Queridas lectoras y - por qué no – lectores.
Les traigo una historia cuya idea original surgió de una ardua noche de trabajo de Arrayan. Como no quería desperfilarse sola para hacer este Dramione / Dramón - digno de telenovela a lo "Hermione la del barrio pa´servirle a uté" - invitó a esta servidora, alias Mad Aristocrat, para acompañarla en la odisea de escribirla.
No les aseguramos coherencia, ni que no debarán pedir ayuda psicológica a medida que vayan avanzando los capítulos. No subvencionamos daño moral ni aseguramos un final feliz; tampoco uno triste, sino todo lo contrario. Tan sólo imaginen lo que es que ambas escribamos una historia de consuno, y lo que podría resultar de ello. Un completo Frankestein.
Pues como escribe Paul McCartney:
"The long and winding road
That leads to your door
Will never disappear
Ive seen that road before
It always leads me her
Lead me to you door"
Sin más que decir, más que "lean bajo su propia responsabilidad" y que la "fuerza esté con ustedes", se despiden.
Mad y Arrayan.
The Strange Pair.
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1
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La enorme mansión estaba envuelta en un silencio majestuoso, pues a penas sonaba el segundero del imponente reloj de la entrada, aquel que en tantas ocasiones molestaba con su eterno "tic tac", pero que ahora, parecía haber reducido el volúmen sólo como una muestra de respeto al sueño ajeno. Incluso las acompasadas respiraciones de los dos únicos habitantes humanos era un suave susurro en la absoluta oscuridad, una leve manifestación de que los dos cuerpos que reposaban en esa ancha cama adoselada estaban con vida, regocijándose ya en el cuarto sueño, con los músculos completamente relajados y ajenos a toda perturbación.
Sin embargo, en menos de lo que una respiración lleva a otra, un fuerte sonido como el de una cosa pesada estrellándose contra el suelo hizo que los dos ocupantes de esa habitación saltaran a la par, totalmente sobresaltados, encendiendo las luces y poniéndose en guardia, varita en mano.
-¡Por Merlín bendito, Granger!, ¿tienes idea de qué hora es? -la voz aún adormilada de Draco Malfoy resonó casi con eco, mientras se volteaba a mirar el reloj sobre su velador y bajaba la varita, al comprobar que nadie más que Hermione Granger estaba parada con la cara gacha frente a su cama, algo más despeinada de lo habitual y con las manos empuñadas.
-¿Hermione? –la otra voz, una dulce e igualmente adormilada se hizo oír –Por Merlín Hermione, ¿estas son horas…? En fin, no importa –se cortó así misma al darse cuenta que la escena ya la conocía y que lo único que podía hacer, era dejarse llevar por la corriente, es decir, las apariciones inesperadas de la muchacha en casa de su novio.
Ella sabía desde un principio que el rubio venía en el mismo paquete que la castaña por razones que se dejó de cuestionar hacia más de un año, así que hizo lo que hacía siempre; atendía a la invitada con amabilidad y comprensión, comportándose como toda una dama, y los dejaba arreglar sus asuntos en privado.
–Voy por tu café, el agua de melisa para nuestra invitada, y una fuerte poción para dormir para mi –con una sonrisa y un beso en la mejilla de Draco, Astoria Greengrass dejó la cama para luego de envolverse en una bata, bajar a la cocina.
Una vez que hubo desaparecido por el marco de la puerta, el silencio se hizo en los otros dos habitantes. Draco giró la mirada hacia la recién llegada, esperando una explicación, mas lo único que encontró fue la imagen de una Hermione Granger más enloquecida que de costumbre, acuchillandolo por los ojos, que se encontraban observándolo entrecerrados.
-¿Cuánto tiempo creías que esta farsa iba a continuar? ¿Cuánto tiempo creías que olvidaría lo que ellos me hicieron? ¿Por cuánto tiempo creías que podrían tratarme como una estúpida? ¿Jugar con mi memoria sólo porque sentían lástima de mi?...Tú lo sabías, ¡lo sabías! y dejaste que ellos tomaran mis recuerdos – masculló, y la voz ronca, evidencia de llanto y desgaste con la que Hermione habló, le heló la sangre.
Si bien era cierto que el que Hermione aparecíera cada cierto tiempo con crisis de angustia o pánico en su casa, oficina, eventos sociales, era considerado como algo "normal" por él, ahora presintió que se trataba de algo distinto. En la rutina que Hermione había construído, y que él se había dejado involucrar en todos estos años, ella nunca había hecho una afirmación de ese tipo...
Parecía saberlo todo. Cada padecimiento, cada suceso, cada herida parecía haber vuelto a su memoria, y no había nada en el mundo que Draco Malfoy deseara más que ella estuviese bien... sin recuerdos, pero bien.
Ahora, todo su esfuerzo se había visto súbitamente lanzado al tacho de basura.
–No quiero saber porqué. Creo que me puedo hacer una idea al respecto, así que ahorra tus palabras. Sólo quiero que sepas que lo recuerdo todo, bien y con lujo de detalles, y que en este mismo instante te maldigo, Draco Malfoy. Te maldigo con la misma fuerza con la que te amé un día. Te maldigo por dejar que me pasara todo eso, por creer que sabías lo que hacías cuando tomaste la decisión de dejarme atrás, por dejar que me quitaran mis recuerdos, y principalmente, te maldigo, y te odio por hacerme olvidar… a nuestro hijo.
Sin otra palabra, Hermione Granger desapareció de la habitación tal cual había llegado, de manera abrupta e inesperada, dejando a una Astoria Greengrass con una bandeja llena de tazas sin propósito alguno, y a un Draco Malfoy en estado de shock, sentado en la cama, más pálido de lo habitual, y con una gran opresión en el pecho que le impedía respirar.
Todo por lo que había luchado estos años, el tener que alejarse de ella, el saber que no recordaría nunca más lo que hubo entre ambos, tratar de hacer una vida solo, todo, absolutamente todo estaba arruinado, se había ido literalmente a la mierda, dejándolo varado a la deriva.
Ella recordaba, ¡maldición, claro que recordaba!, lo sabía por la forma en que sus ojos le miraron, con un odio profundo y sincero, con un dolor insondable como el que él mismo sentía por sí mismo. Todo, ¡todo! por nada. Sin embargo, el shock inicial fue dejado atrás con rapidez cuando las palabras de la muchacha se repitieron en su cabeza como disco rayado.
-¿Dijo nuestro hijo? –y como si lo persiguiera un dementor, el rubio corrió escaleras abajo, casi empujando a Astoria contra la pared en su carrera rumbo a la biblioteca.
Al llegar a la inmensa habitación, activó la chimenea y conectó la red con la única persona que podría ayudarle y responder unas cuantas preguntas en el proceso. Tratando de calmar las oleadas de rabia que lo invadían, Draco Malfoy hizo su llamada.
-Calle Hope número veintidós, con Harry Potter –lanzó con tanta fuerza los polvos Flu que parecieron estallar en llamas verdes, y su figura se desvaneció, dejando su mansión tan callada como hace quince minutos atrás.
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