Capítulo 6.
Inesperado
'Dejemos de creer en lo cierto y empecemos a creer en lo incierto'- Laura Camacho
En los días transcurridos, la tranquilidad era escasa la preparatoria estaba infestada de amor por Edward Cullen, la desesperación de querer decirle unas cuantas cosas a esas chicas me inundaba… todas tan superficiales.
Algo me decía que hoy no sería un buen día… acorralada y desesperada en el baño, intentaba bañarme rápidamente, el despertador se había descompuesto y en cinco minutos tendría que estar conduciendo hacia la escuela. Luego de la rápida ducha opté por ponerme una blusa roja, la cual mostraría perfectamente el carácter que tenía hoy, unos jeans oscuros y el primer par de zapatos que se me atravesara por la vista. Cogí el morral de forma bastante precipitada y bajé corriendo por los escalones, resbalando en el último de ellos, rápidamente me levanté limpiando mis codos.
Irina se encontraba impaciente en la puerta haciendo un sonoro y fastidioso ruido con el tacón. Esta me miró fijamente, enarcando una ceja. Me hice una coleta bastante mal y corrí hacia el carro. Sin pensarlo más encendí el carro y arranqué a todo lo que dio este, aunque era poco.
— ¡Te demoraste demasiado! —Me regañó bastante enojada. Estábamos creando una frágil amistad, que en cualquier momento podría romperse. En sí, en un momento como este. ¿No podía cerrar su boquita?
—Pudiste haber tomado el autobús —le dije secamente, con ánimos escasos. Rodo los ojos
— ¿Te podría pedir un favor? —Susurró temerosa y con la cabeza gacha. Suspiré.
— ¿Qué? —Le pregunté con la mejor voz que el momento me dio.
— ¿No te enojarás? —Preguntó vacilante mientras jugaba con sus manos.
—Habla ya —dije algo exasperada.
— ¿Me podrías dejar a la entrada? No quiero que él me vea bajar de este carro —Miro con gesto de asco y seguidamente me observo dudosa e internamente dije: No le digas nada… no le digas nada… es su vida.
—Claro —dije algo forzada hasta al punto que había sonado feliz. La verdad es que no me metería en su vida.
Al llegar a la escuela, ella hizo lo que me dijo e intente omitir cualquier tipo de emoción negativa, a la entrada había un grupo reunido, con mi aspecto adormilado me hice paso alrededor de ellas. Le daba muy poca importancia a la llegada de 'aquel'.
Entré al salón y este estaba muy poco habitado, saqué el libro 'Crónicas de una muerte anunciada' y me dispuse a leer. Segundos después alguien se ubicó a mi lado. Subí la mirada y en ese instante todo cambió y luego: el aura, el espacio, el aire; todo se tornó diferente por aquella insaciable mirada potente… la cual mis ojos tenían el placer de admirar. Dos penetrantes ojos dorados -que me tenían presa- eran completamente obsesivos y extraños. Luego de unos segundos una oleada de miedo me hizo estremecer ese, sentimiento que te dice que debes huir me invadió… pero no lo haría. De una manera extraña sus ojos se tornaron negros, enarqué una ceja y el miedo se hacía cada vez más potente, pero como dueña de mi cuerpo apagué ese oscuro sentimiento.
—Buenos días —saludó el profesor entrado a la aula y todo volvió a ser igual, de una manera extraña había sentido que estaba en otro lugar. Retiré mi mirada de sus ojos y miré al profesor, todavía curiosa por aquella sensación que había sentido al mirarle, sus ojos… ellos tenían algo extraño. Pero me sentí feliz al no dejarme apresar por el pánico—. ¿Y los estudiantes? —Preguntó mientras recorría con la mirada el lugar, seguidamente frunció el ceño extrañado.
—Esperan la famosa llegada del Sr. Cullen —dije con voz clara consciente de que él se ubicaba a mi lado, escuché una tenue risita a mi lado y le miré vacilante. Sus ojos estaban nuevamente de un armonioso color dorado, ahora su cara era adornada con una sonrisa, que permitía divisar sus brillantes dientes, sus cabellos extrañamente despeinados en un tono cobrizo, su nariz fina ¡Tenía la estatua del Adonis en persona! ¡Un Dios griego! Temiendo mi mirada me concentré nuevamente en mi lectura, no sin antes notar que el profesor no estaba ¿pero qué diablos hacía? Simplemente a su lado podía olvidar que existían los demás, éramos él y yo… nadie más.
—Soy Edward Cullen —se presentó con voz aterciopelada, fina y sumamente varonil. Me estremecí ante su cercana respiración.
—Ya lo sé —le dije intentando que mi voz sonara normal, pero los fuertes latidos de mi corazón no me lo permitían. Nuevamente rió ¿qué le causaba tanta risa?
—Es un buen libro, Bella —le miré confundida y enarqué una ceja, ¿cómo sabía mi nombre? —. ¿Qué tipo de libros te gusta leer? —Preguntó firme. Intentando desviar mis pensamientos, mi mente reorganizó ideas… vampiros. Por un momento temí dar una mala impresión, pero ¿qué importaba él? No diría ciencia ficción porque no los consideraba ficción… así que lo diría, respiré varias veces y abrí la boca pero fue un intento vano, no dije nada. Luego de razonar mentalmente pude decir algo.
—Vampiros —susurré bajo y le miré, tenía una expresión que no entendía, fruncí el ceño dudosa. Posiblemente me estaría clasificando como loca.
—Interesante tema —dijo con una sonrisa y mordí mi labio inferior, su sonrisa era malditamente sexy. Si antes estaba loca ahora sería algo terminal.
Recordé las palabras pensadas anteriormente y me sentí extraña, algo no andaba bien en mí. ¿Por qué él?, ¿qué me pasaba con él? Era igual a los demás, solo un humano más en este pequeño pueblo... posiblemente solo era el hecho de ser alguien nuevo.
En fila entraron los estudiantes restantes, la mayoría por lo visto habían aprovechado para escaparse. Apenas le vieron corrieron como perras en celo ante él… para desgracia de ellas inmediatamente las obligaron a sentar. En ese momento comenzó la clase de Economía, ya que era la primera vez que veíamos esta materia, se empezó con la explicación del área, temas del semestre y propuestas.
No era una clase de la cual por ahora requiriese de mi atención, así que decidí estudiar una a una las respuestas que le había enviado a Anónimo. ¡De cuándo acá mi opinión era importante!, creía que solo estaba para aprender a través de sus cartas y más sorprendente aún estaba el hecho de que todo fuera gratis. ¿Quién hacía eso?, y ¿por qué lo hacía? Ojalá respondiera a mi posdata…
*Flashback*
Después de la larga historia de Irina decidí bajar un poco las barreras ante ella. No tenía justificaciones en este momento para tratarle así, simplemente era una niña y no razonaba completamente sus actos.
Con las posibles respuestas en la mente, busqué en todos mis cajones una hoja hasta que encontré una, un lapicero de mi maletín y empezaría.
Hola:
La idea de una sola imagen de un vampiro nunca ha permanecido en mi mente, siempre albergaba la posibilidad de que hubiesen distintos tipos de vampiros -así como en nuestra raza es el color de piel- y luego la unión de estas diera un nuevo e idóneo vampiro. No me centro en la posibilidad de que haya un solo tipo de vampiro, no desacreditaría a las otras regiones que tienen un vampiro completamente distintos al que en otras se planta… sería algo injusto, todos deben tener su razón para creer en el vampiro que en su región se consagró. Más allá de esto supongo que tengo una posible idea de como fuese uno.
Describo un vampiro como un ser razonable que toma conciencia de sus actos, primeramente alguien negativo para una sociedad depende de lo que afecte a esta, piel fría y marmolada, gran olfato, rapidez, instinto. Le suprimo el hecho de convertirse en algún animal. El desvanecerse con el sol es algo que nunca ha tenido mi importancia, pero algo duro es difícil de desvanecerse, así que no apoyo esta cualidad pero no por esto pienso que sea falsa y por último, sí tendría contacto con un vampiro, no importa lo que este pueda ocasionarme, conocer su naturaleza y demás está dentro de mis anhelos.
Saludos.
PD: Porque el ser humano es sumamente curioso y quiere preguntar el por qué de todo, quiero saber… ¿Quién eres tú?
*Fin del Flashback*
El posdata podría haber sido más largo… ahora me arrepentía, tenía tantas dudas y curiosidades respecto a él que estaban al punto de volverse incontables. Todo tiene que tener su razón de ser y había una muy importante, ¿por qué yo? Simplemente era una persona más en este inmenso mundo lleno de misterios que muy pocos han querido resolver, simplemente por el hecho de ser un trabajo dispendioso, tristemente en ese momento salían a relucir las personas mediocres. Si la curiosidad existe debe ser para algo, no para dejar simplemente que te carcoma con dudas que a muchas personas les da pereza resolver.
—Señorita Swan —llamó el profesor sacándome violentamente de mis pensamientos, parpadeé varias veces.
— ¿Si? —Pregunté desubicada y recorriendo con la mirada el lugar, recordando en donde me encontraba.
— ¿En qué campos se divide la economía? —Preguntó con su mirada fija en la mía… temblé.
—Macroeconomía y microeconomía —dijo Edward suavemente cerca de mí oído en un sonido bajo pero profundo, cerciorándose que solo lo oyese yo en un despiste del profesor.
—Microeconomía y macroeconomía —le respondí intentando que mi voz sonase clara y creíble.
—Gracias —Murmure sutilmente.
Luego de la pregunta caí nuevamente en pensamientos, pero cuando sentía tener una idea clara él se aparecía en mis pensamientos, haciéndome olvidar lo ideado… hasta el punto que llegué a imaginarme entre sus brazos, sumergida en sus caricias que me brindaban emociones fantasiosas y… ¡cállate Bella! ¿Cómo era posible? Ahora más que nunca lo quería lejos, él no dañaría mi vivir.
Después de las supuestas horas de clase, decidí salir y caminar por los campos de la preparatoria. Varias porristas practicaban sus coreografías y eran alucinantes sus giros. El aire se llenó con una capa de calor que rápidamente hizo deslizar gotitas de sudor por mi rostro; al mirar al cielo, el sol no se hacía presente y el calor se estaba volviendo sofocante. En la tienda que se encontraba en los campos pude ver una heladería y como niña chiquita corrí hacia esta, vi el cartel y decía 'A $50'. Rebosante de alegría revisé rápidamente mi billetera ¡qué pobre estaba! Luego de revisar en varios bolsillos, noté que tenía lo justo para comprar uno ¡qué felicidad! Nunca había ansiado más un helado que en este momento.
— ¡Me vende uno! —Exclamé alegré ocasionando que la vendedora me mirara con cierta preocupación.
— ¿De qué sabor? —Preguntó enarcando una ceja, supongo que extrañada de mi actitud.
—Chocolate —le contesté sin pensar, desde pequeña siempre había sido y será mi sabor favorito.
— ¿En cono o vaso? —Formuló mientras abría el dispensador de helado.
—Mmm… cono —musité algo desesperada por lo mucho que se demoraba sacando una bolita de helado ¡qué ineficiente! Cuando más ansioso estás de algo… más tarda ¡la triste realidad!
Luego de un minuto, extendió su mano esperando a que le entregase la plata, luego de esto me entregó el helado y caminé hacia algunos herbajes con la intención de sentarme, pero al notar lo húmedo que se encontraban preferí quedarme parada. Al momento de querer probarlo, pasó algo que me hirvió el cerebro, con un mal movimiento la bola tristemente cayó al herbaje haciendo mala decoración con este… me quedé unos segundos con el cono en la mano pensando cómo debía reaccionar en el momento.
— ¿Quieres ir por otro? —susurró directamente en mi oído y me estremecí ante su voz aterciopelada, ante su contacto… ante su presencia.
Me volteé lentamente, como siempre sus ojos me atrajeron y se ganaron mi mayor atención, sin desacreditar otra parte de su perfecto cuerpo. Eran dos mares con una profundidad inmedible, ellos te atraían segundo a segundo, después de una difícil labor retiré mis ojos de los suyos. Ahora tendría que responder a su pregunta… ansiaba un helado y en este momento lo daría todo por uno.
—Está bien —tartamudeé e intenté sonreírle, nuevamente su risa apareció.
Una mujer corrió rápidamente hacia él, le propinó un fuerte abrazo su rostro era acompañado por una gran sonrisa… simplemente me sentí extraña y fruncí el ceño ante la situación.
Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
www facebook com / groups / betasffaddiction
Hola, aspiro que este capítulo haya sido de su gusto. Espero ansiosa sus Reviews que como saben motivan enormemente a una escritora para continuar… sin adelantar más ocurrirán sucesos muy importantes. Les mando un beso.
Su amiga Laura desde Colombia
