Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)

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Capítulo 3.

Un Ángel


Me molestaba discutir con mi madre, pero me disgustaba aún más que no pudiese entenderme.

Me quité el camisón que traía puesto y lo dejé en el piso, abrí la ducha y me sumergí en el agua, buscando así la relajación de mi cuerpo. Me dispuse a seguir con mi baño, en el piso yacía el jabón, que había olvidado recoger el día anterior, al recogerlo me deslicé por el suelo y caí sentada impactando levemente el muslo de mi pierna.

—Torpe Bella —me regañé.

Me sostuve en la llave y me levanté. Será un lindo día -pensé irónicamente-. Enjuagué complemente mi cuerpo, sujeté la toalla que se hallaba en el frío suelo de mármol y me envolví en esta. Salí en un paso ligero a mi habitación, temiendo haberme demorado demasiado en mi ducha, corrí hacia mi closet y extraje una simple camisa blanca y jeans sin importar el color, saqué unas sandalias ubicadas debajo de mi cama, me vestí y peiné delicadamente mi cabello, algo a lo que habitualmente no le dedicaba tiempo, no me importó mi aspecto. Busqué mi morral y salí en un paso rápido de mi habitación intentando no tropezar con los escalones. En el sofá descansaba mi madre leyendo la revista 'Tú', que si mi memoria no me fallaba era para adolescentes, moví la cabeza negativamente. Como era obvio mi desayuno no estaba preparado, no lo hacía cuando estaba disgustada conmigo, nunca lo hacía. Así que decidí prepararme un peculiar sándwich con queso y jamón, lo devoré rápidamente y me dirigí a su encuentro. Suspiré antes de hablar:

—Hasta luego —dije intentando ser cordial—, mamá —asenté la última palabra.

—Sí, sí. —Movió su mano en signo de despedida como respuesta, sonreí sin ganas.

Abrí la rechinante puerta para salir de mi hogar, ahí se encontraba mi viejo Chevy me encaminé hasta este y me dispuse a encender el motor que rugía fuertemente. En menos de lo esperado estuve ahí, frente al gran letrero de "Preparatoria de Forks", parqueé en el primer estacionamiento que vi y me bajé de este. Tenía todavía el suficiente tiempo para llegar a mi primera clase, así que busqué la carta para 'Anónimo', mi frustración se encendió cuando noté que no la traía, la tenía que enviar antes de las 12 PM o se enfadaría, como ya había ocurrido, me desesperé.

—Hola Bells —saludó la conocida voz de Mike, este era el típico chico hijo de mami, de los que piensan que con ser rubios llamaran la atención de todas las chicas, no volteé.

—Hola Mike —dije sin prestarle mucha atención.

Seguí buscando en mi bolso, aún guardaba la esperanza de que sí la hubiera llevado.

— ¿Cómo estás Belly? —repuso con voz estúpida y aniñada, tomé una gran bocanada de aire y suspiré. Bella intenta no ser grosera ¿si?, pensé.

—Mike, si no ves, estoy algo ocupada. Nos vemos al rato, ¿vale? —Sonreí sin ganas.

—Vale, vale.

La frustración se apoderó completamente de mi ser, ¿me devolvería?

— ¿Qué tienes, loca? —preguntó esa conocida voz—. ¿Muchos electrochoques? —Volteé y era Jacob con su hermosa y brillante sonrisa, como acto seguido reí.

Jacob era un gran amigo, hijo de Billy Black el mejor amigo de mi padre, el cual por esta época se ausentaba.

—Solo dejé algo muy importante en mi casa... ¿no deberías estar estudiando?

—Debería… ¿te podría ayudar? —Le miré pensativa y acaricié mi mentón.

—Pues podrías entrar a mi casa y traerlo, solo que... ahí está mi madre.

—De eso no te preocupes entraré sin ruido. —Le sonreí —. ¿Qué debo traer?

—Es una carta. —Estudié su rostro pero seguía igual—. Debe estar en mi cama o debajo de ella. —Reí—. ¿Conoces exactamente dónde esta mi cuarto?... ¿Cierto?

—Por supuesto Bella, tantas veces que hemos estado en esa habitación, esa habitación que siempre nos recibe con los brazos abiertos —dijo de manera jocosa haciéndome sonrojar.

— ¡Oh! Jacob, ¡ni en tus sueños! —dije en broma y segundos después mis mejillas se tiñeron de un tenue rojo, no obstante él rio a carcajadas.

—En cambio de clases tendrás tu carta. —Estudié nuevamente su rostro y me concentré en sus llamativos ojos negros.

—Gracias, de verdad. —Le sonreí.

Y este se dirigió a su moto y partió. Tenía 5 minutos justos para llegar a la espantosa clase de trigonometría, caminé a paso rápido, temiendo que si corría me resbalara por el húmedo piso, el clima de Forks siempre era frío, una capa de neblina se mantenía en el cielo. Llegué al vestíbulo y entré rápidamente al salón, el profesor todavía no había llegado, Jessica me hacía señas para que me sentase a su lado y así lo hice.

—Hola Bella —saludó, vi como sus ojos brillaban.

—Hola Jess.

—Bella, te tengo que contar algo… ¿a qué no adivinas?

—Desgraciadamente no leo mentes —dije sin interés y ella bufó.

—Nuevos estudiantes y ni te… —Le paré con la mano.

—Jess, creo que prestaré atención a la clase, ¿vale?

—Ok, ok. —Me fulminó con la mirada.

La verdad no me interesaba la vida de los demás, odiaba que se interesaran por la mía, había aprendido a vivir en una bolsa diferente sin importar el qué pasó.

Tuve un intento fallido al intentar entender lo que el profesor escribía, era completamente difícil entenderle, cómo diablos pasaría esta materia. La clase fue eterna ahora solo me interesaba el hecho de que Jacob hubiera tenido éxito, recogí los libros y me dirigí a salir, pero el profesor me llamaba.

—Bella, ¿puedes venir un momento? —Vi como se enfocaba en sus papeles, me acerqué.

— ¿Si?

—Verás, tú misma sabrás lo mal que estás —le interrumpí.

—Profesor Mchorth, repasaré, si disculpa tengo una urgencia.

Sin esperar su respuesta salí del salón en busca de Jacob, el cual me esperaba a la salida del lugar.

—Aquí está. —Me entregó la carta.

—Gracias, gracias, de verdad. —Le sonreí.

—Me tengo que ir, nos vemos luego. —Analicé su rostro y noté algo diferente que no pude distinguir.

—Chao Jake, de verdad gracias. —Me sonrió.

Abrí la carta, interesada por ver si todo seguía en orden -reí- me sentí una tonta, lo que había escrito lo podría haber realizado en menos de un minuto, estaba completamente despistada. El citófono llamó mi atención, nos comentaba que teníamos hora libre, ya que había reunión de profesores. Hora de biblioteca, pensé.

Angela se encontraba a metros míos, me podría acompañar, me acerqué hasta su encuentro.

—Hola Ang. —Toqué su hombro pidiendo atención.

—Hola Bella. —Saludó cordialmente.

—Angie, ¿me acompañarías a la biblioteca? —le pregunté tímidamente.

—Por supuesto, la verdad ahí iba. —Rio frágilmente.

Angela era como yo, reservada, callada... mi alma gemela, en verdad somos muy buenas amigas.

Caminamos en silencio, un cómodo silencio. Al llegar me dirigí a la sección de literatura mitológica, donde podría encontrar el libro que deseaba por trillonésima vez volver a leer "Drácula".

— ¿Otra vez? —preguntó asombrada Angela, sabía las tantas veces que había leído este libro, aunque también sabía lo mucho que este me encantaba.

—Sí, cada vez se aprende más.

—Bella, ¿ya sabes? Nuevos estudiantes dicen que llegan en unas semanas, que son lindísimos, aunque todos tienen parejas claro menos… —le interrumpí.

—Angela, ¿tú también? —Le miré suplicante.

—Bella, tienes que estar enterada... son los Cullen. —Su apellido llamó mi atención, juré haberlo oído—. Aunque no sé cómo los aceptaron estando a mitad de semestre, deben ser muy inteligentes. —Le escuché celosa—. Vienen en unas semanas —comentó.

Una curiosidad inmensa me llenó, su apellido resonaba en mi cabeza.

—Ang, entraré un momento a la sala de internet. —Me miró sorprendida.

— ¿A esos computadores lentos? —Rio—. Buena suerte —dijo irónicamente.

Supuse que no me acompañaría, así que me dirigí a la sala, se encontraba al lado de la biblioteca. El computador más rápido estaba desocupado, corrí hacia él temiendo que pudieran cogerlo antes que yo, le encendí y esperé diez minutos a que este iniciara y cinco más para que abriera el explorador. El citófono me desvió de mi actividad, quedaban diez escasos minutos y no había llevado la carta, ¿qué era más importante? La carta, así que opté por llevarla, eliminé el historial y abandoné la computadora, en este preciso momento no poseía la paciencia para aguantar hasta que este se apagase. Salí en un movimiento rápido, el día era completamente monótono personas de un lado a otro con sus libros. La oficina de correo era presenciada solo por la directora de esta, dejé la carta en el locker y salí sin decir palabra alguna. Ahora debía de correr la profesora de Historia odiaba que alguien llegase tarde a su clase. Inicié mi marcha intentando que mis pies no se cruzasen y así intentar mantenerme en pie.

— ¡Cuidado! —Una voz aterciopelada me hablaba, era una voz completamente sexy, sentí como si algo me quemase en mi interior, ¿me iría a caer? Volteé lentamente y ahí se encontraba lo que todos caracterizarían como un sueño, una ilusión, sentí como si el mundo se acabara. Su rostro era completamente perfecto, sus ojos centraban toda mi atención, me había olvidado de respirar, me asustaba la expresión de mi cara en ese momento, tenía miedo de hablar, odiaría tartamudear.

—Edgard. —Extendió su mano, la miré dudosa y la estreché. Sentí una corriente desde los pies hasta la cabeza, era completamente fría no obstante era perfecta, sin decir una palabra más se marchó, vi cada paso que recorrió, había sido una ilusión. Ahora me faltaba el aliento, quedé plantada en ese lugar, las corrientes y los quemazones seguían, no tenía la fuerza suficiente para caminar. ¿Cómo podía lograr hacer eso en mí? Busqué aliento y caminé hacia la clase, todo había pasado en un minuto, la profesora no llegaba aún. Tropecé 5 veces con maletines, estaba completamente mal, busqué una silla y me senté, ese había sido un Ángel, no podía haber sido una persona, era demasiado perfecto para serlo, su rostro nunca se borraría, mi piel se erizaba del solo recordarlo.

— ¡Bella! —me gritaba una voz que conocía, pero todavía mi cerebro no podía identificar—. ¡Despierta! —Había olvidado pestañear.

— ¿Si? —Miré hacia alrededor buscando de dónde provenía la voz, era a mi lado, Jessica, se había sentado en el lugar y no lo había notado, sinceramente estaba muy mal.

— ¿Viste un espanto o qué?

¿Espanto? Era un Ángel.

—Solo me distraje. —Volteé, no quería que la mentira se viera en mis ojos todavía deslumbrados.

—Sí, claro. —Rogué interiormente, no quería que me hiciese hablar—. Y yo soy Jennifer López —bromeó, no le respondí intentando que así el tema se acabara.

La profesora ya había entrado y el tablero estaba lleno de palabras que no podía comprender, suspiré.

— ¿Pasa algo? —preguntó Jessica, ¿tanto se notaría?

—Nada —dije duramente.

—Sí y créeme yo soy Jennifer López. —Estaba enojada, pero en este momento no era algo que me interesase.

El timbre sonó, ya había pasado una hora y no salía de mi mente, me asustaba lo que ese Ángel había hecho, ese Ángel era mi perdición... o ese diablo.

Y así transcurrió el día, la tarde se acercaba y apenas podía lograr borrar esa imagen perfecta de mi cabeza, me sentía cansada el timbre terminó de alegrar mi día. Por primera vez no me había molestado el resbaladizo piso -mi mente estaba en otra parte-, ni me despedí, solo encendí mi "lujoso" Chevy y me marché a casa, solamente ansiaba llegar y que mi cama me recibiese con brazos abiertos.

Abrí la puerta de mi casa y ahí descansaba mi madre en el sofá, no se había levantado del lugar. Preparé una taza de chocolate y entré a la ducha, recordando una vez más su rostro, me vestí con mi pijama más suave, ingerí mi taza de chocolate y entré a la cama. Rápidamente caí en un inmenso sueño, donde ni en este él desaparecía de mi mente.