CAPÍTULO 34: El error del Señor Tenebroso
Al ver ante él aquella puerta negra que tan malos recuerdos le traía Harry se paró en seco, clavando su mirada con intensidad en la nuca de Snape.
- ¿Vamos al Departamento de Misterios? – el tono de voz reflejó su disconformidad aunque intentaba no hacer caso de su mal presentimiento.
- Necesitamos privacidad, en todo el edificio solo hay dos salas en las que el señor Tenebroso no ha entrado todavía, y las dos están aquí.
Sin más explicaciones Snape abrió la puerta y entró en la sala circular de puertas negras y aunque no se sentía del todo cómodo Harry le siguió y cerró la puerta tras él, provocando que en el mismo instante en el que la puerta se cerró la sala comenzara a girar a su alrededor. En cuanto la pared se detuvo Snape se dirigió sin titubear a una puerta situada a su derecha y Harry, recordando como ellos habían tenido que intentarlo varias veces y ayudarse de unas cruces para marcar las puertas en las que ya habían estado, se preguntó como habría hecho para localizar la puerta que le interesaba o si simplemente habría elegido una al azar.
Antes de asomarse al umbral supo de qué habitación se trataba, la reconoció al instante con una certeza inequívoca, la débil iluminación y aquel extraño silencio habían formado parte de sus pesadillas demasiadas veces como para olvidarlo así como así. Avanzó despacio un par de pasos siguiendo a Snape hacia la entrada pero se quedó paralizado en el umbral de puerta, reticente a entrar si podía evitarlo.
Miró apesadumbrado el resquebrajado arco acabado en punta y el raído velo negro que ondeaba suavemente como si alguien acabara de tocarlo, y por un segundo tuvo la fugaz impresión de que en aquella sala se había detenido el tiempo en el mismo instante en el que la abandonara dos años atrás para perseguir a Bellatrix Lestrange, y que el movimiento ondeante del velo en una habitación en la que no había ninguna persona o corriente de aire solo podía ser achacado a que el cuerpo de Sirius acababa atravesarlo tan solo un momento antes.
Cuando consiguió sobreponerse a la impresión Snape ya había descendido a tal velocidad por las gradas de piedra que se encontraba cerca de la tarima donde se levantaba el arco y a bastante distancia de la puerta en la que Harry seguía anclado.
- ¿No podríamos usar otra sala? – preguntó con voz un poco trémula.
Snape se paró en seco y puso cara de fastidio antes de responder.
- Ya sé que esta habitación no te trae buenos recuerdos pero como acabo de explicarte solo hay dos salas en las que él no ha puesto los pies, una es esta y a la otra no se puede acceder. No sé porque evita este lugar pero este es el sitio más seguro en todo el Ministerio así que, aunque hiera tu sensibilidad, – dijo con un casi imperceptible toque de crueldad en su voz en el que, sin embargo, Harry pudo detectar como se regodeaba –tendremos que hacerlo aquí.
En ese momento Harry recordó con claridad diáfana porque siempre había aborrecido a Snape con todo su ser. Esbozó un gesto de contrariedad pero igualmente guió el cuerpo de Ginny dentro la sala y lo posó sobre una de las gradas antes de entrar y cerrar la puerta tras él.
Observó a Snape detenidamente. Desde que habían subido al ascensor su nerviosismo no había hecho sino aumentar hasta tal extremo que apenas lograba disimularlo y aquello le dio mala espina. Ni siquiera la noche de la muerte de Dumbledore le había visto nervioso y desde lo alto de las gradas a Harry se le pasó por la cabeza que tal vez había sido un poco incauto acompañándole hasta allí. Escrutándole concienzudamente se preguntó hasta que punto podía fiarse de él. No es que no creyera lo que le había contado sobre la muerte de Dumbledore pero que fuera leal al viejo profesor no tenía porque significar necesariamente que estuviera de su lado. Snape disfrutaba recodándole la muerte de Sirius y era notoriamente conocido que odiaba a su padre tanto o más que a su padrino, y que el propio Harry nunca había despertado su simpatía.
Aferrando su varita con más fuerza de la necesaria se quedó quieto en la parte más alta del foso. Antes de continuar adelante estaba dispuesto a llegar al fondo de aquella cuestión.
- Le he acompañado hasta aquí – dijo con voz calmada – pero antes de seguir adelante me gustaría aclarar algo. Usted era uno de los mortífagos más reputados, tenía la oportunidad de ser partícipe de la gloria y el poder de Voldemort, sin embargo de un día para otro y sin razón aparente decidió cambiar de bando.
- Los motivos que me guiaron no son de tu incumbencia, Potter – respondió con un ademán altivo.
- ¿Espera que me ponga una venda en los ojos y confíe en usted sin reserva?, pues lo siento pero no puedo hacerlo, necesito entender porque dio la espalda a Voldemort.
- Ya te he dado muestras de mi lealtad a la causa – siseó con rostro agrio, – de todas formas creo que es obvio: Dumbledore me protegió, me acogió en Hogwarts y evitó que me enviaran a Azkaban, así que le estaba agradecido – contestó secamente, como quien quiere zanjar lo antes posible un asunto desagradable.
Pero Harry no se relajó al escuchar su respuesta. Se enderezó, tenso, y su mirada se volvió de hielo.
- ¡No me mienta! – gritó de forma tan inesperada que cogió a Snape por sorpresa. El sonido de su voz se propagó rápidamente, chocando una y otra vez contra las gradas de piedra y provocando que el eco rompiera la extraña atmósfera de quietud que dominaba aquella sala. – Pude ver el juicio a Karkarov, en él Dumbledore declaró que usted llevaba un año trabajando para él. Si eso es cierto tuvo que darle la espalda a Voldemort mucho antes de su caída y también sé que fue usted quien le contó lo de la profecía. Cuando me enteré me puse furioso pero todo lo que Dumblore quiso decirme fue que se había arrepentido de eso y que tenía motivos para confiar en usted.
- Entonces eso es todo cuanto necesitas saber – replicó Snape a la defensiva.
Pero Harry no iba a quedarse satisfecho con una respuesta tan esquiva como aquella, quería una explicación y no pararía hasta conseguirla. Intuía que aquel asunto era como un enorme iceberg del que solo había alcanzado a entrever una mínima parte y que cuando se le revelara en su integridad todo cobraría sentido. Había tres cosas de las estaba completamente seguro: que Snape no le engañaba y estaba en el bando correcto, que tenía una buena razón para haber desertado de las filas de Voldemort y que de alguna manera esa razón tenía algo que ver con sus padres. Lo que no alcanzaba a comprender era cual era la forma en la que estas tres premisas se conectaban entre sí, aunque estaba decidido a descubrirlo.
Bajó un par de escalones, enfrentando a Snape con total franqueza, alimentando la vaga esperanza de que eso sirviera para que él hiciera lo mismo.
- Ni por un momento creí que se arrepintiera de ser el causante de la muerte mis padres. Si quiere que le ayude ya sabe lo que tiene que hacer.
Al escuchar a Harry Snape puso la misma cara que si se hubiera tragado un limón. Cuando le miró no pudo ocultar su resentimiento.
- ¿Qué me ayudes? No me hagas reír. Dejemos las cosas claras, eres tú quien necesita mi ayuda, ¿sabes cuántas veces me he jugado el pellejo por protegerte?
- ¿Quién lo se ha pedido?, - preguntó Harry enfadado, conteniendo a duras penas el impulso de levantar su varita para hechizarle - puedo manejarme muy bien sin usted.
- Tan arrogante como él – siseó entre dientes mirándole con ojos entrecerrados.
- ¡Usted le odiaba! – gritó Harry enfurecido, provocado por la perversa referencia a su padre. - ¿Lamentar su muerte? Estoy seguro de que incluso la deseaba.
Snape le miró como si le hubiera golpeado, daba la impresión de estar furioso y horrorizado a la vez y Harry pudo ver claramente como la varita vibraba sola en su mano; como si tuviera voluntad propia y deseara hechizar a quien se atrevía a ofender tan gravemente a su amo. No le hubiera sorprendido ver salir algunas chispas de ella pero Snape detuvo la vibración apretándola con tanta violencia que a Harry le pareció escuchar como la madera crujía a punto de quebrarse bajo sus nudillos.
– ¡No digas eso! – gritó en un tono cercano a la súplica - Yo… cometí un error, pero… - se interrumpió sin saber como seguir y dio un par de frenéticos pasos mientras evitaba mirarle de frente, cuando por fin lo hizo la rabia brillaba en el fondo de sus ojos.
- Sé porque crees que deseaba su muerte. Seguramente Black y el licántropo te habrán contado algunas historias sobre lo mucho que el inadaptado Snivelus envidiaba a tu padre por ser tan popular, ya sabes, una estrella del Quiddich; pero no olvides que una de las especialidades de ese entrañable grupo era deformar la realidad a su antojo para causar una impresión favorable.
A Harry no dejaba de asombrarle la reacción de Snape, él siempre era el dueño de la situación, nada lograba hacerle perder el control; de otro modo no habría sobrevivido tanto tiempo espiando a Voldemort. Por un momento a Harry se le pasó por la cabeza que la única emoción que no lograba disimular era su enconado odio hacia los merodeadores aunque recordando lo que había visto en el pensadero tampoco es que pudiera culparle por eso.
- Esta es su oportunidad de darme otra versión – le invitó Harry.
- No tengo porque satisfacer la curiosidad morbosa de ningún adolescente.
- Intentar comprender porque murieron mis padres no merece ese nombre, esto me afecta directamente - gritó furioso. - Recuerde que crecí huérfano porque usted corrió a contarle a Voldemort lo que había escuchado detrás de una puerta – dijo Harry apelando al arraigado, y para él recién descubierto, sentido del deber que tenía su antiguo profesor, - y desde entonces no ha dado muestras de estar arrepentido de su indirecta participación en el asesinato de mis padres. Por lo menos no a mí, aunque soy el principal afectado.
Snape le miró de reojo, mostrando unos dientes apretados tras los finos labios.
- Está bien – cedió de mala gana, - tal vez merezcas una explicación, pero no ahora. Antes tenemos algo importante que hacer.
- Creo que no me ha entendido, - replicó Harry con una determinación férrea - no me moveré de aquí hasta que haya escuchado lo que tiene que contarme.
- ¡No seas cabezota, Potter! Ya te has expuesto demasiado al peligro viniendo hoy aquí de esta forma, él puede aparecer en cualquier momento y tendremos que haber terminado para entonces.
- Pues entonces será mejor que se dé prisa en contármelo todo.
- Ya te he explicado que ahora es el peor de los momentos, si él apareciera ahora yo podría seguir manteniendo mi farsa, pero tú… es tu vida lo que está en juego Potter.
- Lo sé, por eso quiero comprender porque tiene tanto empeño en salvármela.
- Te lo contaré – dijo Snape empezando a dar muestras de impaciencia. – Todo, tienes mi palabra. Pero no aquí, no ahora.
Sin embargo Harry siguió sin moverse, sabía que nunca podría vencer a Voldemort de modo que el secreto que Dumbledore le confiara a Snape para derrotarle no le interesaba tanto como eso. Abandonaría el país con Ginny en cuanto le fuera posible pero la curiosidad le dominaba, antes de irse quería llegar al fondo de aquella cuestión.
El antiguo profesor le observó desde la parte inferior del foso y aunque le mió contrariado terminó por suspirar, dándose por vencido.
– Fue por tu madre – dijo muy despacio y en voz baja. El pelo negro le caía sobre el rostro ocultándoselo casi por completo y arrastraba las palabras como si le causaran un profundo dolor al salir de su boca. Harry notó que en el momento de su confesión evitaba mirarle a los ojos. - Los amiguitos de tu padre te habrán hablado de la rivalidad entre nosotros, contándote que a la menor oportunidad nos enviábamos hechizos en los pasillos pero eso es solo una parte de la verdad. Si fueran honestos te habrían dicho también que no es cierto que yo odiara a tus padres, solo odiaba al presuntuoso arrogante de Potter pero antes de casarse con él Lily y yo estuvimos muy unidos.
La revelación cogió a Harry por sorpresa y no pudo evitar que en su rostro se formara una expresión un tanto escéptica mientras se preguntaba que entendía Snape exactamente por "estar muy unidos", tal vez él consideraba amistad lo que para Lily solo fuera un gesto amable y educado.
No es que la amistad entre casas fuera algo imposible, él tenía algunos amigos en Hufflepuff y Ravenclaw, pero desde luego su relación no podría compararse con las que forjara en tantos años de convivencia y aventuras compartidas con Ron y Hermione. Hacía un esfuerzo por concederle cierta credibilidad a Snape pero le parecía altamente improbable que ninguna amistad fuerte hubiera surgido nunca entre un miembro de Slytherin y otro de Gryffindor. Además le resultaba imposible imaginar que su madre y Snape pudieran tener algo en común, aparte de una profunda aversión hacia James Potter, y dudaba que fuera eso lo que los hubiera unido. En su mente se dibujó con nitidez el recuerdo que presenciara un par de años atrás y recordó como una jovencísima Lily se enfrentara a James para impedirle que siguiera abusando de un indefenso Snape. Sin embargo, en aquella escena junto al lago, aún a pesar de defenderle, Lily daba la impresión de sentir tanta antipatía por uno como por el otro.
- Disculpe que dude de su palabra pero me cuesta un poco creer eso. Vi como usted la insultó delante de todo el colegio.
- Cierto – admitió Snape – pero mucho antes de eso, cuando llegué a Hogwarts y no congeniaba con nadie, cuando incluso los otros Slytherin me miraban como si fuera un bicho raro, ella se portaba bien conmigo. Los dos destacábamos en pociones, casi desde el primer momento empezamos a sentarnos juntos en clase y nos hicimos amigos. Ella era brillante – susurró; y en aquel momento Harry comenzó a percibir la nostalgia en su voz. - Estudiábamos juntos, investigando, ensayando para mejorar las pociones. En cuarto ya dominábamos casi todas las pociones avanzadas del nivel éxtasis, muchas de las anotaciones del libro que tenías el año pasado fueron ideas suyas. Conocerla fue lo mejor que me sucedió nunca, pero con el paso del tiempo las cosas cambiaron.
- ¿Qué pasó? – preguntó Harry con la voz rota.
Snape contestó mientras deambulaba alrededor de la tarima, con la mirada fija en el suelo con obstinación aunque a veces levantaba la vista embelesado hacia el arco, como si fuera atraído por el sugerente ondear del velo.
- El Señor Tenebroso preparaba su ascenso al poder, entonces el Ministerio no lo consideraba una amenaza real así que él y sus mortífagos gozaban de bastante libertad de movimientos, digamos que había una cierta tolerancia a sus ideas. En la sala común de Slytherin no se hablaba de otra cosa, muchos alumnos fantaseaban con unirse a él en cuanto terminaran los estudios. Yo también me sentía atraído por su mensaje, la permisividad que mostraban por las Artes Oscuras, y, bueno… - se interrumpió bruscamente, como si aquella parte le resultara un poco incómoda – algunas de su ideas sobre los muggles.
Por primera vez en su discurso dejó de ser evasivo y se dirigió directamente a Harry, clavando en él una mirada profunda y desgarrada en busca un poco de compresión.
- Tú viste como era mi padre, - le dijo apelando a la complicidad de quien también sabe lo que es crecer en un ambiente frío y hostil - él siempre nos despreció a mi madre y a mí por culpa de la magia; él convirtió nuestras vidas en un infierno de insultos, golpes y vejaciones. ¡Sin ningún motivo! solo porque se sentía intimidado por nuestro poder, porque odiaba que tuviéramos unas capacidades que él jamás podría igualar. Yo le odiaba, creía que todos los muggles eran como él así que mientras escuchaba los discursos inflamados sobre la superioridad de los magos ya no me sentía culpable y avergonzado por ser lo era o por mis sentimientos hacia él. Todo lo que el Señor Oscuro proclamaba se me arraigaba dentro como una semilla ponzoñosa que encontraba en mi alma un terreno fértil, abonado durante años por el rencor que acumulaba contra mi padre.
Calló durante unos segundos, pasando de nuevo los ojos con fascinación por el velo. Harry tuvo la impresión de que hubiera olvidado momentáneamente su presencia y temió que perdiera el hilo y dejara la historia a medias, pero cuando estaba a punto de abrir la boca para incitarle a seguir Snape retomó su relato. Seguramente cuando empezó a hablar no pensaba darle tantas explicaciones pero ahora que había empezado parecía querer llegar hasta el final.
- A medida que ese mensaje iba calando en la comunidad mágica los hijos de muggles empezaron a gozar de mala prensa. Yo nunca había sido popular, ni siquiera entre los miembros de mi casa, pero ahora las cosas eran diferentes; algunos estudiantes de Slytherin nos reuníamos para intercambiar ideas y planes relacionados con el Señor Tenebroso, a mí no me sobraban los amigos y por primera vez me sentía integrado en un grupo así que pensé que si seguía frecuentando a Lily terminarían por excluirme. Esa idea me angustiaba, quería evitarlo a toda costa así que hice lo único que se me ocurrió. Cité a Lily en un aula vacía y cometí la torpeza de pedirle que nos viéramos a escondidas.
Bajó la cabeza avergonzado y a Harry no le extrañó. Si la amistad de Lily significaba algo para él no podía haber hecho nada más estúpido que eso. A él jamás se le ocurriría pedirle algo así a Hermione pero si lo hubiera hecho sabía perfectamente cual sería su reacción y sin ningún problema pudo imaginar el enojo de Lily en esa situación. Si alguien se avergonzaba de su amistad simplemente no la merecía. Siguió escuchándole sin osar interrumpirle aunque ya no necesitara escucharlo de labios de Snape para saber lo que ocurriera.
- Ella se puso furiosa y desde entonces nos distanciamos. Intenté disculparme mil veces, arreglarlo de alguna forma, pero no me dio la oportunidad; me dijo que había cambiado, que dos personas tan diferentes no podrían volver a ser amigos y no volvió a dirigirme la palabra hasta el día que viste en el pensadero, cuando me defendió de los ataques de tu padre. Si alguna vez tuve una oportunidad de recuperar lo nuestro aquella tarde la eché la perder para siempre, me sentía tan humillado, tan lleno de ira y rabia que la insulté de la peor manera.
Suspiró apesadumbrado antes de continuar, por primera vez, igual que Lupin, a Harry le pareció mayor, mucho mayor de lo que era en realidad, como si un montón de años le hubieran caído encima de repente.
– De verdad no tenía intención de ofenderla pero no debió entrometerse. Potter y yo teníamos escaramuzas como aquella con frecuencia, podía soportarlo, pero que ella lo presenciara, y que me defendiera a pesar de estar enfadada conmigo, me resultó más humillante que cualquier vejación que pudiera infringirme Potter. La sangre se me agolpó en el cerebro, no pensaba con claridad. Lo único que quería era que ella se marchara hacia el castillo, que dejara de observar ese bochornoso espectáculo con el que Potter entretenía a los alumnos utilizándome como atracción principal. No sé porque lo hice pero ya sabes lo que pasó, le llamé sangre sucia delante de todo el colegio y nunca me lo perdonó.
- Y como venganza la puso en el punto de mira de Voldemort.
- ¡No! Yo no la culpaba por eso, al contrario, me despreciaba a mí mismo por estropear lo que había entre nosotros. Me alejé, como ella quería, y también me distancié temporalmente del siniestro grupo de Slytherin, a pesar de lo sucedido en el lago durante mucho tiempo conservé la esperanza de hacerme merecedor de su respeto y que Lily me diera otra oportunidad – hizo una pausa y aunque seguía esquivando su mirada Harry alcanzó a observar como su rostro se transformaba en una horrible mueca - hasta que un día me enteré de que ella y Potter…
La mano que no sostenía la varita se crispó en un gesto tenso que a Harry le recordó la garra de un animal y se interrumpió de golpe, incapaz de seguir, como si fuera demasiado horrible para expresarlo con palabras.
- Ya – dijo Harry lacónicamente para hacerle entender que se hacía cargo. Durante un segundo intentó imaginar como se sentiría él si Ginny y Draco Malfoy se enamoraran y aunque sabía que era imposible y absurdo todas sus vísceras se resintieron al pensarlo, de modo que prefirió olvidarlo y seguir escuchando lo que Snape tenía que contar.
- Después de eso supe que no había nada que hacer, que la había perdido para siempre, y me rendí a la evidencia. Ella ero único bueno que había conocido en mi vida, sin su influencia parecía que estaba condenado a convertirme en un mortífago y eso fue lo que hice. Terminé los estudios y me uní a los seguidores del Señor Tenebroso en cuanto se me presentó la oportunidad. Sabía que eso era precisamente lo que me había alejado de Lily y no podía aceptar que la hubiera perdido a cambio de nada así que me convencí a mí mismo de que aquel era un proyecto que merecía la pena y me convertí en uno de los más comprometidos con la causa, hasta tal punto que solamente la fanática de Bellatrix lograba superarme.
De nuevo hizo una pausa y esta vez pareció más abatido que nunca.
- Todo fue bien, hasta el desafortunado día que el Señor Oscuro me envió a Cabeza de Puerco para espiar a Dumbledore. Escuché el principio de la profecía y ya no pude separarme de aquella puerta. Hablaba del hijo de una pareja que había desafiado al señor Tenebroso por tres veces y, francamente, tampoco eran muchas las personas que se atrevían a algo así. Yo sabía que Lily estaba embarazada, así que enseguida llegué a la conclusión de que había muchas posibilidades de que la profecía se refiriera a su hijo. A ti.
- Y se lo contó a Voldemort, aunque sabía que eso la pondría en peligro.
A Harry le sorprendió escuchar su propia voz, casi carente de emoción. No había en ella la rabia que podría esperarse, en aquel momento solo transmitía la certeza de haber encontrado la pieza que faltaba en el rompecabezas. Creía que ahora, por fin, lo comprendía todo pero en ese breve instante antes de que barrera emocional se derrumbara dando paso a una rabia desatada Snape le contradijo.
- ¡No! – gritó exasperado. – Si – admitió cabizbajo un momento después – pero no fue una venganza contra Lily. No era mi intención que ella muriera. En un momento de locura pensé que aquella era mi oportunidad de recuperarla y corrí al encuentro del Señor Tenebroso para contárselo, creí que en pago a mi lealtad él no le haría nada si yo se lo pedía; quise pensar que si tu padre y tú desaparecíais de su vida yo encontraría la forma de hacer que ella volviera a mí. No me siento orgulloso de lo que hice pero en aquel momento me parecisteis prescindibles. En seguida me di cuenta de que había cometido un error, intenté evitarlo, de verdad que lo intenté. Busqué a Dumbledore y le puse sobre aviso para que os protegiera, aproveché mi cercanía con el Señor Tenebroso para insinuarle que tal vez la profecía se refiriera a otro bebé, hice cuanto pude… pero no fue suficiente, el idiota de Colagusano os delató sin que yo me enterara y no pude impedir que se presentara en el valle de Godric aquella noche de Halloween. Pero ahora, Potter, antes de que olvides el motivo por el que estamos aquí y levantes tu varita contra mí, debo recordarte que luchamos en el mismo bando, y que nuestra misión es acabar con el último responsable de la muerte de Lily. No hay nada más importante que eso. Después, si quieres, podrás ajustar cuentas conmigo.
Por fin dejó de hablar y se quedó callado, mirando a Harry abatido y avergonzado. En la última parte de su discurso su voz adquirió un tono lastimero que imploraba perdón pero aunque Harry se esforzaba en escucharle sus palabras llegaban a él como un eco lejano, permaneciendo eclipsadas por una idea que persistía en centrar su atención. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada y el inquietante silencio propio de aquella sala se adueñó de nuevo del lugar incrementando el abismo que los separaba. Harry, anclado en la parte alta del foso, le miraba sin parpadear mientras Snape esperaba su reacción expectante, como un reo a la espera de su condena.
Sin poder dar crédito a lo que acabar de escuchar Harry dejó salir de su boca la palabra que desde que fuera pronunciada ocupaba todos sus pensamientos.
- ¿Prescindibles? – preguntó atónito cuando recuperó la voz. Incluso tratándose de Snape le costaba creer que pudiera admitir algo tan horrible con tanta naturalidad.
Snape no intentó escabullirse, no agachó la cabeza ni rehuyó su mirada. Le miró haciéndose cargo de la culpabilidad de sus actos. El iris de sus ojos era de un negro casi tan oscuro como el de las pupilas y éstas, exageradamente dilatadas, lo dejaban reducido a un círculo tan pequeño que apenas se distinguía de ellas.
- Me he arrepentido cada día de mi vida. Sé que no te servirá de consuelo pero he pagado un precio muy alto, lo que hice me atormenta desde entonces y lo seguirá haciendo mientras viva porque no he dejado de considerarme tan culpable como Colagusano o el propio Señor Tenebroso. Desde entonces he trabajado sin descanso para enmendar mi error dentro de lo posible. He asumido toda clase de riesgos sin importarme las consecuencias porque sé que cualquier cosa que me pase la tendré merecida. – El odió destelló en su mirada de forma abrasadora. - El Señor Tenebroso pagará por lo que hizo esa noche, nunca debió matarla… Te aseguro que no me detendré ante nada, haré todo lo que esté mi mano para destruirle.
- Para eso me ha traído aquí.
- Sí, para dar ese último paso antes de acabar con el Señor Tenebroso, pero debemos ser cuidadosos ¿estás absolutamente seguro de que ya no le queda ningún Horrocrux? ¿Te has encargado de todos?
- Si – mintió Harry, sintiéndose ahora mucho menos culpable por ocultarle lo de Ginny, – todos.
- Entonces solo nos falta la parte más delicada – afirmó un poco incómodo.
- ¿A que se refiere?
- A que ha llegado el momento de destruir el fragmento de su alma que vive dentro de otra persona. Esa es la misión que Dumbledore me encargó.
Antes de que Snape hubiera terminado la frase Harry enarboló su varita y un inmenso encantamiento escudo se interpuso entre ambos.
- No me importa en absoluto lo que Dumbledore le pidiera que hiciese, - gritó con fiereza - se equivoca si cree que voy a permitir que le haga daño. Ella no es prescindible para mí.
Harry estaba preparado para luchar con Snape por la vida de Ginny pero de pronto escuchó algo que hizo que la sangre se le helara en la venas. La puerta que daba acceso a la sala se estaba abriendo tras él de forma sigilosa, produciendo un sonido tan amortiguado que aunque Harry no dudó de que estaba en lo cierto no supo con seguridad si realmente había escuchado la puerta abrirse o si fuera esa extraña intuición que él poseía para detectar el peligro la que le había puesto sobre aviso.
De cualquier manera alguien estaba a punto de entrar en la sala y fuera quien fuese esa persona tenía que tratarse de algún mortífago, o probablemente del mismísimo Voldemort que ya había regresado de Azkaban; pero estando Snape en el extremo contrario de la habitación el encantamiento escudo no alcanzaría para defenderse de los ataques de ambos. Sin tiempo para elegir reaccionó por instinto y giró en redondo para enfocar el escudo hacia la puerta, colocándolo de tal modo que Ginny quedara protegida por si era atacada por cualquiera de los dos, aunque para lograrlo se vio obligado a dar la espalda a Snape.
Desde la parte baja del foso Snape clavó los ojos entrecerrados en la puerta que estaba a punto de abrirse mientras apuntaba directamente a la espalda Harry.
ooOOoo
Probablemente el capítulo menos original del mundo, pero ya sabéis que me empeño que no desviarme ni un milímetro de ese plan maestro que tracé antes de la publicación del final de la saga.
Aunque la historia de Snape guarda muchas similitudes con el canon hay también algunas diferencias importantes. Siempre me pareció el personaje más interesante y en el que Rowling más se había esmerado, con sus luces y sus sombras, y es precisamente su ambigüedad lo que lo convierte en uno de mis favoritos. Intenté mantener esa ambigüedad hasta el final, en mi historia él es capaz de amar pero traiciona a los Potter porque su amor es egoísta. Lo más importante es que no acaba de aclararse cual fue el motivo de su arrepentimiento, ¿entendió que era horrible pensar que James y Harry eran "prescindibles" o creyó que no podía fiarse de Voldemort y que Lily también estaba en peligro?
Puede que en la lucha contra Voldemort se comporte como un héroe pero no es buena persona y desde luego no creo que sienta afecto por Harry. Está con los buenos pero por motivos equivocados, lo que lo mueve no es tanto el afán de proteger a Harry como su deseo de venganza contra Voldemort, él podría haber inmobilizado a Lily, o dejarla inconsciente, pero prefirió matarla. Así es como yo lo imagino y aunque escribí el capítulo después de leer Las Reliquias intenté ser tan fiel como me fue posible a mi idea original.
El fragmento de las tres razones de Harry no está plagiado, copiado, ni inspirado en la famosa cita de Crepúsculo. Lo escribí mucho antes de conocer esa saga y cuando corregí el capítulo me resultó tan familiar que me sentí tentada de cambiarlo aunque al final decidí no hacerlo.
