¡Hola, perras!

Que sepáis que explicarme en este capítulo ha sido como explicarme en un examen de Ciencias. No es imposible pero es muy improbable. Aún así, estoy bastante satisfecha con el resultado.

Ya que no os veo muy entusiasmadas con lo de proponer canciones, las tendré que proponer yo. Lo de siempre, si sabéis que canción es ponedlo en un comentario y si no lo sabéis lo diré yo en el siguiente capítulo.

Ala, yo creo que eso es todo por hoy.

¡Qué disfrutéis del capítulo!

P.D: Comentad que os ha parecido ;)


I'm looking for love this time

Sounding hopeful but it's making me cry

(Trying not to ask why)

Love is a mistery

Mr. Curiosity

—Sí, bueno... Eso creo.- dijo él.

—No sabía que ocurriría esto...-continué con mis pensamientos.

— ¿El qué?- dijo Riggins, aturdido.

—Que te enamorarías de mí. Pensaba que sería una más.- fijé la vista en el suelo y hablé siguiendo el hilo de mis cavilaciones.

—Claire...-susurró, dulcemente.

—No.-le corté.- No debía ser así.

—Entonces ¿cómo?- gritó él, nervioso.

—Tú debías besarme, encandilarme y luego dejarme. Era el orden de las cosas.

—Pues ya ves, no lo es.-contestó Riggins, comenzando a enfadarse.

—Lo tenía preparado, Tim. Yo lo tenía preparado. Me moría por tus huesos. Desde la primera vez que te vi. Y tú ni siquiera me habías mirado nunca. Pensé que podría odiarte de por vida si conseguía que hicieses lo mismo conmigo que con las otras chicas. Era fácil.- expliqué, en un borbotón de palabras.

— Lo del coche fue un accidente. Pero aún así sabía que algún día lo haría. Era mejor odiarte que saber que ni siquiera sabías que yo existía.

— ¡Basta!- gritó Riggins.- Jugabas conmigo. Yo pensaba que tú me querías y que me apoyabas, pensaba que sabías que era diferente.

—Y lo hacía y lo sigo haciendo. Compréndeme. Quería lo que no podía tener.- las lágrimas empezaron a brotar en mis ojos y se me formó un nudo en la garganta.

— ¿Y qué pasó cuándo me tuviste?

¿No se te ocurrió decírmelo antes?

—No sé lo que ocurrió, Tim. Sólo sé que me apetecía seguir estando contigo y que rogaba que no fueses como yo esperaba que fueras.- una lágrima se deslizó por mi mejilla y descansó en la comisura de mi boca.

— Pero no fui así. No soy así. No contigo. ¿Por qué no me lo dijiste antes?- imploró una vez más. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Una lágrima se asomó por sus pestañas.

—No lo sé.-contesté, titubeando.

Él no pudo aguantar más y dejo que fluyeran las lágrimas mientras me observaba con el rostro hecho añicos. Se giró, dándome la espalda, y clavó la mirada en la puerta de entrada.

Se dio la vuelta, me miró a los ojos y caminó hasta la puerta. Giró el pomo y se fue, dejando la puerta entreabierta.

Escuché unas pisadas en el exterior, una puerta cerrándose y el ronroneo de un motor poniéndose en marcha.

Después oí como las llantas avanzaban rápidamente por la carretera.

Varios ruidos se sucedieron, ruidos breves y apagados. Sucesos inconexos se vieron ahogados por mis lágrimas. Mi cerebro enviaba imágenes y palabras de un lado a otro.

Riggins no se lo merecía. Había sido tan estúpida al no contárselo, al dejar la responsabilidad a un lado.

Me di cuenta de que debía decirle que estaba enamorada de él y que quería apartar los antiguos sentimientos el día en el que me llevó al instituto.

Pero no fui capaz de decírselo, me sentía a salvo con él, me sentía bien. Y desconocía como se sentía él, pero di por sentado que quería lo mismo de mí que de cualquier otra.

Aunque había abandonado mi anterior propósito, conseguir que él se interesase por mí reavivo mis ganas de continuar con el plan.

Aquello se me iba de las manos y consideraba que era lo mejor que podía hacer. No pensaba que estuviese jugando con él pues creía que eso era lo que él hacía conmigo.

Pero no era así.

Me lo había demostrado esa misma tarde.

Me quería. No porque quisiese acostarse conmigo. Me quería y yo no entendía por qué.

Debía decírselo. Debía disculparme e implorarle. Le necesitaba. Más de lo que creía. Estaba más enamorada de él en ese instante que en cualquier otro momento de mi vida.

Tenía que encontrarle.

Me dolía pensar que no me aceptaría, que ya no me querría, pero por lo menos él sabría la verdad.

De repente, mi corazón se saltó un latido, el aliento se me quedó en el fondo de la garganta y sentí un fuerte golpe en el pecho.


El chirrido de unas llantas. Ruedas girando sobre sí mismas y frenando en seco.

La tranquilidad de la noche se vio quebrada por aquellos sonidos.

Cascotes que impactaban contra el suelo. Piezas metálicas que arañaron el asfalto.

Un fuerte estruendo y cristales rotos. Y después nada.

—Un cuerpo inmóvil yacía en la carretera. —