Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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Capítulo 4.
Irina
Abrí la puerta de mi casa y ahí descansaba mi madre en el sofá, no se había levantado del lugar. Preparé una taza de chocolate y entré a la ducha, recordando una vez más su rostro, me vestí con mi pijama más suave, ingerí mi taza de chocolate y entré a la cama, rápidamente caí en un inmenso sueño, donde ni en este él desaparecía de mi mente.
Un tenue olor a comida despertó mis sentidos y ansiosa busqué de dónde provenía este delicioso olor… me asusté cuando noté que este se originaba en la cocina, ¿quién cocinaba?... Corrí anhelante hacia la cocina, y quedé perpleja cuando vi que era mi madre quien cocinaba, ¿el fin del mundo?... Pensé.
—Hijita de mi corazón. —Fingió una voz de dulzura y se acercó con los brazos abiertos… intentado propinarme un abrazo. Posteriormente besó mi mejilla. Fruncí el ceño.
— ¿Pasa algo? —Le miré fijamente, intentando no perder de vista ningún movimiento suyo… ¿Qué se traía entre manos?
—Nada —dijo en un tono exagerado, le conocía perfectamente—. Ah, ya sé… —Se hizo la desentendida—. Tu padre regresa... hoy mismo —me anunció sin dirigirme mirada alguna.
—Comprendo… —dije pensativa—, así que deseas parecer la mejor madre… fue fácil notarlo. —Le guiñé un ojo irónicamente y me dispuse a volver a mi cuarto. Suspiró derrotada.
—Espera —me ordenó, di un giro y le miré interrogante—. Viene con Irina. —Soltó de golpe, inmediatamente le fulminé con la mirada.
Huí del lugar temiendo que si seguía miles de blasfemias saldrían de mi boca… no me caracterizaba por utilizar malas palabras, pero era inevitable. Insulté mentalmente a la que se hacía llamar mi prima… la hermosa Irina, hice un gesto irónico.
Habían incontables sucesos por los cuales le odiaba, pero sin duda arruinar una "pequeña" parte de mi niñez era el más importante. Esta hablaba blasfemias de mí, comentaba que era una loca con inmensos problemas psicológicos y así poco a poco perdí a los que se hacían llamar mis amigos, entendí que a veces tú eres tu único amigo fiel. En el colegio solo la pequeña Ang se sentaba a mi lado… las dos guardábamos silencio no obstante disfrutábamos de él, a veces compartíamos una que otra galleta, pero siempre el silencio se mantenía. Cuando alguien pasaba a nuestro alrededor nos gritaban locas, fenómenos; tiempo después aprendí que ser diferente es un orgullo… una diferencia en este mundo común, desde ese momento Ang se volvió mi mejor amiga. Poco a poco los silencios desaparecían y juntas leíamos el inigualable "Drácula", en cambio mi prima y sus amigas pintaban sus uñas con colores neones, planchaban y rizaban sus cabellos, y guiñaban el ojo a uno que otro chico. La tristeza invadió a sus amigas cuando tiempo después esta les dijo que se iría a Alaska. Desde ese momento Jessica y Lauren se sientan con nosotras, en ese tiempo contaba con una corta edad… 13 años. No temía el que pudiese pasar algo con ellas, solo me daba repugnancia el tener que verle la cara.
Recogí mi cabello en una coleta alta y encendí mi ordenador… prontamente me llegaría la carta de 'Anónimo', esperaba esta anhelante, abrí mi correo y vi varios mensajes de Jessica… con preguntas como, ¿Irina vuelve?, ¿cuándo viene Irina?... ¿Cuándo saldremos con Irina?, el ver tantas veces su nombre empezó a darme jaqueca, borré inmediatamente todos estos y cuando me disponía a hablarle por el chat ella me habló primero.
JesikitaBonitaCool: Hooooooola! No puedo creerlo, Irina aquí, guau.
BellaSwan: Hola Jessica… sí vuelve.
JesikitaBonitaCool: Hay que hacer una fiesta!
BellaSwan: La harás tú… la verdad en este momento estoy ocupada. Adiós Jessica.
Sin esperar su respuesta me desconecté.
Inicié mi peculiar investigación vampírica, pensando así aprender algo nuevo… Vampiros mesopotámicos, a estos se les llamaba demonios. Me enojaba el hecho de que a este se le llamara demonio… Mi mente posiblemente irregular, se extrañaba de que el beber sangre te convirtiera en un ser maligno… acabamos con la vida de alguien, pero ¿quién dice que acabar con la vida de alguien es malo?... Dios -inevitablemente pensé-. Confundida por mi absurdo e irregular pensamiento lo abandoné. Y si todos fuéramos vampiros, pero solo algunos desarrolláramos ese don, como el cáncer, todos lo tenemos pero no todos lo desarrollamos. Puede ser un simple 'gen' que todos tengamos, no un virus, un 'gen' y así le pasó al primer vampiro, el cual se entusiasmó por beber sangre. Esta sangre con la partícula que iba creciendo ocasionaba el veneno, así cuando mordías a alguien y este pasaba el 'gen' se activaba, por decirlo así, y te convertía en un vampiro. Ansiosa deseaba comentarle mi nuevo pensamiento… o estaba al borde de una locura o estaba descubriendo algo. Después de repensar varias veces mi pensamiento reí a grandes carcajadas…*
Continué mi lectura… Lilith la primera esposa de Adán la cual subsistía con sangre (según las leyendas)… y si un humano con carencia de sangre, ingiere la de otro y esta hace estragos en su cuerpo… de esta puede nacer los poderes vampíricos.
Después de estudiar las teorías, noté que la noche se acercaba y sentí un inmenso deseo de ver el atardecer, pero con el precario sol de Forks era imposible que esto sucediese. Con los ojos débiles, apagados y el cuerpo cansado, decidí entrar a la cama, pero una inmensa bulla en el piso inferior me sorprendió y me hizo bajar inmediatamente. Una lágrima descendió por mi rostro cuando vi el hermoso rostro de mi padre. Del tercer escalón bajé al suelo haciéndome un pequeño daño, el cual en ese momento no me importaba, solo quería abrazar a mi padre, decirle que le había extrañado demasiado y así le hice… me aventuré hacia él y le abracé como nunca.
—Te… te extrañé demasiado —tartamudeé con profundas lágrimas en los ojos.
—Yo también mi pequeña. —Sus brazos recorrieron mi espalda y deseé estar ahí un rato más… me sentía una niña, no obstante no me avergonzaba.
Me separé y le dediqué una cálida sonrisa. En la parte de atrás estaba Irina… si no calculaba mal llevaba aproximadamente 8 maletas… pero ¿qué era esto?
Esta de una manera exagerada tiró sus maletas al suelo y corrió hacia mí, esto me pareció lo más ridículo del mundo. Cuando le vi llorar y decirme lo mucho que me había extrañado, simplemente me quedé perpleja al ver el acto… ¿estaría mal de la cabeza?
Al subir a mi cuarto esta me perseguía como perrito faldero, al lugar donde iba me seguía, algo que empezaba a hacerme enojar… necesitaba espacio.
—Creo que deberías acomodar tus maletas en el cuarto —le sugerí con un tono de voz inevitablemente frío.
—Claro. —Y dicho esto empezó a desempacar sus maletas en mi habitación, le miré sorprendida.
—Dormirás en la de huésped, ¿no?
—No me gusta dormir sola —repuso aniñada. Una gran carcajada salió de mi boca, cuando su rostro se tornó interrogativo noté que no bromeaba.
—Y a mí no me gusta dormir acompañada —le dije y sin más palabras empecé a llevar sus maletas al cuarto de huésped… El cual tristemente quedaba al lado de mi habitación.
Al terminar de pasar todas sus pertenencias intenté huir, pero esta me habló.
— ¿Aquí hay alcohol? —me consultó chillona.
—Sí. —Rodé los ojos—. ¿Para qué?
— ¿No sabías qué el alcohol hacía brillar el cabello? —Reí por lo bajo.
— ¿Quién te lo dijo? —le miré fijamente.
—Una gran amiga me lo recetó.
¿Alcohol para hacer brillar el cabello?… Esto sonaba a una venganza, no me interpondría en ella.
Irina pasó una hora en el baño. En ese momento leí armoniosamente "Drácula"… recordé a Anne Rice su forma de pensar se diferenciaba a la de Bram Stoker, siempre aseguré que habían varios tipos de vampiros, ¿por qué no?
Con miles de toallas en el cuerpo salió Irina y me miró graciosa… supongo que al ver lo que estaba leyendo.
— ¡No! —exclamó y puso sus manos en su boca como acto de sorpresa—. ¿Sigues enamorada de los vampiros? —Dicho esto soltó una carcajada.
No quería discutir y explicarle, así que optaría por decirle un simple… Sí.
—Sí.
—Yo pensé que habías madurado ya. —Suspiré y conté hasta diez mentalmente.
— ¿Tú ya maduraste? —Fruncí el ceño.
—Obvio —contestó confiando en si misma.
—El que asegura ser maduro… está siendo inmaduro al asegurarlo.
Su mirada fue fija y fulminante, le dolía que alguien ofendiese su madurez… que baja autoestima -pensé-.
Cansada de la interesante conversación seguí con mi lectura… tiempo después mis ojos me recordaron que debía dormir. Quedé perpleja al notar que Irina yacía en la esquina derecha de la habitación leyendo la revista 'Tú', simplemente la ignoré y me adentré en las sábanas… cerré mis ojos y tiempo después Morfeo me acobijó en sus brazos.
— ¡Bella, Bella! —Alguien me zarandeaba fuertemente… como odiaba que me despertasen así.
— ¿Si? —Abrí mis ojos, pero todavía mi vista no era nítida, segundos después noté que era Irina.
— ¿Has visto mis gafas de sol rojas? —me preguntó desesperada acomodando algunas pinzas de su cabello.
—Irina… aquí no hay sol y lo sabes.
—Pero… ¿dónde están?, búscalas —me gritó.
—Óyeme Irina… —Suspiré e intenté contar hasta diez, pero esta vez esto no sirvió—. Aquí estás en un tipo de vacaciones y en mi —asenté— casa no me gritas, ni me ordenas ¡NADA! ¿Entendiste?
—Pero ¿por qué me hablas así? —Corrió hacia la puerta de la habitación y varios sollozos se escucharon por el pasillo.
—Aghh —grité desesperada.
El sueño se había cambiado por enojo… no había comenzado de una manera linda mi día… Al mirar a la ventana una densa y gran capa de neblina tapaba todo el lugar… se sentía una pequeña llovizna. A cargar con inmensos sacos e impermeables -pensé-.
Sacudí mi cabeza y posteriormente entré a la ducha… Esta no duró mucho ya que el agua estaba realmente helada, me envolví en una toalla y fui hasta mi closet saqué unos jeans y una blusa negra de mangas, mostraba perfectamente que no era un lindo día para mi, unos zapatos deportivos y mi ropa estaba bien. Me vestí rápidamente, y metí en mi maleta mi bloc y lapiceros. Respecto a mi cabello me limité a peinarlo con mis manos sin importar el resultado. Bajé lentamente por las escaleras, me senté en el comedor con poca hambre y solo ingerí una tostada y una pequeña taza de jugo de naranja. Me despedí dulcemente de mis padres y al salir una voz me detuvo.
—Espérame que ya bajo —gritaron desde el segundo piso.
—Tranquila Irina, el bus ya viene por ti.
— ¿Qué? —gritó espantada mientras bajaba rápidamente las escaleras—. Voy contigo. —Suspiré.
—Claro, ven y montémonos en mi "lujoso" Chevy de último modelo —dije irónicamente, pero esta no había notado el tono de mi voz.
Cuando vi su rostro parecía que la hubiese atacado una crayola… estaba completamente pintada de una manera fugaz, estaba vestida como para un desfile de modas, todavía no notaba que estaba en algo parecido a un pueblo.
Su cara se convirtió en un poema al ver mi "lujoso" Chevy, reí por lo bajo y me adentré en el auto, a ella se le estaba mojando completamente su cabello, el cual se notaba que había planchado con mucha dedicación.
Abrió con asco la puerta del copiloto y se tapó la nariz, simplemente la omití e intenté pensar que era un día común y que nadie me acompañaba… algunas veces disfrutaba de la soledad.
Al llegar a la escuela la dejé atrás y simplemente busqué a mi amiga Angela y al verla recordé el rostro del hermoso Ángel… ¿Cómo me lo sacaría de la cabeza?
— ¡Amiga! —gritó desde el otro lado y corrió hacia mí con una alegre sonrisa, se acercó a mí para propinarme un abrazo—. No sabes quién estuvo ayer… —Su voz reflejaba alegría y una inmensa curiosidad me invadió —. Edward Cullen ayer visitó la preparatoria, aunque pocos tuvieron la posibilidad de verlo me lo describieron, ojos en tono dorado… —Sabía que Angela me estaba hablando, pero de un momento a otro no escuché nada, él… él era Edward Cullen—. ¿Bella estás ahí? —Golpeó suavemente mi cabeza... había olvidado parpadear.
