del duende, llegar arriba y conseguir que os dejaran abandonar el edificio, cosa que jamás harán sin el consentimiento de quien que os acompañó a la cámara, y no creo que esté muy dispuesto a colaborar, teniendo en cuenta que tendréis que dejarlo inconsciente.

- Bueno – dijo Harry sonriendo de forma optimista – gracias Bill, casi lo tenemos, solo hay que pulir unos detalles.

Bill le miró como si temiera que Harry estuviese perdiendo la razón pero prefirió no discutir más con ellos por el momento.

En las semanas siguientes trabajaron a un ritmo frenético, dejaron de lado el programa de enseñanza a distancia de Hogwarts y sus clases con los aurores, la única de sus actividades corrientes que no suspendieron fueron las prácticas de Legeremancia y Oclumancia, por lo demás se concentraron en aprender todo lo que Bill les enseñaba para burlar las medidas de seguridad de Gringots.

También pensaron que lo mejor sería contratar cuanto antes una cámara de máxima de seguridad, para lo que contaron con la ayuda de Fleur, que les avisaría en cuanto quedara una cámara libre en el túnel en el que Ryddle tenía la suya. Debido a las extremas medidas de seguridad que las protegían los duendes no tenían demasiadas cámaras de máxima seguridad y casi todas estaban ya ocupadas así que con un poco de suerte les asignarían esa que ellos necesitaban.

Mientras no conseguían la cámara practicaron hechizos para transformar su apariencia, no podrían lograr gran cosa pero pretendían al menos poder ocultar aquellos rasgos más característicos de sí mismos. Después de unos cuantos intentos Harry consiguió hacer desaparecer su cicatriz y cambiar el color negro de su pelo por un tono castaño. Se veía un poco raro y tenía el inconveniente de que su cara solía aparecer en la portada de los periódicos, pero con un poco de suerte pasaría desapercibido para alguien que no le conociera bien.

Ron se quitó las pecas y se cambió el pelirrojo por un color rubio que combinaba bien con su tono de piel. Era un tono tan claro que, al verle, Harry y Hermione no pudieron contener una carcajada y Ron corrió a mirarse en un espejo dedicándoles una mirada entre la curiosidad y la furia. Se observó durante unos segundos absolutamente perplejo, no era que le quedara mal pero su pelo rojo era algo tan propio de él que le costó reconocerse. No parecía la misma persona aunque , pensándolo bien, como eso era precisamente lo que pretendían, terminó por sonreír satisfecho a su reflejo en el espejo.

Hermione eligió un color negro para el pelo y las cejas y unos ojos de un azul intenso que llamaban mucho la atención, así sería lo primero que cualquier desconocido recordaría de ella. Los hechizos con los que habían hecho los cambios no durarían demasiado tiempo pero sí el suficiente para entrar y salir de Gringots sin ser reconocidos.

Pero todavía quedaba por resolver una parte del plan que era preocupante, enfrentarse a un dragón no sería tan sencillo como cambiar el color del pelo. En cuanto Charlie se incorporó a su nuevo puesto fueron a visitarle fingiendo un enorme interés por los dragones. En un primer momento, antes de conocer sus intenciones, les recibió en la colonia de galeses verdes con los brazos abiertos, les hizo una visita guiada y les habló sobre dragones con un entusiasmo que pocas veces le habían visto.

- Son criaturas maravillosas – les dijo – en realidad todavía hay muchísimas cosas que desconocemos acerca de ellos, porque como veréis no son lo que se puede llamar amistosos, pero se cree que aunque no poseen poderes mágicos por sí mismos son capaces de canalizar la magia.

- ¿Canalizar la magia? – preguntó Ron, que jamás había oído a su hermano hablar de tal cosa.

- Sí. A veces, cuando están casi inconscientes, si les tocas puedes notar como tus poderes aumentan. Es una sensación muy débil pero real, yo lo he sentido.

- Mejor que Hagrid nunca se entere de esto – murmuro Harry.

- No conocemos ni el diez por ciento de su potencial, - continúo Charlie ignorando el comentario sobre Hagrid - solo nos limitamos a aprovechar las propiedades mágicas de su piel, su sangre o sus nervios, pero imaginad lo que se podría hacer si fueran dóciles. Hay quien dice que son capaces de cosas extraordinarias, como por ejemplo aparecerse incluso en un lugar que cuente con protecciones, como Hogwarts, pero nunca por sí mismos, solo si canalizan los poderes un mago o bruja.

Ron le dirigió a Charlie una mirada escéptica.

- ¿Y quién va a ser el loco que se monte sobre uno para hacer la prueba?

- Bueno existe un caso documentado, aunque lo cierto es que es muy antiguo.

- Es imposible, – afirmó Hermione incrédula – nadie se atrevería a hacer algo así.

- El caso del que os hablo es el de un viejo mago rumano que vivió hace cientos de años, los documentos narran el testimonio de muchas personas de su época y afirman que tenía un dragón al que dominaba con solo mirarlo a los ojos. Todos los magos de Rumanía conocen esta historia, tengo entendido que es tan famosa que en ciertas zonas del país incluso ha llegado a oídos de algunos muggles.

- Eso son leyendas – sentenció Ron convencido – me extraña que creas esas historias Charlie.

- Sé que suena raro, - se excusó Charlie - pero he pasado mucho tiempo con ellos y os digo que son criaturas excepcionales.

Al cabo de un rato los chicos le contaron a Charlie el verdadero motivo de su visita y entonces la conversación cambió radicalmente. En un tono mucho menos amistoso Charlie trató de disuadirlos de todas las formas posibles pero los tres amigos acabaron por darle un ultimátum.

- Lo haremos igualmente, Charlie – le dijo Ron a su hermano con firmeza en un tono de voz que no dejaba el mínimo atisbo de duda. - Lo tenemos todo planeado, nos presentaremos en Gringots y llegaremos hasta la cámara, si allí nos encontramos a un dragón trataremos de aturdirlo como podamos, aunque sinceramente creo que tendremos más posibilidades si nos enseñas algunos trucos y nos ayudas a practicar.

Charlie no contestó inmediatamente pero en los días siguientes accedió a regañadientes después de que Bill le convenciera de que los chicos hablaban en serio y serían capaces de enfrentarse al dragón sin ninguna clase de ayuda. Dándose por vencido Charlie les explicó que lo primero que deberían aprender sería a conjurar un escudo lo suficientemente potente como para protegerse de las llamas y que hasta que supieran hacerlo no tendría sentido que aprendieran nada más.

A principios de Marzo consideraron que estaban listos, Bill les había enseñado a desactivar todos los hechizos y maldiciones de seguridad y habían estado practicando hasta conjurar unos escudos potentes, muy parecidos al que Harry le había visto a Voldemort cuando se enfrentó con Dumbledore en el atrio del Ministerio. Además Fleur les mandó el aviso de que había una cámara libre junto a la de Ryddle y ya la tenían contratada.

Ron y Hermione se hicieron pasar por recién casados y la contrataron bajo un nombre falso. La misión resultó ser un éxito total, nadie descubrió su verdadera identidad y ni siquiera sospecharon de la presencia de Harry en el vagón, oculto bajo la capa de invisibilidad. Sabían que después del asalto registrarían la cámara, así que depositaron en ella una carta en la que se disculpaban por las molestias ocasionadas y un cofre lleno de galeones para cubrir los daños que pudieran causar.

Después de aquella primera incursión en Gringots revisaron el recorrido del vagón docenas de veces en el pensadero hasta que consiguieron trazar un mapa exacto de las galerías subterráneas por las que tendrían que pasar para alcanzar la salida.

Una vez conseguido el plano solo quedaban dos cabos sueltos, el dragón y la autorización del duende. Hasta entonces pensaban que con un poco de suerte tal vez no existiera ningún dragón y que solo sería un rumor propagado por los propios duendes para disuadir a posibles ladrones, pero desde que contrataran su cámara y comprobaran por sí mismos que entre las dos puertas de seguridad había una habitación grande, vacía y con las paredes chamuscadas ya no albergaban ninguna esperanza de entrar en la cámara de Ryddle sin antes encontrarse con un terrible dragón.

Para enfrentarse al dragón recibieron clases especiales con Charlie, él todavía pensaba que aquello era una locura ya que solo serían tres para hacerle frente.

- Nosotros solemos ser seis, siete o incluso ocho para encargarnos de cada dragón, y nunca, nunca, menos de cinco. – Les explicaba con semblante preocupado tratando que entrasen en razón.

- Pues entonces tendrás que entrenarnos muy bien. – Le contestó Harry como si fuera lo más obvio del mundo.

Charlie suspiró resignado.

- Lo mejor será que empecéis causándole una conjuntivitis, así no podrá ver lo que hacéis, aunque no creo que os sirva de mucho porque seguramente el espacio en el que os enfrentéis a él será muy reducido y lo defenderá a pesar de que no pueda veros.

En poco tiempo los tres dominaban el encantamiento para causarle una conjuntivitis al dragón, aunque aprender a aturdirlos les llevó un poco más. Exigía una gran concentración porque tendrían que hacerlo con mayor potencia de la normal y sobre todo muchísima coordinación para que los tres hechizos alcanzaran la cabeza del dragón a la vez, de otro modo solo conseguirían enfurecerlo. A pesar de que a Charlie no le hacía ninguna gracia lo preparó todo para que pudieran practicar con un galés verde adulto, aunque debían tener mucho cuidado, además de intentar no resultar heridos tenían que procurar que nadie les descubriera o Charlie perdería su trabajo.

Ahora que parecía que lo tenían todo previsto solo les faltaba aprender una cosa más para poder llevar a cabo su plan, necesitaban dominar la maldición imperius para que su duende acompañante les diera el visto bueno que les permitiría salir del banco. Sin embargo dominar bien esa maldición no era fácil y solo conocían a una persona que tal vez estuviera dispuesta a enseñarles, tendrían que recurrir de nuevo a Ojoloco Moody y confiar en que él los ayudase.