CAPÍTULO 19: El asalto a Gringots
A finales de Marzo Harry, Ron y Hermione consideraron que ya estaban preparados para llevar a cabo su plan. Eran capaces de entrar en el banco sin ser reconocidos, sabían como sortear los hechizos de seguridad, podían aturdir a un ejemplar adulto de galés verde común y, aunque nadie más lo sabía, Moddy les había enseñado a realizar la maldición Iimperius.
Incluso tenían un plan de emergencia por si los duendes eran demasiado resistentes a la maldición Iimperius, cosa que desconocían por completo.
Si el duende se negaba a plegarse a su voluntad tendrían que dejarle inconsciente, desilusionarse y subir en el vagón utilizando el plano que habían trazado en sus incursiones al pensadero.
El problema era que al llegar a la superficie los demás duendes darían la voz de alarma y la salida quedaría automáticamente bloqueada. Bill les había conseguido un plano que mostraba unos conductos antiguos que se comunicaban con el exterior y en los que las medidas de seguridad eran menores, el punto débil de este plan de escape era que no sabían cuánto tiempo tardarían los duendes en bloquear los conductos así que tendrían que ser muy rápidos. No es que se sintieran muy orgullosos de su plan B pero francamente esperaban no tener que utilizarlo.
Como querían que todos los que les ayudaran, en especial Fleur y Bill, se vieran lo menos involucrados posible decidieron no compartir con nadie los detalles de su plan y no avisarles tampoco de la fecha en la que lo llevarían a cabo.
En principio preferían hacerlo a primera hora de la mañana porque normalmente era la hora de más afluencia y cuantos más clientes, más fácil les resultaría pasar desapercibidos, pero no pudieron porque el reglamento de Gringots les obligaba a avisar con tres horas de antelación antes de visitar una cámara de máxima seguridad, sin duda para poder retirar al dragón que la custodiaba antes de que llegaran los clientes.
Al final decidieron hacerlo por la tarde porque Fleur les había dicho que desde la llegada de la primavera muchas personas se pasaban por el banco al salir de sus trabajos aprovechando que anochecía más tarde.
El día del asalto amaneció despejado, lucía un tímido sol primaveral y las temperaturas habían subido mucho en los últimos días, aunque Harry, Ron y Hermione se hallaban en un estado de ánimo que los incapacitaba para apreciar la belleza del día.
Para calmar los nervios pasaron toda la mañana repasando el plan y practicando coordinación. El éxito de la misión dependía de que lograran hechizar los tres al dragón al mismo tiempo.
A la hora del almuerzo enviaron a Pigwigeon con la solicitud para abrir su cámara y una clave secreta hechizada que les habían dado en el banco, después se sentaron a comer, pero ni siquiera Ron probó bocado, estaban muy nerviosos, no solo por el peligro al que se enfrentarían, o la posibilidad de acabar en Azkaban, lo que más les inquietaba era la certeza de que, aunque lo lograran, cuando trascendiera la noticia del asalto Voldemort sabría que iban tras sus Horrocruxes y tendrían que iniciar una carrera frenética para destruir a Nagini y luego al propio Lord Voldemort cuanto antes.
Poco antes de salir transformaron su apariencia como lo habían hecho otras veces, incluso Harry lo hizo por si acaso. Iba a estar casi todo el tiempo bajo la capa de invisibilidad y además iba a desilusionarse pero le pareció que no estaba de más tomar precauciones por si surgía algún imprevisto, incluso se desilusionó por si acaso alguien tropezaba con él o al bajar en el vagón a toda velocidad se le movía la capa.
Cuando llegó la hora Harry se puso su capa y salió con Ron y Hermione al exterior, a una tarde que más propia del verano que de principios de primavera, buscaron un lugar apartado y solitario para desaparecerse sin ser vistos y se aparecieron en el callejón Diagón, muy cerca de la fachada de mármol blanco de Gringots.
Armándose de valor entraron en el banco para intentar lo que nadie había conseguido nunca, asaltar una cámara de máxima seguridad en Gringots.
Ron y Hermione se dirigieron al mostrador principal, estaban temblando por dentro pero lo disimularon muy biendesde luego no lo parecía, a Harry, que procuró mantenerse lo más pegado a ellos que pudo, le pareció que actuaban con mucha naturalidad. Informaron al duende que les atendió de que querían visitar su cámara de máxima de seguridad, le dijeron el número y le dieron otra clave secreta, también protegida por un hechizo. El duende comprobó que la clave y envió a otro duende a asegurarse de que habían recibido la lechuza con la solicitud a tiempo y ya estaba todo listo para que pudieran visitar su la cámara.
A los chicos les latía el corazón a toda velocidad, estaban deseando que comenzara la acción para poder actuar, preferían enfrentarse al dragón que estar parados ante aquel mostrador esperando que los duendes terminaran de comprobar todos los trámites.
Al fin, después de lo que les pareció una eternidad, el apareció de nuevo el segundo duende volvió de nuevo diciendo que todo estaba correcto y que él mismo les acompañaría. Harry ahogó un suspiro de alivio y siguió a Ron y Hermione que ya echaran a andar tras el duende hacia el túnel de piedra en el que montarían en el vagón.
Cuando llegó el vagón el duende montó solo en el asiento delantero y Ron y Hermione se acomodaron muy juntos en el asiento de atrás. Tal y como hiciera la vez anterior Harry se sentó al lado de Hermione, los carritos eran muy anchos y seguramente podría sentarse junto al duende sin que él lo notase pero desde atrás sería más fácil aturdirle.
Ahora que se acercaba el momento de la verdad Harry se sentía excitado pero mucho menos nervioso que antes, apenas si notabsentía el viento frío que le golpeaba la cara. En un viaje que se le hizo interminable recorrieron a toda velocidad metros y metros de túneles subterráneos. Las cámaras de máxima seguridad estaban a una profundidad mucho mayor que las ordinarias y aunque no era la primera vez que bajaban el viaje se les hizo infinitamente más largo que la vez anterior.
Cuando el vagón comenzó a aminorar la velocidad los tres agarraron con disimulo sus varitas bajo las túnicas, preparándose para actuar. Un momento después, antes de que el vagón se detuviera, Hermione daba un ligero codazo a cada uno de los chicos sentados a su lado y tres rayos alcanzaban la nuca del duende, que caía desplomado sobre el asiento del vagón.
Casi en el mismo instante el vagón se detuvo por completo y Harry saltó con agilidad a la cornisa de piedra a toda velocidad. Mientras Hermione y Ron le seguían se acercó a la apartesiento delantera del vagóno donde el duende permanecía tumbado en el asiento aunque de vez en cuando se movía ligeramentemoviéndose ligeramente.
- Le hemos alcanzado los tres a la vez y todavía y no está inconsciente – dijo Harry sorprendido mientras se quitaba la capa invisible y la guardaba en un bolsillo de su túnica.
- No puedo creerlo. – Ron se acercó a mirar y tropezó con Harry, que casi acaba en el suelo. – Lo siento Harry, no te he visto, aquí no hay mucha luz – se disculpó el pelirrojo..
- Será mejor que deshaga el encantamiento desilusionador . – murmurPensó Harry en voz bajalta, y en un momento estaba visible de nuevo.
- Chicos, tenemos que darnos prisa. – Apremió Hermione a sus amigos que seguían parados en la cornisa mirando al duende. – Algo me dice que no tendremos mucho tiempo.
- No podemos dejarle así, mírale como se mueve. – Objetó Ron.
- ¿No pretenderás hechizarle otra vez? – Preguntó Hermione dedicándole una mirada severa a su novio – Le hemos enviado tres hechizos capaces de dejar inconsciente a un dragón, si lo repetimos puede ser peligroso.
- Pero Ron tiene razón, - terció Harry – necesitamos tiempo para deshacernos del dragón y registrar la cámara. El hechizo no durará tanto.
- Harry, - protestó Hermione – ¿recuerdas la noche que Umbridge trató de detener a Hagrid?, la profesora McGonagall resultó herida y estuvo ingresada una temporada en San Mungo por mucho menos. A saber el efecto que seis hechizos podrían causarle a una criatura tan pequeña.
- No demasiado a juzgar por como se mueve. – Dijo Ron señalando al duende con su varita.
Hermione abrió la boca para protestar pero a la vez dirigió no pudo evitar dirigir unasu mirada hacia donde apuntaba la varita de Ron y las palabras no llegaron a salir de sus labios, era cierto que el duende se revolvía demasiado. Aceptando que no podían permitirse el lujo de correr ese riesgo levantó su varita y también lo apuntó apuntó al duende con ella. De nuevo tres rayos le alcanzaron de plenoalcanzaron al duende yque estaá vez quedó tendido totalmente inconsciente.
- Espero que esto no tenga consecuencias. – Murmuró Hermione mirándole apenada.
- En principio tendrá la consecuencia de que si nos pillan iremos directos a Azkaban. – Respondió Dijo Ron mientras hacía un conjuro levitatorio y sacaba al duende del vagón.
Estaban justo ante la cámara de Ron y Hermione, afortunadamente la cámara de Ryddle estaba muy cerca porque era la siguiente, unos metros más allá Harry ya estaba parado ante la puerta, que al igual que la cámara setecientos trece no tenía cerradura, el número 1926 estaba escrito en una losa situada sobre el arco de la puerta.
Cuando Ron se detuvo al llegaró a donde estaba Harry se detuvo. Sabían que tras aquella puertaallí estaba el dragón y el hecho de que necesitaran repetir el hechizo con un simple duende no ayudaba a darles confianza en sí mismos.
- Tenemos que concentrarnos todo lo que podamos, necesitamos que sean hechizos muy potentes. – Advirtió Harry a sus amigos.
Ron y Hermione tomaron posicionesón a un lado la izquierda de la puerta y Harry al otro la derecha, con mucho cuidado Harry acercó el dedo del duende a la puerta y esta desapareció.y la puerta se deshizo.
Permanecieron pegados a la pared,d de piedra , quietos como estatuas mientras Harry posaba al duende en el suelo de piedra, a unos metros de la puerta. Del interior salió un sonido se oyó algo parecido a un bufido y un inconfundible ruido metálico.
- Está encadenado – pensó Harry. En silencio dirigió a Ron y Hermione una mirada interrogativa a la ambos contestaron con una leve inclinación de cabeza. A una señal de Harry los tres hicieron un rápido movimiento y se plantaron ante la puerta con sus varitas preparadas.
Tres rayos salieron disparados en dirección a la cabeza del dragón, que
El dragón no era un galés verde común, de hecho en la oscuridad de aquella mazmorra sería difícil determinar cual era su color, pero sin tiempo para pensar a Harry se le pasó por el cerebro la fugaz idea de que sería más difícil de aturdir que el dragón con el habían estado practicando.
Durante un segundo Durante el breve momento que los hechizos tardaron en alcanzarle el dragón les miró sorprendido, fijando en ellos sus extraños ojos sin pupila. Era una imagen temible y sin embargo Harry no pudo evitar pensar que a su manera resultaba hermoso. Fue solo un instante porque inmediatamente el dragón reaccionó y lanzó una llamarada que salió de su boca al mismo al mismo tiempo que caía desplomado y de la que los chicos se protegieron con un potente escudo que Hermione conjuró con gran rapidez.
- Me cuesta creer que lo hayamos logrado a la primera, sobre todo teniendo en cuenta que tuvimos que repetirlo con el duende. – Dijo Harry admirando al soberbio animal tendido ante él.
- Y que lo digas, – secundó Ron desde la puerta mientras usaba su varita para apagar algunas llamas que habían prendido en los bajos de su túnica – desde luego es increíble la resistencia que tienen los duendes, nunca lo hubiera pensado.
- Aquí está otra la puerta, - dijo Harry que ya había rodeado completamente al dragón para llegar al otro extremo de la mazmorra – necesitamos el dedo del duende para hacerla desaparecer.
Pero Hermione ya se acercaba a él trayendo al duende suspendido en el aire, de modo que la puerta despareció justo cuando Harry terminó la frase. Hermione posó al duende con suavidad junto a la puerta y entró en la cámara de Ryddle siguiendo a Harry. Con una mueca en la cara Ron rodeó al dragón aproximándose a él lo menos posible y entró en la cámara tras ellos.
La cámara de Ryddle era exactamente igual a la de Ron y Hermione, una enorme sala de desnuda y fría piedra, sin ninguna clase de ornamento.
A simple vista parecía vacía, solo se apreciaba un débil resplandor metálico al fondo. A toda velocidad Harry cruzó la estancia seguido por Ron y Hermione, pero lo único que descubrieron fue un pequeño montón de dinero, con algunos sickles y unos cuantos galeones, desde luego muy poca cosa incluso para tratarse de los ahorros de un joven mago que lleva poco tiempo trabajando como era Ryddle cuando la contrató.
Harry supuso que seguramente antes había más dinero en la cámara pero que los duendes retirarían periódicamente la cantidad asignada para cubrir el mantenimiento del alquiler de la cámara y año tras año los ahorros de Ryddle habían ido menguando.
Miró a su alrededor, a simple vista no había en la cámara nada más que aquello, de un manotazo deshizo el pequeño montón de dinero y las monedas rodaron por el suelo.
- Voldemort la habrá ocultado mejor, tiene que haber un escondite secreto por aquí - dijo mirando a Ron y Hermione.
Inmediatamente los tres empezaron a recorrer toda la estancia, revisando cada centímetro en busca de rastros de magia que ocultaran el escondite secreto, procuraban moverse aprisa porque no sabían cuanto tiempo harían efecto los hechizos aturdidores. Cuando terminaron los tres se miraron desconcertados.
- No es posible, tiene que estar aquí. – Afirmó Harry totalmente seguro de que se les escapaba algo.
De nuevo revisaron toda la habitación pero no encontraron ningún rastro de magia oculta.
- No hay nada Harry. – Dijo Ron caminando hacia el centro de la sala.
- Si lo hay. Está aquí, en alguna parte. Estoy seguro. – Insistía Harry.
- Tenemos que irnos, Harry. – Dijo Hermione situándose al lado de Ron.
- No podemos irnos sin la copa¿no lo entendéis? Mañana la noticia del asalto a esta cámara saldrá en El Profeta y Voldemort descubrirá nuestras intenciones. Localizarle a él y a la serpiente ya será bastante difícil, no puedo permitir que se entere antes de destruir la taza de Hufllepuff.
- Pero no está aquí, Harry. Por favor, tenemos que marcharnos antes de nos descubran. – Le imploró Hermione.
- ¡Sé que está aquí! – Gritó Harry comenzando a ponerse furioso. –Llevamos meses preparándonos para esto, tiene que estar aquí, – lo dijo como si aquello fuera una prueba irrefutable de que la copa estuviera en Gringots – además este es un buen escondite¿dónde más podría estar?
- Harry, los hechizos aturdidores no harán efecto mucho más tiempo. – Advirtió Ron.
- No me marcharé sin la copa. – Afirmó Harry con rotundidad, y dándoles la espalda a Ron y Hermione empezó a revisar las paredes por tercera vez.
- Harry, - Hermione cruzó la habitación y se encaró con él – la copa no está aquí y dejando que te atrapen y te lleven a Azkaban no conseguirás nada.
Harry la miró. Aunque se negaba a aceptar el hecho de que Voldemort estaría prevenido antes de que encontraran todos los Horrocruxes sabía que Hermione tenía razón, pero no pudo contestarle porque un sonido agudo y estridente que se escuchaba amplificado a lo largo de kilómetros y kilómetros de túneles de piedra le perforó los tímpanos.
El duende recuperara el conocimiento antes de lo que esperaban y de alguna manera había activado la alarma. Salieron a toda velocidad de la cámara y pasaron junto al cuerpo todavía inconsciente del dragón. Al salir de la mazmorra vieron como el duende se alejaba en el vagón a toda velocidad.
Se quedaron petrificados, tenían dos planes de fuga pero ambos dependían de ese vagón. Aunque llevaban con ellos el plano de los conductos abandonados y también el que habían trazado gracias al pensadero quien sabe cuantos días podría llevarles salir de los túneles. Eso sin contar con otras dificultades.
Antes de que pudieran reaccionar varios trolls de seguridad aparecieron por cada extremo del túnel en el que se encontraban. Los aturdieron con facilidad pero tras ellos venían muchos otros. Harry se preguntó asombrado de donde salían y como unos seres tan torpes eran capaces de llegar hasta allí con tanta rapidez. Ellos no temían a los trolls pero había demasiados como para poder escapar, aturdían a uno tras otro pero siempre llegaban más y se encontraban acorralados en la entrada de la cámara de Ryddle.
El hecho de luchar en un túnel les favorecía porque los trolls no podían acercarse demasiado, tenían que avanzar por un lugar estrecho en el que solo cabían dos o tres a la vez y de este modo Harry, Ron y Hermione podían deshacerse de ellos sin problemas pero aunque los trolls no podían atraparles les dejaban sin posibilidad de escapar, ganando tiempo hasta que los duendes llegaran con refuerzos.
En pocos minutos el túnel estaba abarrotado de cuerpos de trolls que se apiñaban por todas partes, en las cornisas de piedra y sobre los raíles. Los que iban llegando se veían obligados a pasar por encima de los caídos, pisándoles o arrastrándose sobre ellos, pero a pesar de todo avanzaban, les iban comiendo terreno.
El trío tuvo que retroceder un poco más, replegándose justo hasta la entrada de la mazmorra, Hermione había comenzado a lanzarles el hechizo incarcereus, con el que quedaban inmovilizados por gruesas cuerdas, porque algunos de los primeros que habían aturdido pronto comenzarían a desperezarse. Harry y Ron la imitaron.
Había varios trolls muy próximos a ella. Mientras enviaba un hechizo a uno especialmente grande otro más pequeño la alcanzó, se había ocultado tras el primero y así había conseguido acercarse más. No es que el troll organizara una estrategia, era demasiado estúpido para eso, simplemente era un tipo con suerte. Estirando el brazo consiguió coger la manga de la túnica de Hermione y tirando de ella la levantó en el aire.
Hermione intentó hechizarle mientras se bamboleaba suspendida a más de tres metros de altura pero la manga de su túnica se rasgó y ella cayó desde mucha altura. Ron le envió un hechizo levitatorio que evitó el fuerte golpe mientras Harry dejó al troll fuera de combate.
se concretaron todo lo posible y pronunciaron el hechizo,
Harry estaba entre sus dos amigos, justo ante la puerta de la mazmorra y notó como el dragón se revolvía inquieto a sus espaldas, de reojo le echó una mirada alarmada, recuperaría la consciencia de un momento a otro y entonces no habría nada que hacer, estarían perdidos, muertos o encerrados en Azkaban.
Ron y Hermione seguían luchando pero Harry sabía que no podrían resistir mucho más, no paraban de aparecer trolls y a los lejos se podía escuchar un estruendo que se acercaba acompañado de voces y gritos de lo que parecía una multitud. Pensó en pedir ayuda a Ron y Hermione para hechizar de nuevo al dragón pero entonces los trolls los atraparían.
Si los capturaban descubrirían que Bill, Fleur y Charlie los habían ayudado y eso les causaría problemas, en el mejor de los casos perderían sus empleos, aunque lo más probable es que acabaran con ellos en Azkaban.
El sonido de la alarma continuaba resonando por todas las galerías, atronándole el cerebro, impidiéndole pensar.
Lanzaba hechizos y maldiciones en todas direcciones, y había tantos trolls que siempre daba en el blanco, sin importar a donde apuntara. El dragón volvió a revolverse tras él, Harry sintió su cálido aliento en la espalda. El tiempo se agotaba, estaba a punto de despertarse… no podía aturdir al dragón él solo, no podía pedir ayuda.
De pronto recordó las palabras de Charlie y una idea cruzó su mente. Era absurda, si lo intentaba moriría sin duda pero no tenía otra opción. Jamás lograrían salir de aquellas galerías subterráneas y si los cogían nadie podría detener a Voldemort.
La batalla estaba perdida. No tenían escapatoria salvo que… era una medida desesperada pero es que estaba en una situación desesperada. Sin pensarlo giró sobre sus talones y entró en la mazmorra, oyó que Ron le gritaba algo pero Harry no comprendió sus palabras. Estaba decidido, su instinto le decía que lo intentara y eso iba a hacer.
Usando sus conocimientos de Oclumancia vació su mente por completo, al principio la dejó en blanco, libre de sus pensamientos, de sus recuerdos… pero luego fue más allá, a un escalón que no había explorado nunca, se vacío por completo de sus sentimientos, de todo.
Se olvidó de su miedo, de que si lo que estaba a punto de hacer no salía bien moriría calcinado, de que sus amigos se jugaban la vida a pocos metros de él. Se olvidó incluso de su deseo de que aquella loca empresa tuviera éxito. Y cuando estuvo vacío se concentró en una sola idea que proyectó hacia el dragón fijando su mirada en los gruesos párpados que estaban a punto de levantarse.
"Ayúdame, y te sacaré de aquí. "
No pasó nada y Harry repitió su petición.
"Ayúdame, y te sacaré de aquí. " "Ayúdame, y te sacaré de aquí. "…
El dragón abrió lentamente los ojos y los fijó en los de Harry.
Inmediatamente Harry supo que algo extrañoinimaginable estaba pasando, no sabía si aquello funcionaría o no, tal vez faltaba solo un segundo para que muriera abrasado por la llamarada de un violento dragón, pero estaba absolutamente seguro de que el dragón le comprendía, de que se había establecidoue ahora había una vínculo conexión entre él y aquel animalentre los dos..
El animal estaba todavía algo aturdido, Harry esperó, repitiendo el mensaje una y otra vez en su mente, hasta que lo percibió… el dragón estaba dudando.
"¿No echas de menos el aire libre¿volar? Te llevaré al exterior, a un lugar donde hay otros dragones, viviendo en libertad."
Lo que ahora percibía era un profundo dolor.
"Puedo mostrártelo."
Al otro lado de la pared de piedra continuaba el agudo y penetrante ruido de la alarma conectada por el duende y los sonidos de la batalla pero Harry y el dragón parecían aislados en su propia e inexistente burbuja, en aquel momento no había nada aparte de ellos, ni Ron, ni Hermione, ni la lucha, ni ninguna otra cosa salvo la conexión entre los dos.
Concentrándose Harry proyectó en su mente imágenes de la colonia de Charlie, imágenes de dragones, adultos y crías, volando libremente sobre las verdes montañas galesas.
El dolor se transformó en sufrimiento, Harry pudo sentirlo casi como si fuera propio.
"Te prometo que te llevaré allí. ¿De acuerdo?"
Harry captó su consentimiento y se acercó hasta acariciarle el morro, sintiéndose seguro de que no le ocurriría nada rompió el contacto visual y apuntando con su varita a la pata del dragón le liberó de los grilletes que le retenían y trepó hasta montarse sobre él.
- ¡Ron, Hermione! Entrad¡rápido! – gritó tan fuerte como pudo para hacerse oír por encima del estruendo.
Ron y Hermione llegaron a toda prisa, estaban de espaldas a Harry pues entraron marcha atrás sin dejar de lanzar conjuros y hechizos. Girando el cuello los dos echaron a la vez una rápida mirada al interior de la mazmorra para ver que era lo que Harry quería y se quedaron con la boca abierta.
- Harry…- murmuró Hermione incapaz de decir nada más pero retrocediendo hasta chocar contra la pared.
- Subid, rápido – les apremió Harry – nos vamos de aquí.
Un troll apareció en la puerta y el dragón aprovechó el hueco entre Ron y Hermione para lanzarle una débil llamarada de advertencia. Ron dio un respingo.
- ¡Vamos! – Chilló Harry.
Sin saber muy bien lo que hacían Ron y Hermione escalaron por el cuerpo del dragón y se acomodaron detrás de Harry.
- Agarraos con fuerza. – Les advirtió Harry.
Se escuchó el sonido de una fuerte explosión y súbitamente la mazmorra quedó vacía, instantes después tres jóvenes montados sobre un dragón nacarado sobrevolaban un bonito valle situado en las montañas galesas.
Ron y Hermione, con la cara desencajada, se sostenían como podían. Estaban tan impresionados que no eran capaces de decir nada, solo emitían algún grito ahogado cada vez que el dragón, disfrutando de su recuperada libertad, hacía alguna pirueta en el aire.
Los reflejos de la luz del atardecer creaban destellos de colores en sus escamas, algunos dorados, otros más próximos al naranja. Si no estuvieran tan asustados podrían admirar su belleza. Montado sobre el dragón Harry sonreía satisfecho, sintiendo la brisa en la cara, apenas podía creer lo que estaba pasando. Habían conseguido escapar, y estaba volando de nuevo… montado sobre un dragón.
ooOOoo
Ya sé lo que estáis pensando, y no, no he leído el último libro, rr sin spoilers por favor.
La idea del dragón se me ocurrió un día que estaba terriblemente bloqueada. Como no podía escribir empecé a redactar un diálogo entre Voldemort y otro personaje que tendrá lugar casi al final y que llevaba días rondándome la cabeza. En ese fragmento Voldemort pone fin a la conversación de una forma un tanto brusca porque tiene prisa por marcharse. Entonces me encontré con que necesitaba un medio de transporte para nuestro Lord, y ya que hablamos de él no podía usar una escoba, tenía que ser algo más espectacular. Y lo vi claro: un dragón negro.
Después pensé que si el malísimo podía tener un dragón bien podía darle otro a Harry. Uno verde me pareció perfecto para él aunque al final prescindí del dragón verde cuando vi la preciosa portada de la edición de lujo.
