Empieza la acción, a partir de este punto el final se precipita pero como no tengo el fic terminado tocará esperar y leerlo poco a poco. De todas formas los capítulos 23, 24 y 25 están muy relacionados de modo que actualizaré cada pocos días para que nadie pierda el hilo. ¿No creéis que merezco al menos algún review?
CAPÍTULO 23: La batalla por Hogwarts
Después de la destruir la taza de Hufflepuff todos los temores y la ansiedad de Harry desaparecieron. Curiosamente ahora que estaba más cerca de la lucha final con Voldemort se sentía menos inquieto y más seguro de sí mismo. El hecho de haber sido capaz de localizar y destruir todos los Horrocruxes, excepto Nagini, demostraba que tal vez no estuviera todo perdido. Tras la muerte de Dumbledore, hacía casi un año, le habría parecido impensable que a estas alturas a Voldemort no le quedara más que un Horrocrux.
Ahora su siguiente paso era localizar el escondite de Voldemort. Tenía que llegar hasta allí y deshacerse de la serpiente antes de enfrentarse a él. En ocasiones pensaba que si Nagini ya estuviese muerta se pasearía en pleno día por el callejón Knockturn esperando encontrarse con algún mortífago pero mientras a Voldemort le quedase un Horrocrux no tenía más remedio que ser precavido.
En esta ocasión no sabía a quien acudir, a pesar de la palabra de Scrimgeour no quería pedir ayuda al Ministerio y dudaba mucho que aunque La Orden del Fénix supiera donde se encontraba Voldemort estuviesen dispuestos a decírselo sin más. Le conocían lo suficiente para saber que iría tras él y probablemente no lo permitirían. Tenía que encontrar otra manera pero no sabía cúal.
Estaba estrujándose el cerebro mientras terminaba de vestirse para bajar a desayunar cuando le sorprendió la voz de Ginny.
- ¡Harry Potter¿Estás ahí, Harry?. Por favor, por favor, contesta. – repetía la pelirroja con voz angustiada.
- ¿Ginny? – la llamó Harry mientras rebuscaba el espejo en su desordenada habitación.
- Date prisa, Harry¿Dónde estás? – proseguía Ginny su monólogo desde el espejo.
- Ya estoy aquí – contestó Harry rescatando su espejo de debajo de un libro de hechizos avanzados que Hermione le regalara la última navidad. - ¿Qué ocurre, Ginny?- preguntó preocupado.
- Los mortífagos han entrado en el castillo – explicó ella atropelladamente – hay muchos y se escucha un gran revuelo por todos lados. Nos han pedido que permanezcamos en la sala común pero montones de dementores rodean el colegio y Neville, Dean y los Creevey acaban de salir para ahuyentarlos, ahora mismo me voy con ellos.
- Ginny, ten cuidado – le previno Harry con el corazón en un puño.
- Lo tendré Harry, pero trae ayuda pronto no sé cuanto tiempo podremos resistir.
Harry miró consternado como la imagen de Ginny desaparecía del espejo y sacó su varita para invocar un patronus que avisara a los miembros de La Orden del ataque a Hogwarts mientras llamaba a gritos a Ron y Hermione. Los dos aparecieron casi instantáneamente en el marco de su puerta, Ron estaba a medio vestir y Hermione tenía las mejillas encendidas y llevaba el pelo mucho más revuelto de lo habitual.
Harry les contó lo que Ginny le explicara mientras buscaba en su baúl desesperadamente el Mapa del Merodeador, siempre tenía la capa invisible a mano pero hacía tantos meses que no usaba el mapa que a saber donde había ido a parar, seguramente estaría en el fondo, mezclado los libros que ya nunca miraba.
- ¿Podremos entrar en el colegio? – preguntó Ron preocupado por su hermana.
- No lo sé, respondió Harry. Ni siquiera sé como han entrado los mortífagos…
- Podríamos aparecernos con el dragón, eso ahuyentaría a los mortífagos – sugirió Ron.
- Es demasiado peligroso – objetó Harry – podría descontrolarse y herir a los alumnos. Tendremos que aparecernos en la entrada y una vez allí ya veremos.
Harry tenía el mapa en la mano y ya corría escaleras abajo seguido por Ron y Hermione, lo más aprisa posible buscaron un callejón apartado y se desaparecieron provocando un ruido bastante fuerte que asustó a un gato callejero que merodeaba por el callejón olisqueando los cubos de basura en busca de algo que comer.
Se aparecieron en la entrada del colegio, donde pudieron ver tirados junto al muro a dos aurores que no conocían, inconscientes, tal vez muertos, no se pararon a comprobarlo porque la necesidad de llegar al castillo les pareció más apremiante. La puerta estaba abierta y atravesaron corriendo los terrenos del colegio, a lo lejos veían los grandes portalones de madera que daban entrada al castillo abiertos de par en par.
Se detuvieron en la escalera de piedra y antes de entrar Harry desplegó el Mapa del Merodeador.
- Juro que mis intenciones no son buenas – farfulló a toda prisa temiendo lo que el mapa pudiera revelar.
El mapa mostró aproximadamente a una docena de mortífagos que se concentraban en los pisos superiores. Los alumnos permanecían encerrados en sus salas comunes y los profesores luchaban con los mortífagos de forma desordenada en pasillos y aulas. Harry buscó con desesperación el nombre de Ginny en el mapa. Lo encontró en un pasillo del séptimo piso, estaba acompañada por los Creevey, Neville y Dean Thomas, y se dirigían directamente al epicentro de la batalla. A Harry no le sorprendió, una vez más Ginny hacúa gala de la decisión que la caracterizaba en situaciones como aquella, sabía que no podía esperar de ella que volviera tranquilamente a la sala común después de ahuyentar a los dementores.
A su lado Hermione y Ron también miraban el mapa, estudiando la posición de los mortífagos.
- Si no llega ayuda pronto tal vez tomen el castillo – dijo Hermione interrumpiendo sus pensamientos.
- Si se hacen con el castillo todos los hijos de muggles estarán en peligro - replicó Ron con cara de preocupado.
- Hay que ponerles a salvo – Harry sabía que no tenían tiempo que perder, cada segundo podía resultar vital. – Tenemos que sacarles de aquí.
- Podemos utilizar los pasadizos secretos – sugirió Hermione.
- El que lleva a Honeydukes será perfecto, en el tercer piso no hay mortífagos - observó Harry. – Cuantos más pasadizos usemos antes desalojaremos el colegio, pero este está bloqueado – dijo señalando un punto del mapa y Snape conoce el que se oculta bajo el sauce boxeador.
En ese momento la atención de los tres se centró en la parte del mapa en la que se representaba el pasadizo, esperaban verlo infestado de mortífagos pero se equivocaron, estaba desierto. Los mortífagos no lo estaban utilizando. Harry recorrió con la vista el mapa a toda velocidad, buscando el nombre de Snape entre los atacantes del castillo pero no estaba. Si él no había participado en el plan el pasadizo sería ideal para desalojar a los alumnos de Slytherin y Hufflepuff que tenían sus salas comunes en la parte baja del castillo.
- Tenemos que buscar a Ginny y a los demás, y avisar a los profesores para que distraigan a los mortífagos mientras sacamos a los alumnos del castillo. – Dispuso Harry con decisión. – La parte baja del castillo todavía es segura, Hermione ve a las salas comunes de Hufflepuff y Slytherin y convence a los alumnos para que salgan. Os será fácil llegar hasta el sauce boxeador, y pídeles que dejen que los hijos de muggles entren primero en el pasadizo, ellos son los que corren mayor peligro.
Hermione asintió con la cabeza y echó a correr a toda velocidad por el pasillo que llevaba a las cocinas, aquel era el camino más corto para llegar a la sala de Hufflepuff. Harry comprendió que actuara de ese modo porque si el castillo caía en manos de Lord Voldemort los alumnos de Slytherin serían los que menos tuvieran que temer.
- Nosotros vamos a por los Gryffindor y Ravenclaw.
Llegaron rápidamente al segundo piso sin cruzarse con nadie y cogieron el atajo hasta la torre de Gryffindor, el atajo no era muy conocido y era la forma más rápida y segura de subir hasta la parte alta del castillo.
Cuando llegaron ante el cuadro de la señora gorda recordaron que no sabían la contraseña pero llamaron a los alumnos a gritos para que salieran, por suerte todos los Gryffindor les conocían bien y confiaron en ellos dejándose guiar por Ron que les llevó de nuevo a través del atajo. Los sonidos de la batalla seguían concentrándose de momento en el sexto y séptimo pisos, lo que significaba que los pisos bajos todavía estaban libres de mortífagos. Tras salir en el segundo piso Ron llevó a los Gryffindor escaleras arriba hasta el tercero, donde abrió la joroba de la bruja tuerta para que todos pudieran entrar en el pasadizo que los llevaría al sótano de Honeydukes.
Mientras, Harry corría a toda velocidad por un pasillo del séptimo piso. Dobló un recodo y de pronto se vio inmerso en la batalla. Prácticamente su lado la profesora Vector luchaba con Bellatrix Lestrange, que lanzaba maldiciones con su habitual expresión de maníaca. Al ver a Harry sus ojos se abrieron como platos y la profesora Vector aprovechó para lanzarle un hechizo paralizante que por poco la alcanza. Aunque contra su voluntad a Bellatrix no le quedó más remedio que centrarse en la batalla olvidándose temporalmente de Potter y Harry, a pesar del rencor que sentía hacia la asesina de Sirius, pasó de largo junto a ella porque acababa de ver como al fondo del pasillo una menuda pelirroja corría entre la multitud con la temeraria intención de arremeter con furia contra Greyback.
- Pero que tenemos aquí, - se mofó el licántropo – serás una excelente fierecilla cuando te transforme – dijo mirando con ansia la blanca y apetecible piel del cuello de Ginny mientras se relamía con satisfacción.
- Incarcereus – bramó Ginny con rabia y el hechizo casi rozó el hombro de Greyback, que la miró con una sonrisa amenazante abalanzándose sobre ella.
Harry todavía estaba demasiado lejos y supo que no llegaría a tiempo para ayudarla, lo tenía prácticamente encima. Echó un vistazo a su alrededor pero todos parecían demasiado ocupados como para darse cuenta. Ideas horribles atravesaron como un rayo por su cerebro mientras seguía corriendo a tanta velocidad como sus piernas le permitían, se la imaginó desfigurada como Bill, o algo peor.
- ¡Impedimenta! – Chilló Ginny reaccionando con rapidez, justo un segundo antes de que los colmillos de Greyback la rozasen. El hechizo hizo blanco esta vez y el licántropo salió disparado hacia atrás y cayó rodando por las escaleras quedando inconsciente en el descansillo.
- Ginny, - la llamó Harry con la respiración agitada al llegar junto a ella - tenemos que sacar a los alumnos de Raveclaw del castillo. Ron y Hermione ya se están encargando de las demás casas.
- Busca a Luna – le indicó Ginny mientras ella misma la buscaba con la mirada.
Luna Lovegood luchaba a unos cuantos metros de distancia con un mortífago más o menos de su edad que Harry no había visto nunca. Uno de sus hechizos le rozó la mejilla provocándole un corte que comenzó a sangrar abundantemente pero Luna no se amilanó, contraatacó velozmente y el chico cayó al suelo inconsciente.
Harry y Ginny se abrieron paso hasta ella esquivando los hechizos y maldiciones que todo el mundo lanzaba a su alrededor.
- Luna, tienes que llevarnos hasta la torre de Ravenclaw – gritó Ginny para hacerse oír por encima del estruendo.
Luna ni siquiera perdió tiempo en contestarles, echó a correr en dirección a la torre haciendo un gesto con la mano para que la siguieran. Mientras corría se llevó la varita a la cara y el profundo corte que le hiciera el mortífago dejó de sangrar.
Al llegar a la Torre Harry examinó el mapa mientras Luna entraba para avisar a sus compañeros. Vio a Ron que se dirigía nuevamente al atajo para subir hasta donde estaban ellos. En el tercer piso había muchos alumnos de Gryffindor y algunos nombres ya se movían por el pasadizo en dirección a Hogsmeade, también pudo ver a unos pocos nombres de Hufflepuff junto al sauce boxeador, la mayoría iban camino de la casa de los gritos. Cerca de las mazmorras Hermione buscaba la sala común de Slytherin pero se había pasado de largo, y pensó con preocupación que le resultaría casi imposible encontrarla, ya que ella nunca estuviera allí. Tenía que avisarla cuanto antes pero estaba en el piso más alto del castillo y no podía bajar hasta las mazmorras tan fácilmente, si pudiera aparecerse junto a ella… entonces cayó en la cuenta.
- ¡Kreacher! – gritó.
Se oyó un fuerte sonido y el elfo apareció a su lado.
- ¿El amo ha llamado a Kreacher? – preguntó haciendo un amago de reverencia en que apenas se inclinó.
- Quiero que te aparezcas en el pasillo que lleva a las mazmorras y conduzcas a Hermione Granger hasta la sala común de Slytherin. ¡Y quiero que lo hagas ya! – Gritó en tono autoritario, y para su sorpresa Kreacher se desapareció inmediatamente, sin protestar, sin quejarse, incluso sin insultar a Hermione como siempre hacía.
Harry se quedó de piedra ante la actitud de Kreacher y miró el mapa para asegurarse que todo iba bien, pero no era necesario, Krecher hizo lo que le había ordenado y Hermione ya se dirigía a toda velocidad en la dirección correcta.
Ahora tenía que buscar un pasadizo por el que evacuar a los Raveclaw.
- ¡Petrificus totalis! – gritó de pronto Ginny a su espalda. Un hechizo pasó sobre el hombro de Harry y al levantar la vista del mapa vio caer al suelo a Alecto, la mortífaga que atacara el castillo la noche de la muerte de Dumbledore, y que evidentemente, les había seguido.
- Gracias – murmuró girándose para mirar a la pelirroja.
- Ha sido un placer – contestó ella sin mirarle, todavía atenta por si aparecía algún otro mortífago.
Harry volvió a concentrarse en el mapa, había cuatro pasadizos que no utilizara nunca porque los gemelos le advirtieran que Filch los conocía. Esperaba que alguno de ellos fuera practicable y estuviera lo bastante cerca como para ser utilizado sin tener que atravesar el campo de batalla. Encontró uno en ese mismo piso, la entrada estaba oculta por una vieja armadura, bastante cerca de donde los profesores combatían con los mortífagos.
Aunque Luna no era la alumna de que su casa con más influencia sobre sus compañeros había convencido a los alumnos de Ravenclaw para que la siguiera, y comenzaban a salir a través del retrato con cara de asustados. Cuando todos estuvieron fuera Ginny amordazó y encerró en la torre a Alecto, que todavía estaba inconsciente, y Luna dio la contraseña al retrato para que no pudiera salir.
Harry los guió hasta la entrada del pasadizo tan aprisa como pudo advirtiéndoles por el camino que dejaran entrar primero a los hijos de muggles. Al llegar a la armadura dio un golpecito con su varita y murmuró.
- Dissendio.
La armadura se apartó dejando a la vista unas angostas escaleras de piedra, por suerte el túnel parecía practicable y los alumnos empezaron a descender por las escaleras de uno en uno. Harry los dejó con Ginny y Luna y volvió a la batalla.
La profesora Vector yacía en el suelo y Tonks había ocupado su lugar luchando con Bellatrix, por lo visto La Orden del Fénix ya acudiera al rescate. Flitwich peleaba con Amicus, el hermano de Alecto, y Neville se las veía con Greyback, que aunque estaba algo magullado por el enfrentamiento con Ginny había recuperado el conocimiento. Casi todos los profesores estaban allí, Harry distinguió a Percy, luchando con alguien a quien no pudo ver, e incluso a Slughorn, que por una vez había abandonado la comodidad de su despacho. No pudo ver con claridad quienes combatían pero parecía que estaban todos excepto McGonagall y Trelawney.
Entonces un pensamiento le golpeó como si uno de los rayos entre los que estaba inmerso le hubiera golpeado. ¡Trelawney!, si Voldemort todavía estaba interesado en la profecía la profesora corría un serio peligro.
Se retiró para echar una rápida ojeada al mapa. Trelawney no estaba en su torre y tampoco aparecía por ningún otro lugar. Tenía que estar escondida en la Sala de los Menesteres, el lugar menos seguro de todos ya que casi todos los mortífagos que estaban en el castillo lo conocían. Pero mientras miraba el mapa en busca de Trelawney Harry encontró un nombre que le llamó poderosamente la atención, un nombre de alguien que permanecía aislado, lejos de la batalla, caminando nerviosamente en círculos como un lobo enjaulado. Alguien que él podía resultarle muy útil… pero lo primero era encontrar a la profesora de Adivinación.
La Sala de los Menesteres estaba en ese mismo piso pero al otro lado del castillo, dispuesto a llegar hasta Trelawney se adentró de nuevo en la batalla y se encontró con Ron. Neville combatía con un mago de unos cincuenta años y ahora era Ron el que luchaba con Greyback. Antes de que Harry llegara hasta donde estaban unas cuerdas salieron del extremo de la varita de Ron y se enroscaron en las piernas de Greyback haciéndole caer al suelo. Ron se acercó a él y le pateó la cara con saña, ignorando los gruñidos de Greyback por cuya nariz manaba una fuente de sangre levantó la mirada hacia Harry.
- Gryffindor a salvo – informó Ron de modo telegráfico.
- Luna y Ginny están con los Ravenclaw, había un pasadizo oculto tras una armadura muy cerca de aquí. Yo voy a buscar a Trelawney – explicó Harry lo más aprisa que pudo, casi sin detenerse.
Atravesó el pasillo esquivando rayos y nubes de polvo y piedra que se formaban cuando los hechizos y maldiciones tropezaban contra las paredes. Había bastantes mortífagos por el suelo y pudo ver que aparte de Tonks algunos miembros de La Orden habían llegado, entre ellos Lupin. No eran demasiados pero le pareció que con un poco de suerte podrían reducir a los que quedaban aunque por si acaso salió de allí camino de la Sala de los Menesteres para poner a salvo a la profesora de adivinación pensando que Trelawney sería incapaz de atravesar la batalla y tendría que llevarla hasta el pasadizo del tercer piso que habían usado los Gryffindor.
En los terrenos de Hogwarts Hermione supervisaba el desalojo de los Slytherin, los muy cabezotas se negaran a creerla y habían tardado mucho en salir de su sala común, perdiendo un montón de tiempo innecesariamente. Todavía quedaban bastantes alumnos cuando escuchó un enorme estruendo a una distancia considerable. Levantó la cabeza alarmada en la dirección de la que provenía el ruido, conocía aquel sonido y solo podía significar una cosa. Montones de magos se estaban apareciendo del otro lado de los muros del castillo y era poco probable que fueran aliados porque los miembros de la Orden había llegado hace rato. Agarró su varita con fuerza y comprobó con horror que aproximadamente una docena de mortífagos entraba en los terrenos y se dirigía hacia el castillo. Todavía quedaban bastantes alumnos pero no parecían muy dispuestos a luchar, Hermione temió que no podrían hacer frente a tantos mortífagos.
Inconscientemente miró hacia el castillo como buscando ayuda pero sabía que dentro se libraba una batalla y que nadie acudiría. Estaba preparándose para lo peor cuando vio aparecer una voluminosa figura que salía del Bosque Prohibido. Algo más serena contempló como Hagrid se dirigía hacia ella a grandes zancadas blandiendo su viejo paraguas rosa en la mano. Acto seguido una lluvia de flechas cruzó el aire y cayó sobre los terrenos de Hogwarts, impidiendo el avance de los mortífagos.
- Al final los centauros han comprendido que no pueden seguir siendo neutrales, los he convencido para que nos ayuden a proteger Hogwarts – explicó Hagrid al llegar junto a Hermione con la respiración entrecortada, – Si Quien-tu-sabes toma el castillo eso tampoco sería bueno para ellos.
- Gracias, Hagrid, habéis llegado en el momento oportuno – respondió Hermione al guardabosques bastante aliviada.
- No creo que logren detener a los mortífagos pero nos dará algo de tiempo – opinó Hagrid.
- Quédate con los alumnos - pidió Hermione – cuando haya entrado el último toca este nudo del árbol y el sauce volverá a la normalidad, así no podrán perseguirles. Yo voy adentro para advertir a los demás que vienen más mortífagos.
Hermione echó a correr hacia el castillo. Estaba anormalmente desierto, solo el ruido que llegaba de los pisos superiores indicaba que allí estaba teniendo lugar una batalla. Subió las escaleras de tres en tres y al llegar al segundo piso corrió hasta la entrada del atajo. Estaba apartando el tapiz cuando se topó de frente con Harry que casi arrastraba con él a la profesora Trelawney.
- ¿Ron? – preguntó Hermione conteniendo la respiración, mirando a Harry fijamente.
- Hace un rato parecía muy feliz pateándole la cara a Greyback. La cosa estaba bastante controlada.
Hermione dejó escapar el aire aliviada aunque su expresión no se relajó, parecía muy preocupada.
- Los mortífagos están a punto de recibir refuerzos. En los terrenos hay más de una docena. Hagrid y los centauros están allí pero no sé cuanto tiempo podrán contenerlos.
- ¿Podrías acompañar a Trelawney a la estatua de la bruja bizca? – preguntó Harry empujando suavemente a la profesora hacia su amiga.
- Claro¿irás tú a avisar? – preguntó a su vez Hermione.
- No. Yo tengo que hacer otra cosa. – respondió Harry echando a correr a toda velocidad.
- ¡Harry¿Has oído lo que te he dicho? – preguntó una frustrada Hermione. – Vienen un montón de mortífagos para tomar el castillo¿puede haber algo más importante que eso?
Pero Harry no respondió porque ya se había perdido por el atajo, dejándola sola con la aterrorizada profesora Trelawney.
