Perdón por la tardanza y muchas gracias para todos los que me dejáis un rr o marcáis la historia entre vuestras favoritas.

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CAPÍTULO 29: Un nuevo régimen

La aparición de Harry y Fawkes cerca de La Madriguera provocó un fogonazo que Harry temió que se viera en varios kilómetros a la redonda ahora que era casi de noche. A modo de despedida acarició con ternura el lomo carmesí del ave, ya que estaba seguro que una vez pasado el peligro el fénix volvería a marcharse. Tal como él esperaba Fawkes emitió un suave gorjeo antes de alejarse volando y desaparecerse en el aire dejándole solo.

Se sentía agotado después de un día en el que pasara por toda clase de batallas, luchas y enfrentamientos, eso sin tener en cuenta que probablemente fuera alcanzado por la mayor cantidad de maldiciones y maleficios que sufriera a lo largo de toda su vida y que le embargaba una horrible sensación de derrota con simplemente pensar que Voldemort todavía era inmortal.

Caminó hacia La Madriguera con la cabeza gacha, arrastrando los pies con desgana, estaba tan cansado que no deseaba pensar en otra cosa que no fuera un buen tazón de sopa caliente como solo Molly Weasley sabía prepararla y una cama blanda y mullida en la que tumbarse. Sin embargo su cerebro trabajaba contra su voluntad, repasando machaconamente todo lo sucedido a pesar de que Harry no quería recordar lo vivido este día ni imaginar como lograría destruir a Voldemort.

Aunque también esta vez había logrado salir con vida se sentía vencido, fracasado. Estaba peor que hacía un año porque al menos entonces tenía una idea aproximada de cuantos y cuales eran los Horrocruxes pero ahora no tenía la menor idea de cuantos podían faltar, que objetos habría elegido Voldemort ni donde estarían ocultos. Habían registrado tantos lugares sin resultados… Pensar en aquello era frustrante.

Tan abstraído estaba en sus propios pensamientos que no reparó en que no había luz en la ventana de la cocina hasta que estuvo muy cerca de la casa, eso era algo muy extraño y, pensándolo bien, también lo era que nadie hubiera percibido los fogonazos provocados por Fawkes. Advirtiendo que probablemente algo marchaba muy mal desenfundó su varita y aceleró el paso para llegar cuanto antes, estaba muy cerca de las escaleras cuando percibió un movimiento en medio de la penumbra y tuvo que afinar la vista para alcanzar a ver como Hermione apartaba la cortina de la cocina y oteaba el exterior con cara de preocupación. Sus ojos se abrieron significativamente al divisarle y solo unos segundos después abría la puerta y le arrastraba hacia dentro abrazándole con efusividad.

Nada más cruzar el umbral Harry notó que allí reinaba un ambiente extraño. La casa estaba en silencio y totalmente a oscuras, solo se apreciaba un débil resplandor que provenía de la sala de estar, el aire parecía más denso de lo normal y toda la atmósfera transmitía una sensación inquietante.

- ¡Harry! – exclamó Hermione abalanzándose sobre él – estábamos preocupados, has tardado tanto…

- Surgió algo imprevisto – contestó Harry sintiendo que aunque la respuesta no fuera muy precisa no faltaba a la verdad.

Rápidamente Hermione se separó de él, cerró la puerta con un hechizo y le miró de arriba a abajo, comprobando que efectivamente estaba de una pieza pero, por alguna razón que disparó en Harry todas las alarmas, la expresión de congoja que atenazaba el rostro de Hermione no se suavizó cuando estuvo segura que él no estaba herido. Evidentemente aparte de su seguridad había algo más que la preocupaba. En toda la casa palpitaba un silencio tenso que no podía presagiar nada bueno.

- ¿Qué ocurre, Hermione? – preguntó escrutándola con la mirada, sintiendo una preocupación creciente en su interior, ¿a cuantas malas noticias tendría que hacer frente ese día?

- Ven – dijo ella cogiéndole de la mano y tirando con suavidad de él hacia la sala de los Weasley – Hubo problemas al abandonar el castillo, los mortífagos opusieron mucha resistencia – explicó vagamente con voz queda mientras avanzaban por el pasillo en penumbras.

En medio del latente silencio Harry pudo percibir claramente un sollozo contenido que procedía de la habitación a la que ellos se dirigían, quiso pedir más explicaciones a Hermione pero ya estaban en la puerta de la sala, Hermione se hizo a un lado y él se quedó parado en el umbral de la habitación en penumbras.

Ginny estaba sentada en un sillón muy cercano a la puerta, con la cabeza apoyada en el pecho de Bill que sentado en el brazo del mismo sillón la abrazaba de forma protectora. Al verle en la puerta Ginny se levantó como accionada por un resorte.

- ¡HARRY! – chilló corriendo hacia él y tapándole totalmente la visión del resto de la habitación. Su llamada resonó en toda la silenciosa casa haciendo que pareciera que ella gritara mucho más fuerte de lo que lo había hecho.

Se abalanzó sobre él con tanto ímpetu que casi le tira al suelo. Harry reunió todas las fuerzas que le quedaban para aguantar la embestida aunque se vio obligado a dar un paso atrás para mantener el equilibrio porque estaba tan débil que sus piernas apenas podían soportar su propio peso. Totalmente desconcertado solo atinó a abrir los brazos para recibirla y bajar la cabeza hasta enterrar la nariz en su pelo y besárselo con ternura, sin importarle cuantos miembros de la familia Weasley les estuvieran observando. El recuerdo de momentos como ese era lo que le había mantenido con vida, lo que le daba coraje para seguir adelante. Necesitaba abrazarla más de lo que lo había necesitado nunca, y al parecer ella también.

El momento en el que Harry la abrazó algo se rompió dentro de ella. Como si se tratara una presa al borde de su capacidad que estalla de repente por culpa de la presión Ginny rompió en sollozos, dando salida a la tensión acumulada.

- Harry… Harry – repetía una y otra vez hecha un mar de lágrimas.

Sin aflojar su abrazo Harry se preguntó que podría haber pasado en el castillo que explicara que Ginny, un auténtico ejemplo de fuerza y entereza, se mostrara tan vulnerable, fue entonces cuando la propia pelirroja le puso sobre aviso.

- No podría soportar perderte también a ti – susurró en voz baja para que solo él la oyera.

Alarmado por las palabras de Ginny Harry levantó la vista por encima de su melena y se encontró con la mirada desolada de todos y cada uno de los Weasley y con algo que le hizo sentir que la temperatura de su cuerpo descendía varios grados de golpe. Percy yacía en medio de la sala, tumbado en una mesa de unos cincuenta centímetros de altura que alguien habría conjurado para la ocasión. Si no fuera por los ojos enrojecidos de los que lo rodeaban Harry hubiera podido pensar que estaba dulcemente dormido pero sabía perfectamente que no era así. Estaba muerto y por la expresión de su cara estaba claro que había sido víctima de la maldición asesina.

Su mirada recorrió lentamente la habitación, aparte de la familia Weasley solo Lupin y Tonks estaban allí, ninguno de ellos estaba herido excepto Charlie, que llevaba una venda en la cabeza aunque no parecía nada grave. Buscó a Ron y lo encontró sentado en un rincón, con la cabeza baja y la vista fija en un punto impreciso de la alfombra. Hermione se había sentado a su lado y posaba cariñosamente una mano sobre una de sus rodillas pero él ni siquiera parecía darse cuenta de su proximidad.

Harry tuvo la impresión de que su mejor amigo era una bomba a punto de estallar. Aunque la habitación estaba llena de gente Ron estaba solo, sumido en su propio dolor, Harry supo que ni siquiera Hermione podría llegar hasta él en ese momento. Todos estaban destrozados pero en el caso de Ron había algo más, resultaba la viva imagen de la ira. Mirando a su amigo pudo distinguir el odio y la rabia de su interior filtrándose hacia fuera por cada poro de su piel y algo que quizás nadie en la habitación salvo él pudiera captar, la culpabilidad.

A pesar de ser el hermano con el que menos congeniaba Harry lamentaba profundamente la muerte de Percy y sentía como propios el dolor y la pérdida de los Weasley, aquella familia que le siempre le acogiera con tanto cariño, pero en ese momento sintió sobre todo una profunda compasión por su amigo. El sabía como se sentía porque ya había pasado por eso, tras la muerte de Cedric, y la de Sirius, y la de Dumbledore.

Todavía con Ginny entre sus brazos pudo notar como la respiración de ella se volvía más regular ahora que se había desahogado, le acarició el pelo y ella separó la cara de su pecho mientras se secaba las lágrimas con una mano.

- ¿Cómo ocurrió? – preguntó con una voz ronca que solo se parecía vagamente a la suya, incómodo por romper el silencio sepulcral que reinaba en la habitación y solo se veía perturbado por la respiración un poco irregular de Ginny. Ni siquiera Molly lloraba, en sus ojos enrojecidos solo se veía una enorme tristeza y la certeza de un vacío que nunca podría llenarse.

En aquel momento, y antes de que nadie tuviera tiempo de responder, las rodillas de Harry se doblaron, incapaces de seguir resistiendo y se vio obligado a apoyarse en Ginny para no caerse. Lupin y Tonks salieron velozmente de la penumbra para ayudarle a sostenerse.

- Harry, necesitas descansar – adivirtió Lupin con voz preocupada aunque su aspecto no era mejor que el suyo. Harry le observó en la semioscuridad, Lupin era un hombre enérgico y la relación con Tonks le había rejuvenecido pero en ese momento le pareció que estaba más viejo y cansado que nunca. Una profunda cicatriz que antes no tenía surcaba de arriba abajo una de sus mejillas. - Vamos a la cocina, allí te lo explicaremos todo – dijo permitiendo que Harry se apoyara en él.

En silencio y mucho más calmada Ginny volvió al sillón que compartía con Bill y Harry se fue a la cocina acompañado por Remus y Tonks.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Harry descorazonado mientras se dejaba caer en una silla.

- Reducimos a los últimos mortífagos y nos dirigimos hasta el pasadizo que hay cerca de la torre de Gryffindor, no podíamos usar las escaleras porque Hermione las bloqueara en el tercer piso. - Empezó a explicar Lupin con gesto abatido. - Los profesores insistieron en ser los últimos en abandonar el castillo de modo que los miembros de La Orden fuimos entrando en el pasadizo, pero cuando ya estábamos dentro los mortífagos de refuerzo nos sorprendieron. Intentamos volver a salir para ayudarles pero no pudimos, cuando nos dimos cuenta de lo que pasaba escuchamos una explosión y comprendimos que los profesores tapiaran el pasadizo para darnos tiempo a escapar. Se produjo una violenta refriega, debió ser terrible, estaban en franca minoría… - Lupin suspiró - al final no tuvieron más opción que rendirse y dejarse capturar por los mortífagos. De momento los retienen en Hogwarts, junto con la señora Pince y Madame Pomfrey, que se está ocupando de los heridos. Parece ser que tienen la intención de reabrir el colegio el próximo curso, solo dejaron salir a Flitwich, dicen que para sacar los cadáveres aunque sospecho que en realidad no les interesaba mantener en su puesto a alguien tan cercano a Dumbledore.

– ¿Los cadáveres? – preguntó Harry, el semblante de Lupin se ensombreció todavía más.

– Percy no fue la única baja.

- ¿Quién más?

- Slughorn y McGonagall también están muertos y la profesora Hooch gravemente herida.

– ¡No! – exclamó Harry en voz baja.

- Slughorn fue el primero en caer, incluso antes de que Flitwich derrumbara el pasadizo. Le enterró el propio Flitwich en Hogwarts, no tenía familia, ni nadie que se hiciera cargo del cuerpo, y a McGonagall se la llevó a Escocia, para enterrarla junto a su marido.

Incluso en medio de toda aquella conmoción a Harry no dejó de impresionarle la revelación de que McGonagall hubiera estado casada.

- ¿Su marido? – preguntó mirando extrañado a Lupin.

- Un loco amor de juventud con un muggle, por lo que Flitwich nos contó - explicó Lupin a toda prisa – casi nadie lo sabía porque él murió poco después de la boda.

Si había algo que Harry jamás hubiera imaginado de la antigua jefa de la casa Gryffindor era que alguna vez fuera capaz de cometer locuras por amor. El siempre la había tenido por una mujer fría, su carácter tan estricto y severo ayudaba a que los demás se formaran esta imagen, sin embargo también actuaba siempre con justicia y equidad.

Harry sintió que en embargaba una oleada de gratitud cuando recordó que fuera ella quien le consiguiera el puesto de buscador en su primer año en Hogwarts, evitó que les expulsaran a él y a Ron el año que llegaron al colegio en el coche volador del señor Weasley y le defendió con vehemencia enfrentándose a Dolores Umbridge cuando el Ministerio intentaba controlar el colegio. Siempre se preocupó por él cuando estuvo en peligro y a pesar de los innumerables castigos impuestos a lo largo de seis años (tenía que reconocer que casi todos ellos merecidos) resultara una profesora excepcional y una gran aliada en la batalla. Aunque ahora que se detenía a pensarlo su muerte no le sorprendía demasiado, era como si una parte de él lo presintiera.

– Lo cierto es que me extrañó mucho no verla combatiendo en el castillo – admitió.

- Por lo que hemos podido averiguar un mortífago se coló en su despacho a través de la Red Flu, tomó la poción multijugos y se hizo pasar por un alumno.

Harry asintió apesadumbrado con la cabeza, recordando que así fuera como ellos entraran en el castillo en enero, cuando buscaban el Horrocrux de la Cámara de los Secretos. Tal y como suponía el embargo de ingredientes por parte del Ministerio no surtiera ningún efecto y los mortífagos podían elaborar las pociones que les viniera en gana. Lupin continúo con el relato sacándole de sus reflexiones.

- No sabemos con exactitud cómo sucedió pero suponemos que el mortífago la pilló desprevenida. El hecho es que le lanzó un Imperius y después la obligó a deshacer todos los hechizos defensivos y bajar hasta la entrada para abrir la puerta. – Lupin se detuvo un momento y se llevó la mano a los ojos, como si sufriera un fuerte dolor de cabeza. Harry ni se movió, escuchaba su relato ensimismado, mientras una creciente sensación de impotencia se adueñaba de él.

- Creemos que fue ella quien mató a los aurores que hacían guardia, - continúo el licántropo apesadumbrado – por lo menos a uno de ellos. Mientras los mortífagos aprovecharon los pocos minutos que la chimenea estuvo conectada para invadir su despacho, tenían planeado atacar por dos frentes, un grupo desde los terrenos del castillo y el otro desde dentro. Al volver al castillo McGonagall comenzó a dar señales de resistirse a la maldición, consiguió que Filch sospechara y al saberse descubiertos los mortífagos la mataron. Su plan era esperar hasta que los demás se apareciesen a la entrada del castillo pero no les dio tiempo, Filch alertó al resto de profesores y los mortífagos se vieron obligados a adelantar el ataque, luego llegaron los dementores y casi inmediatamente después aparecisteis vosotros.

- Lo de McGonagall fue inevitable pero si el Ministerio hubiera enviado refuerzos habríamos salvado el colegio y los demás estarían vivos – se lamentó Harry apretando los puños con rabia.

- El Ministerio tenía sus propios problemas – le reveló Lupin con gesto abatido – fue atacado por sorpresa a la misma hora que el castillo, por eso muchos de los mortífagos que fueron a Hogwarts eran antiguos alumnos o gente joven, reclutada recientemente, algunos incluso en otros países. Hogwarts era importante para Voldemort, aunque no su objetivo prioritario. Es probable que lo único que pretendiera fuese dividirnos para así tomar más fácilmente el Ministerio.

-¿Resistió? – preguntó Harry intuyendo la respuesta.

- No, también ha caído – contestó Lupin con pesadumbre.

Al comprender la magnitud de la noticia Harry se quedó sin habla, eso significaba que la guerra había acabado, y que Voldemort era el vencedor… a partir de ahora tendrían que pasar a la clandestinidad, vivir escondidos, huyendo. No solo él, esto afectaría a todos aquellos que habían permanecido fieles al Ministerio, a los magos y brujas cuyos padres fueran muggles y, por supuesto, a cualquiera que estuviera mínimamente relacionado con La Orden de Fénix. Serían perseguidos sin tregua hasta ser exterminados. Ese día era el comienzo de un nuevo orden, un reinado del terror donde no existirían la piedad ni la justicia. Sintió que se mareaba, la cabeza le daba vueltas y si no llevara todo el día sin comer vomitaría.

- Seremos prófugos… - dijo en un murmullo - tenemos que dejar esta casa ¿Cuánto creéis que tardarán los mortífagos en aparecer por aquí?

- Lo sé. Lo hemos hablado y todos estamos de acuerdo en eso. De momento hemos sellado la chimenea porque la Red Flu ya no es segura y hay hechizos protectores alrededor de la casa, nadie excepto tú habría podido acercarse sin que se dispararan las alarmas. Pasaremos la noche aquí y nos marcharemos al amanecer, después de enterrar a Percy. Pensamos pedirle a Flitwich que hiciera un encantamiento Fidelio pero entonces tú no habrías encontrado la casa y él no podía esperar a que regresaras.

Lupin hizo una pausa, las arrugas en su rostro eran tan profundas que parecían labradas por un cincel, como si un montón de años hubieran caído sobre él en unas pocas horas, por un momento a Harry le costó reconocerlo como un hombre que todavía no llegaba a los cuarenta.

- Tonks y yo tenemos donde quedarnos – dijo mirando hacia ella. Tonks, que hasta entonces escuchara la conversación sentada sobre el mesado de la cocina, bajó de un salto y acercándose hasta la mesa posó las manos sobre los cansados hombros de Remus – pero mucho me temo que los Weasley necesitarán de tu hospitalidad.

- En Grimmauld Place hay sitio de sobra para todos y mi casa es su casa.

Lupin le puso la mano en el hombro y le miró orgulloso.

- Eso te honra. En los momentos difíciles es cuando se reconoce a los verdaderos amigos.

- Yo he pasado por muchos de esos momentos y los Weasley siempre han estado conmigo, ahora no los abandonaré.

- Hablando de conocer a los amigos en los momentos difíciles. Harry, tengo algo más que contarte, - Harry se temió que una vez más no serían buenas noticias - se trata de Peter – explicó Lupin. - Hermione y él llegaron al Ministerio justo en medio de la refriega, Hermione estaba extuanda y Kinsley la envió aquí inmediatamente, iba hacerse cargo de Colagusano pero en medio de toda la confusión consiguió transformarse y escapar. Parece que llevaba un trozo de varita escondida en la manga de su túnica. – Harry recordó como Pettigrew se lamentaba en el suelo, hecho un ovillo, seguramente habría aprovechado uno de esos momentos para coger el trozo de varita sin que Hermione y él lo notaran. - Lo siento – terminó Lupin con voz cansada.

En otras circunstancias a Harry le herviría la sangre en las venas por la huída de Colagusano. Ese maldito traidor siempre encontraba la forma de escurrirse y no pagar por lo que había hecho pero hoy solo significaba para él otra mala noticia más, ni siquiera era la peor en la larga cadena de trágicos sucesos de ese horrible día.

- Si te sirve de consuelo – dijo Lupin retomando el tema – no creo que consiga ir muy lejos, la varita estaba rota y no consiguió transformase por completo. Según Kinsley nos contó tenía el tamaño de un cochinillo y un aspecto de lo más extraño, te aseguro que no conseguirá pasar desapercibido. Si lo captura algún muggle acabará como conejillo de indias en cualquier laboratorio.

- Colagusano no es mi principal motivo de preocupación en este momento, - dijo Harry quitándole importancia - ¿qué pasó con Bellatrix y Amicus?, cuando Neville los llevó al Ministerio ya estarían en pleno combate.

- Así fue, los aurores estaban demasiado ocupados luchando contra los mortífagos de modo que le proporcionaron un medio de transporte y el propio Neville se encargó de llevarlos a Azkaban.

Harry tragó saliva antes de formular una pregunta cuya respuesta intuía.

- ¿Han caído muchos en el Ministerio?

- Muchos, - afirmó Tonks con voz apagada, participando por primera vez en la conversación. Estaba muy afectada, por muy auror que fuera se notaba que Lupin, más adulto y con la experiencia de haber vivido la primera guerra estaba mucho más curtido que ella en este tipo de situaciones. – Scrimgeour consiguió escapar pero han caído muchísimos aurores y varios miembros de La Orden, Elphias Doge, Hestia Jones, Dedalus Diggle… Ojoloco se ha llevado a algunos por delante aunque ha perdido dos dedos de una mano y Kinsley está herido pero se recuperará.

- Muchas bajas para un solo día – dijo Harry en voz baja.

- Nada de esto habría pasado si tuviéramos un espía entre sus filas – se lamentó Tonks como amargura – si me hubierais dejado hacerlo todo sería diferente, podríamos haber estado preparados y sorprenderles.

Pero Lupin la interrumpió con un gesto cansado.

- Eso no importa ya, es demasiado tarde. - Sus palabras sonaron mucho más pesimistas de lo que pretendía. Miró a Tonks y a Harry con tristeza, deseando poder protegerles de alguna forma de todo lo que se avecinaba, eran jóvenes, aquella era su primera guerra y lo que necesitaban en medio de todo aquel horror era un poco de esperanza. Estiró un brazo y rodeó cariñosamente a Tonks por la cintura. – Ahora empieza otra clase de lucha, lo que tenemos que hacer es ocultarnos y empezar a organizar la resistencia – les dijo con una voz mucho más firme.

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Hola a todos, con este capítulo se cierra la batalla por Hogwarts, me costó horrores matar a los profesores, sobre todo a McGonagall (es un personaje que me inspira cariño y respeto, y después de leer el DH todavía más) y a Percy. Al contrario de la mayoría de la gente siento cierta simpatía por él, sé que es petulante y orgulloso hasta el extremo pero comparto su respeto por las normas y además, aunque muy en el fondo, no deja de ser un Weasley. De todas formas los Weasley son demasiados para que puedan sobrevivir todos y Percy es el que menos me dolía sacrificar, supongo que su muerte no tomará a nadie por sorpresa, al fin y al cabo era el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y todos sabemos que aceptar el puesto conlleva ciertos riesgos.

Escribí este capítulo antes de la publicación en castellano de DH y me alegro mucho de que fuera así porque entonces no me habría quedado igual, probablemente me vería influenciada por el estúpido comportamiento de Lupin en los primeros capítulos del libro. Allí la guerra saca lo peor de Remus, aquí en cambio hice que sacara lo mejor. Quizá la versión de JK sea más realista porque en situaciones de tanta tensión pasan cosas así pero de verdad creo que los jóvenes necesitaban el ejemplo de alguien que les proporcionara un poco de esperanza.