CAPÍTULO 27: El valle de Godric

Las nubes comenzaban a teñirse de colores de anaranjados por la luz del atardecer cuando Harry cruzó con decisión el valle de Godric oculto bajo su capa invisible. No creía que la capa fuera suficiente para engañar a Voldemort pero al menos serviría para evitarle las miradas curiosas de los muggles con los que se encontrara, después del día que había tenido llevaba la ropa sucia y llena de desgarrones y no deseaba llamar la atención de los vecinos. Evitó las calles principales y tras cruzarse con menos de media docena de lugareños en seguida dejó la población atrás y tomó un camino que ascendía serpenteando suavemente sobre una pequeña loma, sus ojos verdes, levemente humedecidos, eran la única señal de todas las emociones contenidas que sentía en ese momento.

En el fondo Harry estaba muy aliviado de cómo habían salido las cosas. Voldemort estaba tomando posesión del castillo de modo que matar a Nagini no supondría ningún problema y por suerte convencer a Hermione para que no fuera con él no había resultado tan difícil como se imaginara. Tal como Harry esperaba ella se negó en un principio a dejarle ir solo pero poco después no le quedó más remedio que reconocer que con Voldemort en Hogwarts Harry no corría ningún peligro en el valle de Godric y que era necesario que alguien entregara a Colagusano cuanto antes a los aurores del Ministerio.

Al final resultó que la ausencia de Ron también jugara a su favor. Harry tenía la seguridad que Hermione estaba ansiosa por encontrarse con él y que si no siguió insistiendo en acompañarle al valle de Godric se debía en gran parte a que prefería no imaginar como se sentiría si hubiera sido a ella a quien le tocara quedarse esperando impaciente a recibir noticias de lo que había pasado. Así que tras la resistencia inicial y después de verse obligado a prometer que mataría a la serpiente y se reuniría con ellos lo antes posible Harry consiguió que Hermione aceptara, aunque a regañadientes, ocuparse de Colagusano y volver a La Madriguera.

Pero por supuesto Harry no tenía la más mínima intención de cumplir su palabra. Llevaba demasiado tiempo esperando ese momento como para seguir posponiéndolo. Una vez que el último Horrocrux fuera eliminado no existía ningún motivo para demorar su enfrentamiento con Voldemort y era muy poco probable que tuviese otra oportunidad de hacerlo a solas, sin exponer a nadie más al peligro, especialmente a Ron y Hermione.

Le molestaba tener que faltar a la promesa que le acababa de hacer a Hermione pero no se sentía culpable por ello. Tal vez aquella fuera la última vez que se veían y lamentaba haberse despedido de ella con una mentira, pero si lograba su propósito cuando volviera a La Madriguera a reunirse con ella, con Ron, y también con Ginny, Voldemort estaría muerto y todo habría acabado. No tendrían que volver a esconderse jamás. Serían libres.

Aquella noche la profecía se cumpliría, uno de los dos moriría a manos del otro y todo terminaría para siempre. Curiosamente en el mismo lugar en el que comenzó.

Dobló un recodo y vio la casa, se dirigió hacia ella sin apurar el paso y comprobó que el número del buzón coincidía con el que le había dado Colagusano. Durante unos segundos observó el número de latón sintiendo como sus tripas se encogían, en ese momento todo aquello le pareció una broma de mal gusto. Allí estaba aquel número, como si el cartero pasara cada mañana haciendo su reparto, y el jardín perfectamente arreglado con sus parterres de flores que la primavera había hecho florecer. La casa totalmente reconstruida incluso tenía cortinas en algunas de las ventanas… Harry se preguntó para que demonios podría necesitar Voldemort cortinas en las ventanas, como si tuviera la necesidad de protegerse de las miradas indiscretas de vecinos cotillas muy parecidos a su tía Petunia.

Todo allí era extrañamente normal, tan normal que no resultaba natural, como si aquel no fuera el escenario de unos crueles asesinatos que cambiaron su vida para siempre. Parecía cualquier cosa excepto el refugio de un mago oscuro, cualquiera diría que era una casa acogedora y familiar en la campiña inglesa, uno de esos lugares en los que nunca ocurre nada y sus habitantes viven tranquilos y felices.

Aquella visión de normalidad le encogió el corazón. Trató de no pensar que aquella era la casa de sus padres, que hubo un tiempo en el que fue su hogar, y que él hubiera crecido con Lily y James en esa casa de no ser por Voldemort.

Voldemort. Su simple presencia en aquel lugar era un insulto a la memoria de sus padres. Pero ahora no era el momento de lamentarse, no podía dejar que la nostalgia y la emoción le venciesen, no podía bajar la guardia porque él llegaría en cualquier momento y tenía que estar alerta para hacerle frente.

Bloqueando todos sus sentimientos tomó aire y franqueó la entrada, ya habría tiempo para eso después, "si lograba sobrevivir"… le recordó una vocecilla en su cerebro a la que prefirió no hacer caso. La verja se abrió normalmente con solo girar la manecilla, no había ningún hechizo protector, en realidad tampoco era necesario porque el encantamiento Fidelio era más que suficiente. Harry avanzó despacio por el camino de grava que atravesaba el jardín, al llegar a la puerta de la casa no volvió a detenerse, simplemente puso su mano sobre el picaporte y abrió la puerta sin más ceremonias.

Entró en la casa despacio, conteniendo la respiración, asiendo su varita con tanta fuerza que los nudillos se le quedaron blancos. El lugar estaba totalmente en silencio, bañado por la suave luz del crepúsculo que se colaba por las ventanas, a primera vista no había nadie dentro de modo que se relajó un poco y avanzó con precaución por el pasillo que había ante él. Registró todo el lugar con total indiferencia y frialdad, en ese momento aquella ya no era la casa de sus padres, simplemente él la veía como el refugio de Voldemort, un lugar en el que si se descuidaba podía correr un grave peligro. El hecho de que la mayoría de las habitaciones estuvieran vacías le facilitó enormemente la labor, solo flaqueó un poco cuando desde la ventana de una de las habitaciones orientadas al sur le pareció ver un mausoleo blanco más allá del jardín pero se repuso enseguida y siguió registrando el resto de la casa.

Al cabo de un rato tuvo la certeza que no había ni rastro de Nagini y supuso que había salido a cazar, deseó con todas sus fuerzas que la serpiente estuviera de regreso antes que Voldemort porque bastante complicado le resultaría luchar con él aunque no tuviera ninguno de sus Horrocruxes.

El pensamiento de que la serpiente saliera a cenar hizo que su estómago rugiera en señal de protesta, llevaba todo el día sin comer porque aun no había desayunado cuando Ginny le llamó a través del espejo pero incluso así le resultó sorprendente sentir apetito en sus circunstancias. Pensó en Ron y una tenue sonrisa iluminó su rostro por un momento.

En el ático encontró una habitación con una cómoda butaca y una mullida alfombra por todo mobiliario sin embargo supo que aquel era el centro neurálgico donde Voldemort tramaba sus operaciones, él la había visto en sus sueños, hace tiempo, antes de que Voldemort bloqueara la conexión entre ellos. Evitando deliberadamente usar la misma butaca que Voldemort se sentó en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared y esperó jugueteando con la varita entre sus manos.

No pasó mucho rato antes de que escuchara el leve roce que Nagini producía al arrastrarse. Sus ojos se entrecerraron y sostuvo la varita con firmeza preparándose para matarla en cuanto entrara en la habitación pero de momento no se movió, espero en silencio hasta que poco después pudo oír sus siseos, se estaba aproximando, subía deslizándose lentamente y ya estaba muy cerca, casi al otro lado de la puerta.

Harry se incorporó sin hacer ruido, la puerta estaba entreabierta y sabía que pronto Nagini percibiría su presencia.

Así fue. La puerta se entreabrió un poco más y apenas la serpiente asomó la punta de la cabeza Harry captó su siseo.

- Intrussssssso.

A pesar de saber que alguien la esperaba en el interior de la habitación la serpiente se deslizó dentro sin vacilación, como si no tuviera nada que temer del extraño que allí había, enseñando sus colmillos de forma desafiante en un claro signo de lo segura que se sentía en aquel lugar. No fue hasta que estuvo completamente dentro de la habitación que reconoció a Harry.

- SSSSé quien eresssss – siseó levantando su cabeza a unos cuantos centímetros del suelo aunque no mostraba tanta confianza como hace un momento, de hecho detuvo su avance e incluso retrocedió un poco.

- Entonces sabrás que vas a morir – respondió Harry en lengua pársel.

Nagini no intentó atacarle, cuando vio que Harry la apuntaba con su varita retrocedió lo más aprisa que pudo tratando de escapar para ocultarse cuanto antes pero la digestión entorpecía sus movimientos y no fue lo bastante rápida.

- Avada Kedavra – murmuró Harry con voz firme apenas la serpiente empezó a retroceder.

Un rayo de luz verde salió de su varita y la cabeza de Nagini, la única parte de su cuerpo que no estaba en contacto con el suelo, cayó de golpe provocando un sonido sordo al golpear contra la madera del suelo. Después de eso la casa volvió a quedar en completo silencio con el cuerpo inerte de la serpiente atrancando el paso a la habitación.

Harry se aproximó a ella con una mueca de asco de su rostro, la miró con repugnancia y la apartó de la puerta con un sencillo movimiento de varita. La serpiente se desplazó unos metros por el aire, chocó contra la pared y cayó al suelo, muy cerca de la butaca, donde Harry se quedó mirándola atentamente durante unos minutos, procesando lo que aquello significaba.

Ya estaba hecho. La misión que Dumbledore le encomendara antes de morir estaba cumplida: el diario, el anillo, el guardapelo, la Marca Tenebrosa, la copa y la serpiente, todos destruidos. Si se lo hubieran dicho hace apenas un año no lo habría creído.

Ahora Voldemort volvía a ser mortal y destruyendo el séptimo pedazo de su alma, el último, desaparecería para no volver. Harry suspiró e imaginando como sería la vida sin la constante amenaza que Voldemort suponía volvió a sentarse exactamente en el mismo lugar que antes, con la vista firmemente clavada en la puerta, esperando el momento en el que él la franqueara.

No supo cuanto tuvo que esperar hasta que eso sucedió, era como si hubiera perdido toda noción del tiempo, como si en realidad tampoco le importara ya que sentía que todo lo que había hecho en su vida era un mero trámite para llegar hasta allí.

No estaba nervioso y tampoco sentía miedo, aquel era su momento y aquella su elección. No se escondería más, no rehuiría lo inevitable ni expondría al peligro a otros para salvarse. Estaba allí porque él, y no Voldemort, lo había decidido así. Porque era él quien deseaba ir buscarle aquella tarde para enfrentarse a un duelo a muerte.

No pudo evitar recordar a Dumbledore con cariño y agradecerle que se lo hiciera comprender. Uno siempre puede elegir y ahora que tenía la posibilidad de poner punto final a todo aquello no tenía intención de seguir escondiéndose.

Esperó en calma, con total tranquilidad, hasta que un ruido en el piso inferior le distrajo de sus pensamientos. Supuso que no había pasado demasiado tiempo porque a juzgar por la claridad que entraba por la ventanas el sol estaría a punto de ponerse y aunque no se había movido en todo ese rato no sentía los músculos agarrotados por mantener la misma posición. Se incorporó sin hacer ruido y permaneció alerta, escuchando los pasos que subían las escaleras y se aproximaban seguros, tal como un rato antes hiciera Nagini, como si no existiera la posibilidad de que hubiera algo que temer en su refugio y sin percibir el menor indicio de que un extraño estaba esperándoles.

Harry dejó de sentir los pasos en cada peldaño de la escalera, Voldemort había llegado al último piso y ya avanzaba por el pasillo. Contuvo la respiración y esperó, preparado, habría jurado que por unos segundos su corazón dejó incluso de latir, tal era la calma que había en la casa. Lo único que podía escuchar eran los pasos amortiguados de Voldemort al otro lado de la puerta.

La puerta se abrió lentamente y en el umbral apareció su figura, alta y delgada, vestida de negro, sosteniendo la varita con indolencia en una de sus manos. Tal vez si no llevara la varita en la mano Harry intentara sorprenderle con un ataque pero sabía que Voldemort era demasiado bueno como para conseguir sorprenderle estando armado y que desviaría su ataque con facilidad, de modo que los dos quedaron frente a frente, mirándose. Al verle allí de pie los ojos de Voldemort delataron su sorpresa abriéndose significativamente pero acto seguido se entrecerraron y sus labios se curvaron ligeramente, formando una sonrisa irónica en su habitualmente inexpresivo rostro.

-¡Potter! – exclamó con la emoción de quien recibe un regalo inesperado, sin disimular la enorme satisfacción que le producía que el propio Harry se presentara allí, como si de un sacrificio voluntario se tratase – si me hubieras avisado de tu visita habría preparado algo especial para recibirte, - trataba de imprimir un tono cálido y amable a su voz, que a pesar de todo seguía resultando fría y sin sentimientos - aunque como técnicamente esta es tu casa me temo que no está muy claro quien es el anfitrión y quien el invitado.

Hizo una pausa en su discurso y avanzó un par de pasos penetrando en la habitación mientras Harry le observaba inmóvil.

- Sea como sea te agradezco tu hospitalidad al proporcionarme alojamiento durante tanto tiempo – dijo con un sonrisa.

Harry no abrió la boca, solo le miraba fijamente, esperando el momento en que Voldemort dejara de tratarle con su irónica cordialidad y decidiera pasar al ataque pero en su lugar comenzó a pasearse por la habitación como si nada, sumido en sus propios pensamientos.

- Creo recordar una vieja conversación con Colagusano en la que le prohibí bajo amenaza de muerte que revelara el secreto de mi paradero a nadie – suspiró con resignación. - De modo que al final esa rata me ha traicionado, supongo que la traición forma parte de su naturaleza - hizo una pausa y se dirigió de nuevo a Harry, – una cosa más que tenemos en común, Harry, a los dos nos ha apuñalado por el espalda el desagradecido de Colagusano. No me malinterpretes, estoy muy satisfecho de que lo haya hecho, quien me iba a decir que el más inútil de mis mortífagos sería el que me sirviera tu cabeza en bandeja de plata, y sin embargo, tendré que matarle. Si se difunde la noticia de que contradecir mis órdenes no conlleva la muerte me temo que perderé mi reputación y eso es algo que no me puedo permitir.

- A partir de hoy eso no tendrá ninguna importancia – dijo Harry hablando por primera vez. Seguía atento a cada movimiento, pendiente de atacar en cuando detectara el más leve descuido por su parte, pero aunque Voldemort parecía charlar relajadamente no había bajado la guardia ni por un segundo.

- La reputación siempre es importante, Harry, - respondió ignorando deliberadamente la velada amenaza de Harry, como si fuera tan ridícula que no mereciera ser tomada en cuenta - tú deberías saberlo, la tuya ha estado por los suelos muchas veces. Y pensar que la mía se verá reforzada por matar a un mocoso ignorante cuya única habilidad conocida es atrapar una estúpida pelotita voladora, - se lamentó pensativamente. - He asesinado a magos mucho más competentes que tú Potter – añadió con desprecio – no hay nada excepcional en ti.

Una vez más Harry no respondió a sus provocaciones, sabía que Voldemort solo trataba de hacerle perder el control, pero no lo conseguiría tan fácilmente. Contrariado, Voldemort avanzó un par de pasos hacia él y Harry retrocedió un poco por precaución. Al adentrarse más en la habitación los restos de Nagini, ocultos hasta entonces por la aparatosa butaca, quedaron a la vista de su amo que miró a Harry ligeramente sorprendido.

- Eso que has hecho no está bien, Harry. Me sorprendes, no te creía capaz de un acto cruel ¿No te enseñó Dumbledore a no maltratar a los animales?

- No fue por crueldad – respondió Harry tranquilamente que se encogió de hombros, quitándole importancia - tardabas en llegar y su conversación me resultaba insoportable – dijo terminando la frase en pársel

Por un momento Voldemort desconfió de los motivos de Harry para matar a Nagini y le miró fijamente, tratando de usar la Legeremancia con él, pero Harry estaba preparado y se lo impidió.

- Ya has entrado sin permiso en mi casa, no te dejaré entrar en mi mente – afirmó con frialdad.

- Has aprendido Oclumancia – exclamó sorprendido aunque en su voz se apreciaba un leve matiz de contrariedad – y bastante bien, para ser honestos. Al final va a resultar que no eres tan inepto como asegura Snape.

- Snape no debería subestimarme, – dijo Harry sin perder la calma – y si lo hace, peor para él porque después de ti será el siguiente.

Voldemort le miró fijamente y rió por lo bajo, trataba de intimidarle porque era una risa sin el menor atisbo de ser verdadera, de hecho estaba molesto, y no solo por la muerte de su serpiente o porque Harry supiera Oclumancia. Era la segunda vez que Harry le amenazaba, ahora de forma mucho más directa, y aunque al principio estaba de muy buen humor ahora la situación estaba dejando de divertirle, y eso para Voldemort solo significaba una cosa: que el cadáver de Potter pronto descansaría junto a los de sus padres.

- ¿Has visitado ya las tumbas de tus padres, Harry? – esta vez no intentó parecer cortés, el odio se escapaba por sus ojos rojos y había en su voz un tono claramente amenazador.

- Pensaba hacerlo más tarde – respondió Harry con naturalidad, como si no le afectara en absoluto, pero sus dedos apretaron con más fuerza la varita.

- Mal hecho, - replicó Voldemort rápidamente – porque no habrá un más tarde para ti.

La perspectiva de la muerte de Harry pareció aplacar su ira momentáneamente y ponerle de mejor humor.

- Te habría gustado verlas ¿sabes? – preguntó con maldad – yo mismo me encargo de mantenerlas en buen estado. Es muy gratificante para mí acercarme hasta allí y pensar que muy pronto estarás con ellos, que te mataré y su sacrificio no habrá servido de nada.

- ¡BASTA! – gritó Harry furioso, pero mucho menos alterado de lo que Voldemort pretendía. La expresión en la cara de Voldemort también cambió, abandonando su fingida cordialidad.

- Tienes razón, basta. Es hora de que te reúnas con ellos, ya has tardado demasiado.

Apenas había terminado de pronunciar estas palabras cuando un rayo verde salió de su varita pero Harry estaba preparado y contraatacó. Tal como sucediera en el cementerio los dos rayos chocaron en el aire y las varitas quedaron unidas por el Priori Incantem. Aunque la varita comenzó a temblar en su mano Harry sostuvo su hechizo, luchando contra Voldemort, mientras observaba en su rostro una mueca de desagrado.

- Todavía no entiendes lo que ocurre ¿no es cierto? – preguntó con una sonrisa burlona.

Voldemort rompió la conexión con un gesto airado.

- No presumas de saber más que yo, mocoso engreído, solo porque el viejo caduco te explicó un par de cosas antes de morir. Si no dependieras de los demás habrías muerto antes de aprender a caminar – dijo despectivamente.

Harry le envió un hechizo no verbal pero Voldemort conjuró a toda velocidad un escudo contra el chocó su ataque y que en lugar de repelerlo pareció absorberlo. Sin tiempo para nada Harry volvió a atacar y Voldemort hizo lo mismo, dos rayos salieron de sus varitas, el de Harry se estrelló de nuevo contra el escudo mientras que el de Voldemort impactó en una de las paredes después de que Harry saltara con habilidad para esquivarlo. Todavía estaba tratando de recuperar el equilibrio cuando contraatacó con un nuevo hechizo que destruyó el escudo de Voldemort.

- ¡Crucio!- chilló Voldemort de mal humor, contrariado porque Harry supiera que hechizo emplear para destruir su escudo.

Nuevamente Harry esquivó el hechizo, esta vez por los pelos, ya que le pasó rozando el hombro izquierdo. Se miraron desafiantes durante una milésima de segundo antes de atacar de nuevo, los dos a la vez.

Dos rayos salieron de sus varitas y también esta vez chocaron entre ellos impidiendo que llegaran a su destino. Voldemort rompió la conexión casi inmediatamente.

- Tienes razón, - le espetó Harry aunque no había dicho nada – es imposible mantener un duelo si las varitas no funcionan como deberían.

Voldemort le miró iracundo, Potter estaba llegando demasiado lejos, no le bastaba con bloquear su mente que además se atrevía a emplear la Legeremancia contra él. Decidido a hacerle pagar su osadía y acabar con él de una vez por todas; atacó con fiereza, Harry hizo lo mismo y por tercera vez las varitas quedaron conectadas.

Harry se mostraba confiado pero sabía que no le convenía que el duelo se prolongara demasiado, apenas acaban de empezar y Voldemort luchaba sin inmutarse mientras él no paraba de saltar para esquivar sus ataques. Pero tenía algo a su favor, a Voldemort le disgustaba que las varitas se conectasen y tampoco podía emplear un escudo para evitar sus hechizos. Si pretendía evitar la conexión la única opción que les quedaba era luchar cuerpo a cuerpo y esquivar los hechizos como lo estaba haciendo Harry, y puede que Voldemort fuera más rápido con la varita pero Harry no creía que le superara en agilidad, de algo tendrían que servirle su juventud y su experiencia en el quidditch. Aprovechando la relativa calma que el Priori Incantatem le ofrecía Harry mantuvo la conexión, necesitaba encontrar urgentemente un modo de distraerle para lanzar un ataque rápido que no pudiera esquivar.

Los rayos estaban empezando a dividirse y a su alrededor ya se estaba formando una burbuja que les envolvía casi por completo, los dos sostenían con fuerza las varitas, que vibraban intensamente en las manos de sus dueños, mientras los rayos pugnaban en aire en una lucha igualitaria, manteniéndose de momento a una distancia intermedia de cada uno de ellos. Pronto se escucharía el canto del fénix.

Harry esperó, su instinto le dijo que escuchar el canto del fénix le ayudaría, que resultaría tan desconcertante para Voldemort como alentador para él. A la vez reparó en que Voldemort observaba el fenómeno con interés, sentía una curiosidad tan extrema por los fenómenos mágicos que ni siquiera en esas circunstancias podía renunciar a intentar comprenderlos. Tal vez esta fuera la oportunidad que necesitaba, tal vez consiguiera distraerle el tiempo suficiente. Pero aunque Voldemort sentía curiosidad la imperiosa necesidad de matar a su enemigo cuanto antes acabó imponiéndose y también esta vez fue él quien rompió la conexión antes de dar tiempo a que el canto del fénix se produjera.

Con un movimiento rápido envió otro ataque no verbal que Harry casi no atina a esquivar, intentó en el último momento desviarlo con su varita lo que provocó de nuevo que quedaran conectadas, esta vez con el rayo de Voldemort peligrosamente cerca del extremo de la varita de Harry. Harry no sabía con exactitud que ocurriría si la conexión se mantenía lo suficiente como para que Voldemort le venciera pero tampoco tuvo tiempo para averiguarlo. Percibiendo el brevísimo momento de incertidumbre en su contrincante Voldemort rompió la conexión mucho antes de lo que Harry se esperaba.

- ¡Avadra Kedravra! – profirió con un grito triunfal, completamente seguro de que Harry no tendría tiempo para reaccionar y esquivarlo esta vez.

Una mirada que reflejaba una infinita sorpresa se reflejó por un fugaz instante en los ojos esmeraldas de Harry, justo un momento antes de que el rayo impactara directamente sobre su pecho y él se desplomara sobre la mullida alfombra que cubría la habitación.