DIFERENTE (CAPITULO 16)

Este capitulo esta totalmente escrito por Isabel Gabriela. Creditos a ella, Gracias amiga por ayudarme

Espero que les gustee el capitulo

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Diferente
POV Sam

Cuando abrí los ojos me sorprendió saber donde estaba, pensé que estaría en ese despreciable e inmundo lugar, pero aun falta un día… aun falta una noche y pretendo aprovecharla al máximo a su lado. Intenté girarme para buscarlo con la mirada, pero no pude. Sus brazos me rodeaban de forma protectora y su respiración calmada me indicaba que aun dormía. Creo que podía permanecer así por siempre, Freddie es una persona muy especial y diferente, él es único.

Acerqué mi cuerpo al suyo olvidando por completo mis miedos y mis problemas. No sé por cuanto tiempo me quedé dormida, pero desperté y Freddie ya no estaba a mi lado. Al principio me preocupé, sin embargo, escuché su ducha y me tranquilicé. Paseé mi mirada por su habitación y, como era de costumbre, había una bandeja con mi desayuno; también había notado una bolsa de regalo, pero no le di importancia.

Sin pensarlo dos veces, me acerqué a la bandeja llena de comida y comencé a probarla. Disfruté de cada cosa que había en ella. Desde el tocino hasta los huevos, el pan tostado con mantequilla y mermelada y el delicioso jugo de naranja. Cuando te toca vivir como lo he hecho yo, no te detienes a preguntarte qué falta en tu vida, solo luchas por lo poco que tienes y te mantienes de pie, tratando de no quebrantarte. Pero, cuando creces y tienes una vida tan lujosa como la de Freddie sabes que no necesita hacerse preguntas.

Sin embargo, a pesar de toda esa vida llena de lujos, él se detuvo a pensar por la vida de alguien más. Se detuvo a complacer sus más humildes caprichos y a escuchar en los momentos difíciles. No hizo más que pensar en como hacerme sentir mejor aunque eso le cueste su propia felicidad. Freddie llegó a mi vida para protegerme, él es mi ángel, es mi vida. Jamás podré agradecerle todo lo que ha hecho por mí.

Aunque agradecimiento no era lo único que abordaba mi mente y mi corazón, también estaba el amor. Poco a poco él fue adhiriéndose a mi piel, traspasando todo limite permitido por mi propia barrera. Siempre pensé que el amor era un mito, una mentira sin sentido que inventaron algunas personas para ganar dinero en un día especial. Ahora sé que estaba equivocada. Si existe el amor y si existen personas como Freddie que, aunque lo tuvieron todo, no se ciegan ante la realidad y dejan de pensar en los otros.

Escuché como puerta del baño se abría y no pude evitar el temblor de mi cuerpo al saberlo presente. Me sentía tan vulnerable bajo su mirada, era como estar flotando y a la vez temiendo por la inminente caída. Freddie dibujo una pequeña sonrisa antes de acercarse a mí. Mi piel se erizo al sentir las suaves gotas de agua rodando delicadamente por mi piel. Sé que para él no fueron desapercibidos mis ojos sobre su cuerpo. Sé que a él le gustaba causar esas reacciones en mí.

Su aliento mentolado golpeó mis sentidos y sin esperar más, sus labios chocaron con fuerza sobre los míos. Mis manos viajaron rápidamente hasta su cuello, él dejó escapar un gemido de dolor, pero eso no lo detuvo. Sus manos viajaron hasta mis caderas y un poco más abajo, solo para rozar con delicadeza la "F" que me había tatuado en su honor la noche anterior. Dejé escapar un silbido de dolor mientras él rompía el contacto y recorría con sus labios un sendero de besos hasta mi cadera. Al llegar, solo se limitó a besarlo con delicadeza para luego sonreírme y regalarme un último beso.

-Hoy haremos algo especial, algo que sé, nunca has hecho… -murmuró tomando la bolsa de regalo entre sus manos. –Báñate y ponte esto, por favor. Hoy nuestro sábado será diferente –aseguró con una sonrisa.

No sé porque comencé a sentirme nerviosa y, de pronto, comencé a cuestionarme si era buena idea su plan para este día. No lo sé, llámenme paranoica, pero tenía un pálpito sobre todo esto que no me gustaba. Todo quedó en el olvido cuando el agua tibia de la regadera cayó sobre mi cuerpo, relajando cada uno de mis músculos y borrando lentamente el dolor. Abrí los ojos y me centré en la esponja que goteaba frente a mis ojos.

Es imposible adivinar porque sentía esa necesidad de estar más unida a él, no entiendo como mi cuerpo reaccionaba lentamente a su presencia. Tomé la esponja entre mis manos y aspiré el suave aroma de su jabón y que lentamente comenzó a recorrer mi piel. Minutos más tarde tenía la frente pegada las baldosas frías del baño, era hora de salir, pero aun no me sentía lista.

Cubrí mi cuerpo con una toalla y me acerqué hasta la bolsa. Solo había ropa, algo cara debo admitir. Me coloqué un traje de baño, luego unos pantaloncillos cortos; todo indicaba que iríamos a la playa. ¿Por qué él pensaba que no había hecho algo así? Las últimas veces había visitado ese lugar con frecuencia, pero decidí que debía confiar en él.

-"Sam, ¿estás lista?" –la voz ronca de Freddie resonó desde el otro lado de la puerta y sonreí. La paciencia no era su mejor virtud.

-Un minuto, casi terminó… -dije antes de centrar mi atención en la maraña que se hacía llamar cabello.

Después de un rato, me encontraba abrazada a su cuerpo con fuerza mientras la moto de Freddie avanzaba rápidamente por el pavimento. Es difícil saber lo que se trae entre manos cuando quiere darme una sorpresa, pero lo que mi mente había creído que sería una tarde en la playa, resultó ser diferente.

Freddie estacionó su moto en la marina, allí entrelazó mis manos con las suyas y me regaló una sonrisa. Me llevó hasta un lugar donde había muchos botes, de diferentes tamaños y propósitos, pero para mi sorpresa había un hombre al final del camino. Tenía una gorra blanca y estaba vestido algo formal para mi gusto.

-Él, por si te lo preguntas, será nuestro capitán en este viaje –susurró en mi oído logrando estremecerme.

-¿Esto es seguro? –Pregunté mirando fijamente el bote.

-Lo es. Sé que es algo pequeño, pero te gustará -¿Él piensa que esto es pequeño? Freddie tiene serios problemas en ver la realidad.

Él tomó mi mano y me atrajo hacia el bote, tuve que cerrar los ojos para no ver la separación entre el muelle y mi destino. Sabía que mis miedos eran infundados por la falta de experiencia, pero luego ya no me pareció tan malo. No pude evitar chillar cuando se puso en movimiento, de cierta forma todo era nuevo para mí. Sin embargo, después de un rato me di cuenta que todo era tan relajante y pacifico.

Había tantos colores a mi alrededor, tanta magia que nunca me imaginé capaz de experimentar. De pronto, el capitán bajó la velocidad hasta detenerse. El bote bailaba suavemente con las olas tenues y azules del mar. Dejé escapar un suspiro entrecortado antes de sentir sus manos rodear mi cuerpo.

-¿Te gusta? –Preguntó con una sonrisa en sus labios.

-Es hermoso… -susurré observando la ciudad a lo lejos. Apenas se notaban las luces brillando entre el manto naranja del atardecer.

-Cuando era pequeño, solía venir acá con mi padre… -murmuró con la mirada perdida. –Creo que todo ha cambiado ya, hay intereses más importantes que sus hijos –aseguró encogiéndose de hombros.

Me mordí el labio preocupada, lo que menos quería era que se desanimara. Estaba segura que hablar de su padre era un tema delicado, algo que no quería sacar a relucir en estos momentos. Sé cuanto le ha costado superar sus miedos e inseguridades, y que en realidad no había superado nada. Yo lo necesitaba tanto como él me necesitaba a mí.

De pronto, sentí sus manos acunar mi rostro con delicadeza. En su rostro estaba tatuada la palabra preocupación, algo que podía entender a la perfección ya que lo estaba sintiendo.

-¿Sabes? Quisiera que experimentaras algo… -dijo de pronto animado. –Una de las cosas que más amaba de venir aquí era esto…

Tomó mis manos rápidamente atrayéndome al borde del bote. Mi corazón comenzó a latir de forma alarmante y solo pensaba en que todo esto era una locura. Mire su rostro y solo había felicidad, eso logró tranquilizarme un poco. Lo vi lanzarse, sin miedo alguno, al mar para después aparecer con una sonrisa en sus labios.

-Ven… no te pasará nada –gritó mientras flotaba en el agua. –Yo te cuidaré, Sam… solo tienes que hacerlo.

Mi boca se secó y mi cuerpo comenzó a temblar, pero mi yo orgullosa no se permitía flaquear. Tenía que ser fuerte y demostrarme que si podía, que mis miedos podían irse y que podía disfrutar. Con un último respiro me lancé al inmenso mar azul, el agua era fría y podía sentir el vértigo ir y venir al no sentir el fondo. Pero ver la sonrisa en sus labios me hizo sonreír, saber que era feliz y que nada podía afectarlo en ese momento, fue único.

Nadamos por varios minutos… ¿horas? ¿Quién lleva la cuenta en realidad? Solo era consciente del hermoso atardecer que se dibujaba frente a mis ojos. Mi cuerpo y el de Freddie estaban secos por igual y solo disfrutábamos del momento. Unas de sus manos acariciaban mi brazo con delicadeza mientras que mi cuerpo reaccionaba de la forma menos esperada; mi piel se erizaba y en ocasiones me estremecía.

Sin decir palabra alguna, nuestras miradas chocaron mientras que nuestros labios se unían en un beso único y lleno de amor. Al principio el tacto fue tan delicado e inocente que logró hacerme suspirar, pero necesitaba más; necesitaba su cuerpo junto al mio para sentir su calor. Sin embargo, debo admitir que cuando su lengua invadió mi boca, todo desapareció. No solo eran sus besos, también era el deseo que él sentía por mí y todo lo podía sentir en esa simple caricia.

De pronto su mano se deslizó hasta mi cuello y rompió el beso con delicadeza. Sus ojos se detuvieron en mis labios mientras su mano los tocaba con adoración. Podía percibir el deseo en ese toque tan sencillo. Sin aminorar la presión que tenía sobre mis labios, me atreví a mordisquear su dedo con suavidad para después depositar un beso casto en el mismo lugar. Su mano comenzó a viajar lentamente hasta mi barbilla donde desapareció toda presión de su parte para acariciar sutilmente mi piel.

Su rostro se acercó al mío hasta el punto de rozar sus labios con los míos, pero sin apoderarse de ellos. –Eres tan hermosa… -susurró deslizando nuevamente sus dedos por mi cuello hasta el nacimiento de mis pechos. Esbozó una sonrisa al sentir como mi piel se erizaba y como mi respiración se entrecortaba por la intensidad de su toque; a pesar de ser una simple caricia sentía mi cuerpo arder con el deseo. –Cuando estés lista… -gemí ante la sensación de sus dedos sobre mi pecho, podía ver su necesidad y la mía reflejada en sus ojos-, serás mía y yo seré tuyo. –Murmuró con los ojos cerrados mientras tocaba mi abdomen y más allá.

Esto era nuevo, era diferente y excitante; estaría mintiendo si dijera que ya lo había sentido antes. Traté de evitar gemir, pero fue imposible. Ahora sus manos tocaban cada parte de mi piel disponible. Sus ojos estaban completamente cerrados como si quisiera grabar mi cuerpo en su mente. –Eres tan suave… -susurró tocando su frente con la mía.

-Bésame –susurré contra sus labios y así lo hizo.

Había algo en ese beso que me hacía querer gritar, había algo en su forma de tocarme que era… no lo sé, era diferente. Comenzó a morder con delicadeza mis labios, mientras sus manos seguían disfrutando de mi cuerpo. Yo trataba de mantener todos mis pensamientos en orden, sabía que aun no estaba lista para ese paso tan importante, pero no podía negar que deseaba algo más que una simple caricia. Suspiré entrecortadamente cuando profundizó el beso y sin darme cuenta comenzamos a desliarnos hasta que nuestros cuerpos tocaron la suave manta en la que nos encontrábamos. Mis piernas rodearon su cintura automáticamente y mis sentidos estaban cegados entre la lujuria y el deseo.

-Si seguimos… no seré capaz de detenerme –murmuró con angustia mirándome a los ojos. Lo vi levantarse y frotar sus manos en su cara. –Vamos, tengo algo especial para ti… -su voz entrecortada me demostró lo difícil que era para él dejar de hacerlo.

-¿Qué tienes para mí? –Traté de no sonar tan entusiasmada, este sin duda había sido uno de los mejores días de mi vida.

-No seas curiosa… -aseveró con una mirada divertida. –Ya lo sabrás, sígueme…

Lo seguí hasta una puerta que conducía a un camarote o algo así me dijo Freddie que se llamaba. En su interior había una mesa hermosamente decorada con velas, mis labios dibujaron una sonrisa cuando supe de que se trataba; una cena bajo la luz de las velas. Paseé mi mirada por todo el lugar hasta centrarme en un paquete que había en la cama.

-Es tuyo… -susurró antes de mordisquear el lóbulo de mi oído.

Ante eso tuve que jadear y tomar sus manos con fuerza, si no lo hacía podía caer. Lo escuché reír fascinado de mis reacciones antes de dejarme sola. Comencé a quitarme la ropa que traía puesta y caminé desnuda por el camarote hacia el pequeño baño, un poco de agua dulce y refrescante no me caería mal. Dejé escapar un suspiro de alivio cuando comenzó a deslizarse por mi cuerpo, era sumamente placentero. Después de un rato decidí que era conveniente salir, sequé mi cuerpo con una toalla.

Me acerqué hasta la cama para descubrir que había en ese paquete y me llevé una grata sorpresa. Nunca en mi vida había recibido tantas cosas y estaba agradecida con Freddie por este regalo, era un hermoso vestido de playa. Cuando terminé de vestirme y acomodar mi cabello, subí para buscarlo. El sol se había ocultado dejando el horizonte acompañado solamente de la luna que se reflejaba hermosamente en la inmensidad del mar.

Di un rápido recorrido por todo el bote hasta que lo conseguí, estaba apoyado en una de las barandas, de seguro pensando. Comencé a acercarme sin que se percatara de mi presencia, lo abracé y dejé que mi cabeza descansara en su espalda.

-Estoy lista… -susurré antes de sentir como sus brazos rodeaban mi cuerpo con fuerza. Su cabeza estaba apoyada en mi hombro y su nariz tocaba un punto sensible en mi cuello.

-Estoy feliz de que estés a mi lado –murmuró mientras sus manos se deslizaban sobre mi vestido para acariciar mi espalda. –Hora de cenar, mi amor…

Abrí los ojos sorprendida y él solo sonrió. Entrelazó sus dedos con los míos y comenzó a guiarme hacia el camarote. Me ayudó a tomar asiento y él se sentó a mi lado, nada esto podía compararse con las elegantes cenas y las fabulosas escenas que veía en las novelas, como me dije desde el principio del día, esto era diferente.

Charlamos toda la noche, nos contamos nuestros más íntimos secretos a pesar de que, en su mayoría, eran niñadas mías y que las suyas resultaran ser graciosas. Sin darme cuenta, entre tanta charla, terminamos acurrucados en la cama. Era realmente cómoda y se estaba haciendo irresistible la idea de no dormir en ella.

Durante horas me susurró palabras hermosas al oído y de repente todo se oscureció. No había notado el cansancio que tenía, solo fui realmente consciente cuando abrí los ojos y mi cuerpo comenzó a doler. Me giré solo un poco para darme cuenta que él no estaba a mi lado, otra vez. Caminé rápidamente por las escaleras hasta llegar a la parte superior y entonces lo vi, sentado en el mismo lugar observando la luna desaparecer.

-¿Te gusta esto, verdad? –Freddie no se molesto en responder con palabras, solo asintió tomándome de la mano para acercarme a él. –Faltan solo pocas horas para volver a mi infierno…

-Entonces debemos disfrutarlo como nunca, ¿no crees? –susurró con una sonrisa optimista en el rostro.

-Sí… -murmuré mientras apoyaba mi cabeza en su pecho.

Observé el espectáculo más hermoso que existe, el amanecer. Los rayos desbordantes de vida acariciaban nuestros cuerpos y suave brisa de la mañana nos embriagaba y envolvía en nuestra propia burbuja. Pero todo lo que inicia tiene su final y se estaba acercando la hora de partir, la hora de abandonar mi paraíso. Me giré lentamente solo para observar lo hermoso que se veía cuando los rayos del sol tocaban su piel. Me permití suspirar y acercar mi rostro al suyo para unir nuestros labios. Este día no lo olvidaría nunca.

Después de todo lo que había pasado, cualquiera se puede dar una idea equivocada de lo que es mi vida. Debería estar feliz, debería ser diferente, pero no porque estaba sentada en el asiento trasero de una limosina esperando llegar a mí destino. Sin embargo, toda esta experiencia la atesoraría como nunca en mi mente y en mi corazón, esto me ayudaría a sobrellevar mi verdadera vida.

Cuando la limosina se detuvo respiré pesadamente antes de bajar. John se acercó con una sonrisa en los labios y, por si fuera poco, desnudándome con la mirada. Me estremecí ante el contacto de su mano en mi espalda, esto no estaba bien. Apenas entramos al local, él me tomó con fuerza del brazo y me miro con ira contenida.

-Espero hayas complacido a ese muchacho, no quiero quejas de mi mejor cliente –negué con la cabeza y traté de alejarme, pero entre el forcejeó y todo lo demás dejé al descubierto algo que sabía me traería consecuencias. -¿Qué es esto? –Gritó subiendo mi camisa con rudeza. -¿Un tatuaje? ¿Qué rayos significa esto?