CAPÍTULO 35: El último Horrocrux
Durante un segundo que pareció hacerse eterno, casi como si el tiempo se hubiera congelado, la puerta giró sobre sus goznes. Snape la observó sin pestañear, con sus ojos negros e insondables entrecerrados en una expresión de máxima concentración mientras con pulso firme seguía apuntando a la espalda de Harry, listo para atacar.
Harry, totalmente ajeno y con todos los músculos del cuerpo en tensión, mantuvo el escudo protector hacia la puerta y contuvo la respiración expectante hasta que finalmente esta se abrió del todo y dos figuras aparecieron en el umbral con sus varitas en alto y una expresión de sorpresa semejante a la que reflejaron los rostros de Harry y Snape al verlas. Apenas Harry las reconoció se giró para volver el escudo a su posición inicial mientras un rayo cruzaba la sala y pasando unos pocos centímetros por encima de su hombro lograba esquivar el escudo para dirigirse en línea recta hacia el pecho de Snape.
El antiguo profesor, que ya había dejado de apuntar a Harry, hizo un rápido movimiento de varita y desvió con facilidad el hechizo que estaba a punto de alcanzarle. No devolvió el ataque y tampoco montó en cólera contra su agresor. En su lugar le dedicó una de sus habituales miradas de repulsa y se limitó a reprenderle de malos modos, en un tono similar al que hubiera empleado para regañarle en clase por equivocarse en la elaboración de una poción.
– Modera tus impulsos, Weasley – gruñó malhumorado.
– ¿Dónde ésta mi hermana? – bramó Ron furioso desde el umbral de puerta y frustrado porque ahora Snape quedaba del otro lado del escudo y ya no podía atacarle. Cuando reparó en el bulto que descansaba sobre una de las gradas corrió hacia allí a toda velocidad. - ¡Ginny! – gritó arrodillándose a su lado muerto de angustia. – Pagará por esto – estalló fuera de sí, apuntando a Snape con su varita.
– Tranquilo, Ron. No está muerta – trató de calmarle Harry, – solo ha tomado el Filtro de los muertos en vida.
– ¿Cómo puedes saberlo? – preguntó Ron con tanta ansiedad que incluso de espaldas a él Harry sintió como lo taladraba con sus ojos azules. – No noto su pulso, ni tampoco respira…
– No te alteres, Weasley; eso es normal, - intervino Snape con calma – ¿nunca te has preguntado por qué la poción recibe ese nombre? – preguntó con una mueca burlona.
Ron y Hermione bajaron unos cuantos peldaños hasta situarse uno a cada lado de Harry, flanqueándolo con toda la intención de pasar al ataque a la primera oportunidad.
– Quita ese escudo, Harry – ordenó Ron furioso, pero para su sorpresa Harry no hizo absolutamente nada.
– ¡No! él no está del lado de Voldemort – explicó lo más tranquilamente que pudo, preparándose para escuchar las réplicas airadas de Ron y Hermione.
– ¡Harry! – exclamó Ron escandalizado para luego increpar furioso a Snape. - ¿Qué diablos le ha hecho?
– No le hecho nada, aparte de explicarle unas cuantas verdades – afirmó Snape con rotundidad.
– ¡Ha utilizado el Imperius! – concluyó Ron en forma tajante mirando a su amigo fijamente como si esperara una confirmación por parte del propio Harry. - ¡Tal vez lo que dijo sobre Ginny no era verdad! – añadió desesperado dirigiéndose a Hermione, hablándole como si Harry no estuviera a un par de pasos de distancia.
Por toda respuesta Snape bufó con desagrado ante los comentarios de Ron.
– No te precipites, Ron. Pensémoslo fríamente - solicitó Hermione con calma mirando a Harry con los ojos entrecerrados, buscando algún síntoma que delatara que realmente Snape le estaba controlando su voluntad. – Si estuviera bajo la influencia de un Imperius habría intentado atacarnos, no se limitaría a proteger a Snape con un encantamiento escudo.
– Gracias Hermione – replicó Harry con cierta ironía, incómodo porque ella todavía le examinaba minuciosamente logrando hacerle sentir como un insecto a punto de ser diseccionado. - No me ha lanzado ningún Imperius, – aseguró impaciente – aunque parezca mentira está de nuestro lado. ¿Queréis una prueba? Me entregó mi varita cuando ya estaba desarmado, en este momento podría estar torturándome si quisiera. A mí más que a nadie me cuesta admitirlo pero lleva años trabajando para Dumbledore, su muerte estaba pactada entre ellos y formaba parte del plan para derrotar a Voldemort.
– No sé que te habrá contado pero ¿de verdad le crees? No podemos fiarnos de él, Harry – insistió Hermione – cuando entramos te estaba apuntando por la espalda.
– Pero no le ataqué - se defendió Snape, - en realidad le estaba protegiendo, los únicos que entran aquí ahora son los mortífagos y si era imprescindible hechizar a Potter sería preferible que fuera yo quien lo hiciera, antes de que otro se me adelantara.
Harry notó como Ron y Hermione intercambiaban una mirada dubitativa, él no esperaba que fuera fácil convencerlos de que Snape luchaba en el bando correcto pero no dejaba de ser molesto que mostraran tan poca confianza su criterio.
– No creo que esté actuando como un aliado, te recuerdo que hirió a mi madre – reprochó Ron con expresión rencorosa.
– Eso fue un accidente – explicó Snape – y además lo solucioné a tiempo.
– Y secuestró a Ginny – añadió Hermione.
– Era necesario para no perder la confianza del Señor Tenebroso – replicó Snape a la defensiva.
– Y maltrató a Hermione – siseó Ron entre dientes, poco convencido por las explicaciones que estaba escuchando.
– Eso también era necesario, sabía que si ella os avisaba solo sería cuestión de tiempo que los tres aparecierais por aquí jugando a los héroes y lo estropearais todo una vez más y no me equivocaba. Hemos tenido mucha suerte de que el Señor Tenebroso tuviera que marcharse a Azkaban, si él estuviera aquí lo más probable es que ya hubiéramos muerto todos.
– Ya lo has visto, las tres están a salvo – aseguró Harry. - A Ginny tuvo que suministrarle el Filtro de los Muertos en Vida para engañar a Voldermort pero te aseguro que ella está bien. Incluso me proporcionó el antídoto – explicó mostrando el pequeño frasco que le entregara Snape – se lo administraremos en cuanto lleguemos a Grimmauld Place y se despertará en perfecto estado.
– ¿Y cómo sabemos que ese frasco no contiene veneno? – preguntó el pelirrojo con recelo.
Harry no contestó, esa era una posibilidad que no había pensado, cuando Snape le diera el frasco lo había tomado sin desconfiar creyendo que él ignoraba que Ginny era un Horrocrux pero si lo sabía tal vez Snape escondiera intenciones mucho más oscuras de lo que él sospechaba. Sintiendo la sangre burbujear en sus venas como lava candente le dirigió a Snape una mirada furiosa a través del encantamiento escudo.
– ¿Era eso lo que pretendía? ¿Qué yo mismo la asesinara envenenándola? – preguntó a un desconcertado Snape. - Seguro que lo había planeado como una especie de lección en la que debería aprender que en esta lucha nadie es imprescindible pero le ha salido mal, si quiere tocarle un solo cabello tendrá que pasar por encima de cadáver.
– El aislamiento te ha reblandecido el cerebro, Potter. Acabo de salvarle la vida a tu novia y en lugar de agradecérmelo me acusas de intentar matarla. No sé porque crees eso pero te equivocas, y ahora deja de decir tonterías y retira ese escudo de una vez para que pueda hacer mi trabajo.
– No siga fingiendo, – le increpó Harry furioso – antes de que ellos llegaran dijo que no se detendría ante nada para derrotar a Voldemort y que hemos venido aquí para destruir el pedazo de su alma que vive en otra persona pero me aseguraré de que no lo haga. Ya no me interesa derrotar a Voldemort, no si el precio a pagar es la vida de un ser inocente. No retiraré el escudo y, desde luego, no le permitiré hacer nada que le cause a Ginny el más mínimo daño.
De pronto Harry sintió que las miradas de todos se fijaban en él, pero estaba tan ocupado en mantener el escudo protector que los separaba de Snape que no reparó en el momentáneo rastro de culpabilidad que por un momento transformó las expresiones de sus amigos.
– ¡Por Merlín! todavía no lo sabe – oyó susurrar a Hermione a sus espaldas.
– ¿Qué es lo que no sé? – preguntó girando un poco la cabeza por encima de su hombro para dedicar una mirada ceñuda a sus amigos.
– Harry – empezó una dubitativa Hermione – resulta que Ginny no es… - se detuvo bruscamente, mirando a Snape de reojo mientras se preguntaba como podría hacerle entender a Harry sin mencionar en presencia de Snape el asunto de los Horrocruxes – lo que tú pensabas, ya sabes…
Pero antes de que Hermione consiguiera hilar una explicación Snape ya lo había comprendido todo.
– Piensas que ella es el último Horrocrux – afirmó con incredulidad interrumpiendo abruptamente los balbuceos de Hermione, que le miró desconcertada – por eso crees que quiero matarla. Una vez más no podrías estar más equivocado, Potter. Yo la he protegido, he salvado su vida poniendo la mía en peligro, arriesgándome a que el Señor Tenebroso descubriera mi traición. Te aseguro que si existiera alguna posibilidad de que ella fuese un Horrocrux no habría mostrado tanta consideración y la habría matado antes de que pusieras un pie en el Ministerio.
Harry no se movió, aunque lo que decía Snape parecía tener sentido no pensaba arriesgarse a confiar en él, hasta que notó como Ron se movía incómodo a su lado antes de decidirse a abrir la boca.
– Jamás me fiaría de él, Harry, pero esta vez dice la verdad, – intervino Ron retrocediendo gradas arriba hasta llegar junto a su hermana. – Estabas equivocado respecto a Ginny.
Harry giró la cabeza hacia atrás sin acabar de creer lo que escuchaba, ¿desde cuando Ron coincidía en algo con Snape? Quería creerles, pero estaba absolutamente seguro de que se equivocaban; él había escuchado a Ryddle en la Cámara de los Secretos, cuando tremendamente orgulloso explicara que le diera a Ginny un pedazo de su alma. No existía ninguna posibilidad de interpretar esas palabras de forma equivocada. Estaba convencido de que Snape solo pretendía que se confiara e hiciera desaparecer el escudo para acabar con todo aquello lo antes posible y en cuanto a Ron imaginaba que intentaba proteger a su hermana engañando a Snape, o que tal vez se había convencido de lo que deseaba creer porque todavía no estaba preparado para aceptar que Ginny fuera un Horrocrux. En realidad Harry ya se esperaba una reacción parecida por su parte, después de lo de Percy sabía que Ron se agarraría como un clavo ardiendo a cualquier esperanza, por remota e improbable que fuera.
Estaba intentando encontrar las palabras justas para hacerle entrar en razón cuando el pelirrojo captó sus intenciones y le atajó.
– Sé lo que estás pensando y no estoy negando la evidencia, tengo pruebas. Sé que no es Horrucrux porque Hermione y yo hicimos la comprobación mientras dormías.
Totalmente desconcertado Harry se volvió hacia Hermione con la duda reflejada en su mirada.
– Es cierto – corroboró Hermione – nos sentíamos tan impotentes mientras dormías que decidimos buscar el objeto de Dumbledore para consultarle, pero resultó que Ginny no estaba "dividida en esencia". No podíamos despertarte para decírtelo porque te habías tomado la poción y de todas formas sabiendo que Voldemort no tenía ningún motivo para mantenerla con vida necesitábamos más que nunca que averiguaras donde la tenía.
– Pero tiene que haber algún error - empezó a rebatir Harry todavía confuso – sé que por lo menos queda un Horrocrux por destruir.
– Así es – afirmó Snape, – pero no alcanzo a comprender cual es el motivo que te ha llevado a pensar que la señorita Weasley sea ese último Horrocrux.
– Voldemort la poseyó a través de su viejo diario durante su primer año en Hogwarts – argumentó Harry – creo que entonces…
– Ya entiendo, - le interrumpió Snape – lo que tú crees es que aunque no has estudiado nada sobre Horrocruxes conoces su naturaleza mejor que nadie, mejor incluso que Albus Dumbledore, quien también sabía lo ocurrido en la Cámara de los Secretos. ¿Acaso piensas que Albus no consideró esa posibilidad? ¿De verdad crees que si existiera alguna posibilidad de que el alma del Señor Tenebroso se hubiera arraigado en ella él no lo habría descubierto? Te garantizo que Dumbledore jamás cometería semejante descuido, él se aseguró perfectamente de que ese fragmento de alma había sido destruido, es totalmente imposible que sobreviviera al veneno del basilisco.
Por muy desagradables que resultaran las formas de Snape Harry sintió un inmenso alivio al escucharle decir eso, casi tan grande como el que experimentara al saber que Ginny no estaba realmente muerta. De pronto notó que respiraba más fácilmente, como si hasta ese momento hubiera tenido un enorme peso aplastando su pecho sin que se diera cuenta. En un instante todo había cambiado para él porque de repente volvía a tener un verdadero motivo para luchar. Donde un segundo antes solo podía contemplar la opción de huir y esconderse para proteger a Ginny ahora se le presentaba un mundo de posibilidades. Si lograba vencer a Voldemort podría tener una auténtica vida, un verdadero futuro, sin peligros, ni amenazas por primera vez en mucho tiempo.
– Debisteis decírmelo – les dijo a Ron y Hermione mientras hacía desaparecer el escudo. No era su intención recriminarles pero no pudo evitar que su tono de voz sonara cercano al reproche.
– Esa era nuestra intención pero no podíamos despertarte – se defendió Ron, - la vida de Ginny corría peligro y la única forma de llegar hasta ella era que tú la encontraras, además creímos que tal vez lo descubrirías al adentrarte en la mente de Voldemort. Pensábamos advertirte en cuanto despertaras pero no nos diste oportunidad, te desapareciste sin avisarnos.
Al escuchar la última frase de Ron el ceño de Harry se frunció un poco, pensando que tenía una excelente justificación para desaparecerse de esa forma, pero antes de que pudiera alegar que solo pretendía evitar que Snape asesinara a Ginny Hermione tomó la palabra.
– Cuando despertaste estábamos atendiendo a la madre de Ron, no deberíamos haberte dejado solo – se disculpó la castaña haciendo que Harry recuperara su expresión habitual - pero dormías tan profundamente que no creímos que despertarías todavía. Cuanto te desapareciste supimos que la habías encontrado pero no sabíamos que hacer ni dónde buscaros hasta que por suerte Ron recordó que Ginny te había dado uno de los espejos reversibles antes de ir al Callejón Diagón y que probablemente todavía lo llevabas encima. Buscamos el otro para ponernos en contacto contigo pero no respondías, lo único que se veía en el espejo era un reflejo demasiado oscuro en el que no se podía distinguir prácticamente nada. Tardamos un buen rato en reconocer el mostrador del guardia de seguridad y los azulejos del atrio.
– Nos aparecimos en el Ministerio pero no estabais por ningún lado – continúo Ron, – entonces Hermione utilizó un hechizo para detectar la última magia realizada en el edificio y localizó un encantamiento levitatorio. Fue el rastro de ese hechizo lo que nos guió hasta aquí.
– Muy interesante muchachos – intervino Snape con acidez reclamando la atención del trío. Por un momento Harry se había olvidado completamente de su presencia. – Pero os recuerdo que tenemos entre manos asuntos más importantes que alabar vuestra sagacidad para localizar a Potter.
– No lo entiendo – dijo Harry prestando de nuevo toda su atención a Snape - usted dijo que estábamos aquí para destruir el fragmento de su alma que vive en otra persona.
– Así es, pero evidentemente no me refería a ella. Y ahora, Potter, responde a la pregunta: si la señorita Weasley no es un Horrocrux ¿qué otra persona en esta habitación puede serlo? – preguntó mirando a Harry fijamente a los ojos.
En ese instante él irguió lentamente la mano en la que no tenía la varita y la llevó hasta su frente, dejando que los dedos siguieran el surco de aquella cicatriz en forma de rayo que marcaba su destino. Lo hizo de un modo automático, sin asombrarse siquiera de que aquello no lo tomara por sorpresa. Por alguna razón que no acertaba a explicar era como si una parte de él lo hubiera presentido siempre.
Nunca lo había pensado antes, no al menos de forma consciente, pero lo cierto era que tenía sentido y que además explicaría muchas cosas: la facultad de hablar pársel, la conexión mental con Voldemort… y sobre todo ese extraño lazo que tantas veces había sentido que les unía. Voldemort siempre había despertado muchas emociones dentro de él: terror, ira, venganza, ganas de luchar y de vivir; pero Harry sabía que había algo más. Agazapada entre todas ellas, como un halo que envolviera todos y cada uno de esos sentimientos, siempre estaba aquella extraña sensación de familiaridad, como si realmente Voldemort y él fueran partes diferentes de la misma cosa. Una sensación extraña, nunca analizada en profundidad porque siempre era solapada por algo más intenso e inmediato: el miedo, la rabia, o la alegría de haber salido con vida una vez más; y cuanto éstas desaparecían y volvían esas inquietantes ideas que en ocasiones lo atormentaban al final siempre se obligaba a ignorarlas. Hasta ahora, que las palabras de Snape venían a confirmarlo. No eran imaginaciones suyas, realmente había algo de Voldemort en él.
Retiró la mano de la cicatriz, aquella cicatriz que había marcado su vida y comprendió que muy pronto marcaría también su muerte.
– ¿Cómo…? – preguntó con la vista clavada en Snape sin parpadear. Lo hizo deliberadamente, consciente de que Ron y Hermione estaban pendientes de cada uno de sus movimientos y sintiéndose incapaz de devolverles la mirada. En ese momento prefería enfrentarse al carácter huraño y seco de Snape que recibir el apoyo de sus amigos, lo último que deseaba era ver en sus ojos el reflejo del asombro y la compasión que estaba seguro sentían en ese momento. No sabría si podría soportarlo.
– El Señor Tenebroso siempre planeó dividir su alma en siete pedazos – respondió Snape antes de que Harry terminara de formular la pregunta. - Sospecho que cuando escuchó el contenido de la profecía solo le faltaba un Horrocrux y en ese mismo momento decidió que tú serías el último.
– ¡Qué ridiculez! – explotó Ron acercándose hasta colocarse junto a Harry – en ese caso no llevaría años intentando matarle.
– No seas tan simple, Weasley. – Espetó crispado antes de dirigirse nuevamente a Harry para continuar con su explicación. - Era un plan perfecto y la mejor forma de asegurar su triunfo pasara lo que pasara porque, aún en el remoto caso de que lograras sobrevivir y consiguieras vencerle en el futuro, una de parte de él seguiría a salvo dentro de ti. Por el contrario, si tal como él esperaba, esa noche acababas muerto el precio a pagar le parecía asequible. Estaba dispuesto a asumir el sacrificio de una parte de su alma a cambio de eliminar a aquel que según la profecía sería el único que podría derrotarle.
A Harry le asaltó la certeza de que aquella historia solo tenía un final posible y que esta vez su muerte era tan inevitable como necesaria. Se quedó mudo, helado, mientras como un relámpago cruzaba por su cerebro que debería sentirse abatido, o enfadado, o lo que fuera… cualquier cosa excepto el enorme hueco que parecía haberse formado de repente dentro de él. Aquel era el final del camino y de pronto ya no sentía nada, como si como si él ya no fuera él y todo aquello le estuviera pasando a otra persona o como si al saber que pronto debería dejar de existir una parte de él quisiera hacerlo cuanto antes para no tener que prolongar lo inevitable. Se sentía como si alguien le hubiera arrancado las entrañas dejando solo una cáscara vacía, ¿qué llevaba dentro de él un pedazo del alma de Voldemort? En ese instante ni siquiera podía sentir la suya propia. Le pareció como si de repente hubiera entrado en otra dimensión en la que el tiempo no existía y durante un momento ni siquiera fue plenamente consciente de donde estaba o de lo que sucedía a su alrededor hasta que notó como Hermione le cogía de la mano y se la apretaba con fuerza, haciéndole percibir lo fríos que estaban sus dedos en comparación con los de ella.
Fue ese gesto lo que lo ayudó a hacerse cargo de la situación. Aquella mano, pequeña y suave, sosteniendo la suya. Era algo cercano y tangible, estaba allí mismo, a su alcance, y respondió estrechándola con fuerza, aferrándose a ella como si fuera lo único que en aquel momento lo unía al mundo real. Notó como aquella calidez era absorbida por su mano para luego extenderse por el resto su cuerpo hasta llegar al cerebro y hacer saltar una chispa. Al principio aquella sensación le había resultado muy agradable pero de pronto y sin entender porqué tuvo la impresión de sentirse como un ladrón, como si de alguna manera estuviera robando algo a Hermione, no sabía exactamente el que, su calor, o alguna forma de energía que le ayudaba a seguir manteniéndose en pie, tal vez su magia. ¿Era eso posible? Le asaltó la idea de que de alguna manera pudiera estar causándole daño, se sintió como un parásito alimentándose de su huésped, o peor aún, como un dementor. Le aterrorizó la comparación y aunque no se atrevió a soltarla la miró de reojo, asustado. Cuando la observó comprendió que no podía estar más equivocado. Nunca antes la había visto tan viva, ni siquiera en medio de una batalla, en ese momento le plantaba cara a Snape con los ojos brillantes y humedecidos mientras la cólera le teñía de rubor las mejillas, haciendo que a cada segundo se volvieran más encarnadas.
– Eso no es posible – escuchó como objetaba muy decidida, – porque entonces habría siete Horrocruxes y usted mismo acaba de decir que su intención era hacer seis.
– Lo era, lo fue durante mucho tiempo - admitió Snape – hasta que tras su regreso se enteró que por culpa de Lucius el diario había sido destruido y decidió que Nagini ocupara su lugar. - Hizo una pausa y miró a Harry apesadumbrado antes de encarar la parte más dura de todo lo que le había revelado. – Cuando entró en tu cuarto después de matar a tu padre, aunque tenía la absoluta convicción de que morirías muy pronto, asesinó a Lily y utilizó su muerte para convertirte en el último de sus Horrocruxes. Lo hizo justo antes de enviarte la maldición asesina y fue precisamente eso lo que provocó que la maldición rebotara, otras personas habían muerto antes por proteger a sus seres queridos pero su sacrificio nunca fuera utilizado para llevar a cabo un acto tan oscuro y perverso como lo que él intentó realizar aquella noche.
– Pero no… - intentó rebatir una acalorada Hermione mientras a su lado Harry le apretaba la mano con fuerza para hacerla callar. A él no le cabía la menor duda, la explicación de Snape era de una lógica aplastante.
– Para acabar con todo esto tendremos que morir ambos – susurró haciendo que Hermione se interrumpiera bruscamente.
– ¡No, Harry! – le suplicó la chica con lágrimas en los ojos. – No tienes porque hacerlo.
– Claro que tengo que hacerlo – replicó con una calma fuera de lo común, como si aquello fuera lo más normal del mundo. - ¿No te das cuenta? Puedo ponerle fin a este horror.
A su otro lado Ron posó una mano sobre su hombro.
– Si no estábamos dispuestos a que ocurriera con Ginny tampoco lo permitiremos contigo – aseguró el pelirrojo.
Ron estaba tan nervioso que apretaba hasta hacerle daño aunque las lágrimas que humedecieron los ojos de Harry no fueron provocadas por el dolor.
– Os agradezco vuestro apoyo, sé que tenéis la mejor intención, pero ¿en serio pensáis que podría volver a Grimmauld Place y ocultarme como si nada? Personas inocentes mueren a diario y no lo permitiré sabiendo que está en mi mano detener a Voldemort.
– ¡Por favor, Harry! – imploró Hermione dejando escapar algunas de las lágrimas que luchaba por controlar.
– No importa, Hermione – dijo intentado consolarla. – Es mejor así, - sabía que sonaba extraño sin embargo no pretendía engañarles, lo decía con total sinceridad aunque estaba haciendo un gran esfuerzo para que sus amigos no notasen que le temblaban las piernas. - Es preferible que yo sea un Horrocrux a que lo sea Ginny, desde que Voldemort me desarmó en el Valle de Godric asumí que no saldría de esto con vida.
– ¡Que caballeroso por tu parte! – intervino Snape con ironía. – Pero antes de que planifiquéis un heroico sacrificio de esos que es costumbre entre los Gryffindors tal vez deberíais saber que quizá se pueda hacer otra manera.
– ¿Cual? – se apresuró a preguntar Hermione antes de que los chicos reaccionaran. Ron miraba a Snape asombrado y receloso mientras que en los ojos de Harry solo se veía un poco de escepticismo, como si se negara a hacerse ilusiones para no alimentar falsas esperanzas.
– Usando un hechizo – respondió Snape de forma escueta.
– ¿Hay un hechizo para eso? – preguntó Harry con cautela.
– Más o menos, – respondió Snape evasivamente. – El alma no puede sobrevivir por si sola, necesita residir en un "recipiente", por decirlo de alguna forma, nuestro propio cuerpo o en su defecto algún otro objeto sólido. La opción más sencilla para eliminar un fragmento de alma es destruir el recipiente que la contiene pero evidentemente no podemos hacer eso si pretendemos que sobrevivas de modo que la única forma posible será separando el alma del Señor Tenebroso del recipiente que la cobija, en este caso tu cuerpo, y obligarla a abandonarlo. Si todo sale según lo previsto tu alma quedará intacta dentro de ti, mientras que la del Señor Tenebroso se destruirá sola en cuanto sea forzada a abandonar tu cuerpo.
– ¿Y eso es posible? – preguntó Ron asombrado.
– Teóricamente sí, lo es; aunque no existe constancia de que se hiciera nunca antes.
– Cuando veníamos hacia a aquí dijo que no estaba preparado – recordó Harry, – se refería a esto, ¿verdad?
– Por supuesto que me refería a esto, uno nunca está preparado para algo así. Como comprenderás ya es raro encontrar a algún mago que se atreva a fragmentar su alma para hacer un Horrocrux pero más difícil todavía es que elija a otro ser vivo para custodiar esa parte de su alma. Debería haber practicado usando la serpiente pero ya no tendré oportunidad porque hace dos días la mataste en una de tus heroicas y estúpidas hazañas.
Harry se rebeló ante su crueldad ¿cómo podría él saber que no debía matar a Nagini? Dumbledore le dijo que era un Horrocrux y que debía destruirlos. Encima tenía que soportar que Snape le increpara como si no fuera su pellejo el que estaba en peligro.
– Yo solo hice lo que Dumbledore mi pidió, tal vez no hubiera metido la pata si me hicieran antes partícipe de sus planes.
– Era importante esperar hasta el último momento, - argumentó Snape - he necesitado meses de preparación para dominar el hechizo perfectamente. Mientras tanto, ninguna persona, ningún miembro de la Orden, ni siquiera tú, deberías saberlo hasta tener la seguridad de que todos los demás Horrocruxes estaban destruidos. ¿Tienes idea de lo que ocurriría si se corriera la voz de que llevas dentro un fragmento del alma del Señor Tenebroso? Muchos te darían la espalda, no sabrías en quien confiar, sin contar que Scrimgeour enviaría inmediatamente a todos los aurores a su cargo a liquidarte.
– Antes dijo que si todo salía según lo previsto el alma de Harry quedaría intacta en su cuerpo pero y ¿si no es así? – preguntó Hermione con voz temblorosa.
– Si algo sale mal lo más probable es que Potter no sobreviva.
Hermione hizo amago de replicar pero Harry se le adelantó.
– Es probable que muera de todos modos así que no tengo nada que perder – intentó sonar despreocupado pero no dio la impresión de que el ánimo de ninguno de ellos hubiera mejorado.
– ¿Cómo lo hará? – quiso saber Ron. - ¿Cuál es ese hechizo que obligará al alma de Voldemort a abandonar el cuerpo de Harry?
– El hechizo ya lo conocéis, - dijo Snape, que de repente parecía incómodo,- es el Dissolutio.
– ¿El Dissolutio? – chilló Hermione, y Harry no supo precisar si el sentimiento que prevalecía en su pregunta era la perplejidad o la indignación. – ¿Insinúa que separará las almas de Harry y de Voldemort con un hechizo que se aprende en el colegio?
– Bueno, la realización será más complicada, obviamente, pero el principio es el mismo – se justificó Snape.
Pero Hermione no parecía para nada convencida.
– ¿Bromea? El Dissolutio se emplea para separar las moléculas de dos objetos sólidos.
Snape le dedicó una mirada desdeñosa.
– Potter parece bastante sólido.
– No me parece un momento adecuado para el sarcasmo – intervino como si le regañara - , ¿de verdad espera que funcione con el alma?
– Sí, - afirmó tajante, crispado por la constantes interrupciones de Hermione.- Así lo espero, señorita Granger, al igual que lo esperaba el profesor Dumbledore, quien dedicó muchas horas de estudio y reflexión a este tema y me escogió para llevar a cabo esta misión.
Entonces Harry comprendió en su totalidad lo que Snape dijera en el atrio, que Dumbledore había muerto para salvarle.
– Este era el trabajo que le encomendó, – afirmó sobrecogido – aquel por el que eligió morir en su lugar. Quería mantenerle con vida para que intentara destruir el último Horrocrux sin matarme.
– Así es – afirmó Snape – era imprescindible que fuera yo quien lo hiciera.
– ¿Pero por qué? Si conocía la verdad desde hace tiempo pudo intentar hacerlo él mismo ¿Por qué le eligió a usted?
Snape desvió la vista incómodo y parpadeó un par de veces antes de responder.
– ¿Nunca has oído decir que los ojos son el espejo del alma? Es una afirmación más cierta de lo que crees. Si me concentro lo suficiente en tus ojos todo aquello que no pertenezca a ti será separado de tu cuerpo. Tienes los ojos de madre – dijo muy despacio, y Harry volvió a percibir la nostalgia en su voz - y si hay algo que seré capaz de visualizar en mi mente con absoluta claridad mientras viva son los ojos de Lily Evans.
– Lily Potter – le corrigió Harry a pesar de lo poco conveniente que era llevarle la contraria a Snape en su situación.
– Tenía esos mismos ojos antes de casarse, ellos no cambian como los apellidos – gruñó entre dientes. - Basta de charla, ha llegado el momento.
– ¿Hay algo que podamos hacer para ayudar? – preguntó Ron.
– Quedaros muy quietos y no interferir pase lo que pase. En el proceso ambas almas entrarán en contacto y a juzgar por los precedentes eso será sumamente doloroso, aunque es la única manera.
– Que Merlín nos asista – susurró Hermione mientras Harry tragaba saliva recordando el momento en el que Voldemort intentara poseerle dos años atrás.
– Lo siento muchacho – dijo dirigiéndose a Harry - pero no podemos perder ni un segundo más. El Señor Tenebroso sabía que venías hacia aquí y es muy extraño que no haya regresado todavía, debemos hacerlo cuanto antes. Es complicado pero será rápido en poco tiempo todo habrá terminado. Si sale bien – añadió para Ron y Hermione - vosotros dos tendréis que llevaros a Potter y a la señorita Weasley; y antes de marcharos es necesario que me causéis algunas heridas, si son de gravedad mejor; así no levantaremos sospechas.
– No podemos hacer eso – se apresuró a decir Hermione mientras Ron la miraba como un niño al que acabaran de robarle un caramelo.
Snape la miró con reprobación pero Hermione no era la única que no estaba dispuesta a seguir sus indicaciones.
– No he llegado hasta aquí para detenerme ahora – intervino Harry decidido - si sale bien volverá a ser mortal, deberíamos quedarnos y enfrentarnos a él.
– Eso no será posible por el momento, - replicó Snape con voz seca.- Volveréis a Grimmauld Place y os ocultaréis allí – ordenó en tono autoritario.
– Deberíamos quedarnos y luchar – opinó Ron apoyando a Harry – hemos entrenado mucho, todos juntos podríamos derrotarle.
– Te equivocas. Tendré que canalizar toda mi energía para realizar el hechizo y es posible que quede muy debilitado. Por otro lado no sabemos lo que pasará con Potter pero te aseguro que aunque sobreviva no estará en condiciones de luchar y, francamente, por mucho que hayáis entrenado vosotros dos no tendríais ninguna posibilidad contra él.
Todos sabían que tenía razón y esta vez Ron y Hermione no le llevaron la contraria.
– Entonces deberíamos irnos todos, – insistió Harry. - Ahora mismo. Podría destruir el Horrocrux en cualquier otro lugar.
– No. – Contestó Snape de forma tajante. - Yo me quedaré, debo estar aquí cuando regrese. Nunca sospechará de mi traición, permaneceré cerca de él hasta el último momento, solo así le venceremos.
– Pero Voldemort le matará por dejarnos escapar – protestó Harry.
– Que todavía no haya regresado solo puedo significar que en Azkaban se está librando una gran batalla, habrá muertos y no puede permitirse perder a nadie más. Me castigará pero no se atreverá a matarme.
– Es muy peligroso.
– Aún así es lo mejor, no insistas Potter. Y ahora dejémonos de conversación y ocupémonos del asunto que nos ha traído hasta aquí, no podemos seguir retrasando el momento o tal vez perdamos la oportunidad. Será mejor que guardes tu varita, podrías ceder al impulso de resistirte.
Harry no estaba para nada de acuerdo con aquello pero Snape estaba decidido a lanzarle el hechizo con su colaboración o sin ella así que se guardó la varita en la túnica y lanzó una dubitativa mirada a Ron y Hermione. Podría ser la última vez que los viera pero despedirse de ellos tal vez sonara demasiado derrotista. Hermione rompió el momento de indecisión adelantándose para darle un abrazo y le apretó con una fuerza de la Harry no la habría considerado capaz.
– Todo saldrá bien – dijo con voz entrecortada.
– Claro que saldrá bien – respondió Harry correspondiendo al abrazo.
Echó un vistazo a Ron por encima de la enmarañada melena y su amigo asintió con la cabeza en silencio. Intentó sonreírle pero seguramente su expresión fue muy parecida a la mueca que se formó en el rostro del pelirrojo. Casi tuvo que obligar a Hermione para que le soltara, al darse cuenta de su movimiento Ron la tomó abrazándola por los hombros y Harry les dio la espalda en cuanto se vio libre. Snape le miraba con determinación desde cerca del arco.
– Estoy listo – dijo.
Snape levantó la varita mientras los tres jóvenes contenían la respiración pero entonces hizo algo que ninguno de los tres se esperaba, en lugar de apuntar a Harry dirigió su varita hacia Ron y Hermione y utilizando un hechizo no verbal les arrebató las varitas que volaron a través de la sala y cayeron a sus pies.
Ron fue el primero en increparle.
– ¿Qué cree que hace?
– Lo siento – se disculpó – pero no puedo arriesgarme a que ninguno de vosotros intervenga – dijo alzando un encantamiento escudo por detrás de Harry aprovechando que estaba un poco más adelantado que sus compañeros. – ¿Preparado?
– Si – afirmó Harry decidido, aunque el tono amable empleado por Snape no le tranquilizaba en absoluto, más bien al contrario. Le hacía plantearse que sus posibilidades debían ser realmente escasas o que todo aquello iba a ser mucho peor incluso de lo que se imaginaba.
Por suerte no tuvo mucho tiempo para especulaciones porque inmediatamente Snape le lanzó un hechizo inmovilizador y antes de que Harry pudiera preguntarse siquiera porqué lo había hecho le apuntó de nuevo con la varita y mirándole fijamente bramó.
– ¡Dissolutio!
Al instante comenzó a notar un frío intenso que no se parecía a ningún otro que hubiera sentido en su vida. Era un frío seco que le salía de dentro, como si le brotara de los huesos y las vísceras, acompañado de un dolor terrible, insoportable. Quiso gritar pero el hechizo inmovilizador se lo impidió. Intentando luchar contra el dolor se concentró en lo único que podía mirar, Snape situado en frente de él, con gruesas gotas de sudor formándose en su frente y el rostro torcido en un gesto de determinación y total concentración.
El dolor, y aquel frío tan gélido y glaciar que no resultaba natural, no hacían más que aumentar a medida que una neblina verde salida de algún lugar empezaba a nublarle la visión. Su cuerpo se convulsionaba, aunque no era él quien lo movía, él no podía ni parpadear; y el dolor aumentaba, crecía y crecía hasta el infinito. La niebla verde le empezó a hacerse más densa y escuchó un grito agudo y desgarrador, un chillido que no era suyo aunque habría podido serlo, mucho antes de que la niebla le envolviera hasta cegarle ya había perdido la noción de donde estaba, o de que Ron y Hermione estaban a poco pasos detrás de él, o de lo que hacía Snape y porque motivo era importante.
A través de los gritos, el grito frío y agudo que no reconocía como propio y el suyo, interior, silencioso, pero igual de aterrador y agonizante, se sumergió en el dolor de tal forma que ya no existía nada más. No había ninguna habitación, ni personas a su alrededor, no recordaba ni su nombre. No existía nada antes de eso y por lo tanto tampoco podría haberlo después. Nada aparte de ese dolor lacerante y agudo, interminable, eterno. Un momento suspendido en el infinito para siempre.
***
A todos aquellos que adorabais la teoría Ginny-Horrocrux espero no haberos defraudado, ni intención desde principio fue hacer que el último Horrocrux fuera Harry pero no quería que lo descubriera de forma sencilla. Aspiraba a que esta historia guardara cierta similitud con el canon y para eso necesitaba que se dieran dos factores: uno, que el pobre Harry sufriera hasta lo indecible; y dos, en algún momento de la historia debería estar absolutamente seguro de algo para luego, al final, descubrir que estaba totalmente equivocado. Y así, pensando en la mejor manera de hacerle sufrir, se me ocurrió que a Harry no le costaría tanto morir por los demás pero que verse obligado a matar alguien muy querido sería mucho peor. El discursito de Ryddle en la Cámara de los Secretos me vino al pelo para elaborar esta trama.
Como JK insistía en la importancia de que Harry hubiera heredado los ojos de Lily se me ocurrió relacionarlo con la idea de que los ojos son el espejo del alma.
Después de mi parón de meses, por el que me disculpo otra vez, y al leer los capítulos de forma discontinua se olvidan muchos detalles que pueden pasar desapercibidos, así que ahí van algunos para refrescar la memoria: la comprobación a la que hace referencia Ron es la misma que emplearon en el capítulo 16 "Dividido en esencia", cuando Harry hizo esa pregunta al zumbante objeto plateado que Dumbledore le dejó en herencia para saber si la Marca Tenebrosa que encontrara en La Cámara de los Secretos era un verdadero Horrocrux.
En cuanto a los espejos reversibles Ginny le entrega el suyo a Harry en el capítulo 31, en el pasillo de Grimmauld Place, cuando Ron estaba por allí cerca despidiéndose de Hermione. Por suerte Harry lo guardó en su túnica y lo llevó encima todo el día, hasta el momento en el capítulo 33 en que Snape le obliga a incorporarse con brusquedad y al chocar contra el mostrador del guardia de seguridad escucha un ruido de algo que cae al suelo.
El hechizo Dissolutio no es canon, me lo inventé para esta historia, igual que el Permisceo (que es algo así como su contrario) y tuve que recurrir a mi viejo diccionario de latín para bautizarlos (XD llevaba casi quince años acumulando polvo). Se supone que sirve para separar las moléculas de dos objetos fusionados en uno solo, Ron y Hermione lo practican al principio del capítulo 10 siguiendo el programa de educación a distancia de Flitwich y es el mismo hechizo que Hermione emplea en el capítulo 21 para recuperar el armario que Voldemort ocultara en la pared de su antigua habitación en el orfanato. En el capítulo 10 practican con unos jarrones pero cuando encuentre tiempo para editarlo (espero que cualquier siglo de estos) añadiré un ejercicio con un vaso de agua azucarada del que Hermione extraerá el azucár completamente seco después de haberse disuelto. Me parece un ejemplo más apropiado.
Que yo sepa tampoco existe ningún hechizo para detectar la magia reciente pero el Ministerio es demasiado grande y de alguna forma Ron y Hermione tenían que localizarlos.
Espero no haber dejado ningún cabo suelto, para dudas, abucheos o felicitaciones ya sabéis lo que tenéis que hacer. De momento os espero en el próximo capítulo: El tempo de la muerte. Ya era hora…XDDDD
