Capítulo 7.
Extraño
'Dejemos de creer en lo cierto y empecemos a creer en lo incierto' - Laura Camacho
Una mujer corrió rápidamente hacia él, le propinó un fuerte abrazo, su rostro se acompaño de una gran sonrisa… simplemente me sentí extraña y fruncí el ceño ante la situación. El abrazo duró lo suficiente para demostrar un gran cariño, un inmenso amor… diría yo. No lo pude evitar, en mi cabeza se empezaron a formular teorías de quién sería esa pequeña chica. ¿Su amiga? ¿Su mejor amiga? ¿Su novia? ¿Su esposa? O… ¿su amante? La chica me miró de una manera extraña y luego sonrió.
—Soy Alice… la hermana de Edward, Alice Cullen —concluyó mientras sonreía.
¿Cómo no notarlo? ¡Qué tonta, qué tonta! Tenía sus ojos ¡qué peliculera me había vuelto!
Sus ojos de ese dorado puro, tan profundos que al mirarle cada vez más me hacía sentir extraña. Todo era acompañado de una fuerza diferente, sensaciones que no podía identificar a su lado, acompañados de esas fuertes oleadas de temor, pero algo me unía ¿un poder? Era como si no debiera verlos, pero deseaba hacerlo, ¡qué extraño! muchos les miraban pero no sucedía esa conexión. A lo mejor era por una de las muchas tuercas que me faltaban. Deseaba dejarle de dar importancia pero algo me retenía, a su vez algo me alejaba.
—Bella Swan, un gusto —repuse con un hilo de voz algo apenada, ¿habría notado mi actitud? Extendí mi mano como gesto cordial pero ella lo omitió, lentamente devolví mi mano a su lugar y mi rostro se tiñó de ese común rojo… que supera el color de un tomate.
—Un gusto conocerte al fin Bella, debo irme ¡los veo luego! —Dijo emotiva y se acercó para darme un rápido abrazo, tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar, se volvió a él y le abrazó. Pude identificar la diferencia de mis reacciones, cuando sabía que era simplemente su hermana al momento en que pensaba que podía ser su esposa, ¡me volvía tonta! No detallaba las cosas como comúnmente lo hacía, seguidamente él le susurró algo corto, pero mi oído fue bastante malo.
Luego de la partida de Alice él se acercó solo unos centímetros, todavía había una distancia entre nosotros. Me sonrió de una manera supremamente encantadora que derretiría hasta el hielo… ¡hasta una piedra! Miré hacia otro lado mordiendo tenuemente mi labio inferior y esperando a que ese rojo de mis mejillas se desvaneciera, esa típica risilla nerviosa estaba apareciendo. Ahora era más difícil que un problema matemático saber qué me sucedía… con él.
— ¿Aún deseas el helado? —Me preguntó con esa voz característica de él, sacándome de mis pensamientos y nuevamente le miré apoyada en mi pie derecho. Esa conexión ahora no se me hacía tan fastidiosa –en sí no era fastidiosa– pero el sentir que simplemente lo olvidas todo y solo estás con aquella persona no era algo que desease… sentía una pena inmensa, rasqué mi cabeza e intenté con la mirada responderle, mi voz hubiera sonado bastante patosa—. Vale —rió enérgicamente—, no necesitaré respuesta.
La tiendita de helados estaba cerca, así que no era mucho lo que teníamos que caminar, algunas veces estudié su rostro, el cual se veía completamente pensativo. No era buena para empezar las pláticas, particularmente con la pena que traía, podría salir diciendo cualquier estupidez, pero no había de otra.
— ¿Hace cuánto llegaste a Forks? —Pregunté mientras miraba algunos arbustos, detallando esas gotitas de agua que caían sobre estos. En ese momento mis pies descoordinados se hicieron presentes, pisé en falso y me resbalé, todo acompañado de esa sensación que tienes en donde sales de tu cuerpo. No había sido nada, pero dos fuertes brazos me habían recibido y ¡estaban quemándome! Mi rostro mostró una rápida respuesta, una queja con un pequeño gemido de dolor. Todo había pasado rápidamente, pero había sentido una quemazón con su toque, era algo demasiado frío hasta al punto de que había llegado a quemarme… estaba helado.
—Hace dos semanas —respondió luego de unos segundos con voz contenida. A veces sus actitudes eran más que extrañas y las mías también.
Intenté omitir aquel acto por el momento, ya estábamos enfrente de la pequeña heladería, pero no podía ocultar que todo había sido demasiado raro… raro como él.
—Buenos días —saludó él a aquella vendedora de mediana edad que me había atendido hace unos minutos, los ojos de la vendedora hablaron por si solos, casi se salían de su lugar y esta bajó un poco su camisa.
—Pero muy buenos… —le dijo sobrepasada y casi jadeante, de una manera para nada sutil… se lo comía con la mirada, este le respondió con una pequeña risita—. ¿Qué desea? Hago de todo un poquito.
¡Pero qué regalada!, pensé.
—Solo deseo un helado para esta señorita —dijo dulcemente y me señaló sonriendo. No era de esperar que mis mejillas ardiesen, aunque por fin sentí que estaba ahí presente, la vendedora me miró detenidamente y me sentí bastante cohibida.
— ¿De qué sabor? —Preguntó sin interés, mirándome como poca cosa.
—Chocolate —le respondí clara, con una sonrisa—. Oye —miré a Edward—, y ¿tú acaso no vas a comer nada? —Pregunté bastante curiosa.
—No —se limitó a responder, había esperado algo más… un simple 'porque', pero se limitó a esa palabra de dos letras.
Luego de que este pagó y la señora me entregó el helado, nos dirigimos hacia aquellos herbajes donde habíamos estado antes.
— Gracias —Dije y este asintió.
— ¿Hace cuánto vives aquí? —Me preguntó intentado retomar la conversación.
Suspiré por la oleada de viento que había acabado de remover mi cabello por los aires, la expresión de su rostro fue… ¿de asco?
—Desde que tengo uso de razón —contesté terminando casi el helado—, ¿te molesta el viento?
Negó con la cabeza acercándose y acomodando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, solo le sonreí sonrojada. — ¿Qué te molesta?
—Todo, en un momento sencillamente todo me puede llegar a molestar —respondí bastante sincera para mi forma de ser. No acostumbraba a responder cosas de mí—. Qué raro el hecho de que hayan aceptado a una persona a mitad de año… no acostumbran a hacerlo.
— ¿Te molesta qué esté aquí? —Preguntó riendo, pero no, hasta el momento su compañía no estaba molestándome, siempre salía con las palabras 'tengo que irme'.
—No… ¿debería molestarme? —Le pregunté algo altanera, no había entendido la razón de su pregunta.
—Anhelo saberlo, pero tristemente eres imposible —expresó claramente esbozando una sonrisa y me fue inevitable reír, dedicándole una sonrisa.
— ¿Soy imposible? —Reí de nuevo a carcajadas y este asintió con una sonrisa tierna, brillante, única… solo de él—. Hace calor —dije algo sofocada mientras me ventilaba con las manos— y el sol ni se aparece —miré hacia arriba y me encontré con esa matutina neblina del pueblito de Forks en el cual vivía o bueno… intentaba hacerlo.
—Por las incontables causas globales —repuso deslizándose por el suelo y cayendo sentado en aquel césped, le seguí e inmediatamente me ubiqué a unos centímetros de él, terminando en ese momento aquél helado y tomándome mi tiempo para seguir la conversación.
—Eso no es novedad, pero nadie se preocupa por ese hecho —concluí. La respuesta era más que obvia, todos sabían del calentamiento global y otras causas globales que de una u otra forma terminarían dañando a los ocasionadores.
—Se interesan por otras situaciones… estas no las ven como prioridades —dijo claramente con el ceño fruncido, me pareció que esa expresión en él era más que adorable.
—No existe el interés de cambiar la situación —dije por fin, si existía el interés no se mostraba, poco a poco todo iba a ir decayendo.
—Aunque no lo creas, existe la lucha… —dijo— pero no el apoyo —fruncí el ceño ante lo dicho, a lo mejor sí tenía razón. Falta el apoyo, pero luego reí bajito.
—Espera… ¿estamos hablando de contaminación global? —Inquirí y reímos a carcajadas, por un momento callé y me concentré en su risa.
—Tal parece —respondió enfocando su mirada en mí, me sonrojé al sentirme intimidada y sacudí la cabeza, pero como era de esperar él rió.
El momento era bueno, agradable… la verdad no me podía quejar. No era como una plática con Mike de robots o con Ben del último video Juego o Jessica que solo sabía de farándula y Ángela… bueno, era la única con la cual había podido sostener una conversación sin sentir que iba a caer dormida del aburrimiento.
Pero como en todo buen momento llegaba algo que lo dañaba y eso… era el timbre.
—Ah —me quejé—. Cálculo —mascullé algo enojada por la asignatura que tenía que ver.
— ¿Tan mal está?
Está fatal, horrible, ¡es un infierno!
—Mucho peor —dije en un suspiro— debo irme —susurré. Sin decirle más me levanté y le sonreí tímidamente, este respondió con su sonrisa pícara. Caminé hacia la entrada y miré hacia donde se ubicaba y sí… seguía ahí ¿acaso no iría a clases?
Me dirigí lentamente hacia el infierno y al llegar ahí me ubiqué en el último puesto, solo pasaba por mi mente las palabras… Carta… Edward… Carta… Edward. El profesor entró y me dirigió una mirada ¿cerciorándose de qué estuviese en clase? Y desde ese momento empezó a hablar un idioma desconocido, concluí eso ya que no logré entender ni la mínima palabra.
Este hecho comenzaba a preocuparme, reprobaría Cálculo y no estaba haciendo nada para cambiarlo. No debía de ser tan difícil como me imaginaba, solo tenía que tener el interés, nada jamás se me había hecho insuperable.
Al final de la clase, no salí corriendo como era habitual… hoy no había sido capaz de responderle dos preguntas al profesor y en una semana había parcial, no estaba de ánimos.
—Ya sabe señorita Swan —le escuché decir al profesor mientras salía de aquel salón.
¿Ya sabía qué? ¿Qué reprobaría? Ah sí, lo había notado mucho… pensé.
—Hola… —saludó esa inconfundible voz y me estremecí — de nuevo —rió melodioso, le miré y este estaba recostado en la pared de la salida con su bella sonrisa, esa sonrisa que me estaba encantando o bueno ya me encantaba… ¿Me estaba esperando?
—Hola —le dije con expresiones apagadas y este pasó una mano por mi mejilla, pero solo duró un segundo… o menos que eso, inmediatamente él la retiró como si hubiera cometido lo peor.
—Tenías algo en la mejilla —se disculpó con voz confusa y su ceño profundamente fruncido, haciendo que su semblante se notase diferente.
—Esa excusa es muy vieja —susurré para mí misma sin pensar y no tardé en arrepentirme de lo dicho.
— ¿Qué? —Preguntó de golpe.
—Nada, nada… debo irme —hice un mohín con la mano en signo de despedida y empecé a caminar sin rumbo.
— ¿Te sucede algo? —Preguntó a mi lado ¡qué rápido me había alcanzado! Supuse que había caminado demasiado rápido, pero un ataque me entró e inmediatamente me reí como loca.
—Simplemente reprobaré Cálculo —dije sin importancia y seguí caminando como si él no estuviese ahí. Estaba caminando hacia un lugar donde no se encontraba mi carro y volví a reír.
—Y… ¿no te importa? —Preguntó confuso y pude notar nuevamente su ceño fruncido. ¿Le extrañaban mis actitudes? Bueno que se diera cuenta que jamás sería perfecta y que llegaba a ser… más que rara, algo que me encantaba, 'ser rara', no sé… era parte de mí.
—Pues —dudé—, creo que ya no hay nada que hacer —dije confusa y algo seria. La verdad me importaba pero ya era demasiado tarde para lograr pasarla y ya daba igual.
—Puedo ser un buen profesor —susurró y creo que luego de unos segundos se arrepintió, ya que su expresión era diferente, ¡qué difícil era entenderle!
— ¡Bella! —Gritó una voz detrás de mí, me volteé lentamente y pude notar a Irina corriendo hacia mí, como traía tacones se veía bastante chistosa—. Te estaba buscando —dijo seriamente mientras llegaba a mi lado—, ¿nos vamos ya?
Edward se aclaró la garganta y me devolví hacia él.
—Ah… —no supe responderle— puede que sí, puede que no —dije—. Adiós —me despedí y le dediqué una sonrisa, y pude notar en su rostro confusión.
— ¿Te veo luego? —Mordí mi labio inferior y asentí tímidamente.
Irina empezó a jalarme, así que retiré obligadamente la mirada de sus ojos y me dirigí hacia el carro, bastante asombrada por lo que había sucedido en el día. Estaba segura de que él era una buena persona y había algo en él que quería conocer. Había sido un día agradable… no lo negaría.
—Así que… ¿te gusta Cullen? —Inquirió Irina bastante confundida mientras me subía al coche, le miré y su rostro mostraba una pequeña preocupación—. ¿Te estás enamorando de él?
— ¿Qué? —Le pregunté algo anonadada por sus preguntas, ¿de qué diablos estaba hablando?
—Ah, está bien te traduciré: gustar es que dices 'podría tener una relación con el', enamorar sería como 'quiero tener una relación con él'. —Explicó, aunque no lo necesitaba sabía de que hablaba, pero no comprendía por qué hablaba de ello. ¿Qué le hacía suponer que me gustase?
—Pero qué diablos, sé de que hablas, y… no por favor ¡lo acabo de conocer! —Le dije extrañada en un tono alto.
—El destino es potente prima, ¡había algo en su mirada! ¿No sabes del amor a primera vista? —Guardé silencio—. Cómo si fuera difícil notarlo ¡tú temes enamorarte! —Declaró—, ¡pero te gusta, te gusta! —Canturreó.
—Ya Irina ¿si? —Rogué agobiada por sus palabras, no era algo que quisiera discutir o temía discutir, ya me daba igual.
—Vale, vale. Solo te digo que yo sé cuando alguien está enamorado o cuando comienza a hacerlo —rodé los ojos—. Mañana iré de compras con Selene, ¡intento cuadrarme con su hermano! ¿Conoces a Diego? —Negué con la cabeza sin desviar la vista del volante—, él no nos puede acompañar, ya que no se une a "plan de chicas".
—Machista —susurré por la actitud de aquel chico, ¿a mi prima le gustaba un chico así? De verdad que solo nos parecíamos un poco en el físico, pero en actitudes ¡jamás!
—Da igual —continuó—, ¡acompáñanos! Iremos al norte en Port Ángeles, hace una semana inauguraron un centro comercial y dicen que está genial. —Dijo feliz, podría asegurar que se mantendría siempre en aquél centro comercial, pero el plan de verdad que no iba conmigo.
—No creo que me guste mucho el plan.
—Bella, por favor, ¡hay que cambiar de ambiente! —Dijo en tono de suplica— ¿si, si? —Rogó, pero ¿qué tenía de bueno que fuera? Ah… ¿cómo no lo había notado? Si iba posiblemente mis padres la dejarían salir de Forks… bueno no debería de ser tan malo el plan, con algo me entretendría.
Suspiré. —Está bien —dije algo obligada, además también sería bueno cambiar de ambiente, mantenerme en una biblioteca y en mi casa no siempre es tan bueno.
— ¡Gracias, gracias! —Dijo demasiado contenta, hasta el punto que besó mi mejilla. Pude ver en sus ojos la ilusión que le hacía, ¡parecía una niña!
Llegamos a casa rápidamente y la verdad no tenía hambre. Así que decidí subir, pero en ese momento mi madre me frenó llamándome.
—Bella —llamó desde la cocina—, tienes correspondencia —dijo sutil y como era común esa gran sonrisa apareció en mis labios. Corrí hacia la cocina, donde pude observar el sobre que se encontraba en el mesón y nuevamente no tenía el sello.
Corrí hacia mi habitación, abrí el sobre de manila cuidadosamente y me dispuse a leer a 'Anónimo'.
Bella:
'Son inteligentes tus respuestas al no confiarse en una sola opción. Podemos encontrar dos formas de clasificar a los vampiros, por su sangre y su origen. Supongo que conoces algunos, pero es bueno recordarlos, hoy te hablaré solo de su origen.
Dhampir: Criatura mitológica perteneciente al folclore rumano. Mitad vampiro, mitad humano, se afirma que fueron engendrados por un padre vampiro y una madre humana, o viceversa. Suele ser un caza vampiros.
Incubus: Sin duda una de las formas más famosas de vampiros. El Incubus visita a mujeres en la noche para hacerse su amante y atormentar sus sueños. Él posee todas las características del vampiro, cada noche visita a sus víctimas, para así poder drenar la vida y la fuerza de sus cuerpos con el deseo sexual extremo.
Lamia: Se supo de Lamias en la Roma antigua y Grecia. Son vampiros hembras, que a menudo aparecían mitad humano, mitad animal (a menudo la parte baja era una serpiente). Comen la carne de sus víctimas disfrutándolo tanto como cuando beben sangre. Se puede matar a una Lamia usando armas normales.
Mormo: Es el último de nuestros vampiros griegos. Fiel sirviente y asistente de la terrible diosa Hécate. Al parecer eran pequeños seres repugnantes que disfrutan lacerando la piel de los durmientes y lamiendo la sangre que mana de las heridas. Se los ahuyenta pisándoles la sombra.
Nosferatu: es otro nombre para el vampiro original, que se llama también vampire o vampyre. Una etimología alternativa sugiere que el término proviene originalmente de los nosóforos griegos (νοσοφορος), es decir, de los agentes transmisores de enfermedades.
Strigoi: Este es el vampiro rumano. Strigoii es otro de los vampiros originales pero le gusta atacar en grupo. Se puede acabar con él poniendo ajo en su boca o quitándole el corazón.
Succubus: Es un demonio que toma la forma de una bella mujer para seducir a los hombres, introduciéndose en sus sueños y fantasías, para tener relaciones sexuales con ellos. Absorben así la energía del hombre para mantenerse y, a menudo, los enferman con distintas dolencias físicas y espirituales. Pueden incluso causar la muerte.'
Hay mezclas de muchos de estos, algunos han tomado las actitudes de un Humbanis.
Humbanis: Es un vampiro que intenta, parecer un humano en sus actitudes. Su procedencia es desconocida, ya qué saben esconderse. Se alimentan de sangre animal y esta les trae beneficios y maleficios como el encontrarse más débil que uno anterior, el sol no les daña, pero se esconden ante este ya qué incrusta pequeños diamantes en su piel, haciéndoles brillar.
Este es un pequeño resumen, no obstante hay incontables cualidades que no se conocen
Saludos.
PD: El humano es curioso, ¿pero cómo resuelve sus curiosidades? Investigando, así que ¡investiga!
Con la carta entre las manos, caí en un profundo sueño… sin comer, sin cambiarme y así desperté a la mañana siguiente, bastante confusa de donde me encontraba. Una gran hambre se hizo presente, así que me levanté de la cama para ducharme rápidamente ¡se había pasado demasiado rápido el día anterior! Al salir de la ducha recordé su posdata, ¿cómo investigaría quién era? eran interesantes sus orígenes, pero no sonaban ciertos. Guardé la carta en la caja donde comúnmente las guardaba, pero me desconcertó el verlas mal acomodadas por fechas y faltaba una… ¡faltaba la primera carta! Nadie abría ese cajón de mi cuarto. ¿Quién podía haberlo hecho? ¿Quién había entrado a mi cuarto? Irina no se atrevía a esculcarme y mi madre nunca entraba a mi cuarto, mi padre velaba la privacidad… ¿Quién, quién? Y rápidamente entró un recuerdo en mi mente.
*Flash back*
—Solo dejé algo muy importante en mi casa... ¿no deberías estar estudiando?
—Debería… ¿te podría ayudar? —Dijo Jake y le miré pensativa y acaricié mi mentón.
—Pues podrías entrar a mí casa y traerlo, solo que… ahí está mi madre.
—De eso no te preocupes entraré sin ruido —le sonreí—, ¿qué debo traer?
—Es una carta —estudié su rostro, pero seguía igual— debe estar en mi cama o debajo de ella —reí— ¿conoces exactamente dónde está mi cuarto?... ¿Cierto?
—Por supuesto Bella, tantas veces que hemos estado en esa habitación, esa habitación que siempre nos recibe con los brazos abiertos —dijo de manera jocosa haciéndome sonrojar.
— ¡OH! Jacob, ¡ni en tus sueños! —Dije en broma y segundos después mis mejillas se tiñeron de un tenue rojo, no obstante él rió a carcajadas.
*Fin del Flash back*
¡Por eso era su actitud! Cómo pude permitirle entrar a mi cuarto, ¡tenía que hablar con él! Pero aquel chico rebelde nunca iba a clases, tendría que ir a la reserva. Abrí mi armario y como siempre me vestí con lo primero que encontré, sequé con una toalla mi cabello, busqué mi maleta y con ella en las manos bajé rápidamente hacia el primer piso. De desayuno había panecillos y jugo de naranja, me los devoré como si no hubiese probado bocado hace mucho tiempo. Por primera vez Irina había bajado a tiempo, así que no tardamos en entrar a la preparatoria. A primera hora tenía Cálculo y había llegado 20 minutos más temprano, así que mientras leería un libro. Luego de ubicarme en mi puesto el profesor llegó y empezó a arreglar algunos papeles. Dejé de prestarle atención y comencé mi lectura.
—Señorita Swan —dijo el viejo, harto, molesto y demás que se hacía llamar profesor. Se encontraba inclinado en un asiento delante del mío, interrumpiendo mi lectura.
— ¿Si? —Pregunté secamente, con mirada aburrida.
—Ese libro no es de mi clase —dijo entre dientes y ¿qué le importaba? Podía leer lo que yo quisiese o ¿para eso pondría peros?
—No ha comenzado su clase todavía profesor. —Repuse fría, sus opiniones me daban igual… no sé algo se traía conmigo.
—Le advierto que pierda las esperanzas en ganar esta materia —dijo al fin con su mirada un poco desviada ¡que pervertido!
—Okay.
—Aunque si usted quiere yo le puedo ayudar —dijo con una sonrisita, que no pude interpretar. ¿Qué se traía entre manos?
—Ajá, y ¿cómo?
—Usted es una mujer muy hermosa y sé que nos podremos divertir demasiado —le interrumpí y sin pensarlo me levanté abruptamente, enterré mi mano en su cara, sin importar lo que le pasase a esta.
— ¡Basura! —Le grité ¡que asqueroso es ese viejo! ¡Que horror tener un profesor así!
Su expresión era bastante enojada y ¿qué me importaba? Se levantó e hizo algo inimaginable, que solo pensé que sucedía en novelas. Me arrinconó contra una pared con todas sus fuerzas e intento pasar sus asquerosas manos por mi cuerpo. Intenté soltarme del agarre de mis manos y empecé a pegarle cada vez más fuerte sin importar nada, pero este no reaccionaba, el temor empezó a aparecer y decidí gritar.
— ¡Auxilio, auxilio! —Grité con todo lo que mi voz dio, intentado dejar el temor.
—Cállate mocosa —gritó directamente en mi oído haciéndome aturdir.
Le pegué -en la parte donde más le dolería- y utilicé todas mis fuerzas para poder zafarme, tomando a mi favor el dolor que estaba sintiendo el asqueroso hombre, le di un codazo en su cara y alguien lo quitó de encima. Cerré los ojos de alivio y de la boca de mi 'salvador' salió un rugido casi animal, ocasionado que me estremeciera y me negara a abrir los ojos.
Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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¡Hola! Les traigo un nuevo capítulo, ya comienza lo bueno... el próximo capítulo será un POV. Narrador. Dejen sus comentarios ¡por favor! el fic tendrá otra vez cambio de nombre, para el próximo capítulo tendrá el nombre de: The Midnight of Fate (La fuerza del destino)
Su amiga Laura desde Colombia
