Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)

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Capítulo 2.

Anónimo


Desde aquel alejado día, creo en los vampiros y ni los malditos psicólogos han permitido que deje de investigar todo tipo de vampiros, y tampoco que abandone mis creencias. Bueno, no les miento, en esa época no había entendido muy bien aquella historia que sonaba tan real. Días después se la mostré a mi profesora y ese día visite a mi primer psicólogo. Reí ante mis recuerdos.

—Bella —gritó mi madre—, ¿sigues pensando en tonterías?

—No son tonterías mamá, creo en ellos —dije recostándome en mi cómoda cama, sus palabras me agobiaban, para ella era una desquiciada.

— ¿Alguna vez has visto uno? —repuso con ironía.

—No es necesario, ¿alguna vez hemos visto a ese Dios que tanto adoramos? —Contraataqué—. No es necesario ver para creer.

—Bla, bla, bla —dijo en tono infantil—. Ah, ya llegó ese paquete que tanto esperabas —anunció con desinterés.

— ¿¡QUÉ!? —grité de emoción.

Como pude salté de mi cama y abrí rápidamente la puerta de mi habitación, bajé de dos en dos los escalones y en menos de 30 segundos estuve abajo, con las manos abiertas esperando a que me entregase el paquete.

— ¿Por qué dice confidencialidad?

—Porque es confidencial —contesté con una gran sonrisa de oreja a oreja.

Cogí el paquete y subí corriendo hacia mi habitación, me senté en mi cama y como siempre el sobre era de 'Anónimo'. Me dispuse a abrir el frágil sobre bruscamente, sacando una larga hoja blanca.

Querida Bella:

Como te prometí aquí están algunas contraposiciones de vampiros: como ya sabes el origen de los vampiros es muy incierto según los expertos, pero muchos de ellos se decantan por una más que posible posesión diabólica, o incluso por un virus que hubiese conseguido llegar hace miles o millones de años a la Tierra y hubiese infectado a algún humano.
Mira este argumento que me ha llegado: si comenzamos dando por hecho que Dios no existe ya vamos mal. Para que exista un demonio, es necesario que al menos un ángel haya caído, y si existe un ángel es porque existe un ser eternamente perfecto y bueno que lo haya creado, esto es, Dios.
Y si ahora hablamos de los supuestos Virus. Un virus es un microorganismo al que no se puede incluir dentro de la denominación de ser vivo, simplemente porque no la cumple. No es capaz de sobrevivir si no es a costa de otro ser vivo. Hasta ahí, supongamos que podría haber ocurrido.

Así que, ¿existen o no?

Detuve un momento mi lectura. Eran ciertas sus contraposiciones, pero todos estamos acostumbrados a lo normal, ¿por qué al ver algo anormal lo calificamos como incierto, cómo mitos? Continué mi lectura:

Bella, siempre a todo le encontraremos una contraposición, lo sé, pero el hecho de que se encuentre algo que lo desmienta, no lo convierte en falso, en fin no tienen pruebas de lo que se contrapone.

Ahora contraposiciones sobre su invisibilidad: El Vampiro Serbio puede volverse invisible.
Sí, como lo sabes, según leyendas, que no he leído, se asegura que hay vampiros que pueden volverse invisibles. Esto desencadenaría en que mientras el vampiro sea invisible, será también ciego. Cuando uno es invisible, los rayos de luz le atraviesan y así se puede ver lo que hay detrás. Entonces, si los rayos le atraviesan, ¿cómo pretende que la luz incida en su retina y así poder ver?

Pero, sus ojos pueden ser diferentes ¿por qué no?

Quiero terminarte con esta teoría, son cualidades de otro tipo de vampiros que me han llegado, pero creo que es mejor que te lo envíe en la otra carta.

Saludos.

Doblé bruscamente la carta y me recosté en aquel colchón que ya no parecía tan cómodo, ¿otro tipo de vampiros?

Aquel hombre siempre sabía como frustrarme, me escribía cuando encontraba teorías y respuestas a mis preguntas sobre vampiros ¿por qué lo hacía? No lo sé, desde mis 16 años siempre me enviaba cartas, él siempre tan poco tecnológico.

*Flash back*

Como siempre lo hacía, dejé mi comentario frente a la nueva teoría de vampiros:

'Tiene conceptos lógicos, aunque se base por evolución, si dejamos de pensar que la primera mujer de Adán, Lilith, fue el primer vampiro esto tiene coherencia, sólo si pensamos esto'.

Cuando iba a cerrar la página vi que había un comentario.

'Es lógico, me interesan mucho tus opiniones, ¿me podrías dejar tu dirección de hogar? - Anónimo'.

Y así lo hice.

*Fin del flash back*

Lo sé, siempre me enseñaron en no confiar en los que no conozcamos pero solo sentí que debía hacerlo. Desde ese mismo día recibí cartas de él. Él sabía quien era yo, pero yo no sabía quien era él. Algo que nunca me había dado curiosidad hasta hace poco, pero no quería preguntárselo, si él quisiera que lo supiera me lo diría.

Era la hora de responderle, mañana después de clase enviaría la carta a la rara dirección que nunca había podido localizar. Simplemente no sabía qué responderle, en algunas partes aseguraban su existencia y en otra la contradecían, me limité a escribir un:

Hola...

¿Qué quieres que te diga? Simplemente espero la otra carta, gracias.

Saludos.

Bella.

Era la primera vez que le escribía algo tan corto, era el hecho de que mi mente no formulaba bien. Estaba concentrada en cualidades de otro tipo de vampiros, él siempre me formulaba teorías no otro tipo de cualidades, acaso serían vampiros que no beban sangre. Reí ante mi propio pensamiento.

Me recosté nuevamente en mi almohada, que estaba dejando de ser cómoda, no me quise frustrar con preguntas y sólo cerré los ojos buscando que rápidamente me durmiese.

—Bella, Bella, ¡Bella! —Desperté, mientras me zarandeaban—. ¡Bella! — gritaron zarandeándome aún más fuerte.

— ¡Ay! —Me quejé, mientras me volteaba.

—Levántate —ordenó. Sacudí mi cabeza y me senté en aquella cama, que me llamaba para que siguiera en ella, no necesité un espejo para saber que tenía un aspecto muy adormilado—. No me digas que te quedaste otra vez investigando sobre aquellos monstruos irreales —dijo en tono amonestador.

—No, y no son irreales —dije todavía soñolienta.

—Sí, ¡ajá! —dijo en tono irónico la última palabra.

—Cuántas veces te he dicho que no es necesario ver para creer —dije algo ofuscada levantándome de mi cama y buscando una toalla, la cual por mi despiste no había notado que tenía en su mano.

—Eres una niña tonta. —Reí ante su comentario—. Como me arrepiento de haberte contado aquella historia —dijo desconsolada.

Le arrebaté la toalla y me metí a la ducha, no quería seguir discutiendo...