CAPÍTULO 33: Sacrificios

Snape apuntó con su varita a donde estaba Harry y casi sin separar los labios pronunció un hechizo:

- Accio varita.

La varita mágica de Harry salió volando y él estiró una de sus huesudas manos para atraparla en el aire con un movimiento certero.

Harry no se movió, nada de lo que pudiera decir o hacer Snape le importaba, ya no sentía odio, ni ansias de venganza, ni miedo, incluso el instinto de supervivencia parecía haberle abandonado. El dolor por la pérdida de Ginny lo llenaba de tal forma que no quedaba sitio para nada más y se aferraba desesperadamente a lo único que conservaba de ella, su cadáver, que aún no estaba frío, que todavía conservaba aquel dulce perfume floral que le tanto le cautivaba.

Snape echó a andar hacia donde estaba Harry teniendo cuidado de no pisar los fragmentos de vidrio esparcidos por el suelo.

- Una entrada muy discreta, Potter – dijo sin disimular el sarcasmo en su voz mientras dedicaba una mirada con gesto reprobatorio a los desperfectos causados por Harry. – Siempre tienes que arreglártelas para llamar la atención.

Harry le ignoró, no tenía ninguna intención de responder a sus provocaciones, en ese instante preferiría morir antes que soltar a Ginny o dejar de mirarla. Por un momento imaginó su propia muerte y aunque le resultó amarga como la hiel a pesar de todo una parte de él se dejó seducir por la idea; pensar en ello tuvo un efecto vagamente reconfortante, algo así como un agrio consuelo que contribuyó a aplacar el dolor que lo inundaba. Después de todo quizá no fuera tan malo, no podía ser peor que una vida en la que le arrebataban una tras otra todas las cosas que merecían la pena.

Enterró los dedos más profundamente en el pelo de Ginny mientras con un movimiento lento deslizaba la otra mano por sus mejillas, los labios, el cuello. Aquellos sitios donde él había tenido el privilegio de posar sus labios; aunque le parecía que había pasado una eternidad desde entonces, desde aquellos lejanos y breves instantes en que fuera tan afortunado como para gozar del amor de Ginny. La acariciaba con veneración, como si en las yemas de los dedos quisiera grabar el recuerdo de la tibieza de su piel, en un intento de conservarla intacta en su memoria antes de que se perdiera irremediablemente para siempre.

- Suelta a la chica – dijo Snape con aspereza, – si mañana tiene el cuerpo lleno de cardenales no será culpa mía.

Algo empezó a bullir dentro de Harry, que no soltó a Ginny pero alzó la cabeza para mirar a Snape con odio mientras empezaba a lamentar no tener la varita en su poder ¿él era su asesino y le reprochaba que no tratara el cadáver con delicadeza? Tardó unos segundos en darse cuenta de que aquello no tenía sentido pero para cuando intentó reaccionar Snape ya le estaba increpando de nuevo.

- Levanta de una vez – gruñó agarrándole por el cuello de la túnica y tirando de él hacia arriba, provocando que Ginny quedara tendida en el suelo. – El señor Tenebroso no tardará en regresar.

- ¡No me toque! – gritó Harry forcejeando.

Hizo un movimiento brusco para zafarse dando por sentado que Snape le retendría contra su voluntad pero para su sorpresa este le soltó sin más y Harry chocó con violencia contra el mostrador, golpeándose contra él y provocando un ruido apagado, como si un objeto poco pesado hubiera caído al suelo a causa del impacto. Se quedaron a pocos centímetros de distancia en actitud desafiante. Harry respirando de forma acelerada y proyectando en su mirada todo el rencor que sentía, Snape mirándole con gesto contrariado a pesar de su acostumbrada impenetrabilidad. Solo duró unos segundos porque luego Harry se agachó para tomar a Ginny en brazos y posarla sobre el mostrador, fue en ese momento cuando Snape soltó lo último que Harry esperaba escuchar.

- ¿Has destruido todos los Horrocruxes? – preguntó con voz seca.

Se giró y le miró atónito, no podía creer que Voldemort confiara tanto en nadie como para hacerle partícipe de su secreto.

- ¡Vaya! – exclamó impresionado mientras en su rostro se formaba una expresión que reflejaba toda la repugnancia que sentía contra Snape – no me extraña que los demás mortífagos le envidien, nunca creí que nadie se ganara su confianza hasta ese punto.

- No fue el señor Tenebroso quien me lo contó – explicó Snape crispado e impaciente. – He dedicado casi toda mi vida al estudio de las artes oscuras de modo que ya lo sospechaba, había indicios muy claros. Dumbledore simplemente me lo confirmó.

- Dumbledore jamás le contaría algo así – replicó con ímpetu, dolido porque de ser cierto significaría que el director había hablado con Snape de algo que Harry creía que solo compartiera con él. Algo que le había pedido explícitamente que no confiara a nadie más excepto Ron y Hermione. Si Dumbledore no tenía secretos para Snape eso convertía su traición en algo más grave todavía.

Por un momento, antes de replicar, la expresión de Snape se tornó divertida, como si realmente estuviera disfrutando con aquello.

- Por suerte para ti Dumbledore sabía lo que hacía y me confió muchas más cosas de las tú crees saber. ¿Piensas que miento? – preguntó regodeándose en el desconcierto que a Harry le provocaban sus palabras – pues mira a tu alrededor – dijo señalando el suelo lleno de cristales con un amplio movimiento de su brazo – esto demuestra que actúas sin pensar en las consecuencias, eres demasiado impetuoso para que uno pueda fiarse de ti. Siento decepcionarte pero era conmigo con quien compartía los detalles de su plan.

- Si va a decirme que fue un ingenuo ahórreselo, esa discusión ya la tuve con Voldemort.

- Te equivocas, - bufó Snape incómodo - confiaba en la gente pero eso no le convertía en un ingenuo. Yo le estaba agradecido, le apreciaba y aunque pienses lo contrario nunca le traicioné.

De pronto toda la furia de Harry, arrinconada hasta entonces por el dolor de la muerte de Ginny, volvió de golpe con más violencia que nunca.

- Le creería si no fuera porque pasa por alto un pequeño detalle ¡Usted le asesinó! – estalló Harry – ¡igual que a ella! – añadió de forma acusadora mientras señalaba a Ginny.

- ¡Falso! – se defendió Snape.

Desde que Harry le conocía nunca le había visto proclamar algo con semejante vehemencia, por primera vez vio como sus mejillas perdían su habitual color cetrino para teñirse de un leve rubor. Todo en él daba la impresión de haber sido gravemente ofendido.

– ¡No fue un asesinato! – Gritó clavando con intensidad sus ojos negros en los esmeralda. - Aquella noche yo estaba obligado a cumplir con mi palabra. Dumbledore, igual que otros en esta guerra, conocía el significado del sacrificio. Sabía que llegado el momento el señor Tenebroso se cobraría alguna vida, la suya o la de otros, y decidió morir para mantener con vida a Draco Malfoy, amenazado por el señor Tenebroso; a mí, que estaba obligado por un juramento inquebrantable; y en última instancia también ti, Potter.

- ¿Por qué había de creerle? – preguntó Harry enfadado. Como si pudiera fiarse de la palabra de un asesino, de alguien que había matado a sangre fría a la persona que le brindara su protección y con la que fingiera colaborar durante años. No quería creerle, no podía hacerlo por muy convincente que sonara. Que engañara a Dumbledore durante tanto tiempo demostraba que era un artista de la manipulación.

Snape le miró con expresión de hastío, como si todo aquello le resultara aburrido.

- Porque si mintiera no habría guardado el secreto de los Horrocruxes, el señor Tenebroso sabría que alguien iba tras ellos y tú no habrías disfrutado de todo un año para buscarlos a tu antojo; porque si no estuviera de tu lado ya estarías retorciéndote en el suelo víctima de alguna maldición dolorosa en lugar de estar escuchando unas explicaciones que no tendría porque darte; y sobre todo – dijo extendiendo la mano para mostrarle la varita que antes le había arrebatado posada su palma abierta - porque entonces no te devolvería tu varita.

Harry la tomó incrédulo, mirándole con desconfianza, y en cuanto tuvo la varita en su mano apuntó a Snape sin disimulo, aunque no le pareció oportuno lanzarle ningún hechizo dado que él había guardado la suya, poniéndose en sus manos.

- Dice que Dumbledore eligió morir pero eso no puede ser cierto, yo le escuché intentando convencer a Draco para que no lo hiciera y a usted le suplicó por su vida.

- No fue como crees. Albus quería evitar a toda costa que Draco se manchara las manos de sangre, creía que todavía era recuperable e intentaba ganarlo para la causa antes de que fuera demasiado tarde para él. A mí me tocó la peor parte: me hizo prometer que llegado el momento tendría que matarle porque esa era la única forma de que yo pudiera seguir viviendo y así cumplir con la función que él me había asignado. En el último momento él dudó de mi decisión, lo que escuchaste fue un ruego para que yo mantuviera mi palabra y cumpliera mi parte del trato. – Snape retrocedió unos cuantos pasos, hasta que su rostro quedó en las sombras y Harry no pudo percibirlo con claridad. - En esta complicada historia hay personas a las que les tocó transformarse en mártires y quien se vio en la obligación de convertirse en verdugo. Pero me hago cargo de que a ti te costará entender el papel que juego en todo esto. – Su voz adquirió un tono rencoroso, hiriente. - Siempre tan preocupado por ti mismo, por tu destino de héroe trágico. Crees que eres el único capaz de darlo todo por otros ¿acaso piensas que los demás no hemos perdido nada antes de llegar hasta aquí? – preguntó con voz desgarrada. - Hay personas que se han arriesgado, que han dado su vida, que incluso han llegado a matar… con el único objetivo de mantenerte con vida. – Avanzó hacia él saliendo de nuevo de la oscuridad y Harry pudo ver que en sus ojos brillaba una firma determinación.- Comprende de una vez que nada, ni nadie, es más importante que acabar con el señor Tenebroso.

Todo lo que decía sonaba muy convincente y de pronto Harry no tuvo ninguna duda sobre la veracidad de la historia de Snape. Se quedó conmocionado. Por asombroso que resultara todo lo que acaba de descubrir la revelación del sacrificio voluntario de Dumbledore era lo que menos le sorprendía ya que no le costaba imaginar al viejo profesor dando su vida por proteger a otros, lo que nunca hubiera imaginado era que Snape fuera capaz de asumir tal carga sobre sus hombros, de llegar hasta ese punto en la lucha contra Voldemort. Desde luego su forma de proceder no era admirable pero tal grado de implicación y sacrificio hicieron que Harry no pudiera negarle al menos cierto respeto que nunca le tuvo como alumno.

Dumbledore se había sacrificado por la misión, y él hubiera hecho lo mismo sin dudarlo, sin embargo nunca habría sido capaz de comportarse como Snape. En todas sus hazañas era siempre él quien se ponía en peligro tratando de proteger a los demás pero lo que Snape había hecho requería otra clase de valor. Muchas veces en su interior Harry lamentaba el papel que le había tocado jugar en esta guerra, un papel que Voldemort le impusiera a la fuerza en el mismo momento en el que eligió matarle a él y no a Neville. Harry nunca pidió ser El Elegido, y de ser posible hubiera declinado la responsabilidad con mucho gusto, en cambio Snape aceptara su dura tarea a pesar de ser consciente de las consecuencias que eso tendría para él. Sin duda no debía resultar sencillo vivir con esa carga.

Ni siquiera podía enfadarse con Dumbledore por no habérselo contado, porque si hubiera sabido lo que el director planeaba, él y sus locos impulsos lo habrían echado todo a perder intentado buscar alguna manera de evitarlo. Solo ahora comprendía lo que Snape había dicho: nada, ni nadie, es más importante que acabar con el señor Tenebroso. Nada ni nadie, ni Dumbledore, ni Ginny…y Harry sintió un escalofrío cuando se giró para mirar de nuevo para mirar a la pelirroja mientras Snape le taladraba la nuca con gesto hosco.

- Y ahora que lo sabes, Potter, no tenemos todo el día. ¿Has destruido todos los Horrocruxes?

El corazón se le encogió de nuevo en el pecho al pensar en la respuesta, ahora que Ginny estaba muerta ya no quedaba ninguno.

- Si – contestó con un hilo de voz, mirando a Ginny con el corazón roto. - Nada ni nadie es más importante que acabar con el señor Tenebroso – susurró con un nudo en la garganta. - Ella tampoco – añadió con amargura.

Estaba claro que para Snape la muerte de Ginny era un mal menor, algo desagradable aunque necesario, pero Harry jamás podría compartir esa visión. Si Ginny todavía estuviera viva mantendría sus planes de llevársela lejos aunque significara que muchas personas hubieran muerto en vano y que otras seguirían muriendo mientras Voldemort estuviera en el poder. Dumbledore le había encomendado la misión de destruir los Horrocruxes pero él no la habría cumplido, hubiera sido el único que no estuviera a la altura, porque si pudiera elegir lo habría mandado todo al cuerno y escogería una vida con ella a su lado. Sabía que cada día de su vida se sentiría mal por permitir que Voldemort siguiera sembrando el terror pero cualquier cosa sería preferible a haberla perdido para siempre. En definitiva morir por salvar a los que quieres no era tan difícil. Había cosas peores.

Pero la contundente negativa de Snape le distrajo de sus pensamientos.

- Ella no está muerta, le administré el Filtro de los muertos en vida para engañar al señor Tenebroso pero se despertará en cuanto le suministremos el antídoto. – Harry le miró con ojos desorbitados, buscando en su rostro la sombra de ese amago de sonrisa insensible que tan bien conocía o de algún otro indicio que le delatara que se trataba de una broma cruel, pero el rostro de Snape permanecía grave y circunspecto mientras relataba lo sucedido sin la menor pizca de emoción.- La dosis que le di fue muy elevada, quería evitar que él desconfiase pero con un poco de Wiggenweld se despertará en perfecto estado. Aunque si fuera necesario la habría matado sin dudarlo.

Por un momento Harry se olvidó de Voldemort, de la misión y de los Horrocruxes. Se sintió tan aliviado que no supo como reaccionar, la miró una vez más y solo entonces se le llenaron los ojos de lágrimas mientras experimentaba el loco impulso de abrazar a Snape, o de romper a reír a carcajadas, y tal vez lo hubiera hecho si Snape no cortara de nuevo bruscamente el flujo de sus emociones.

-Toma el antídoto – dijo metiendo la mano en el bolsillo de su túnica y sacando un pequeño frasco de poción que le lanzó por el aire, - y ahora sígueme. No tenemos mucho tiempo.

Echó a andar hacia las rejas doradas que llevaban al vestíbulo de los ascensores y Harry, demasiado aturdido por la oleada de acontecimientos e información recibida en poco tiempo, fue tras él obedientemente después de lanzar a Ginny un encantamiento levitatorio. Una enorme curiosidad le empujaba a seguirle, quería descubrir por fin todos los secretos que Snape y Dumbledore al parecer le ocultaran durante años. Entró en uno de los ascensores y Snape pulsó el botón mientras él echaba un vistazo al cuerpo flotante de Ginny, de ahora en adelante no la perdería de vista ni durante un segundo si era posible.

- Gracias por mantenerla con vida.

Snape le respondió con un seco movimiento de cabeza sin desclavar la mirada de la puerta del ascensor.

- ¿Adonde vamos? – preguntó con curiosidad.

- Antes te dije que Dumbledore me había encomendado una misión, algo que solo yo podía hacer. Ha llegado el momento y te necesito conmigo.

El tono cortante en que le respondió le dio a entender que eso era todo cuando le diría por el momento pero lo no le importó, la verdad sobre el estado de Ginny le había provocado un estado de euforia que le impedía pensar en nada más. El nudo de su estómago se aflojó un poco y respiró aliviado al saber que su secreto estaba a salvo, mientras nadie supiera que ella era un Horrocrux podía considerar que no corría peligro. Excepto por Voldemort, encerrado en aquel ascensor supuso que además de Snape tampoco él debía conocer con exactitud lo ocurrido en la Cámara de los Secretos o no habría intentado matarla. Decidido a averiguar cuales eran las intenciones de Voldemort respecto a Ginny empezó a interrogar a Snape, dispuesto a llegar al fondo del asunto.

- ¿Por qué Voldemort le pidió que trajera aquí a Ginny? Si era una trampa para atraerme ¿por qué no está aquí?

Snape miró ceñudo la figura de Ginny, flotando a pocos centímetros de ellos y tardó unos segundos en contestar.

- No la quería solo como cebo – explicó en un tono más malhumorado del habitual, – todavía te tiene en su punto de mira pero su prioridad en este momento es hacerse con el control absoluto para evitar cualquier rebelión. Está convencido de que ahora que cuenta con toda la maquinaria e impunidad del Ministerio le resultará muy fácil aniquilarte, confía en que no seas capaz de ocultarte durante mucho tiempo, aunque he de admitir que se alegró mucho al saber que venías hacia aquí. Si los mortífagos que están ahora mismo asaltando Azkaban no hubieran requerido su presencia no dudes que te habría recibido personalmente y en ese caso habríamos tenido muchos problemas.

Hizo una pausa, escupía las palabras de una forma que resultaba mucho más desagradable de lo normal incluso tratándose de él y Harry se dio cuenta de que aunque hacía un esfuerzo por contenerse estaba muy nervioso y malhumorado.

- Has sido muy imprudente, - continúo Snape – claro que debí suponer que no podía esperarse otra cosa de ti.

Su rabia parecía ir en aumento, le miró furioso e hizo un extraño movimiento con uno de sus brazos, provocando que por un momento Harry temiera que volviera a zarandearlo pero en ese preciso instante las puertas del ascensor se abrieron y Snape salió apresuradamente, echando a andar con paso rápido por uno de los pasillos. Harry le siguió prestando atención a cada palabra, intrigado por la causa de su corrosivo enfado ya que de momento todo había salido bien.

– Que vinieras hoy aquí es lo peor que podrías haber hecho. El Señor Tenebroso puede regresar en cualquier momento y yo… – sus puños se cerraron en un gesto crispado y su voz se apagó hasta convertirse en un susurro, – tal vez no esté preparado.

Harry se dio cuenta de que no solo estaba enfado, no podía ver su rostro pero detectó que había algo más que rabia y contrariedad en sus palabras, por un momento le dio la impresión de que estaba ¿triste?, era difícil precisarlo.

- ¿Preparado para qué? - preguntó Harry interesado, acelerando el paso para intentar ponerse a la par. - ¿Para llevar a cabo lo que Dumbledore le encargó? – insistió.

Pero Snape no respondió a sus preguntas, se detuvo en seco y cuando Harry le alcanzó le dedicó una de sus miradas más agrias. Aquello que fuera lo que Harry había creído entrever en él un instante antes se había esfumado bruscamente.

– Tenía la esperanza de que Granger te detuviera – dijo echando de nuevo a andar con paso acelerado - pero obviamente subestimé tu necedad. Nunca aprenderás Potter. Eres impulsivo, actúas sin reflexionar y pones en peligro tu propia vida y la de los demás.

Harry suspiró resignado y siguió andando tras él por el oscuro pasillo. Snape jamás cambiaría, no dejaría pasar la oportunidad de meterse con él y seguía sin considerarle lo bastante importante como para confiarle nada de lo que pretendía hacer para derrotar a Voldemort. Pero a Harry eso no le importaba demasiado, puede que no quisiera compartir con él los detalles del plan de Dumbledore pero todavía había preguntas que Snape podría contestar, como por ejemplo porque Voldemort parecía tener tanto interés en Ginny aunque no supiera que ella era un Horrocrux.

- Para tenderme una trampa le hubiera servido Hermione – insistió Harry a pesar del enfado de Snape – ¿por qué quería precisamente a Ginny?

- Ella es una bruja con un enorme potencial mágico, - explicó contrariado todavía. - Cuando supo que en Hogwarts había conjurado un escudo capaz de desviar una maldición asesina enviada desde pocos centímetros de distancia, y a su edad… quedó impresionado. Sospecho que solo quería saciar su curiosidad, comprender como lo había logrado y tal vez convertirla en mortífaga.

- ¿En una mortífaga? – preguntó Harry atónito, era lo más absurdo que había escuchado nunca, Ginny jamás habría accedido.

Pero Snape le miró de forma despectiva, como si él no fuera más que un insecto corto de entendederas.

- ¿Para qué crees que quiere reabrir el colegio? – bufó molesto. - Además a la gente poderosa siempre es mejor no perderla de vista, prefería tenerla de su lado pero evidentemente vio algo en ella que le hizo cambiar de opinión.

Harry se quedó helado, fuera lo que fuese que Voldemort había visto en Ginny estaba claro que no lograra descubrir que ella portaba una parte de su alma, de todas formas las palabras de Snape le devolvieron a la realidad como una bofetada. Claro que había en Ginny algo más de lo que se podía ver, algo que él debía ocultar a todos; sin embargo estaba acompañando a Snape a realizar un trabajo del que podía asegurar con certeza que no serviría para nada aunque no tenía ni la menor idea de en qué consistía. Sentía un hormigueante cosquilleo en el estómago que no supo si era provocado por la felicidad que le provocaba que ella siguiera con vida o por la congoja que le causaba tener que dar al traste con los planes de Dumbledore para destruir a Voldemort.

Caminando al lado del hombre que había mostrado tal grado de implicación en la lucha empezó a sentirse incómodo al caer en la cuenta de que estaba a punto traicionar a la causa por la que tantas personas, incluido Dumbledore, habían muerto; pero tampoco tenía alternativa. No podía permitir que Snape se enterara de que Ginny era un Horrocrux, acababa de admitir que de ser necesario la habría matado sin dudarlo y eso era algo que él no permitiría que ocurriese. Le ayudaría con lo que fuese para que no sospechase nada y luego sacaría a Ginny de allí para llevársela lejos del país, a un lugar donde nadie pudiera encontrarla para hacerle daño.

A cada paso que daba una sensación opresiva y angustiosa se apoderaba de él, comenzó a sentir una presión en pecho que aumentaba por momentos y durante unos segundos fue víctima de los mayores sentimientos encontrados de su vida. Como sacudido por un huracán osciló entre la desazón de sentirse egoísta, mezquino y miserable por no cumplir con su deber y la rabia que le producía la injusticia de tener que sacrificar a Ginny para acabar con Voldemort, como si ella fuera un vulgar cordero del que se pudiera prescindir.

¿Qué era lo correcto? ¿Salvar a todos, o proteger a Ginny? Pensó en Dumbledore, que había muerto por salvar a otros, que había pedido a Snape que matara por esa misma razón, y se preguntó si el viejo profesor también habría considerado que la muerte de una sola persona sería preferible a todo el mal que podría causar Voldemort. No lo sabía, y tampoco estaba muy seguro de que opción era la más correcta, pero de lo que si estaba absolutamente convencido era de que nadie tenía derecho a pedirle que hiciera semejante cosa, que nadie tenía autoridad moral para exigirle el sacrificio de una persona inocente, aunque fuera en nombre de un bien mayor.

Iba tan enfrascado en sus tortuosos pensamientos que no se dio cuenta de que aquel pasillo le resultaba familiar hasta que se topó de frente con una puerta que conocía demasiado bien.

ooOOoo

En este capítulo incluyo otra de las leyendas que circulaban por Internet y que supongo todos conocéis: el Filtro de los Muertos en Vida. Por si hay alguien que no sabe de lo que hablo en su primera clase de pociones Snape hace a Harry tres preguntas, una sobre los bezoares, otra sobre la piel de serpiente arborea africana y la tercera sobre el Filtro de los Muertos en Vida; como las dos primeras resultaron de vital importancia en alguno de los libros de la saga corrían miles de especulaciones sobre la aparición de esa poción en Las Requilias Mortales. Finalmente no fue así, igual que otras muchas cosas que los fans dábamos por sentado (algunas de ellas porque procedían de la boca de la misma Rowling) y que nunca sucedieron, como la magia en alguien que nunca la había hecho o la magia sin varita. Acertaron los lectores que se negaron a creer que Ginny estaba muerta (de momento, je, je), la necesitaba con vida para llegar al punto que realmente me interesaba: ¿Qué estarías dispuesto a hacer para acabar con alguien como Voldemort? ¿Realmente todo vale?

Con diferencia este fue el capítulo más difícil de escribir en parte porque salen a la luz demasiadas cosas y tenía que dosificar la información para revelar cada cosa a su debido tiempo y con la complicación añadida del vaivén de emociones que cada descubrimiento desencadena en Harry; sospecho que como siempre me habré precipitado haciendo que todo discurra demasiado rápido. Os pido que seáis magnánimos, pensad que esta es mi primera historia y escribir los momentos cruciales es más complicado de lo que parece.

Un saludo a todos, y haya quedado el capítulo mejor o peor si queréis recompensar mi esfuerzo cualquier crítica será bienvenida, mañana es mi cumpleaños ¿queréis regalarme un rr?. Además se admiten apuestas ¿Por qué está Snape tan enfadado y que será eso para lo que dice que no está preparado? La respuesta en el capítulo 35. Si habéis leído bien, no el 34, en el 35. Lo siento pero antes Harry y él deberán tratar otros asuntos.