EPÍLOGO

Quince años después

Ginny y Hermione se ocupaban de los últimos preparativos mientras charlaban animadamente en la cocina. La casa de los Potter estaba en el campo, y a excepción de no contar con tantos añadidos como La Madriguera guardaba un sospechoso parecido con ella. La cocina era con diferencia la pieza más amplia y el centro neurálgico de la casa, Harry y Ginny lo habían decidido así hacía años, incluso antes de empezar a construirla, para poder reunir a toda la familia sin problemas de espacio.

Sin embargo el buen tiempo y el elevado número de invitados que esperaban los había animado a montar la fiesta en el jardín trasero. Como cada año se reuniría toda la familia y buen puñado de amigos, y también como cada año la fiesta terminaría trasladándose al jardín en que el momento en que los gemelos aportaran su tradicional surtido de fuegos artificiales que hacía las delicias de todos, especialmente de sus sobrinos.

- Gracias por venir tan temprano para ayudarnos, Hermione – dijo Ginny echando un vistazo por la ventana para verificar que Harry y Ron ya estaban terminando de montar las mesas y las luces en el jardín.

- No es ninguna molestia, nadie trabaja en el aniversario de la derrota de Voldemort y los mellizos estaban deseando pasar un día entero con sus primos. ¿Seremos los mismos de siempre? – preguntó Hermione sacando los platos del aparador y empezando a contarlos.

- Uno menos – respondió Ginny.

- ¿Uno menos? – preguntó Hermione extrañada.

- Si, Luna y Mike no vienen este año. Acaban de embarcarse en una nueva expedición, creo que esta vez buscaban la isla de Drear – añadió mientras aliñaba una ensalada con aire distraído.

- ¿La isla de Drear? ¡Merlín nos asista! - exclamó Hermione dejando los platos y mirando a Ginny escandalizada. – Eso solo puede significar que van tras los Quintapeds, - dijo asustada. - Esos seres se alimentan de carne humana ¿quién en su sano juicio querría localizar donde viven? El Ministerio tenía un buen motivo para hacer de esa isla un lugar inmarcable.

- Son Luna y Mike – dijo Ginny como si eso lo explicara todo. – Creo que quieren publicar un número especial en la próxima edición de El Quisquilloso. Los Quintapeds: una mascota poco común.

- ¿Poco común? ¡Y tanto…! ¡Mascota! – rezongó sin acabar de creérselo.- Esta vez se han vuelto locos. Defiendo más que nadie los derechos de todas las criaturas mágicas pero no existe nada mejor para los Quintapeds que el aislamiento. Si los encuentran será un auténtico desastre, aunque logren escapar sin que los devoren tendré que hacer horas extra el resto de mi vida para arreglar semejante desaguisado.

- Esperemos entonces que no los encuentren – zanjó Ginny con una sonrisa ante la mirada preocupada de Hermione. – Vamos, no hagas un drama de esto. Todos sabemos que las posibilidades de éxito de las expediciones de Luna y Mike suelen ser muy remotas.

El argumento de Ginny era incontestable y logró que Hermione se quedara un poco más tranquila. Después de tantos años seguían sin noticias de los Snorckacks de cuernos arrugados o los Gulping Plimpies. Los Quintapeds tenían la desventaja de ser criaturas reales pero eso no significaba necesariamente que fuesen a encontrarlos, el océano era muy grande y localizar una isla inmarcable no era tarea sencilla.

- De todas formas – razonó retomando la pila de platos, - eso hace dos personas menos, no una.

- Sumaremos por otro lado – explicó Ginny dirigiéndole una sonrisa cómplice. - Este año Neville vendrá con alguien

- ¡Vaya! - exclamó sorprendida. – Eso si que no me lo esperaba, es la primera vez.

- Lo sé, - confirmó Ginny emocionada como una niña pequeña. - Parece que la cosa va en serio.

- Es tan tímido, y está tan centrado en sus invernaderos y sus cultivos que empezaba a pensar que nunca sucedería – comentó Hermione.

- Sí. Suerte que Augusta todavía tiene la cabeza lo bastante clara como para dirigir la cadena de boticas. Neville es un gran botánico pero no tiene madera de hombre negocios y encima cada vez saca menos a menudo la nariz de las macetas. – Se quejó Ginny. – Apenas si le vemos, espero que ella le anime a salir un poco más.

- ¿La conoces? – preguntó Hermione.

- Oficialmente todavía no, pero Neville me contó que es la chica que contrató hace unos meses para ocuparse de la botica del Callejón Diagón. La morena joven y menudita.

- Sé quién es, también parece bastante tímida – dijo Hermione. – Me atendió el otro día, cuando fui a buscar esencia de murtlap para los mellizos.

- ¡Porqué será que no me sorprende! – exclamó Ginny. – ¿Qué hicieron esta vez?

- Aterrizaron sobre una mata de ortigas cuando intentaban conseguir ingredientes para elaborar la poción fortificante.

- ¡Por Merlín, pero si son muy pequeños! Ni siquiera han ingresado en Hogwarts todavía ¿Se puede saber como pensaban hacerlo?

- Es muy sencillo – repuso Hermione con ironía. - Percy elaboraría la poción y Minerva se encargaría de tomar prestada la varita de Ron.

- ¿Crees que lo conseguirían?

Hermione se quedó pensativa un momento.

- Tal vez. Minerva sin duda se las arreglaría para distraer a Ron y ya sabes lo concienzudo que puede llegar a ser Percy cuando decide hacer algo. Me hubiera gustado ver el resultado aunque me pregunto para que querrían la poción fortificante.

- ¡Quien sabe! Sea lo que sea eso que tramaban lo más probable es que James también estuviera implicado.

De pronto, una niña de ojos azules y pelo castaño recogido en dos gruesas trenzas irrumpió en tromba en la cocina.

- Tía Ginny, tía Ginny ¿puedo ver la colección de escobas que tenéis tú y el tío Harry?

- Claro, cielo.

- ¿Ya se lo has dicho, mamá?

- Todavía no – respondió Hermione. - Creo que te corresponde a ti pedírselo, Minerva.

La reacción de la niña no se hizo esperar y se giró hacia Ginny, perforándola con sus cándidos ojos azules.

- Tía Ginny ¿Podrías enseñarme a volar este verano? - preguntó con su voz infantil, agudizada por la excitación y teñida de emoción y de súplica. - Deseo formar parte del equipo de Quiddicht de Gryffindor más que nada en el mundo.

Por un momento Ginny se olvidó de la masa del pastel que estaba preparando.

- Pero pequeña, ni siquiera es seguro que te seleccionen para Gryffindor, y además ya sabes que los de primero no podéis tener escoba. James tiene el mismo sueño pero mucho me temo que tendréis que esperar al año que viene para hacer las pruebas de acceso.

- Pero cuanto antes aprenda a volar mejor lo haré en la prueba y tendré más posibilidades. – La niña cruzó las manos en un gesto implorante. - Dime que me ensañarás, por favor.

- Si eso es lo que quieres por mí no hay problema – acabó cediendo Ginny con una sonrisa, aunque no del todo segura.

- ¡Gracias! – chilló lanzándose contra ella emocionada.

- De nada, será un placer – contestó Ginny.

Intentó responder al abrazo sin mancharle la ropa con sus manos llenas de harina pero apenas la había tocado cuando Minerva ya se estaba separando de ella, con los ojos brillantes de excitación.

- Teddy dice que el equipo de Gryffindor es un auténtico desastre. Alardea porque hace años que Hufflepuff siempre gana la copa pero conmigo y con James en el equipo lo conseguiremos.

Acto seguido salió corriendo de la cocina, alzando los brazos mientras formaba con los dedos el símbolo de la victoria. Ginny la vio salir y se asomó para llamarla a través de la ventana abierta.

- ¡Minerva! ¿No querías ver la colección de escobas?

- Más tarde. – Gritó gesticulando con las manos sin dejar de correr. - Ahora acabo de tener una idea, voy a contársela a los chicos.

Ginny se apartó de la ventana y volvió a retomar su tarea de amasado mientras buscaba el contacto visual con Hermione.

- Es un auténtico terremoto, – dijo entre risas. - A veces me parece que esté poseída por los gemelos. Por los dos.

- De vez en cuando me pregunto como tu madre logró criar a siete hijos. Yo creo que moriría en el intento – apuntó Hermione. – Por suerte Percy es más tranquilo pero cuando ingresen a Hogwarts, si todos quedan en la misma casa, Minerva y James serán tan temibles como los gemelos o los merodeadores, y mucho me temo que Percy los seguirá.

Ginny le respondió con una sonrisa resignada que le daba la razón a Hermione, antes de volver la cabeza para observar a través de la ventana abierta como las trenzas flotantes de su sobrina desaparecían entre un grupo de árboles.

- Lo que no entiendo es porqué quiere que sea yo quien le enseñe a volar – dijo con expresión pensativa.

- ¿Bromeas? Fuiste una profesional del Quiddich y Minerva era tu fan número uno.

- Pero hace años que no juego. Cuando me quedé embarazada de Lily y decidí dejarlo los mellizos y James eran tan pequeños que dudo que lo recuerden.

- Tenían cinco años, Minerva lo recuerda perfectamente. No es que no se sienta orgullosa de su tía, la inventora de hechizos, pero le encantaba que la lleváramos al estadio para verte jugar.

- Si lo que quiere es una gloria del Quiddich debería pedírselo a Harry, él todavía está en activo.

- Pero tú eres una mujer, por eso te admira. Quiere seguir tus pasos.

Con un movimiento de varita Hermione hizo que las patatas comenzaran a pelarse solas mientras Ginny terminaba de decorar el pastel de manzana y lo metía en el horno.

- ¿Y Ron está de acuerdo? Él también vuela perfectamente, tal vez prefiera enseñarle él mismo.

- ¿Y robarle a su pequeña la ilusión de aprender con su ídolo? además este verano va a estar muy ocupado planificando clases y preparándose para su nuevo empleo. Ser profesor en Hogwarts es una gran responsabilidad.

- Ron podría enseñar Defensa contra las Artes Oscuras con los ojos cerrados, y no es un reto mayor que rediseñar todo el sistema de seguridad de Gringots, prescindiendo además de los dragones por primera vez desde su fundación.

- Puede que no, pero creo que los alumnos le asustan más que los dragones y los duendes juntos – rió Hermione. - ¿Puedes creerlo? Le intimidan un puñado de críos.

- Eso es porque sabe de lo que unos alumnos con escaso respeto por la normas son capaces de hacer. – Dijo Ginny permitiendo que una expresión nostálgica aflorara por un segundo a su cara. - Me encantaría enseñarle a volar a Minerva, ¿de verdad crees que a Ron no le importará?

- Tranquila, lo entiende perfectamente. Y si Minerva aprende fuera de casa tiene la ventaja de que Percy no se sentirá obligado a subirse también a una escoba. Mucho me temo que al pobre le disgusta volar tanto como a mí. Mi primera clase de vuelo es uno de los recuerdos menos agradables que conservo de la época en Hogwarts. Gracias a Merlín, Malfoy y su intento de sabotaje hicieron que nadie estuviera pendiente de mis bochornosos intentos de mantenerme en el aire.

- Es curioso que lo menciones. El otro día, cuando me citaron en el Departamento de Seguridad Mágica para homologar mi último hechizo, me crucé con él en el ascensor.

- ¿Con Malfoy? – preguntó Hermione dejando de remover la sopa de calabaza. Por un instante se quedó callada, haciendo memoria como si estuviera echando cuentas. – Creo que no volví a verle desde que terminó la guerra.

- Ni tú ni casi nadie, se largó en cuanto lo soltaron de Azkaban.

- ¿Cómo lo viste?- preguntó con curiosidad.

- Tiene unas entradas enormes, dale unos pocos años y se quedará calvo – comentó Ginny con una sonrisa maliciosa. – Por lo demás se conserva lo bastante bien como para arrancar todavía más de un suspiro entre sus alumnas.

- Eres incorregible – dijo Hermione respondiendo con otra sonrisa a la expresión juguetona de la pelirroja. – No me refería a eso.

- Ya lo sé – dijo Ginny, – pero no podía dejar pasar del oportunidad de contártelo, la calvicie será un gran golpe a su vanidad. No sé, - continúo encogiéndose de hombros, - lo vi como siempre, seco, altivo, ya sabes como es él. Me saludó sin apenas mirarme, como si me hiciera un favor.

- ¿Estará planeando volver?

- ¿Y dejar Dumstrang? No lo creo. De hecho la gente del ascensor murmuraba que planeaba vender la Mansión Malfoy, claro que podría ser solo un rumor.

Ron y Harry entraron en ese momento, sudorosos por culpa del sol despiadado bajo el cual habían estaba trabajando para montar la fiesta en el jardín. Ron apartó el pelo ligeramente humedecido de su frente y se dejó caer en una silla y Harry sacó cervezas de mantequilla para todos.

- ¿El Profeta ha vuelto a lanzar algún rumor malicioso? – preguntó Harry sentándose frente Ron y convocando con su varita unos vasos que salieron disparados del aparador.

Hermione se sentó junto a ellos y Ginny hizo lo mismo en cuanto terminó de salar una enorme bandeja de sardinas que asarían en el jardín al caer la noche. Ron decidió prescindir del vaso y dio un enorme trago a su botellín de cerveza.

- Posiblemente - contestó Hermione con una mueca ante la pregunta de Harry, a esas alturas ya estaban más que acostumbrados a la falta de fiabilidad de El Profeta. - Pero esta vez hablábamos de Malfoy. Ginny se cruzó con él en el Ministerio, dicen que podría haber venido para vender la mansión.

- Igual por una vez los rumores son ciertos. Esa casa lleva años cerrada y por lo que escuchado en Hogwarts Malfoy no tiene planes para dejar Dumstrang – apuntó Ron. - Al contrario, dicen que es la mano derecha de Snape y que le ha nombrado subdirector. Pobres críos, de verdad que los compadezco.

- Si a Snape le da por organizar un nuevo Torneo de los Tres Magos tal vez Flitwick te envíe allí con una selección de alumnos deseosos de participar – le insinúo maliciosamente Harry. – ¿Te imaginas? Pasarías largos meses aislado en un bloque de hielo, con Snape y Malfoy como compañía.

Pero Ron no dio muestras de nerviosismo o preocupación ante tal posibilidad. Se repantingó en su silla con una sonrisa de suficiencia.

- Ni hablar de eso, compañero. Tengo las espaldas cubiertas. Acepté el puesto con la condición de que podría pasar todas las noches en casa, - dijo sin soltar su cerveza y pasando el brazo libre alrededor de la cintura de Hermione. - Nada de vivir en Hogwarts, y mucho menos en Dumstrang. Cuando comience el curso emplearé el día en mantener a esos mocosos a raya y controlar que los mellizos y mi querido ahijado James no sean expulsados o echen abajo un castillo que ha resistido mil años en pie; y por la noche – dijo inclinándose un poco hacia delante y alzando las cejas significativamente – mi mujer me estará esperando en una casa sin niños. Eso es algo que tú no podrás decir hasta dentro de diez años, Harry. Falta mucho tiempo para que Sirius reciba la carta de Hogwarts.

Al escuchar como hacía especial hincapié en la palabra mucho Ginny puso los ojos en blanco.

- Cualquiera diría que no conoces los hechizos insonorizadores, Ron – espetó la pelirroja. – O puede que simplemente no sepas como se hacen.

En apoyo a sus palabras Harry rió e hizo chocar su botella de cerveza con la de su mujer. En ese momento la puerta trasera se abrió de golpe dejando entrar en la cocina una enorme vaharada del asfixiante calor que reinaba fuera. Por la abertura se coló una pequeña pelirroja con cara enfurruñada.

- Vengo a buscar a Sirius – manifestó muy segura plantándose en medio de la cocina.

- Tendrás que esperar un rato, Lily – contestó Ginny. - Todavía duerme y ya sabes que se pone de muy mal humor si le despiertan de su siesta. Puede que lleve el apellido Potter pero en ese sentido es todo un Weasley. ­– Añadió dirigiéndose a Ron y Hermione.

- Los bebés son muy aburridos – dijo la niña cruzándose de brazos. – No es justo, hoy es día de fiesta y yo soy la única que no se está divirtiendo.

- ¿Cuál es el problema? – preguntó Harry haciéndole una seña para que se acercara y sentándola sobre sus rodillas.

- James y los mellizos son el problema, se han subido a un árbol y no me dejan jugar con ellos.

- ¿Percy también se ha subido a un árbol? – preguntó Hermione un poco incrédula.

- Al principio no quería – admitió Lily, - pero después terminó por subir al ver que James y Minerva no bajaban.

- ¿Y que hacen allí? – preguntó Ginny.

- Quieren hacer una casita, Percy dice que cuando esté terminada colocarán una escalera y entonces podré subir pero que hasta entonces es mejor que me mantenga alejada.

- Eso suena sensato – le dijo Harry.

Lily, contrariada porque no le daban la razón, entrecerró los párpados y apretó mucho los labios antes de separarlos para contestar.

- Es solo una forma educada de deshacerse de mí.

- No, no lo es. – La contradijo Harry. – Percy tiene razón, podrías caerte y hacerte daño.

La niña volvió a cruzarse de brazos y Ron posó sobre la mesa su cerveza vacía.

- Tengo una idea, vayamos a buscar unas cuerdas y un neumático viejo y construiremos un columpio ¿De acuerdo? Así tendrás algo con lo que entretenerte hasta que Sirius se despierte.

La cara de Lily se iluminó y todos se tomaron eso como una respuesta afirmativa. En seguida bajó del regazo de Harry dando un salto y salió corriendo al exterior.

- Sé donde hay un neumático, ¡vamos!

Ron y Harry se incorporaron y la siguieron. Cinco minutos más tarde y gracias a unos sencillos hechizos Lily se balanceaba en un columpio construido en la rama de uno de los manzanos que rodeaban la casa. Su roja cabellera oscilaba adelante y atrás, ondeando como una bandera al viento.

- Ten cuidado, Lily – le advirtió Harry. – Vas demasiado alto.

- No me caeré papá. Soy como tú, tú nunca te caes de la escoba.

Harry se rió por la ocurrencia.

- En realidad, señorita, me he caído de la escoba una cuantas veces.

La pequeña le dedicó una mirada penetrante, clavando sus ojos esmeralda, tan parecidos a los de su padre y su abuela, en los de Harry. Entonces ella soltó un torrente de preguntas.

- ¿En serio? Porque yo nunca te he visto caerte ¿Así fue como te hiciste esa cicatriz en la frente? ¿Te caíste de la escoba? ¿Si yo me caigo del columpio me quedará una cicatriz como la tuya?

Siguió balanceándose mientras giraba la cabeza y parte del tronco para no perder de vista a su padre, el blanco de sus preguntas. El columpio sufrió una sacudida y ella se aferró con fuerza a las cuerdas, a punto de caerse. Harry frenó el columpio y situándose frente a su hija le sonrió, aunque cuando habló su voz sonó muy seria.

- Si te cayeras del columpio podrías hacerte bastante daño pero no te quedaría ninguna marca porque cualquiera de nosotros te cerraría inmediatamente la herida. Tú nunca tendrás una cicatriz como la mía Lily, te lo prometo, porque ninguna herida normal no puede dejar una marca como esta.

Los ojos de la niña se abrieron de forma deshorbitada.

- ¿De verdad? ¿Qué pasó? ¿Cómo te la hiciste?

Ron soltó un bufido por lo bajo.

- Ahora si que la has liado, no parará hasta que se lo cuentes. Es igual que Ginny, ella tampoco se callaba nunca.

Lily no escuchó las palabras de su tío, o al menos hizo como que no las oía.

- ¿Vais a contarme lo de la cicatriz o no? Porque yo quiero saberlo. ¿Se lo has contado a James? ¿Puedo contárselo yo cuando lo sepa?

- Mira quien acaba de llegar, - dijo Harry desviando su atención y señalando hacia el camino de entrada, por el que desfilaba la familiar figura de un barbudo semigigante. – Vayamos a saludar a Hagrid, te prometo que otro día te contaré la historia de mi cicatriz.

ooOOoo

Realmente mi final era el capítulo anterior, pero como la imaginación es libre así es como yo imagino el futuro de los supervivientes, además ideé toda la historia siguiendo los patrones de Rowling y por lo tanto no podía faltar el epílogo insulso que termina con una alusión a la cicatriz. A los que habéis llegado hasta aquí gracias por leer, si queréis premiar mi trabajo con un par de palabras os lo agradeceré, con un simple me gustó es suficiente y me haréis muy feliz.