¡Hola, perras!
¡Muchísimas gracias a Evenlight y a mi Blanquita!
Sois lo más majo del mundo. Que lo sepáis.
Os dedico el capítulo y seguiré publicando si os gusta :)
P.D: Elvi, para ti también va, venga...
Me vestí, me aseé y desayuné. Igual que todas las mañanas, con la ligera diferencia de que Tim Riggins y su camioneta estaban totalmente dispuestos a llevarme al instituto.
El chico había perdido la cabeza, no se le podía culpar.
Salí de casa y me acerqué al coche.
— No pienso subirme a tu coche.
— Tampoco está tan mal... Vale, lo recogeré todo.
— No, no es por eso. No voy a ir al instituto contigo. Yo ya he olvidado lo de ayer, espero que tú también lo hagas.
Y yo pretendía que alguien se creyese eso. Muy tonto tenía que ser Riggins para tragárselo.
Él cerró la boca. Le miré, parecía pensativo.
—Bueno, entonces tendrás que ir andando hasta el instituto.
No había caído en eso. Sin coche, sin ganas de caminar y con Riggins siguiéndome en su coche a la velocidad a la que yo andaba. Me giré y le miré.
Otra vez esa sonrisa. Tramposo.
Abrí la puerta de su camioneta y me senté en el asiento del copiloto.
— ¿Contento?
— Mucho.
Él se rió y yo le puse mala cara. Lo que borró cualquier signo de diversión de su rostro. Se acercó a mi, miró mis labios y me besó. Me negué a seguirle el juego y no moví los labios, aunque por dentro me moría de ganas. Riggins apoyó su mano en mi mejilla y me acercó más a su boca. Intenté separarme de él pero tenía mucha más fuerza que yo y no dejo que me moviese. Acabé abriendo los labios para dejar vía libre a su lengua.
Y otra vez la misma historia.
Mi mano estaba en su nuca y las suyas sostenían mi cara. Nuestras lenguas se juntaban y provocaban un calor ascendente por mi columna. Sentí su respiración contra mis pestañas y abrí los ojos. Sus preciosos ojos verdes estaba cerrados y su frente mostraba arrugas por la concentración.
—Como llegue tarde al instituto por tu culpa pienso vengarme.- susurré contra sus labios.
Él lanzó una carcajada contra mi boca que hizo temblar mis labios y provocarme cosquillas.
Reímos los dos y paramos de besarnos, descubriendo que lo que estábamos haciendo no estaba nada bien.
Resoplamos a la vez y él esbozó una sonrisa.
Con la respiración alterada y miles de ideas de como no hacer las cosas revoloteando por mi mente, miré a Riggins y le dije que continuase conduciendo.
No le dije nada sobre lo horrible que era este asunto ni lo mucho que detestaba que siempre acabásemos igual porque, entre otras cosas, sabía que volvería a pasar. Por mucho que me interpusiera ante el hecho sabía que se repetiría.
Yo anhelaba sentir sus cálidas manos y sus labios ansiosos y él echaba de menos una chica con la que enrollarse.
Pero cada vez que sus ojos verdes se encontraban con los míos me sentía como en una montaña rusa. Las emociones contenidas durante tanto tiempo fluían rápidamente por mi cuerpo. Hacían que me picasen los labios, que mi corazón latiese desbocado, que la piel me tirase y yo no fuese capaz de evitar que las mariposas volasen por mi estómago.
Y aquella mirada que estaba esperando llegó. Su rostro reflejaba dolor e impotencia.
Me pregunté si todo por lo que se apenaba Riggins era que yo fuese su único ligue fallido. Aunque estaba muy claro que así era.
Me reprendí mentalmente por provocarme ese tipo de tortura. Yo quería ser algo más que su rollo de una noche y él nunca querría nada parecido.
Estaba en un punto muerto.
Sabía que Riggins me haría daño pero no me importaba.
Maldito tramposo.
Llegamos al instituto después de diez minutos, nos despedimos sin hablar y cada uno fue por un camino distinto hasta, lamentablemente, la misma clase.
