LA AMENAZA
Sin duda alguna, el peor día de mi nueva vida, fue el día que volví al instituto. Me sentía como si volviera a empezar de nuevo por segunda vez en pocos meses.
Cuando Edward aparcó su volvo plateado en el aparcamiento del instituto, tenía los nervios de punta. No podía moverme del sitio, estaba horrorizada de solo pensar como demonios me las iba a arreglar yo sola con un montón de humanos a mi alrededor. ¿Y si me producían tanta sed como para perder la cabeza y no poder contenerme? No podía ni imaginar cómo me sentiría después si parte de mi almuerzo fueran Jessica, o Ángela o Mike... sencillamente no podría vivir con sus muertes ni con las de nadie, encima de mi.
-¿Bella? -me llamó Edward sacándome de mi homicida ensoñamiento.
-¿Si?
-Ya hemos llegado. Vamos -me dijo antes de salir del coche.
No pude moverme. Sentía pánico. Si mi corazón latiese, estoy segura de que se me hubiera desbocado.
-¿Bella? -Edward parecía preocupado cuando me abrió la puerta.
-Dame un segundo, necesito solo un segundo -fue lo único que pude contestar.
Edward no dijo nada y esperó junto a la puerta con paciencia mientras yo cerraba los ojos y me repetía una y otra vez, que podía hacerlo, que no iba a pasar nada.
Al cabo de unos instantes, cogí aire, abrí los ojos y salí del coche. Un montón de aromas diferentes, me llegaban procedentes de todos los alumnos que llenaban el aparcamiento y por un segundo temí que mis peores temores se cumplieran.
Sin embargo, para mi gran sorpresa, el olor de mis compañeros no me afectó tanto como imaginé que lo haría y no pude reprimir una risa nerviosa.
-¿Qué ocurre? -me preguntó con curiosidad Edward.
-Que creo que tienes razón en que podré con ello -le dije abrazándole por la cintura y agarrándome bien a su chaqueta, solo por si acaso.
-No es tan malo, ¿verdad? -me dijo entre risas mientras nos encaminábamos hacia los demás que nos esperaban al lado del coche de Rosalie.
-No demasiado -contesté contenta por que así fuera-. Es soportable.
-¿Qué es soportable? -preguntó Emmet divertido, cuando llegamos junto a ellos.
-Ellos -contesté señalando disimuladamente a mis compañeros humanos con la cabeza.
-¡Ah! -exclamó soltando una risotada- Estoy de acuerdo. Sobre todo cuando has cenado bien.
Mientras nos dirigíamos a la puerta principal del instituto, noté como todos mis compañeros me miraban de una forma extraña; no estaba segura, pero era una mezcla de miedo, sorpresa y admiración, esto último en el caso de los chicos, porque las chicas me miraban como con envidia, de forma similar a cómo miraban a Rosalie. Me sentí tremendamente incómoda, así que me apreté más a Edward en un intento de pasar desapercibida.
-Te voy a matar, Alice -murmuré muy bajito para que solo ella me escuchara.
-¿Porqué? -me preguntó un poco confundida.
-Te dije que mi ropa estaba bien. Ahora todo el mundo me mira -me quejé molesta-. Es como volver a empezar de nuevo.
-En eso tienes razón -me apoyó Edward gruñendo ceñudo a un chico de último año que me miraba de una forma muy extraña.
-¡Bah! No seas quejica, Bella -dijo riendo Alice-. Sabes que tu antigua ropa no hace juego contigo ahora. No hacía juego ni antes...
-¡Psssh! Muy graciosa -protesté.
-¿Qué tal, Bella? Veo que ya estás totalmente recuperada -me saludó Jessica algo intimidada, cuando nos juntamos en clase.
-Hola, Jess -contesté poniendo mi mejor sonrisa, aunque estaba un poco nerviosa todavía-. Si, ya estoy mejor. Estaba deseando volver -mentí un poco, como me había enseñado Esme-. Me aburría mucho todo el día sin poder salir de casa...
-Quise ir a verte cuando me enteré, pero tu padre me dijo que no podía, que era algo contagioso... -dijo intentando sonsacarme algo sobre mi supuesta enfermedad.
-Así es -contesté sin añadir nada más.
A medida que el día avanzaba Jessica y los demás parecían menos intimidados, aunque de vez en cuando, me di cuenta de que me miraban de reojo y con algo de desconfianza, e incluso pude alcanzar a oír como Lauren le decía a Mike que cada vez me parecía más a los "fenómenos de los Cullen", algo que me hizo sonreír y al mismo tiempo me molestó muchísimo aquél calificativo que les tenían adjudicado a los Cullen. Siempre me molestó muchísimo, pero ahora que los conocía mucho mejor a todos ellos, aquél malestar con ese injusto mote se multiplicó de tal manera que me dieron ganas de cogerla por el cuello y arrancar su estúpida cabeza de cuajo. No pensé en comerla pues nunca me cayó nada bien y temí que se me indigestara.
A la hora de la comida, Edward me estaba esperando en la puerta de la clase de cálculo.
-Nos vemos luego, Bella -se despidió Jessica con una sonrisa tonta cuando vio a Edward apoyado en la pared-. ¿Edward?
Edward la saludó con un movimiento de cabeza y después me rodeó la cintura con su brazo, como era su costumbre, y nos dirigimos a la cafetería en silencio y algo más deprisa de lo acostumbrado, aunque no tanto como para hacer sospechar algo a los demás.
-Bueno, señorita Swan, ¿qué tal su primer día? -me preguntó Jasper algo más sonriente que de costumbre cuando nos sentamos en la mesa de los Cullen bajo la sorprendida mirada de todos mis amigos.
-Pues para mi sorpresa, de maravilla -dije muy satisfecha de mí misma pues según había pasado el día, me había olvidado de todo y a penas me daba cuenta ya del olor de mis compañeros.
-¿Ni un solo instinto asesino? -preguntó Emmet entre burlón y desilusionado.
-Bueno... -contesté recordando el comentario de Lauren a Mike sobre ellos-. Solo uno, pero no para comer. Me sentaría mal.
Todos ahogaron sendas carcajadas.
-No me lo digas -terció Edward-. ¿Has escuchado el comentario de Lauren, cierto?
-Hum. Si. Nunca me ha caído bien esa chica... -contesté haciendo una mueca.
-¿Un trocito? -me ofreció Emmet acercándome un trozo de pizza, para hacerme reír cuando se dio cuenta de que mi humor estaba empezando a cambiar, al recordar a Lauren y su simpatía hacia mi y los Cullen.
-¡Puaj! No gracias -dije apartando el trozo de pizza de mi, asqueada por su olor.
-No seas infantil, Emmet -lo regañó Rosalie cuando se lo acercó a ella, anticipándose a él y su pregunta de si quería ella.
-¡Mujeres! Siempre con las dietas... ¿verdad chaval? -exclamó suspirando, encogiéndose de hombros y dirigiéndose a un chico, seguramente de primero o segundo, que se había quedado mirando al pasar por nuestro lado, e impregnando su voz de un tono intimidante al mismo tiempo que burlón.
El pobre chico no dijo nada. Solo se estremeció, claramente asustado de Emmet, y se sentó muy deprisa, dos mesas más allá de nosotros, junto a unos amigos que le preguntaron inmediatamente sobre lo que le había dicho Emmet.
Emmet, Jasper y Edward rieron con ganas, Rosalie y Alice suspiraron resignadas y se miraron, y yo rodé los ojos.
-No me extraña que os tengan miedo. Te encargas bien de ello, Emmet -comenté alzando las cejas y rodando de nuevo los ojos, con lo que estuve a punto de partir las lentillas por segunda vez en menos de un minuto.
-Créeme, pequeña, es mejor para ellos -contestó riendo Emmet y haciendo un gesto de advertencia con el dedo índice-. Además, tengo que mantener mi reputación y asegurarme de que no pierdo mi toque, ¿no? -añadió con un gesto de fingida indignación por mi comentario, lo que me hizo reír.
-Bueno, ¿quién quieres que se quede contigo esta noche? -me preguntó Jasper cambiando el tema de conversación.
-Hum. Alice le cae muy bien a mi padre... -observé recordando lo encantado que se había mostrado con ella la última semana.
-Por mí, perfecto -dijo entusiasmada Alice-. Así podremos pasar una noche solo de chicas.
-Ah, no -me quejé anticipándome a sus pensamientos-. No te voy a servir de conejillo de indias otra vez, Alice.
-No eres mi conejillo de indias, Bella, no exageres -mintió descaradamente haciéndose la inocente-. Pero es que, para ser una chica le prestas muy poca atención a las cosas de las chicas. Tienes que aprender a vestirte adecuadamente tú sola. Perdona que te lo diga, Bella, pero eres un desastre en ese aspecto.
-Ya, bueno, lo que tú digas -me quejé suspirando derrotada. No había posibilidad alguna de librarme, lo sabía.
-Bueno, Alice tiene razón, Bella -terció Rosalie dejándome pasmada una vez más-. Podríamos aprovechar para enseñarte a peinarte y maquillarte tú sola, también... si no te importa que yo también me quede.
Al momento no supe que decir. Era cierto que la relación con Rosalie había mejorado un poco en la última semana, pero nunca imaginé que quisiera pasar tiempo a solas conmigo. No me esperaba aquello, aunque pude darme cuenta que los demás sí se lo esperaban, porque pude percibir mediante mi visión periférica, que los chicos se intercambiaban miradas y sonrisas entre ellos.
-No... claro que no -dije al fin un poco confusa y sorprendida por la sonrisa que me dedicó Rosalie.
-Genial. Así será más divertido -exclamó Alice emocionada con la idea y casi saltando en la silla-. ¿No te importa que te la robemos esta noche, verdad Edward? -le preguntó Alice a Edward.
-No, mucho. Pero pasado mañana es totalmente mía, ¿de acuerdo? -dijo Edward encogiéndose de hombros y suspirando resignado. Era evidente que tenía otros planes para esa noche.
-Vale. Gracias, Edward.
Edward y yo pasamos la tarde en casa de Charlie, hice la limpieza en menos tiempo del que hubiera empleado en mi anterior vida, y después hicimos los deberes.
Rosalie y Alice llegaron solo unos minutos antes que Charlie, cargando un maletín y un par de bolsas de deporte que no me dieron buena espina.
-Vamos a pasar una noche de muerte -dijo emocionada Alice.
-Te creo -aseguré, aunque mi definición de "noche de muerte", tenía un significado muy diferente al de ellas.
-¡Venga, Bella, no te pongas difícil! -protestó Rosalie, adivinando mi pensamiento-. Ya verás como nos lo pasamos muy bien.
-Edward, por favor, diles que no me hagan pasar por eso... -supliqué a Edward que estaba todo panchurrón tirado en el sofá viendo la televisión.
-¡Oh, no! A mí no me metas en vuestras cosas -exclamó soltando una risotada y levantando las manos-. No quiero acabar echo pedacitos...
-Hum. ¡Cobarde! -exclamé entornando los ojos.
-¿Chicos? -preguntó mi padre cuando entró en casa-. Ya estoy aquí.
-Hola, papá -le saludé cuando entró en el salón.
-Hola, Bella. ¿chicos?
-Hola, Charlie -lo saludaron los tres.
-¿Qué tal el primer día? -me preguntó mi padre, algo incómodo. Sabía cuánto le costaba asimilar aquella situación.
-Bien, papá. No te preocupes -le contesté-. En un momento estará lista tu cena -le informé dirigiéndome a la cocina.
Mientras le preparaba la cena, Charlie se sentó junto a Edward y se pusieron a ver el partido que daban esa noche. Alice y Rosalie subieron a mi habitación a lleva las bolsas y el maletín y después bajaron conmigo a la cocina.
A eso de las nueve, Edward se fue a su casa y, después de estar un rato haciendo compañía a Charlie, nos subimos a mi cuarto.
Los meses siguientes pasaron deprisa y cada vez me resultaba más fácil ir al instituto e incluso podía estar a solas con Charlie, aunque los Cullen no me dejaban demasiado tiempo sola con él por precaución, y me sentía realmente satisfecha con cómo me había ido mi adaptación a la sociedad como vampiro. La normalidad y la tranquilidad habían llegado de nuevo a mi vida y eso me gustaba.
Sin embargo, un nuevo sobresalto llegó a mi vida, dos días después del baile de graduación -al que por cierto, me llevaron engañada-.
Era lunes, el primero de las vacaciones, Charlie se había quedado en casa en lugar de ir de pesca, como era su costumbre, ya que Carlisle le había regalado una televisión gigante de pantalla plana y Emmet había venido a ayudarle a instalarla junto a Jasper, mientras Alice, Edward y yo pasábamos el rato sentados en las escaleras delanteras de la casa escuchando un nuevo cd de música que Alice había comprado el día antes, cuando mi mundo sufrió aquél nuevo sobresalto.
El coche de Billy Black, conducido por Jacob, paró detrás del coche patrulla de mi padre, haciéndonos levantarnos de un salto.
-¿Jacob? ¿Qué tal, que haces por aquí? -pregunté intentando aparentar normalidad.
-Hola, Bella -me saludó Jacob regalándome su sonrisa más ancha, lo que hizo que Edward soltara un gruñido imperceptible a oídos humanos, pero que Alice y yo escuchamos perfectamente-. No tan bien como tú... ¡Uff! Estás muy guapa y veo que totalmente recuperada. ¿Chicos? -saludó con una mano a Edward y Alice, que le devolvieron el saludo de forma amable. Aunque Alice se abrazó al brazo de Edward para evitar que se echara encima del pobre Jake.
-Gracias -dije con una leve sonrisa-. Pero, dime ¿has venido a ver a mi padre? ¿Billy necesita algo? -insistí al ver que no había contestado a mi pregunta en su totalidad.
-Hum. No, en realidad era contigo con quién quería hablar -me dijo algo nervioso y claramente incómodo-. A solas, si es posible -añadió mirando a Edward y Alice.
-Eh... claro. Pasa -le dije invitándole a entrar dentro de la casa cuando Edward y Alice me dieron luz verde con la cabeza.
-¡Hey, Jake! ¿Qué tal? -lo saludó Charlie cuando entramos en la cocina.
-Hola Charlie. He venido a hablar con Bella un momento -explicó Jacob-. No me quedaré mucho, he quedado con mis amigos en un rato.
-Mmm. Bien. Dale saludos a tu padre de mi parte, y dile que está invitado para el próximo partido. ¡Tengo tele nueva! -le dijo Charlie ilusionado antes de salir de la cocina.
Ambos nos reímos de la actitud de Charlie.
-Bueno, pues tú dirás, ¿qué es eso que tienes que decirme? -le apremié. No sabía porqué, pero el olor de Jacob no me gustaba demasiado. Era raro.
-¿Eh?, si, bueno. Verás, es que... pero no te enfades, Bella... -me dijo de forma entre cortada-. Mi padre me pidió que viniera a ver si era verdad que te encuentras bien. Y, también me pidió que comprobara si estás distinta -explicó finalmente bastante incomodo y abochornado.
Él parecía no entender mucho aquella extraña petición que le había echo su padre, pero yo lo pillé al vuelo. Billy creía realmente que los Cullen eran vampiros y, por alguna razón que no lograba entender en aquél momento, no se tragaba que había estado enferma y quería cerciorarse de que seguía siendo humana.
Me enfadé muchísimo con Billy por meterse en asuntos que no le incumbían, pero como Jake no tenía la culpa, intenté controlar mi furia hasta que Jacob se fuera.
-¿Y, bien? ¿Te parece que esté cambiada? -pregunté finalmente y mi voz sonó más hostil de lo que yo hubiera querido.
-Pues estás más guapa... pero no te veo cambiada de una forma extraña, como dejó entre ver mi padre... -me contestó pensativo, mientras me examinaba con más atención de la que me hubiera gustado-. Lo siento mucho, Bella, ya sabes como es mi padre. Él piensa que Edward tuvo algo que ver con tu enfermedad. Aunque yo no veo como pudo tener él la culpa -añadió suspirando y encogiéndose de hombros.
-Lo sé, no te preocupes -le dije sonriendo y suavizando el tono-. ¿Algo más?
-Pues... la verdad es que si -dijo retorciéndose las manos de forma nerviosa-. Me pidió que, si "te veía normal" -empezó a explicarme entre comillando de forma simbólica con los dedos las últimas palabras-, te pidiera que rompieras con tu novio y que te avisara de que estamos vigilando, aunque quiero que sepas que yo no me incluyo en lo de "estamos vigilando", fue él quien me ha incluido. Y, si no te veía "normal" quería que supierais tú y los Cullen que, y cito, "esto no quedará así, habrá consecuencias" -terminó más abochornado que antes.
No sabía exactamente cuales serían las consecuencias ni podía imaginar en aquel momento lo que pasaría después, pero el alma se me vino a los pies y pude escuchar a Edward, Emmet y Jasper, gruñir furiosos en el salón, mientras que Alice gemía angustiada y mi padre les preguntaba, en voz baja, qué ocurría.
-Bueno, pues dale las gracias a Billy por su preocupación, y dile que lo tendré en cuenta, pero que no hace falta que se enfade con Edward ni ningún otro miembro de su familia, porque ninguno de ellos a tenido nada que ver. Simplemente he estado enferma -le dije lo más amistosamente que pude, sin saber cómo logré controlar mi mal genio pues desde mi cambio me costaba mucho más mantener a raya mi mal carácter.
-Claro, lo haré. Y de nuevo te pido disculpas, Bella. No suscribo las palabras de mi padre, de verdad -se disculpó Jacob, mientras salíamos de la cocina y se dirigía a la puerta.
-Tranquilo, no pasa nada -le dije sonriendo como pude mientras intentaba mantener la calma.
-Bien. Entonces, supongo que nos vemos otro día.
-Si, nos vemos, Jake -le afirmé no muy convencida de que fuera a ser cierto.
Cuando Jacob se hubo ido cerré la puerta y fui al salón, donde estaban todos los demás esperando, en silencio.
-¿Lo habéis escuchado? -pregunté tontamente pues sabía que así había sido.
-Si, claro que lo hemos escuchado -gruñó Jasper.
-Bueno, ¿Y qué significa? ¿Es que Billy sabe lo vuestro? -preguntó mi padre sin comprender nada en absoluto, y a nadie en particular, aunque fue Edward quien contestó.
-Eso parece, aunque es una larga historia que ya te contaremos.
-Una larga historia, ya... -murmuró mi padre, frunciendo el ceño y llevándose las manos a los ojos.
Hubo unos instantes de tenso silencio en el que cada uno se sumergió en sus pensamientos, hasta que finalmente, Charlie lo rompió.
-Vale, entonces de alguna manera, Billy lo sabe -dijo como intentando ordenar sus pensamientos-. ¿Y ahora qué? ¿A qué a venido esa amenaza? -preguntó esta vez dirigiéndose a Edward.
-Pues no lo sé, Charlie. No sé qué pasará, tenemos que ir a hablar con mi padre -le contestó Edward con sinceridad-. Si quieres puedes acompañarnos y te explicaremos con más calma a qué ha venido la amenaza de Billy y porqué lo sabe. Si es que realmente necesitas saber todo esto -añadió Edward invitando a Charlie a acompañarnos.
-Esto... sí claro. No... no sé si podré comprenderlo todo, pero si necesito entender toda esta locura -aceptó finalmente Charlie, refunfuñando los motivos por los que venía con nosotros.
-Entonces, en marcha -dijo Emmet saliendo en cabeza del salón.
Durante el trayecto de camino a la casa de los Cullen nadie dijo ni media palabra. Aquella amenaza de Billy nos había echo a todos preocuparnos y yo no podía evitar sentirme terriblemente culpable por que, por mi culpa, los Cullen ahora se vieran bajo sospecha de haber quebrantado el tratado con los quileutes y amenazados de que habría consecuencias.
No sabía a qué nos tendríamos que enfrentar en un futuro, pero si sabía algo; encontraría la forma de librar a los Cullen de una injusticia.
Hola a todos;
Me gustaría aclarar algo, dado por contestado el comentario de Lebaz Black, y para que nadie más tenga dudas.
Este fic está terminado, porque en su origen constaba de cuatro capítulos, ya que lo hice para un concurso que, al final, no se realizó.
De todas formas, Lebaz Black, no he dejado con la emoción, pues el fic sigue con una segunda parte que se llama; El destino de Bella II: El tratado, y que ya está disponible para que puedas disfrutarlo.
Muchas gracias a todos por leer mi fic y por dejar vuestros comentarios.
Besos fuertes y abrazos.
Bluemoon250
