¿Adónde iba Harry con tanta prisa? La guerra se encuentra en su punto álgido y el momento ya no puede dilatarse más, todo el mundo deberá elegir a que bando pertenece.
CAPÍTULO 24¿Amigos o enemigos?
Cuando Hermione se recuperó de la sorpresa de ver a Harry comportarse de forma tan extraña tomó a Trelawney de la mano y tiró de ella obligándola a correr hasta la estatua de la bruja tuerta del tercer piso. Impaciente por subir hasta el séptimo piso para dar la alerta ayudó a la temblorosa profesora a entrar a toda prisa por la abertura de la joroba que pero aún no la había cerrado de nuevo cuando un alboroto llamó su atención. Sostuvo la varita con fuerza en su mano y se dirigió con precaución hacia el lugar del que provenía el ruido.
Al llegar cerca de las escaleras se encontró con un espectáculo de lo más insólito. De alguna manera el inútil de Crabbe se las había ingeniado para burlar la barrera de centauros y se divertía lanzando torpes hechizos a Filch, que se veía obligado a saltar de forma ridícula para esquivarlos mientras Crabbe reía como un idiota.
- ¡Impedimenta! – Dijo Hermione sin molestarse siquiera en usar un hechizo no verbal al tiempo que se preguntaba como Voldemort podía aceptar entre sus filas a alguien que apenas era capaz de sostener una varita.
Crabbe cayó de bruces golpeándose la cara con fuerza contra las piedras del corredor. Tendido en el suelo emitió un sonido quejumbroso, se llevó las manos a la boca, de la que manaba abundante sangre, y escupió dos dientes en la palma de su mano. Se quedó tumbado en medio del corredor, mirando embobado los dientes en su mano con expresión entre dolorida y enfadada. Hermione se acercó y con un movimiento mucho más rápido de lo necesario, dada la torpeza de que la Crabbe hacía gala, dio una patada a su varita mandándola lo más lejos posible mientras le miraba con incredulidad. Ni siquiera tuviera el reflejo de volverse a quien le atacara, el muy cretino.
Al verle desarmado Filch se acercó cautelosamente a Crabbe y le propinó una patada en las piernas mientras farfullaba algo ininteligible entre lo que Hermione alcanzó a captar algunas palabras sueltas como glotón, torpe y estúpido. Ignorando el ansia vengativa de Filch prefirió ocuparse de inmovilizar a Crabbe para que no causara más problemas cuando escuchó a su espalda unos pasos sigilosos. Se volvió con rapidez pero antes de que pudiera defenderse su varita salió disparada hacia las manos de su agresor mientras ella volaba por los aires y se estrellaba con violencia contra la pared para luego caer al suelo de rodillas.
El golpe fue tan fuerte que durante unos segundos se quedó sin respiración. Cuando recuperó el aire, todavía de rodillas y con las costillas totalmente doloridas, notó una varita apoyada bajo su barbilla, que ejerciendo una suave presión sin ningún atisbo de violencia la invitaba a levantar la vista. Al hacerlo se encontró cara a cara con quien la había desarmado pero Hermione no podía creer que lo que sus ojos le mostraban pudiera ser cierto.
Víktor Krum estaba de pie ante ella y la miraba sorprendido mientras con una mano la apuntaba con su propia varita y en la otra sostenía la que le acababa de arrebatar.
- ¡Tú ¡ – Acertó a decir ella con incredulidad.
- Herrrmione… - él parecía incómodo, incluso avergonzado, aunque para Hermione estaba claro que motivos no le faltaban – tú no deberrías estar aquí - murmuró el búlgaro en voz baja todavía apuntándola con su varita.
Hermione no contestó, seguía arrodillada en el frío suelo de piedra, mirando a Krum con una profunda decepción marcada en el rostro. Con un suave movimiento de varita Krum la invitó a levantarse, actuaba sin brusquedad pero todavía la apuntaba y Hermione percibió un destello en su miraba que le advirtió que sería mejor que no intentase nada extraño, por lo que siguiendo sus instrucciones se puso en pie lentamente.
Se miraron durante unos segundos sin decirse nada mientras Hermione trataba de recuperar el ritmo de su respiración. Una vorágine de sentimientos se arremolinaban dentro de ella, haciéndola pasar en solo unos momentos de la sorpresa a la decepción y de la decepción al rencor. Estaba desarmada, no podía hacer nada y no sabía que decir, simplemente esperaba la reacción de Krum, o la de los otros mortífagos que oía acercarse subiendo las escaleras, ya que Krum no parecía dispuesto a actuar.
En el momento en el búlgaro los oyó subir desvió la mirada hacia las escaleras y la varita tembló en su mano de forma imperceptible, por un segundo pareció dudar de lo que debía hacer pero entonces sucedió algo que Hermione nunca creyó contemplar mientras viviera. Filch había tomado la varita de Crabbe y apuntaba a la espalda de Krum con mano temblorosa.
- ¡Impedimenta! – Gritó Filch tal como acababa de ver que Hermione lo hiciera con Crabbe. Su voz estridente y demasiado aguda retumbó por todo el corredor ampliada por las paredes de piedra aunque sonó mucho más segura de lo que se podría esperar a juzgar por su pulso.
Contra todo pronóstico el hechizo funcionó y logró que Krum se tambaleara. No llegó a caerse pero perdió el equilibrio el tiempo suficiente para que Hermione se abalanzara sobre sus piernas tirándole al suelo. En la caída las varitas se escurrieron de entre sus dedos y salieron rodando por el suelo, aprovechando la sorpresa del búlgaro Hermione pasó gateando a toda prisa sobre él tratando de alcanzar su varita, que era la que había caído más cerca. Las manos de Krum se cerraron sobre uno de sus tobillos como si de una cadena de hierro de tratara y en un último esfuerzo, antes de que Krum tirase de ella hacia atrás, Hermione se estiró cuanto pudo intentando desesperadamente hacerse con la varita.
Ajeno a al forcejeo el viejo conserje miraba la varita en su mano sin creer que por primera vez en su vida hubiera sido capaz de lanzar un hechizo.
Hermione notó como sus dedos rozaban la varita y se cerraron a toda prisa sobre ella, asiéndola con fuerza justo en el momento en que Krum la acercaba hacia él, girándose con rapidez le apuntó con la varita y él, sabiéndose vencido, la soltó inmediatamente.
Hermione se puso en pie de un salto.
- "Incarcereus." – Pensó mientras miraba fijamente a Krum a los ojos. El búlgaro se revolvía en silencio mientras las cuerdas salidas de la varita de Hermione le inmovilizaban. – Te equivocas, Víktor, eres tú el que no debería estar aquí. – Le dijo a modo de despedida.
Sin perder tiempo se dirigió a las escaleras y apuntado al techo clamó con toda su energía.
- ¡Bombarda!
Una porción de techo se desprendió bloqueando las escaleras. No sería suficiente para detener a los mortífagos pero les retrasaría durante un rato. Después de indicar a Filch donde estaba el pasadizo secreto para que pudiera huir escapó escaleras arriba a toda velocidad.
En el séptimo piso algunos mortífagos habían reparado en la extraña conducta de Harry Potter. El maldito mocoso se movía a su antojo por todo el castillo, corriendo como un loco y atravesando la batalla en cualquier dirección pero sin detenerse a participar en ella. Definitivamente aquello era muy extraño. Todos querían para ellos el honor de capturar al Elegido, o al menos el de desbaratar sus planes, de modo que en cuanto les fue posible abandonaron la lucha y se internaron por el pasillo por el habían visto correr a Potter tratando de averiguar que era lo que tramaba.
Todavía quedaban unos veinte alumnos de Ravenclaw por bajar al pasadizo cuando un inesperado rayo alcanzó el pecho de Luna y salió despedida cayendo al suelo varios metros más allá. Ginny alzó la vista y un escalofrío le recorrió la espalda, en el desierto corredor habían aparecido como salidos de la nada tres mortífagos que la apuntaban amenazadoramente. Sin mediar palabra un nuevo rayo cruzó el pasillo y ella avanzó resuelta hacia él, interponiéndose entre los mortífagos y los aterrorizados alumnos de Ravenclaw.
- ¡Protego! – Gritó la pelirroja momentos antes de que el rayo la alcanzara. De su varita salió en un escudo en el que el hechizo rebotó y salió disparado de nuevo impactando contra el techo. Pero Ginny sabía que no podría luchar contra los tres, lo único que podía hacer era conseguir un poco de tiempo para que todos los alumnos pudieran internarse por el pasadizo y esperar hasta que llegara ayuda.
Los tres mortífagos atacaron juntos y tres rayos diferentes salieron al mismo tiempo de sus varitas. Haciendo acopio de todo su valor Ginny se dispuso a plantarles cara y emitió un grito desgarrador cuyo eco resonó en el pasillo.
- ¡¡¡PROTEGO!!!
Los tres hechizos impactaron contra el escudo casi a la vez pero para sorpresa de los mortífagos el escudo conjurado por Ginny resultó mucho más potente de lo que se esperaban y consiguió repeler todos los ataques, dejando a los chicos que estaban a su espalda a salvo, al menos de momento.
Los mortífagos se emplearon a fondo, no estaban dispuestos a explicarle a su señor que el castillo se había quedado vacío por culpa de una jovencita que se enfrentaba a tres de ellos en franca minoría. Siguieron atacando furiosos y Ginny tuvo que hacer un esfuerzo todavía mayor. Mentalmente rogó que alguien hubiera escuchado su grito y la ayuda no tardara demasiado y emitiendo un gemido que brotó de lo más profundo de su garganta reforzó el escudo y lo amplió para que cubriera la totalidad del pasillo.
Pocos segundos después las piernas comenzaron a temblarle incontroladamente, su rostro se distorsionó en una horrible mueca y sus ojos se giraron hasta quedarse en blanco, parecía como si estuviera en trance, como si hubiera perdido cualquier noción de la realidad. Tras ella los Ravenclaw se apresuraban a entrar en el pasadizo temerosos de que Ginny no pudiera aguantar mucho más y se viniera abajo en cualquier momento dejándoles a merced de los mortífagos. El escudo funcionaba pero estaba consumiendo toda la energía de la pelirroja.
Harto de que las maldiciones impactaran contra el escudo sin ningún resultado uno de los mortífagos se adelantó aproximándose más a Ginny, su amo les había ordenado evitar bajas entre los alumnos pero aquella niñata le estaba sacando de quicio, estaba dispuesto a poner fin a aquella situación y sabía como hacerlo. No había mago en el mundo capaz de conjurar un escudo eficaz contra la maldición asesina, matar jovencitos no estaba en sus planes ese día pero la dichosa pelirroja se lo había ganado a pulso.
- Hasta luego, bonita – bramó con voz ronca aunque era evidente que Ginny no le escuchaba, toda su magia, su energía, su voluntad, estaban concentradas en mantener el escudo protector. – ¡Avada Kedravra! – Chilló con furia el mortífago. Un rayo verde salió de su varita y chocó contra el escudo pero incapaz de atravesarlo rebotó contra el y se estrelló contra la pared provocando un derrumbamiento en parte del pasillo.
Ginny parecía ajena a lo que sucedía a su alrededor, el temblor de las piernas se extendió por todo su el cuerpo, su cabeza cayó hacia atrás como si los músculos del cuello no pudieran sostenerla, solo el brazo que sostenía la varita permanecía firme, conjurando el escudo protector. El mortífago se giró furioso hacia sus compañeros en busca de alguna explicación pero antes de poder reaccionar cayó al suelo alcanzado por un rayo paralizador de Ron, que al escuchar el grito de Ginny se escabulló de la pelea lo antes posible y acababa de asomar por el extremo del corredor.
Justo detrás de Ron apareció otra cabellera pelirroja, Percy también oyera a su hermana y corría en su auxilio. En un momento los dos hermanos se deshicieron de los mortífagos que quedaban, para entonces el escudo había desaparecido y Ginny cayó exhausta al suelo, sin sentido. Ron se arrodilló junto a ella para ver como estaba.
- ¿Está bien? – le preguntó Percy alarmardo.
- Parece que sí, - contestó Ron aliviado, todavía agachado sobre Ginny - solo está agotada. Nunca había visto un escudo protector capaz de desviar la maldición asesina, y además desde tan cerca – añadió visiblemente impresionado.
Al fondo del pasillo Luna se incorporaba y se dirigía en silencio a donde estaban los hermanos, arrastraba una pierna y todavía estaba aturdida por el golpe. En el lado izquierdo de su cabeza el pelo rubio estaba totalmente manchado de sangre.
- ¿Estás bien, Luna? – preguntó Ron.
La rubia asintió con la cabeza pero su mirada estaba más ausente que nunca. La atención de Percy volvió a centrarse en Ginny.
- Tienes que sacarla de aquí. – Ordenó en tono tajante, ejerciendo de hermano mayor.
Ron, que aún estaba arrodillando en el suelo, sosteniendo la cabeza de Ginny, levantó la mirada y la clavó en Percy de forma desafiante.
- He venido aquí para luchar – contestó entre dientes.
- No seas idiota, Ronald – gritó Percy. – Luna está herida y tenemos que poner a Ginny a salvo.
- Llévala tú – se opuso Ron.
- Soy un profesor, - objetó Percy con dignidad – mi deber es defender el colegio, no dejaré el castillo para que caiga en manos de mortífagos.
- Y yo no abandonaré a mis amigos en una batalla – respondió Ron contrariado.
- ¿Quieres ser razonable, Ronald? – preguntó Percy contrariado, aunque luego suavizó su semblante y su voz adquirió un tono cercano a la súplica. - La batalla está prácticamente ganada, - argumentó con impaciencia, - además tus amigos son perfectamente capaces de defenderse pero Ginny necesita atención. ¡Ron, tenemos que cuidar unos de otros!
A pesar de lo mucho que le molestaba recibir órdenes de Percy Ron comprendió que tenía razón.
- Pero Harry y Hermione… - seguía resistiéndose a la idea de dejarles en medio de una batalla.
- Yo les avisaré – se ofreció Percy – les diré que estáis bien. Lleva a Ginny a La Madriguera, enviaré allí a Harry y Hermione y me reuniré con vosotros cuando no queden mortífagos en el castillo. – Añadió para tranquilizarle.
- Está bien, nos veremos en casa - aceptó Ron de mala gana y llevándose a Ginny comenzó a bajar las escaleras detrás de Luna mientras Percy volvía a colocar la armadura en su lugar.
Después de dejar a Trelawney con Hermione Harry corrió a unos de los lavabos del sexto piso en busca de la persona que se ocultaba allí tratando de no participar en la batalla.
Abrió la puerta de golpe y se encontró frente a frente con Draco Malfoy, exactamente en el mismo lugar en el que pelearan un año antes. Estaba mucho más ojeroso y demacrado que el curso anterior, su cara nunca había sido tan angulosa como ahora y su piel había adquirido un tono amarillento que le hacía parecer enfermo.
Draco se sobresaltó al verle entrar, instintivamente se puso en guardia pero por algún motivo no intentó atacarle y Harry tampoco lo hizo. Los dos permanecieron tensos, sosteniendo las varitas en alto, listos para atacar, mientras se observaban en silencio. Se habían enfrentado muchas veces por quiddich o por la rivalidad entre casas pero curiosamente ahora que tenían una razón verdaderamente importante por la que luchar ninguno de los dos iniciaba el ataque.
Pasada la sorpresa inicial el rubio rompió el silencio, lo hizo hablando despacio, arrastrando las sílabas con elegancia como era su costumbre pero con una voz ronca y seca que sonaba como si rascara las paredes de su garganta antes de salir.
- ¿Qué haces tú aquí, Potter?
- Eso mismo podría preguntarte a ti – respondio Harry con tranquilidad, evaluando cada gesto de Malfoy en busca de una señal que le guiara. - Yo he venido a defender el castillo¿a qué has venido tú, Malfoy?
Seguían uno frente al otro, mirándose desafiantes y listos para defenderse si era preciso. Poco a poco los labios de Draco formaron una sutil y socarrona sonrisa irónica.
- Eres incluso más lento de lo que imaginaba, Potter, - a pesar de las circunstancias su carácter le impedía dejar pasar la oportunidad de ridiculizar a Harry, sobre todo si se lo ponía tan fácil - ¿acaso no es evidente? – preguntó abriendo un poco los brazos en un gesto como si tratara de abarcarlo todo a su alrededor - esta noche el Señor Oscuro volverá a pasearse por Hogwarts.
Pero Harry tenía en mente algo mucho más importante, no caería en las provocaciones de Malfoy porque una lucha con él era lo último que deseaba en ese momento, con un poco de suerte y mucha habilidad persuasiva Draco Malfoy podría serle de mucha utilidad.
- No creo que sea gracias a tus servicios, Malfoy, si has venido para combatir¿por qué no estás con los demás mortífagos? Seguramente se pregunten dónde estás.
La cara de Draco se contrajo en una mueca y miró a Harry con odio.
- No soy un cobarde, si es eso lo que insinúas – gritó con rencor, aunque luego su tono cambió drásticamente y pronunció las palabras con amargura y rabia, como si salieran de su interior mezcladas con su propia bilis - he tenido que demostrárselo a él muchas veces en los últimos meses.
- No lo dudo – admitió Harry totalmente seguro de que era cierto - lo único que insinúo es que no deseas luchar contra tus antiguos profesores. Tal vez prefieras hacerte pasar por herido, - Harry hizo una brevísima pausa, tanteando el terreno – o perder esta batalla y terminar en Azkaban, lejos de Voldemort.
Incapaz de reprimirlo un escalofrío recorrió el cuerpo de Draco al oír aquel nombre.
- Te equivocas Potter, nadie acabará en Azkaban porque el colegio será nuestro, - contestó Draco evitando mencionar el motivo por el que no luchaba. - Nos hemos encargado de que los aurores estén ocupados y pronto recibiremos refuerzos, Hogwarts caerá, y ni tú ni toda la maldita Orden del Fénix podréis evitarlo.
- No os servirá de nada, - replicó Harry orgulloso - los alumnos ya están a salvo, lejos de Hogwarts.
- No entiendes nada, Potter - dijo Draco en su acostumbrado tono altivo. - No son los alumnos lo que a él le interesa. Podríamos haber tomado el colegio hace meses usando a los gigantes pero el Señor Oscuro prefirió esperar y atacar en el momento oportuno y sin causar daños irreparables al castillo. El colegio será nuestro, lo mejor que puedes hacer es llevarte a tus amiguitos y huir de aquí cuanto antes, Potter. Hay muchos mortífagos deseosos de entregarle tu horrible cabeza. – Terminó en tono amenazador.
- Pero tú no eres uno de ellos, - se aventuró Harry seguro de las dudas que albergaba Malfoy - no me has atacado y sé que no querías matar a Dumbledore. Aquella noche yo estaba allí, te vi en la torre de astronomía y sé que no lo hubieras hecho.
La expresión de Malfoy se endureció pero ya no estaba tenso como al principio, el nerviosismo comenzaba a apoderarse de él.
- Casi nunca deseamos cumplir las órdenes del Señor Tenebroso, simplemente lo hacemos – contestó bruscamente.
- Te has visto envuelto en esta guerra por culpa de las malas decisiones de otros, no has escogido libremente el bando en el que luchar.
- Eso no tiene importancia ahora. Soy un mortífago – explicó Draco con expresión de derrota y un matiz de desesperación en la voz que no pasó desapercibido para Harry. Había tocado el punto débil.
- Eso es algo que puedes corregir, ayúdame a derrotarle.
- ¿Derrotarle, te has vuelto loco? – preguntó Malfoy con incredulidad. – Todos estos años burlándome de ti y resulta que estaba mucho más cerca de la verdad de lo que yo mismo sospechaba, todas esas historias sobre El Elegido te han reblandecido el cerebro, Potter, eres tan estúpido que no pararás hasta que te mate.
- Te agradezco tu preocupación - le provocó Harry.
- No digas idioteces, - Malfoy reaccionó tal y como Harry había previsto - no hay nada que pueda importarme menos y lo tendrías más que merecido. Lo pides a gritos con ese complejo de héroe del que siempre alardeas.
- Entonces ayúdame, - pidió Harry con convicción - si me mata no habrás perdido nada y si consigo derrotarlo todos saldremos ganando.
- Lo que me pides sería un suicidio, nadie le traiciona y vive para contarlo.
- No te pido que luches contra él, me basta con que me proporciones alguna información, sabes Oclumancia, - argumentó Harry con rapidez – podrías ocultárselo. Nadie sabría que has sido tú, solo necesito saber dónde se oculta.
Harry notó como Malfoy se debatía, temía demasiado a su señor para traicionarle.
- No puedo ayudarte – sentenció con rotundidad.
- Mira a tu alrededor, Malfoy. ¿Es esto lo que deseas¿llevas una vida mejor desde que te has aliado con él?
- No puedo ayudarte, no sé donde se oculta – admitió Draco. – De hecho creo que nadie lo sabe.
- Eso no es posible – replicó Harry negándose a perder su oportunidad de encontrar a Voldemort.
- El Señor Oscuro es muy cauteloso y le gusta la soledad, ninguno de nosotros sabe donde está su escondite – explicó Draco a un Harry que le escuchaba asombrado, ya no había rastro de la rivalidad y tensión iniciales, ambos sostenían las varitas con descuido en sus manos. - Si desea algo es él quien nos busca, hay ciertos lugares que usa para convocarnos a su presencia pero su refugio es algo privado, no sabemos donde se encuentra.
Harry empezaba a desesperarse.
- Tiene que haber una manera de encontrarle. – Chilló enojado como si Draco fuera el culpable.
- Tal vez lo sepa Snape – se le ocurrió a Draco – ahora es el más cercano a él, posiblemente el único en quien confía. – Su voz denotaba cierta decepción al hablar de su antiguo protector, o quizás solo era envidia.
Un destello de esperanza brilló en los ojos de Harry, tal vez no estuviera todo perdido, tal vez pudiera acabar con Voldemort y de paso vengar el asesinato de Dumbledore.
- ¿Sabes dónde puedo encontrar a Snape? – preguntó el moreno impetuosamente, impaciente por obtener algún resultado de provecho.
Draco entrecerró los ojos y le miró con aire un poco escéptico.
- Te lo diré si quieres saberlo, muchos mortífagos conocen ese tugurio, pero jamás lograrás vencer a Snape, ni mucho menos persuadirle. Solo conseguirás que te mate – su voz se alegró un poco como si aquella posibilidad le resultara remotamente agradable - o que te entregue al Señor Tenebroso para seguir siendo su predilecto.
Minutos después Harry corría a toda velocidad hacia el séptimo piso mientras Malfoy quedaba amordazado, completamente inmóvil, en el suelo del baño.
ooOOoo
JK dijo que haría magia alguien que no la había hecho nunca y Filch es mi apuesta. Descarto a los Dursley porque como dijo McGonagall al comienzo de la saga "son de la peor clase de muggles que hay" (o algo parecido) y entre los squibs me quedo con Filch. Estoy casi segura de que me habré equivocado en el cómo pero no el quién.
