Hola a todos. No pretendo ocultar mi nerviosismo. Os traigo, por fin y después de dos años de espera, los capítulos más trascendentes. No podéis ni imaginar la cantidad de horas que he invertido en pensar, escribir y corregir esta historia por eso me haría muy feliz que por lo menos esta vez hagáis un esfuerzo por vencer la timidez y salir de las sombras y me dejéis un rr con vuestra opinión. Con dos palabras me conformo, basta con decir me gusta, o muy bien, o un que decepción ¿para esto me he leído 37 capítulos?. Apiadaros de mí, que en los dos últimos capítulos no tuve ni un solo rr, os lo agradecería mucho.

CAPÍTULO 37: El templo de la Muerte

El desgarrador gritó cesó de pronto y el frío y el dolor desaparecieron tan repentinamente como habían comenzado, la niebla verde que lo envolvía se esfumó de golpe y, todavía inmovilizado, Harry alcanzó a ver a un Snape maltrecho y agotado que apenas lograba sostener la varita en su mano.

Durante un largo segundo Snape le miró fijamente y luego emitiendo una especie de gruñido dio una breve sacudida a su varita apuntándole con ella. El hechizo inmovilizador dejó de hacer efecto y se desplomó como un fardo sobre el duro suelo de las gradas de piedra. En la parte baja del foso a Snape le ocurrió lo mismo.

En un estado que rozaba la inconsciencia Harry podía escuchar como Ron y Hermione lo llamaban desde el otro lado del escudo que Snape levantara para evitar interrupciones. Podía sentir su preocupación. Aunque solo estaban a solo unos pasos no podían llegar hasta él porque Snape se había desplomado antes de poder retirar el escudo. Los tenía tan cerca y a la vez tan lejos.

No se sentía con fuerzas ni para hablar, mucho menos para intentar moverse, sabía que eso aumentaría su preocupación pero tendrían que esperar a que se recuperara un poco para saber que se encontraba bien. Porque se encontraba bien, aunque se sentía como si le hubieran dado la peor paliza de su vida, el dolor había desaparecido dando paso a una sensación de agotamiento extremo que era en cierto modo agradable. Cerró los ojos, agradecido; en ese momento le parecía que la ausencia de dolor era lo más placentero que había experimentado nunca, tanto que era imposible que cualquier otra cosa no quedara relegada a un segundo plano. Respiró hondo, con los ojos todavía cerrados, dispuesto a sumergirse en esa agradable sensación.

Mientras, en la parte baja del foso, muy cerca de la tarima con el velo, Snape consiguió recuperar su varita reptando penosamente sobre su vientre. Cuando la tuvo en la mano apuntó al escudo con pulso tembloroso y lo hizo desparecer antes de volver a desplomarse agotado. Tan pronto como el escudo se esfumó Ron y Hermione corrieron hasta donde se encontraba Harry llamándolo a gritos.

- ¿Está vivo? – preguntó Snape con un gruñido mientras giraba sobre si mismo para quedar tumbado con la espalda sobre el frío suelo. El cabello negro y grasiento pegado a su sudoroso rostro cetrino.

Hermione fue la primera en llegar hasta Harry e inclinarse sobre él, lo giró para ponerlo boca arriba e introdujo una mano trémula por dentro de la túnica, buscando nerviosa el latido del corazón en su pecho.

- Si ­– contestó con la voz ahogada por un enorme suspiro de alivio. Estaba tan cerca de su rostro que incluso podía notar en la cara el aliento que escapaba de entre los labios ligeramente separados de Harry. Levantó la cabeza y miró a Ron con los ojos llenos de lágrimas. – Ha perdido el conocimiento pero está vivo.

- Lleváoslo – gimió Snape de forma casi inaudible.

Ron echó a correr gradas abajo para recuperar su varita y la de Hermione, olvidadas en el suelo a los pies de Snape. Entre las prisas y los nervios ninguno de ellos se dio cuenta de que la puerta se abría de forma sigilosa a sus espaldas hasta que escucharon una voz fría y susurrante que les heló la sangre.

- Ni un solo movimiento – advirtió el Señor Tenebroso en un tono de voz completamente apacible.

Lo pretendieran o no, todos dieron la impresión de acceder a su demanda. Cuando Voldemort les habló desde el quicio de la puerta fue como si las figuras de los presentes se hubieran quedado petrificadas y casi pareció que el tiempo se hubiera detenido. Snape no dio señales de vida, Hermione observó descompuesta el rostro de rasgos deformes y Ron se detuvo a medio camino, girándose para mirar a Voldemort con cara de espanto y dirigiendo después un mirada anhelante a las varitas, como si pudiera convocarlas con el poder de la mente y éstas fueran a volar a sus manos por si solas.

Tenía que llegar hasta ellas, pero sabía que estaba demasiado lejos como para poder soñar siquiera con alcanzarlas antesde que Voldemort le fulminase con alguna maldición imperdonable.

Lord Voldemort, evidentemente satisfecho por el efecto que había causado, entró en la sala caminando despacio y la puerta se cerró inmediatamente tras él.

- Espero que Potter todavía esté con vida.

Aun parecía sereno pero se podía percibir con claridad la velada advertencia vibrando amenazadoramente en su tono de voz. Fue en ese instante cuando Ron decidió lanzarlo todo por la borda, si Voldemort quería matarle a traición y por la espalda estando desarmado que lo hiciera, pero él no pensaba quedarse quieto mientras tanto. Hermione debió pensar exactamente lo mismo porque ambos se movieron a la vez, provocando la reacción del Señor Tenebroso, que hasta entonces se había mantenido impasible.

- ¡Petrificus totalis! – exclamó Voldemort apuntando a Hermione al percibir su movimiento cuando la chica intentó hacerse con la varita de Harry – ¡Petrificus totalis! – repitió apuntando a Ron por la espalda cuando esté echó a correr escalones abajo, cortando en seco su intento de recuperar las varitas.

El pelirrojo quedó congelado en una extraña posición, con ambos pies en el aire, y cayó rodando por los escalones hasta detenerse cerca de Snape, quien aprovechando que Weasley obstaculizaba momentáneamente la visión del Señor Tenebroso movió una pierna de forma casi imperceptible, apenas lo justo para ocultar bajo su túnica las varitas que había arrebatado a Ron y Hermione para que no interfirieran mientras libraba a Potter del Horrocrux.

- Casi me obligas a matarte antes de tiempo, sangre sucia – advirtió Voldemort a Hermione con una voz falsamente amigable mientras se acercaba sin ninguna prisa hasta donde estaban ella y Harry.

Al llegar se inclinó sobre él para comprobar si seguía con vida. Visto desde lejos su actitud podría parecer casi paternal pero Hermione, agachada a pocos centímetros de ambos, pudo apreciar que Voldemort evitaba tocarle, conformándose con acercarse lo justo para cerciorarse de que todavía respiraba. Después se hizo con la varita mágica de Harry y se la guardó entre los pliegues de su túnica, antes de incorporarse para dedicarle a ella una mirada despectiva desde arriba.

- Sería una pena. Pudiendo elegir, prefiero tener testigos cuando me deshaga definitivamente de Potter.

Lord Voldemort apuntó directamente a Hermione y empezó a mover la varita haciendo movimientos suaves como los de un director orquesta. Ella se dio cuenta de que sus miembros respondían a los movimientos de varita como si estuviera manipulando los hilos de una marioneta, en pocos segundos ya no estaba acuclillada junto a Harry, sino de pie y con la espalda recta, los hombros hacia atrás, la cabeza erguida y los brazos cayendo inertes a los lado. Voldemort modelaba su postura como si de una escultura se tratase, hasta dejarla en la posición de una cariátide perfecta. Cuando terminó sonrió levemente examinando su obra como un artista orgulloso.

- Levicorpus – dijo señalando a la castaña, y guió su cuerpo a través de la sala hasta depositarlo con sumo cuidado a uno de los lados del arco, tan cerca de él que daba la impresión de que el movimiento ondeante del velo podría atraparla en cualquier momento.

Después hizo lo mismo con Ron, moldeó con cuidado su postura y cuando hubo terminado lo colocó al otro del arco, de modo que ambos pudieran observar todo lo que ocurría en la sala.

- Creo que desde ahí tendréis una buena perspectiva de lo que suceda. – Afirmó sonriendo de modo siniestro. - Entradas de primera fila para contemplar la muerte de quien nunca debió convertirse en héroe.

Señaló con su varita a Harry de un modo casi teatral y después se giró hacia Snape, dedicándole una mirada abiertamente escrutadora, aunque en realidad no le había perdido de vista ni un solo segundo.

- Severus – llamó con voz fría avanzando un par de pasos en su dirección.

Snape no reaccionó y Voldemort descendió por gradas jugueteando con la varita en su mano, se encontraba a muy poca distancia cuando él abrió los ojos.

- Señor – contestó con voz entrecortada.

- Incorpórate – ordenó secamente.

Snape hizo una débil tentativa pero apenas consiguió separar el tronco unos centímetros del suelo antes de volver a desplomarse con una mueca de dolor.

- No puedo, mi señor – gimió lastimosamente.

- ¿Estás herido? – preguntó receloso Lord Voldemort.

- No, señor. Por suerte habéis llegado justo a tiempo.

- Eso parece – concordó Voldemort. – Aunque da la impresión de que te han causado algunos problemas. Demasiados en realidad – observó disgustado – para tratarse de unos simples adolescentes, bastante mediocres en general.

- Son tres – se justificó Snape.

- Si – admitió Voldemort, ­– pero aquí hay algo sumamente extraño, Severus. – Dijo pronunciando su nombre con una suavidad escalofriante. - Con Potter fuera de circulación me pregunto como han podido estos dos chicos desarmados dejarte en este estado…y el hecho de que los hayas traído precisamente aquí…- especuló - como si quisieras ocultarlos. Comprenderás que desconfíe.

Movió un pie de forma indolente, casi con desgana, golpeando suavemente la varita de Snape, que se alejó rodando sin que los débiles dedos de su dueño pudieran ejercer la presión suficiente para retenerla. Con los labios apretados Snape observó impotente como la varita se detenía varios metros más allá, fuera de su alcance.

- ¿Desconfiar de mí, señor? – preguntó fingiendo incredulidad. - ¿Ocultarlos? Sabéis que yo no haría eso, siempre he mostrado una lealtad absoluta a su persona.

- No finjas, Severus. Vengo de Azkaban. Los esbirros de Scrimgeuor y la Orden del Fénix están allí, parece que alguien les hizo llegar la noticia que hoy asaltaríamos la cárcel; lo cual es extraño, dado que esa información solo la conocían mis mortífagos más cercanos.

- Señor, le prometo que yo no…

­

- ¡Calla! – Ordenó Voldemort. – Sé que has sido tú, que nunca dejaste de pertenecer a la Orden.

- No es cierto, - dijo Snape reforzando su negativa con la cabeza. – Yo les traicioné. Aunque quisiera pasarles información nadie en la Orden hubiera confiado en mí después de la muerte de Dumbledore.

- No lo niegues, me introduje en la mente del chico. Te escuché, sé que trabajas para él, aunque esté muerto.

- Eran mentiras para ganarme confianza de Potter – argumentó Snape a la desesperada.

- No necesitas ganarte su confianza cuando ya tienes su varita. Solo que tú se la devolviste, se la entregaste voluntariamente como prueba de tu buena fe. – Dijo matizando burlonamente las dos últimas palabras. - ¿Y todo porqué? Porque no has sido capaz de superar tu ridículo encaprichamiento por una impura. ¡Qué patético! Así de bajo has caído por una sangre sucia que ni siquiera te correspondía. – Lord Voldemort se acercó todavía más, situándose justo en su campo de visión, obligándolo a mirarle. - ¿No lo niegas? Hasta ahora lo has negado todo, a la Orden del Fénix, a Potter, a Dumbledore… pero a ella no puedes negarla, ¿verdad Severus?

Snape le miró directamente a los ojos, con los dientes apretados. Cuando consiguió hablar apenas despegó los labios.

- No debió matarla – siseó. - Me lo prometió, prometió que le modificaría la memoria y me la entregaría.

- Te hice un favor quitándola de en medio ¿De quién crees que ha heredado el chico su obstinación? Intenté mantenerla con vida pero la muy necia parecía empeñada en morir.

Por primera vez Snape le miró sin su máscara, permitiendo que cada músculo de su rostro mostrara todo el odio, el asco y el desprecio que Voldemort le inspiraba.

- Pagará por su muerte, por las muertes de todos. Tal vez no sea hoy, pero algún día…

- ¡No me digas! – le interrumpió Voldemort. - ¿Y quién, según tú, me va a infligir ese castigo? Aquí solo estamos nosotros dos, además de cuatro adolescentes; todos ellos fuera de combate. ¡Qué osadía! No tienes las fuerzas necesarias ni para levantarte y aún así te atreves a amenazarme. Deberías ser más prudente a la hora de desafiar a quien puede engañar a la muerte.

Aunque su fin estaba cerca Snape se sentía en cierto modo victorioso, sonrió con suficiencia, exactamente de la misma forma en que lo habría hecho al dirigirse a un alumno particularmente torpe. A pesar de saberse descubierto no daba la menor muestra de estar intimidado.

- Nadie es tan invulnerable. – Dijo saboreando cada palabra. – Ya no.

Las palabras de Snape le pusieron en alerta y le hicieron reflexionar, lanzó miradas recelosas a su alrededor, primero a Snape y luego a Potter, mientras la sombra de una sospecha se instalaba en su cerebro y se cristalizaba en las pupilas de sus ojos rojos.

- Ha llegado la hora de descubrir que otros secretos tenías para mí, que era eso tan importante que el viejo te encargó. Preguntémosle a la sangre sucia, a ver si puede ofrecerme una respuesta convincente.

Sin esperar ninguna reacción por parte de Snape se giró y apuntó a Hermione con su varita.

­- ¡Legeremens!

Hermione, petrificada y sin varita, no pudo hacer nada por resistirse. Voldemort no necesitó más dos segundos para localizar lo que buscaba en su mente, los minutos anteriores a su llegada, la discusión sobre los Horrocruxes, y como Snape había conseguido destruir el pedazo de su alma que había dentro de Harry. Snape supo que el momento había llegado e intentó incorporarse para hacerse con las varitas de Ron y Hermione, ocultas hasta entonces bajo su túnica, pero Voldemort lanzó un agudo grito de rabia y se giró hacia él, con una expresión tan iracunda y cruel que borraba de su rostro el más mínimo vestigio de humanidad que pudiera quedarle.

- ¡Crucio! – bramó.

Snape profirió un alarido y se desplomó de nuevo, soltando las varitas cuando sus dedos apenas se habían cerrado sobre ellas.

- Traidor, - escupió Voldemort apartando las varitas de una patada mientras Snape se retorcía de dolor. – Te crees muy astuto pero todo se reduce a una simple cuestión de suerte, tu estúpido plan no tenía ninguna posibilidad de funcionar. Para tu información ni siquiera habrías podido sacarle a Potter el pedazo de mi alma si no fuera por el entrometido de Alastor Moody. El muy idiota se las ingenió para que mi dragón se ahogase en medio del océano, de no ser por él me habría aparecido aquí hace horas.

Snape no respondió, quedó tendido en el suelo, inmóvil. La única señal de que todavía seguía vivo era el pesado movimiento de sus hombros cada vez que inhalaba aire con dificultad.

- ¡Crucio! ­– repitió Voldemort fuera de sí y Snape sufrió una nueva sacudida. – ¿Me traicionas por una sangre sucia? ¿Por una impura como Lily Potter? – preguntó iracundo aunque Snape no daba muestras de estar en condiciones de responder. - ¡Lo lamentarás!, muy pronto estarás suplicando que te envíe la maldición asesina pero no lo haré, - le aseguró. - Nada me privará del placer de verte morir lentamente. ¡Crucio!

Repitió la tortura al menos media docena de veces, hasta que se detuvo respirando pesadamente, sofocado por su acceso de ira, y tras unos segundos volvió a la carga.

- ¡Crucio!

Sus ataques se volvían cada vez más violentos y a Ron y Hermione no les quedó más remedio que contemplar impotentes como Snape se convulsionaba con más fuerza a cada nueva embestida. Voldemort arremetió unas cuantas veces más hasta que el desmadejado cuerpo de Snape no fue más que un bulto informe tendido sobre el suelo de piedra.

- Y ahora – le dijo pronunciando las palabras muy despacio aunque era poco probable que todavía le escuchara – me ocuparé de Potter, pero no por eso creas que he terminado contigo. – ¡Sectusempra! – bramó apuntándole con la varita, y la sangre empezó a manar a borbotones por las múltiples heridas causadas por la maldición.

Voldemort le observó desangrarse con su mejor expresión de desprecio antes de volverse hacia Harry y traerle a la parte baja del foso utilizando un encantamiento convocador excepcionalmente potente que hizo que se golpeara con fuerza contra la pared antes de caer al suelo como un pesado fardo.

- ¡Despierta Potter! – le increpó mientras le daba una patada para hacerle reaccionar, – matarte estando inconsciente no tiene ninguna motivación – añadió con evidente fastidio.

Al ver que Harry no reaccionaba le apuntó con la varita. ­

- ¡Enervate!

Voldemort esperó con impaciencia mirándole fijamente mientras Harry empezaba a mostrar los primeros signos de recuperación.

- Arriba, Potter. No tengo todo el día – le advirtió.

Harry, todavía un poco confuso, solo necesitó un vistazo a su alrededor para darse cuenta de lo apurado de su situación. Se llevó la mano a la túnica pero todas sus esperanzas se desvanecieron cuando Voldemort le mostró su varita de acebo, blandiéndola ante sus ojos con una sonrisa cruel.

- ¿Buscas esto? Te prometo que cuando estés muerto le daré un buen uso, será un bonito trofeo.

Harry sentía magullados todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, incluso teniendo una varita no estaría en condiciones de enfrentarse a un rival como Voldemort y esta vez no podía confiar en que nadie acudiera en su ayuda. Snape estaba inconsciente, igual que Ginny; y Hermione y Ron petrificados. Sintiéndose culpable por arrastrarles con él a esa horrible situación los buscó con la mirada y captó todo el horror y la angustia que los ojos de sus amigos transmitían. Sabía exactamente como se sentían, recordaba perfectamente la terrible sensación de impotencia, casi dolorosa, los silenciosos gritos que solo resonaban en su cerebro y el palpitar desbocado de su corazón la noche en que vio morir a Dumbledore. Pero esto era incluso peor. Comprender que ellos serían los siguientes hizo que se mareara impidiéndole incorporarse.

Se sintió fracasado, y terriblemente miserable. Se suponía que él era El Elegido, después de escucharlo tantas veces había terminado por creérselo. Pero no existía tal Elegido y él no era más que un chico inmerso en una lucha de gigantes que siempre le había venido demasiado grande.

La última vez había sacado fuerzas de donde no tenía para no morir a los pies de Voldemort pero ahora ya nada le importaba. ¿De qué servía haber destruido todos los Horrocruxes si ninguna de las personas que lo sabían podría sobrevivir? Ron y Hermione morirían tras él, Snape tal vez ya estuviera muerto… y Ginny. A ella también la mataría y un mundo sin Ginny no tenía sentido.

- Adelante, mátame – retó a Voldemort desde el suelo.

Pero Voldemort negó lentamente con la cabeza.

- No, Potter – dijo guardándose de nuevo la varita y retrocediendo para alejarse un poco. - Tu irritante terquedad para sobrevivir me tiene aburrido. He decidido que has perdido el derecho a morir como un mago, y como quiero estar totalmente seguro de que esta vez funcionará te mataré con mis propias manos. Morirás como un asqueroso muggle, peor en realidad, porque incluso a los muggles los he matado siempre utilizando una varita. Lo que no pienso hacer es rebajarme a tu nivel, así que haz el favor de incorporarte para que pueda matarte y a cambio te prometo que tus amigos tendrán una muerta rápida e indolora.

- Déjalos ir. – Se sorprendió diciendo mientras se medio incorporaba apoyándose contra una pared, aún sabiendo que semejante petición era un intento desesperado e inútil. – Estás a punto de matarme y ya tienes todo el poder y la gloria que querías, no necesitas derramar más sangre.

Al escucharle Voldemort compuso una expresión de aburrimiento.

- Ahorra el aliento. Sabes que nunca saldrán de este lugar, son demasiado leales a ti. Tomaron partido y se equivocaron, hay que ser muy estúpido para confiar en que serías capaz de derrotarme.

Su crueldad hizo que cada célula del cuerpo de Harry se revolviera contra la idea de un Voldemort triunfante. Le miró fijamente mientras apretaba los puños para controlar la rabia que le hacía temblar las manos

.

- Tienes razón, no he podido derrotarte; pero algún otro lo hará en mí lugar. No importa a cuantos mates, – dijo lanzando una mirada alrededor que abarcó a todos los que estaban en la sala ­– siempre quedará alguien dispuesto a rebelarse contra ti. Regulus Black te traicionó, y también lo hicieron Colagusano, y Snape – y Draco Malfoy, pensó Harry, aunque se cuidó de decirlo en voz alta para no poner a Draco en un aprieto. - Si te paras a pensarlo es un porcentaje muy alto de disidentes, la lealtad de tu gente está sujeta al miedo pero a veces hasta el ser más rastrero encuentra un resquicio de dignidad, o aparece alguien que ha perdido tanto en el camino que el miedo desaparece. Estás tan seguro de que no soy un rival a tu nivel que ni siquiera después de la muerte de Nagini te habrás molestado en visitar la Cámara de los Secretos para comprobar que la Marca Tenebrosa seguía en su lugar. Si lo hubieras hecho sabrías que vuelves a ser mortal, ya no te quedan Horrocruxes y tu alma está demasiado dañada para que puedas seguir haciéndolos. Has vencido esta vez pero tarde o temprano alguien que se alzará contra tu tiranía y te dará tu merecido.

- Los Horrocruxes, Harry – dijo Voldemort con voz melosa, - no tendrán la más mínima importancia en cuanto logre descifrar los secretos del Templo de la Muerte.

- ¿El Templo de la Muerte? – preguntó sin tener la mínima idea de qué estaba hablando.

- Si, - confirmó Voldemort muy satisfecho. - En realidad Snape no habría podido elegir un lugar más adecuado para vuestra muerte; aunque, por supuesto – añadió en un tono claramente condescendiente – no lo supiera. Esto que observas son los vestigios de la magia más antigua y poderosa que existe, - explicó triunfante apartándose un poco para tener perspectiva y miró el arco y el ondeante velo con veneración - lo único que queda de un templo construido hace miles de años por la primera civilización de magos que poblaron el planeta. Un templo capaz de comunicar el mundo de los vivos y los muertos, un templo que escondía todas las claves para alcanzar la vida eterna, sin necesidad de depender de algo tan frágil como el elixir de la piedra filosofal o Horrocruxes. Quien logre desentrañar sus enigmas podrá codearse de tú a tú con la muerte, reinar sobre ella, decidir a su voluntad el destino de todos y cada uno de los insignificantes seres de este planeta con un solo pensamiento.

Harry, que se había incorporado mientras Voldemort hilaba su discurso, le vio contemplar el arco con admiración y pudo leer en su enemigo como en un libro abierto. Cerca del arco Voldemort experimentaba emociones que Harry no había observado nunca en él. Al respeto por la poderosa magia antigua con que estaba construido se le sumaba su horror personal, su desmesurado temor a la muerte, y a la vez la irresistible fascinación por la posibilidad de desentrañar los misterios que ocultaba. La idea de que Voldemort consiguiera manejar semejante poder era simplemente espeluznante.

- No es cierto – negó resistiéndose a creer que Voldemort pronto tendría en su mano un poder ilimitado sobre la vida y la muerte. – Nadie en su sano juicio habría permitido la existencia de algo tan peligroso.

- No esperaba otra respuesta de ti, Potter. Tienes razón, lo consideraron peligroso y por eso intentaron destruirlo. No me extraña. La eternidad no es para pusilánimes – sentenció Voldemort. – El Templo es el fruto de la primera magia oscura que existió y en algún momento de la antigüedad algún individuo débil y corto de miras, como tu admirado Dumbledore- ironizó regodeándose en su crueldad - decretó que era demasiado peligroso, que debía ser destruido y su leyenda caer en el olvido. Fue derruido y se prohibió cualquier referencia a él, oral o escrita. Se convirtió en un tabú y las generaciones siguientes olvidaron incluso su existencia, lo que fue muy útil para la conservación de las escasas ruinas que el más antiguo akelarre de magos tenebrosos consiguió salvar mediante complicados hechizos de magia muy superior a la de los ineptos que los perseguían. Así es como con el paso del tiempo los idiotas del Ministerio llegaron a custodiarlo sin saber lo que es realidad ¿Nunca te has preguntado porqué el Ministerio de magia está construido bajo tierra? Todos los edificios mágicos están al aire libre, San Mungo, o el propio Hogwarts; protegidos por eficientes hechizos que repelen a los muggles. Los grandes acontecimientos deportivos son muchos más difíciles de ocultar de lo que sería conseguir que el Ministerio pasara desapercibido. Pero el Ministerio está aquí cumpliendo otra función, custodiando los restos de la sabiduría mágica más ancestral. Los muy idiotas lo eligieron porque siempre había sido un lugar mágico emblemático, ¡y tanto que lo era!, los cimientos más antiguos del edificio fueron construidos alrededor del Templo hace tanto tiempo que los posteriores movimientos geológicos los dejaron bajo tierra. Todo gira en torno al Templo, Potter. El edificio, la ciudad entera… el germen de lo que luego se transformó en Londres fue construido alrededor del Templo. Pero basta de parloteo, es hora de que sepas lo que hay "al otro lado".

Inconscientemente la vista de Harry se elevó hacia al arco, preguntándose si Voldemort le mataría obligándole a cruzar el velo. Una sola palabra resonó con fuerza en su cerebro, no la pronunció en voz alta pero sintió como si todo su cuerpo la gritara: "¡SIRIUS!". Entre el lejano rumor de murmullos inteligibles que desprendía el velo le pareció distinguir la risa salvaje y temeraria de su padrino, casi como si le llamara, y en un acto reflejo avanzó un paso hacia el arco. Si debía morir no se le podría ocurrir mejor forma que aquella. Voldemort le observó con satisfacción y de entre los pliegues de su túnica extrajo con cuidado una pequeña daga de plata.

- Me alegra que por fin lo hayas comprendido. Resistirte no servirá de nada de esta vez y como no utilizaré la magia la sangre de tu madre no podrá protegerte.

Sin más preámbulos se abalanzó sobre Harry blandiendo la daga; y Harry, aún sabiéndose demasiado débil para defenderse, se dispuso a luchar con él. Un destello plateado rasgó el aire y solo sus rápidos reflejos de buscador le sirvieron para evitar en el último momento que la daga le seccionara el cuello. Sin tiempo para pensar, actuando solo por instinto, se colgó con ambas manos del brazo de Voldemort, asiéndolo con tanta fuerza como era capaz, y ambos se tambalearon, a punto de caer al suelo, ya que la mano con la daga no encontró en su camino nada que lograra el frenar el fuerte impulso con que la empujaba.

Forcejearon por la daga, muy cerca de donde Snape había quedado tendido y también del arco donde Ron y Hermione seguían observándolos impotentes, manteniendo a duras penas el equilibrio por causa del charco de sangre que cubría el suelo de piedra y lo volvía resbaladizo. Reuniendo las fuerzas que le quedaban Harry embistió contra Voldemort logrando golpearle el brazo contra una de las paredes de piedra de la tarima. Voldemort profirió un quejido y abrió los dedos, soltando la daga que cayó sobre la piedra con un sonido metálico y salpicando sangre alrededor.

Voldemort giró sobre sí mismo, aplastando a Harry contra la pared, y cercando su garganta con ambas manos comenzó a apretar.

Harry observó su propio reflejo en las pupilas carmesí y se supo perdido, tras ellas brillaban todo el odio y la rabia de Voldemort. Apretaría hasta asfixiarle, eso era lo que deseaba, matarle con sus propias manos y poder contemplar mientras lo hacía como la vida escapaba lentamente de su cuerpo. Vio la euforia en su rostro, la sonrisa macabra y triunfal que esbozaba su horrible boca y la enorme satisfacción que eso le suponía.

Boqueó quedándose sin aire y en un gesto defensivo posó ambas manos sobre el pecho de Voldemort, aunque no le quedaban fuerzas para intentar empujarle. Sobre el hombro de Voldemort alcanzó a ver a Ron y Hermione, contemplando su agonía prisioneros de su quietud, inmóviles y horrorizados, y le pareció vergonzoso tener que morir así ante sus amigos.

Se le nubló la vista y empezó a sentir un hormigueo que le bajaba por los brazos hasta llegar a las manos. La escena casi desapareció de ante sus ojos y su moribundo cerebro formuló un último deseo. Deseó más que nada en el mundo tener su varita a mano y librarse de los huesudos dedos de Voldemort que le agarrotaban dejándole sin aire, incluso pensó en la palabra, sonó en su cabeza con tanta claridad como si la hubiera pronunciado en voz alta.

Impedimenta

En ese momento el hormigueo en sus manos aumentó hasta convertirse en calor y el calor en fuego, y entonces Voldemort salió despedido hacia atrás a gran velocidad. Su expresión de victoria se transformó en otra de terror cuando comprendió que se dirigía directamente hacia el ondeante velo y que no podría hacer nada por evitarlo. En su desesperación se aferró a lo único que encontró, sus manos de dedos largos y blanquecinos se asieron con fuerza a la túnica de Harry, y lo arrastraron con él.

Harry, aturdido por la falta de oxígeno y arrastrado por la fuerza con la que su propio hechizo impelía a Voldemort, apenas fue consciente de lo que sucedía. Cruzaron la habitación a toda velocidad, a Harry le pareció que en último momento tropezaba contra algo, quizás el borde del arco; pero esa débil resistencia no fue suficiente para contrarrestar la fuerza con la que Voldemort tiraba de él y apenas un momento después ambos desaparecieron engullidos por el raído velo negro.

Hermione se tambaleó peligrosamente cuando una de las piernas de Harry chocó contra sus pies y con el corazón desbocado Ron observó como ella les seguía en su caída a través del velo.

- ¡NO! – chilló Ron a todo pulmón, recién liberado del hechizo inmobilizador.

Y sin pararse a meditar las consecuencias el pelirrojo se lanzó a través del velo.

ooOOoo

Espero que no me matéis por dejar el capítulo así, ya queda muy poquito y quería asegurarme de guardar algo interesante que os motivara a leer el final (es broma, espero que lo leáis aunque ya no quede ningún enigma que descubrir). Este fin de semana estaré un poco liada, os aviso para que no os sorprenda si tardo un poco más de lo normal en contestar los rr pero no os preocupéis, no quiero haceros sufrir así que el lunes sin falta subo el próximo capítulo.

Al principio la idea era que Voldemort estrangulara a Harry con sus propias manos porque me parecía un crimen más pasional. En el buen sentido, no penséis cosas raras, XD. Soy la primera que lee fics de todo tipo pero por mucho que me patinen las neuronas jamás permitiría que un rollo romántico Potter/Voldy se colara en esta historia. Al final incluí la daga de plata como otro pequeño guiño a RM.

Por fin se ha descubierto lo que es El Templo de la Muerte y estoy un poco nerviosa por conocer vuestra reacción. Espero no haberos defraudado mucho y que el capítulo os gustara. Supongo que muchos ya sospecharíais por donde iban los tiros desde que entraron en la sala con el arco. Como sabéis que todas mis ideas para esta fic se basan en las pistas que JK fue dejando en los seis primeros libros o soltando con cuenta gotas antes de la publicación de RM. La magia sin varita (que no sé donde se habrá quedado porque al final no aparece por ninguna parte) era una de ellas y personalmente también esperaba algún tipo de explicación para lo que es ese arco que estudian los inefables. Que al final no apareciera ninguna referencia al arco fue una de las pequeñas frustraciones que me deparó el último libro, aunque tengo que reconocer que las hubo peores (XD, esa diadema y el sitio en el que estaba escondida!!!!). De todas formas decidí mucho antes de leer el libro crear mi propia explicación, que os mostraré en el próximo capítulo. Allí os espero, aun no termino de creerme que esto se esté acabando.

Gracias a todos por seguir esta historia.