CAPÍTULO 26: La deuda saldada
Minutos después caminaban por unas calles estrechas y adoquinadas buscando alguna placa que les guiara. Se habían aparecido cerca de una enorme chimenea, resto de lo que quedaba de una fábrica abandonada, casi tan abandonada como las hileras de casas viejas y tristes entre las que se movían.
- Aquí está – advirtió Hermione con cuidado de no levantar demasiado la voz, por fortuna la calle estaba desierta, parecía como si la mayoría de las viviendas llevaran bastante tiempo deshabitadas – Spinner´s End.
Harry se acercó y miró la destartalada placa, su corazón se aceleró, anticipándose a su encuentro con Snape. Sintió renacer un sentimiento fuerte y oscuro en su interior que se apoderaba de él con la misma intensidad que cuando Dumbledore fue asesinado. Todo aquel odio que en los últimos meses parecía haber desaparecido mientras estuvo centrado en asuntos más urgentes estallaba ahora que el momento de la venganza se aproximaba. En realidad siempre había estado allí, latente, oculto en el rincón más profundo de su ser, esperando este momento en que volvía con energía renovada.
En silencio echaron a andar hacia la última casa de la calle, sujetando las varitas ocultas bajo sus ropas, la calle estaba tan desierta que sus pasos resonaban en los adoquines. Hermione mostraba tanta decisión como el propio Harry, parecía extrañamente recuperada de las torturas infligidas por Amicus y caminaba tensa a su lado, con los labios fuertemente apretados, como si el dolor y el cansancio pudieran esperar.
Al llegar ante la casa se miraron, obviamente no podían llamar a la puerta de un mortífago pero tampoco deseaban derribarla y poner sobre aviso a Snape si estaba dentro.
Hermione miró a Harry.
- ¿Alohomora? – preguntó moviendo los labios sin emitir ningún sonido.
Harry se encogió de hombros y asintió con la cabeza. El Alohomora solo serviría para impedir la entrada a los Muggles, hasta el más inepto de los magos conocía ese hechizo y Harry dudaba mucho que Snape no hubiera instalado mejores medidas de seguridad pero lo cierto era que no perdían nada por intentarlo.
Hermione apuntó a la puerta y para sorpresa de ambos esta se abrió sin hacer ruido. Decididamente o Snape confiaba ciegamente en que nadie encontrara su escondite o allí dentro no había nada que le importara lo más mínimo proteger.
Asiendo fuertemente su varita y con todos los sentidos alerta, Harry franqueó el umbral en penumbras. La casa ofrecía un aspecto triste y descuidado, el polvo se acumulaba sobre unos muebles viejos y mal cuidados y el olor a rancio impregnaba el ambiente.
Avanzaron por un lúgubre pasillo. En la casa reinaba el más absoluto silencio. Llegaron a un salón amueblado por poco más que un desvencijado sofá y una horrible lámpara completamente cubierta de polvo en la que se veían algunas telarañas, las paredes estaban totalmente ocupadas por estanterías llenas de interminables hileras de libros perfectamente ordenados.
Harry no albergaba esperanzas de encontrar allí a Snape, si estuviera en casa ya se habría mostrado, y estaba a punto de sugerir a Hermione que volvieran más tarde cuando algo captó su atención. Fue casi imperceptible pero estaba seguro de haber oído el sonido amortiguado de la madera al crujir.
Dirigió a Hermione una rápida mirada y por su expresión comprendió que ella también lo había escuchado.
- ¡Bombarda! – exclamaron a dúo apuntando con sus varitas en la dirección de la que provenía el sonido.
Uno de los estantes se vino abajo con gran estruendo, la raída alfombra quedó sembrada de libros desperdigados por todas partes y una nube de polvo salida a partes iguales de los libros, del mueble destrozado y de la vieja alfombra inundó la habitación. En el lugar donde un momento antes estaba la estantería ahora había un hueco que dejaba al descubierto una escalera de madera, sobre ella un individuo les miraba aterrorizado. Su complexión era pequeña y la postura encorvada desde la que les observaba le hacía parecer más insignificante todavía. En la mano izquierda sostenía una varita con pulso tembloroso, la derecha elevada en el aire como solicitando una tregua a un combate que no había comenzado todavía, brillaba tenuemente como si estuviera cubierta por un guante de plata.
Nada más verle Harry lanzó un hechizo no verbal que el hombre esquivó a duras penas. Intentó responder con un ataque pero Hermione fue más rápida que él.
- Impedimenta, - gritó ella apuntándole con su varita.
El hombre perdió el equilibrio y el ataque destinado a ellos se desvió e impactó contra el techo mientras él caía pesadamente sobre los restos del estante destruido, su varita también salió volando y aterrizó unos metros más allá.
Hermione permaneció en su lugar, en guardia, mientras Harry se acercó al hombre con expresión amenazadora. Colagusano, al verle avanzar hacia él trató desesperadamente de gatear hasta el lugar donde había caído su varita mágica pero Harry llegó antes y la pisó rompiéndola ante sus narices. Al escuchar el sonido de la madera quebrarse emitió un débil gemido y dirigió a Harry una mirada suplicante con sus pequeños y húmedos ojos de rata.
Harry estaba desconcertado, eran tantos los asuntos pendientes con aquel hombre que no sabía por donde empezar.
El hecho de encontrárselo allí le había tomado por sorpresa, él había ido preparado para enfrentarse a Snape y se encontraba con Colagusano. El primero era el responsable del asesinato de Dumbledore, el segundo del de sus padres. Los dos eran culpables del mismo delito, traicionar la amistad y provocar la muerte de quien les protegiera una vez, sin embargo el odio que Harry sentía por ellos era muy diferente.
Solo pensar en su antiguo profesor el pulso se le aceleraba y la sangre le hervía en las venas, sentía que una furia incontrolable se apoderaba de él. Pero si el odio que Snape le inspiraba le quemaba las entrañas consumiéndole por dentro, el que sentía por Pettigrew era gélido y racional, ahora toda la rabia que acumulaba había desaparecido momentáneamente para ser sustituida por un sentimiento de fría calma. Colagusano tenía una información que él quería y que estaba dispuesto a conseguir. Su rostro se convirtió en una máscara inexpresiva cuya visión desató el pavor en el hombrecillo.
Se encaró con Pettigrew dirigiéndole una mirada helada, cargada de desprecio, a sus pies Colagusano, arrodillado en la alfombra, temblaba incontroladamente. Harry supuso que si Malfoy no sabía donde se ocultaba Voldemort la posibilidad de que Colagusano lo supiera era más que remota, de modo que seguiría necesitando a Snape.
- Harry, Harry… - suplicó Pettigrew antes de que Harry dijera una sola palabra.
Harry hizo un movimiento con la mano en la que no llevaba varita y Colagusano, intimidado, dejó de gimotear. Su respiración acelerada era lo único que se escuchaba en la habitación.
- ¿Dónde está Snape? – preguntó Harry secamente.
- ¿Snape? – Colagusano le miró confuso, - está con el Señor Tenebroso. Es posible que ya estén en Hogwarts a estas horas – respondió entre titubeos, sin dejar de asombrarse porque aquella fuera la primera pregunta que le hacía, antes de reclamarle por ayudar a Voldemort a encontrar a sus padres o a recuperar su cuerpo.
- El único motivo por el que respiras todavía es que necesito algo de ti.
- Te ayudaré en lo quieras, Harry. Cualquier cosa que me pidas.
- Quiero ir al valle de Godric. Tú eras el guardián secreto de la casa de mis padres, - añadió sin poder reprimir una mueca de asco – así que dime donde está.
Colagusano lo miró con ojos desorbitados y negó con la cabeza.
- No – contestó en un susurro apenas audible.
- ¿Cómo¿Te atreves a negarme algo tan sencillo¿Quieres que te mate ahora mismo? – preguntó Harry enojado.
Colagusano negó de nuevo con la cabeza, aterrado pero con determinación.
- No te lo diré, no puedo. No lo haré – repetía en tono suplicante.
- ¡Habla! – bramó Harry sintiendo que la cólera volvía a apoderarse de él y empezando a temer por su autocontrol.
- No puedo, no puedo. No – repetía Colagusano en voz baja, balanceándose sin parar y con los ojos clavados en el suelo, mientras se acariciaba compulsivamente la mano plateada.
- Dímelo o te mataré – afirmó Harry con dureza, sin atisbo de duda en su voz.
- No lo harás – respondió Pettigrew levantando la vista hacia él, envalentonándose un poco aunque sin mucha convicción. Sería difícil precisar si sus palabras eran un ruego o una afirmación.
- Claro que sí, me has dado motivos de sobra.
- Dormí a pocos metros de ti durante tres años, escuchaba todas tus conversaciones con Ron, te conozco, no me matarás.
- No deberías confiarte – replicó Harry con frialdad en la voz, recuperando un poco la calma. - Las guerras cambian a la gente y la empujan a hacer cosas que en circunstancias normales nunca harían. Deberías saberlo por experiencia, tú traicionaste a tus amigos, enviaste a mis padres a la muerte y a Sirius a Azkaban.
- Eres el hijo de Lily Evans y por eso sé que no lo harás – dijo Colagusano a la desesperada, mucho más aterrado por la calma de Harry que por su ira, parecía como si tratara de convencerse a sí mismo tanto a Harry. - Eres como ella.
- No te atrevas a nombrarla – bramó Harry moviendo su varita amenazadoramente.
- No puedo decírtelo, no puedo, él me lo prohibió ¡si lo hago me matará! – chilló asustado, fuera de sí. Gruesas gotas de sudor le empapaban la frente y sus ojos pequeños e huidizos se movían incontroladamente, sin fijarse en nada en particular.
- ¿Quién? – preguntó Harry sin comprender.
- El amo – gimió Colagusano más encogido que nunca.
- ¿Qué puede importarle a él¿Y cómo demonios había de enterarse?
Colagusano le miró a los ojos sin hablar. De pronto una idea cruzó por la mente de Harry. En un principio pensó que era descabellada pero acto seguido encontró en ella la retorcida lógica de Voldemort y entendió que estaba en lo cierto.
No había ningún motivo para que él tuviera interés en la casa de los Potter, a no ser… que se ocultara allí, protegido por el encantamiento Fidelio del mismo modo que ellos lo estaban en Grimmauld Place.
Era ridículo, él podía aplicar ese encantamiento a cualquier otra casa y además odiaría aquel lugar porque representaba su mayor fracaso. Sin embargo ahora que le conocía lo suficiente sabía que no se equivocaba, incluso se sintió un poco molesto por no haberlo pensado nunca. Aquel era la clase de acto retorcido y sádico propio de él, obligarle a recurrir al responsable de la muerte de sus padres para poder acceder a sus tumbas.
Sin duda aquello formaba parte de la venganza de Voldemort contra él por su reticencia a morirse cada vez que intentaba asesinarle. Tanto tiempo intentando encontrar su escondite y tenía la solución ante sus narices. La certeza de que se alojaba tranquilamente en la casa de sus padres le golpeó como un mazazo. Desconcertado bajó un poco su varita y miró a Colagusano sin terminar de creérselo del todo y en un inexplicable momento de lucidez Pettigrew supo que Harry lo había comprendido. Asintió con la cabeza lentamente, confirmándoselo.
- Reconstruyó la casa y desde allí ha estado alimentando su odio contra ti y sus ansias de venganza – explicó como si temiera una represalia al ser portador de malas noticias. - Es cruel, disfruta recordándome lo miserable que fui y pensando que puede pasearse por toda la casa y la propiedad mientras que para ti está vedado.
Harry escuchó como a sus espaldas Hermione ahogaba una exclamación de asombro.
- ¡Dímelo! - gritó Harry más enfadado que nunca, apuntándole de nuevo con su varita - sabes que lo haré.
- Si me matas nunca lo sabrás, - argumentó tratando de convencerle con el miedo de nuevo pintado en el rostro- soy la única esperanza que tienes de dar con el lugar.
- Si no hablas no me sirves para nada, pero todavía puedo vengar a mis padres.
- Acabarías con la posibilidad de sorprender al Señor Oscuro y aunque le derrotaras jamás encontrarías las tumbas de tus padres¿pagarías ese precio?
- Ni lo dudes, - respondió amenazante, - solo estaría dándote tu merecido.
- Estoy perdido – se lamentó Colagusano temblando aterrado al comprobar que Harry no dudaba de su decisión - pero si he de morir prefiero que lo hagas tú. Jamás serás capaz de igualar la crueldad del Señor Oscuro.
- No me tientes, – siseó Harry entre dientes – no creo que desees comprobarlo.
Hermione, que hasta el momento permaneciera en el otro extremo de la habitación, atenta a la conversación pero sin participar en ella, decidió intervenir interponiéndose entre ellos.
- Tienes que decírnoslo – dijo acercándose y mirando seriamente a Pettigrew.
- ¡No!
- Nadie te matará, - le explicó con serenidad - te llevaremos a Azkaban.
- ¡Será peor! - afirmó con los ojos desorbitados. - Está plagada de mortífagos, en cuanto descubrieran mi traición no duraría ni un día. Ni siquiera necesitan una varita para matarme, me lincharían al estilo muggle, me matarían a golpes. Prefiero la maldición asesina – chillaba fuera de sí.
- Si este es tu deseo, puedo complacerte – afirmó Harry avanzando, pero Hermione le sujetó por un brazo deteniéndole.
- En Azkaban te protegerán – le aseguró Hermione.
- Si no hablo no tendrán necesidad de protegerme.
- Escúchame Peter – dijo Hermione sin perder la calma – dinos donde se esconde Voldemort.
Colagusano se tapó los oídos y se enroscó en el suelo, hecho en un ovillo, temblando incontroladamente al oír como Hermione decía el nombre en voz alta.
- No pronuncies su nombre – chilló.
- Peter, - le llamó Hermione sin ningún resultado – ¡Peter, escúchame!– gritó para que la escuchara aunque siguiera en la misma posición – tienes que decírnoslo.
Colagusano se quitó las manos de los oídos y miró a Hermione.
- Dejadme huir – solicitó incorporándose hasta quedar de rodillas y mirándolos alternativamente con los ojos desorbitados, parecía al borde de la locura.
- ¡Jamás! – gritó Harry detrás de Hermione.
- Lo harás si quieres visitar las tumbas de padres, la información a cambio de mi libertad – ofreció claramente esperanzado.
- No estás en condiciones de negociar – le espetó Harry con rabia. – ¿Qué te parece este trato? La información a cambio de tu vida.
- Haga lo que haga acabaré muerto – Colagusano volvió a derrumbarse - y si le traiciono será peor.
- Peter, dinos cual es la dirección y vivirás, me encargaré de que te protejan – volvió a intervenir Hermione.
- Esa información es mi seguro de vida, – respondió Colagusano encarándose con Hermione – ¡él me matará en cuanto la tenga! - gritó señalando a Harry.
Con los nervios al límite Harry volvió a apuntarle pero Hermione puso la mano sobre su varita y le obligó a bajarla con un movimiento suave. Harry no dijo nada pero la miró irritado.
- Harry no te matará – le aseguró ella con tranquilidad. – Te doy mi palabra.
Harry resopló tras ella pero Hermione ni siquiera se volvió para mirarle, sostuvo la mirada de Colagusano haciéndole ver que podía confiar en ella.
- Entonces el amo lo hará, - gimoteó - encontrará la forma, él siempre lo hace. Si os ayudo solo ganaré una muerte lenta y agónica.
- Nos encargaremos de que no sea así. Has cometido muchos errores en tu vida, Peter, por una vez haz lo correcto.
- Traicionaste a mis padres e incluso así te perdoné la vida, me lo debes – gritó Harry desde detrás de Hermione.
Por toda respuesta Colagusano negó vehementemente con la cabeza mientras fijaba la vista en el suelo con obstinación.
- Escucha, - le dijo Hermione agachándose y obligándola a mirarla - hace muchos años el sombrero seleccionador te envió a Gryffindor, si hizo eso fue porque vio algo en ti. Algo que los demás, ni siquiera tú, podían ver, pero que estaba ahí. Es tu oportunidad de demostrar que no se equivocó.
Al escuchar las palabras de Hermione Colagusano dejó de lamentarse y la miró fijamente con sus pequeños ojos en los que se leía el terror y la sorpresa.
- No seré capaz – susurró.
Lo afirmó con tristeza, por primera vez Harry vio en él algo diferente del miedo o la sumisión, parecía apenado.
- Lo serás si quieres, - refrutó ella sin alzar la voz – el sombrero nunca se equivoca, esa capacidad está dentro de ti, solo tienes que buscarla. Si él confió en ti porque no lo haces tú también.
Tal vez fuera porque hacía diecisiete años que nadie le hablaba con amabilidad o porque esa idea nunca se le había pasado por la cabeza pero Colagusano miraba a Hermione con una expresión de absoluta incredulidad.
- Has causado mucho dolor. Harry tiene razón, es lo menos que puedes hacer por él, se lo debes – añadió ella convincentemente mientras Pettigrew asentía débilmente con la cabeza y rompía a llorar.
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Nos aproximamos al desenlace y los círculos empiezan a cerrarse. Los que estáis desde el principio seguro que ya no lo recordáis pero este se abrió en el capítulo 4 (El secreto mejor guardado), por eso hice que una vez muerto el guardián el secreto durara para siempre pero creo que nadie notó que tenía planeado que eso fuera importante más adelante, ni siquiera la sagaz Dubhesigrid, a quien por cierto echo mucho de menos.
El capítulo quedó en plan poli bueno/poli malo, pero me parecía muy importante darle a Peter la oportunidad elegir. Estaba claro que tenía que darle la información a Harry pero quería que fuese una decisión suya y Hermione era la única que podía persuadirle, por eso mismo la necesitaba con Harry en ese momento.
Sobre Peter creo que de alguna forma tiene que saldar su deuda y me cuesta imaginarlo enfrentándose a Voldemort por Harry así que se ocurrió esto. Su personalidad es algo en lo que he pensado mucho, pero mucho de verdad. Es con diferencia el personaje más rastrero, vil y cobarde de la saga y para mi no tiene ningún sentido que el sombrero lo colocara en Gryffindor. Pero Rowling es muy lista y no deja nada al azar así que tiene que haber algo en Peter que no nos enseñó en los seis primeros libros y se guarda para el final.
Besos a todos, y no seáis vagos, dejadme un rr o no sabré lo que opináis, la
Legeremancia no se me da muy bien, pero sin spoilers, por favor...¡que todavía no he tenido tiempo de leer el libro!
