— ¡El sexo Bella, el sexo… así se comprueba! —dijo riendo y todos le miraron rogando que callara.
Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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Capítulo 12: El ángel que se cree demonio
POV Bella
Por un momento pensé que ese comentario había sido una imaginación propia, pero al ver las miradas asesinas que le lanzaban a Emmet noté que todo había sucedido. Sentí como lentamente me enrojecía, nunca había sentido tanta vergüenza.
Alice acudió a mi auxilio. —No hagas caso, Bella —dijo ella sonriéndome cariñosamente, ¡oh!, primer gesto amable que me dirigía, seguidamente me tomó del brazo y me sacó de aquel salón.
—Gracias —susurré con la mirada baja, sentía todavía mis mejillas arder, pero no podía esconder la curiosidad después de aquel comentario. ¿A qué se refería? —. Alice… —Me dirigió una mirada interrogativa, ella me había llevado a un amplio cuarto—. ¿Qué significa… lo que dijo Emmet? —dije por fin y ella rio tenuemente, al final sus labios se acompañaron de una sonrisa.
—Siéntate —dijo cálidamente, le obedecí rápidamente y me situé en el sillón que señalaba—. Ok… quieres que te lo explique —meditó—. Está bien, se dice que los vampiros se dan cuenta cuando alguien es un ángel, teniendo relaciones íntimas ya que un humano… no lo resistiría —dijo por fin—, pero eso no es válido… ahora, ya que cuando un ángel tiene algo íntimo con un vampiro, se quema… es muy puro.
—Pero… Edward...
—Sucederá cuando seas mayor de edad, Bella —me interrumpió Alice, adivinando mis palabras—, en ese momento Edward podrá tener contacto íntimo contigo —dijo fugazmente y enseguida me sonrojé.
— ¿A los vampiros qué les sucede… —Busqué las palabras correctas—... cuando tienen contacto con un ángel? —pregunté luego de unos segundos, empezaba a sentir un viento de confianza con Alice.
—Nada… absolutamente nada, por eso los ángeles no se enfrentan a los vampiros, los que en realidad lo hacen son… los licántropos, según los ángeles, ellos son sus enviados en la Tierra, supuestamente ellos se oponen a todo tipo de pelea, pero contradictoriamente apoyan la muerte de los vampiros.
— ¿Todos los vampiros son iguales… en su pensamiento? —inquirí
—No, absolutamente no, hay algunos que no tienen control sobre su pensamiento, los cuales no son completamente humanos y, a decir verdad, la mayoría solo buscan la muerte de su igual o de humanos, nosotros buscamos animales… no suelen ser iguales a los anteriores… pero ya que antes tuvimos vida humana se nos hace más fácil adaptarnos a ello.
Le sonreí, me estaba siendo de gran ayuda para entenderlo. Debía de repasar todos los escritos realizados por Carlisle y Edward, debían de tener pistas, había sido una completa ilusa, mi obsesión había segado la realidad, y ahora se me hacía difícil abrir los ojos.
—Y… si yo no soy ese ángel, creo que no pienso de lo más puro. —Reímos al unísono.
—De pronto tienes una concepción algo equivocada de un ángel, ellos pocas veces se equivocan, pero lo hacen, Edward te contó la predicción. —Asentí—. Hemos investigado tus raíces y a ti. —Me sentí cohibida—. Y eres la única persona que le llega el papel.
— ¿Hay más familias involucradas en esto? —le pregunté.
—Sí. —Rio graciosamente—. No creerás que somos los únicos vampiros en la faz de la Tierra —dijo sarcástica—, estamos repartidos por cada punto en el mundo.
—Alice… —iba a preguntarle, pero unos golpes en la puerta interrumpieron el momento, hasta al punto de olvidar qué iba a preguntarle, era Edward, sí… era la típica sensación que producía en mí, Alice se levantó rápidamente y se despidió con la mano guiñando un ojo.
Edward se acercó a mi lado e intenté rápidamente descifrar cuál era su estado de ánimo, pero cada vez era más confuso.
—Alice te explicó muchas cosas… —dijo e inmediatamente asentí, todavía no me miraba—. Tiene más tacto ella para decir las cosas, creo que no se me da tan bien. —Reí y por fin me miró, siempre sucedía rápido, caía rendida, nuestros labios se chocaron en una lenta y corta danza.
—Así que no podrás hacer esto… —dije mirando sus manos, su mano acariciaba mi cintura y me sentía estallar—. Sin haberme consagrado ya siento esa quemazón…
Su cuerpo empujó suavemente el mío y nuestros labios volvieron a unirse, me tenía acostada en el sofá ¡lo había hecho tan sencillo! Sonrió pícaramente, sus labios buscaban con desesperación los míos y yo no me podía negar, era imposible, la poca fuerza de voluntad que poseía se aplacaba fácilmente con su presencia, pero todo fue distinto, en un momento el aura cambió radicalmente, como el primer día que le vi, pero las emociones eran diferentes, sus labios acariciaban mi cuello e intenté rápidamente apagar la sensación de pánico. Todo había sucedido en pequeños segundos, su cuerpo ya no estaba encima del mío, se encontraba sentando, con una frívola expresión en el rostro. ¡Otra vez tenemos al Edward bipolar! Sonreí tristemente y me senté en el sofá, callando, a espera de que hablara.
—Por un momento sentí que iba a morderte —dijo en un leve susurro, tan frío que heló el ambiente.
— ¿Cuándo sucederá todo? —pregunté, aspirando que él entendiera.
—El día de tu cumpleaños.
Busqué rápidamente el calendario en aquel viejo aparato que tenía por nombre celular, vi 20 llamadas perdidas —una expresión triste llegó nuevamente a mi rostro— y un mensaje de voz. Busqué el calendario y me di cuenta que faltaban exactamente 15 días para esa fecha, opté por no escuchar el mensaje, tenía que hablar con Edward.
—Falta… falta muy poco, Edward, yo-yo —tartamudeé—, me siento confundida, he perdido horas de clase, la verdad no sé qué está sucediendo en la escuela ni con aquél señor que se hace llamar profesor, además, tengo un problema con mi madre y... —Suspiré—. Con Charlie —dije por fin, no volverá a ser llamado 'mi padre'—. No me siento… no creo ser la indicada, ¡yo no quiero decidir! —grité—. Siempre pensé que era fuerte, pero hoy me doy cuenta que siempre he sido una maldita débil, escondida en una máscara de infinita valentía —dije con lágrimas en los ojos, sentía una fuerte opresión en el pecho, tan fuerte que era dolorosa.
Y sentí una voz en mi mente que extrañamente me decía—: No te preocupes.
