¡Hola, perras!
Muchísimas gracias por seguir ahí. Tengo que decir que sois un cielo.
Bueno, ¡Feliz Navidad!, ¡Feliz Año Nuevo si no os "vuelvo a ver"!, ¡Qué os lo paséis bien y tengáis unas Navidades estupendas!
Un abrazo y un beso y todo eso :)
P.D: Os amo. Así es.
Riggins se acercó hasta mí y abrió la lata de Cola que sostenía entre sus manos.
—Claire.
— ¿Sí?
— ¿Quieres?
Compartir la bebida. Yupiiii, habíamos vuelto a preescolar.
—Ummm...vale.
Nadie podía negar que la Cola del autoservicio del instituto estaba muy fría y sentaba muy bien a mitad de Mayo.
Di tres sorbos y se la devolví a Tim.
Él bebió y después de intercambiarla varias veces conmigo, estrujó la lata con las dos manos y la convirtió en un disco metálico.
Reí cuando él intentó encestar el amasijo en la papelera y este cayó a un lado, chocando contra las barras y tambaleando en el suelo.
Riggins resopló y yo me reí mucho más.
—Eres un desastre.- sentencié, entre carcajadas.
—Señorita Mi Coche Ha Muerto, ¿Puedes Llevarme?, no creo que sea la más adecuada para hablar sobre desastres.
Me reí por lo ingenioso que podía llegar a ser Riggins cuando se lo proponía.
—Tiene su punto, Señor Mira Cómo Encesto.- le dije, esbozando una sonrisa.
—No soy tan tonto cómo parece.- susurró, sin tener muy claro si lo afirmaba o lo decía por mera diversión.
—Oh, eso sí que es gracioso.- le contesté, revolviendo su sedoso pelo.
Él me miró de una manera extraña como si, una vez más, se debatiese entre la decepción o la indiferencia.
—No. Lo siento. Yo, por increíble e improbable que parezca, creo en ti. Agradécemelo, soy de las únicas que lo hacen.- le dije, mirando al frente y procurando no encontrarme con sus ojos verdes.
—Gracias. De verdad. Gracias.- esbozó una sonrisa dulce y tierna.
Cogió mi mano y la estrechó entre las suyas.
Estábamos en la cafetería del instituto, en la misma mesa, frente a frente.
— ¿Qué?-pregunté, mientras me comía una patata frita.
Él me miraba curioso, como si verme comer fuese lo más interesante del mundo.
—No, nada.- murmuró Riggins.
—Suéltalo.- apremié yo.
No me gustaban los secretos ni las frases a medias. Si quería decir algo ya podía ir largando.
—Me gusta verte comer. Eso es todo.- contestó el hombre que se acababa de convertir en un monstruo de tres cabezas y piel verde para mí.
—¿Cómo?, ¿tienes algún rollo raro con la comida?, ¿te sientes atraído hacia ella? Tío, háztelo mirar.- me burlé de él, pero no pretendía ser grosera y mucho menos tener aquel tonillo de asquerosa al hablar.
Me miró alzando las cejas, esperando una explicación o una disculpa.
—Vale, es verdad. Lo siento. Es que no es algo que me digan normalmente.- dije yo.
—Le pones empeño, ¿vale? Es sex...interesante verte comer.
— ¿Ibas a decir sexy?, ¿de verdad? Oh, sí, ahora lo entiendo todo. Te pongo cuando como.-remarqué la última frase.
—Te equivocas.-dijo él, tímido.
— ¿Ah, sí?
—Me gustas cuando comes.- deslizó las dos primeras palabras por sus labios, haciéndolas melosas e irresistibles.
Le miré y me mordí los labios.
—Te espero a la salida al lado de tu coche. No tardes.-sentencié.
Y me fui caminando lenta y cuidadosamente, para que me siguiese con la mirada y no tuviese escapatoria.
