Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo. La trama y los personajes originales son míos

Los flashback están marcados así.


8. Les malheurs et les ombres

(Las desgracias y las sombras)

"Cuando dos enemigos atacan de manera simultánea, sólo te puedes concentrar en uno. Y aunque elijas bien, siempre te arrepentirás de tu decisión"

Miranda Martínez León

Todos voltearon a ver quien había hablado y se encontraron con Kisuke Urahara, quien miraba a las tres mujeres bastante serio. Ichigo e Isshin dejaron a Rukia y Renji, al lado de Orihime, Chad y el novato del Doceavo Escuadrón.

― Oye, me robaste mi línea, pendejo ―se quejó Gerlstina, apuntándolo con su índice derecho.

― ¿Las hermanas qué? ―preguntó Ichigo.

Urahara avanzó hacia el centro del grupo: ― Las hermanas Mikoba ―repitió―, las peores madmalosielle que haya visto el mundo.

― ¿Las made qué? ―interrogó Uryu, ayudando a Nemu a caminar hacia ellos.

― Luego les explico ―dijo Urahara, sacando de sus ropas una botella de cristal, de cien mililitros y color ámbar, y se la pasó a Uryu―. Será mejor que uses esto, es una gota por ojo ―explicó, y se dirigió a Orihime y a Chad―, también ustedes deben usarlo.

Los jóvenes le hicieron caso a Urahara, y pusieron una gota de ese líquido, de color azul con rayas magenta, en cada ojo. Escocía bastante, pero después de algunos segundos la ardiente sensación desaparecía. Entonces, de manera paulatina, las tres hermanas Mikoba se dibujaron en la vista de los tres jóvenes humanos, quienes sólo los observaban.

Kihuoteoncho miró cómo los humanos las enfocaban: ― Oye che ―le susurró a Mirbertola―, parece que estos vivos ya pueden vernos.

― No importa, hermana ―murmuró la de la cimitarra―, nos vean o no, durarán muy poco ante nosotras.

Gerlstina, quien seguía observando a Urahara, lo miró más detalladamente: ― Yo también te recuerdo ―le señaló―. Hace ciento sesenta años estabas con este pelao ―apuntó su dedo índice derecho a Isshin― en el mismo pueblo al norte de Japón. Mira como has crecido, cabrón ―sonrió maliciosamente―. A ver si ahora si puedes esquivar las balas, huerco ―y preparó sus revólveres.

Todos estuvieron atentos a cómo se ponían a la ofensiva las hermanas Mikoba, así que Ichigo, Isshin, Urahara, Mayuri y el novato también alistaron sus zanpakutos, concentrándose para la pelea. Sin embargo, una pequeña alteración captó la atención de ambos Kurosaki y de Urahara.

Y es que esa alteración provenía de su hogar.


Karin estaba prácticamente dominada por aquellos seres, y no solo físicamente. Además de tener cuatro espadas contra su cuerpo, esa gente le producía a Karin algo que muy pocas veces había sentido en su vida, ya que un frío bastánte incómodo, podría decirse que intimidante, le recorría cada centímetro de su ser.

― ¿Qué hacemos con ella, Vasile? ―preguntó Doru, bajando su kilij para sustituirla con su mano derecha y tomarle el hombro izquierdo―. Luce bastante bien ―acercó su rostro al cuello de Karin y lo olfateó ruidosamente. La chica no pudo evitar reprimir un quejido―, y huele bastante bien ―acercó su boca a la oreja derecha de la pelinegra―. Eres bastante apetecible niña ―le susurró, intentando sonar algo seductor. Esto aterró un poco a Karin, ya que no quería verse ultrajada por aquella criatura.

Vasile apartó a Doru: ― No la asustes ―le regañó al de camisa a rayas―, no ves que puede hacer que venga alguien más. Además —tomó a Karin sin ningún cuidado por el cuello, logrando cortarle un poco la respiración― puede que la Demente se alegre de tener dos, ya sabes que es muy brusca con los ejemplares de sus experimentos ―sonrió maliciosamente y los demás le apoyaron con risillas silenciosas.

Mientras la suerte de Karin la decidían arriba, en la parte de abajo Yuzu estaba removiendo un poco el ramen. Ya casi estaba listo, sólo agunos minutos más.

― ¡Oye Karin! ―gritó Yuzu, sin mirar a la escalera― ¿Ya tienes mis cosas de costura? ―preguntó, sin apartar la vista de la pasta.

No hubo respuesta.

La chica terminó de remover el ramen: ― ¡Karin! ―volvió a llamar―. Ya trae mis cosas de costura… ―dijo, dándose la media vuelta y algo enfada al no obtener respuesta rápida.

Sin embargo, al voltearse, se paralizó. Agarrado del techo y de cabeza, la imagen de Kyuke ocupó la vista de Yuzu. El ser, al estar su rostro descubierto, la miraba con una sonrisa ligera, como si estuviera disfrutando el miedo que ella emanaba. Después se irguió y, como si el techo fuera el suelo, comenzó a caminar hacia Yuzu.

― ¿Qué tienes, niña? ―preguntó Kyuke, en tono burlón y acentuando más su sonrisa― ¿Qué acaso no habías visto a alguien como yo? ―río un poco―. Es extraño, porque sé que tú y tu familia siempre están rodeados de cosas raras, y no veo la razón para que no encaje allí.

A continuación, y para asustar más a Yuzu, desplegó sus alas y, con ayuda de éstas, bajó al piso, ocultando su rostro. La joven de pelo castaño sólo podía respirar agitadamente mientras Kyuke se acercaba más hacia ella.

Una vez a escasos treinta centímetros de ella, Kyuke estiró su mano derecha y tocó el rostro de Yuzu: ― Eres tan suave ―murmuró―, es una lástima cual va a ser tu destino ahora ―y desplegando sus alas en toda su extensión, procedió a envolver a la chica con ellas, dándole una especie de abrazo con el cual la joven tembló incontrolablemente y respiró rápidamente y fuera de ritmo. Kyuke fue conciente de esto y sonrió, abrazando más fuerte a Yuzu con sus alas, logrando que se alterara hasta que hubo un punto en que la chica no pudo controlar su respiración ni sus temblores.

Así, Yuzu cayó desmayada al suelo, golpeándose la cabeza. Kyuke tosió un poco y, de su pantalón deportivo, extrajo un saco grande de color pardo. Tomó a Yuzu del pelo con su ala izquierda y, sosteniendo el saco, la colocó dentro y subió a la planta alta de la casa a reunirse con los demás.


La presencia de Yuzu había desaparecido, y la de Karin se sentía deseperada. Ichigo, sin pensarlo, estaba listo para partir. A punto de usar shunpo, una fuerza externa lo detuvo.

― Ichigo ―llamó Urahara, tomándolo del hombro―. No vayas, deja que tu padre parta, pero por nada del mundo vayas a tu casa.

El joven de pelo naranja lo miró atónito: ― ¡Pero que sandeces dices, Urahara! ―exclamó― ¡Son mis hermanas! ¡Las debo proteger!

Pero Rey ―la áspera voz de su Hueco habló― debes hacerle caso, ¿acaso no recuerdas lo de las sombras los últimos días? ― preguntó.

Ichigo ignoró al Hueco, pero Urahara tomó la palabra: ― Pero no debes ir, Ichigo. Es demasiado peligroso para ti y ―bajó la voz― para todos nosotros.

― ¡No importa, iré! ―dijo el joven de pelo naranja, con determinación y seguridad.

¡Rey, no seas necio! ―le reclamó su Hueco―. No vayas a caer en la idiotez de ir con tus hermanas.

― Ichigo ―la voz de su padre lo distrajo―, yo iré, tú quédate ―le ordenó y se acercó para tomarlo del hombro derecho―. Cuídate ―y desapareció con ayuda del shunpo.

El joven de pelo naranja se quedó mirando por un momento, al igual que Urahara, hasta que el chocar de dos metales lo trajo de vuelta a la situación actual, ya que Mayuri apenas pudo detener con su zanpakuto el ataque de Mibértola. Eso los puso en alerta máxima de nuevo, pero no le sirvió de mucho, debido a que Gerlstina le asestó un fuerte puñetazo a Ichigo en la quijada, mientras que Kisuke, descubriendo rápidamente a Benihime, comenzó a batirse con Kihuoteoncho.

Ichigo se incorporó lo más rápidamente que pudo, pero se sintió un poco mareado. Aun siendo uno de los más poderosos segadores, un golpe en la mandíbula es capaz de desequilibrar a cualquiera. Empuñando a Zangetsu, intentó enfocar su objetivo, sin embargo, lo que observó fue a Mayuri y a Urahara en sus respectivas peleas

Otro puñetazo, esta vez en su sien derecha lo tomó por sorpresa, haciéndolo caer nuevamente al piso. Ahora, su cabeza vibraba debido al dolor conjunto de lo dos golpes que había recibido. Lentamente, volvió a incorporarse, encontrándose con su contrincante cruzada de brazos y sonriéndole de manera burlona.

― ¿Qué pasa, huerco? ¿Estás muy lento, no? ―preguntó Gerlstina, mofándose del joven. Ichigo soltó un bufido de disgusto y volvió a empuñar a Zangetsu. Al ver al chico prepararse, la de pelo rosa soltó una carcajada―. Vaya, si que eres resistente para los chingadazos. Ahora ―desenfundó su revólver derecho― veamos si puedes bailar al son de las balas, morro ― y le disparó a los pies.

Gracias al shumpo esquivó la bala, colocándose un poco a la izquierda de donde había estado, pero aun así la mujer no le dio un respiro, ya que otras seis descargas hicieron que Ichigo cambiara de sitio con el shumpo varias veces. Cuando se detuvo, giró a Zangetsu hacia la izquierda, por acción del instinto, deteniendo el puñetazo de Gerlstina con el filo de la zanpakuto.


Kyuke llegó hasta la planta de arriba, cargando a Yuzu ¿Quién iba a pensar que sería tan fácil capturarla? Río ante su éxito, ya que fue algo pesimista en planear la captura de la chica.

Pero al doblar el pasillo, algo lo tomó por sorpresa, ya que alguien pasó corriendo a su lado, provocando que dejara caer a Yuzu. Apenas iba a fijarse en quien lo había tirado cuando la figura de Vasile apareció, caminando rápidamente. Esto hizo que comenzara a temblar ligeramente, debido a los nervios.

― ¿A dónde vas, niña? ―exclamó el robusto pelirrojo. Y en lugar de bajar las escaleras, le dio un puñetazo a la pared de enfrente, derrumbándola. Allí tuvo una vista de la sala, donde Karin yacía en el suelo, debido a los escombros que le cayeron encima.

Kyuke y los demás se reunieron con Vasile, quien se había abalanzado sobre Karin y la tenía firmemente sujeta del cuello con su mano izquierda, al punto de estar asfixiándola.

El de pelo verde se acercó a Vasile y dejó a Yuzu en el piso: ― Espera, la vas a matar si sigues apretándola de esa manera ―dijo, colocando su mano derecha en el brazo que sostenía a Karin.

Vasile bufó molesto: ― Esta niña me mordió ―se quejó, sin mirar a Kyuke―. Así aprenderá a no portarse mal ―y apretó más el cuello de Karin, quien comenzó a jadear.

― ¡Vasile, espera! ―le advirtió Kyuke, con un tono algo preocupado―. No la vayas a matar, ¿sabes que nos puedes meter en problemas?

― ¿Ah, si? ¿Con quién? ―preguntó el pelirrojo, burlón y desafiante al mismo tiempo.

― Conmigo ―respondió una voz, proveniente del agujero que había hecho Vasile en la pared.

Todos voltearon hacia el hueco en la pared. Allí, Isshin miraba a todos de manera analítica, pero con un deje de furia. Al verlo de esa manera los seres retrocedieron un poco, pero Kyuke se adelantó varios pasos, quedando a medio metro de Isshin.

― Capitán Shiba ―saludó, haciendo una exagerada reverencia―, hace mucho que no nos vemos, desde el incidente en el hospital Kotobuki ¿verdad?―soltó una fría risa―. Dígame, ¿le ha ido bien en los últimos ochenta y cuatro años? ―preguntó, entre burlón y educado.

Isshin empuñó a Egetsu: ― Kyuke Kageakumu ―dijo―, esta vez no te saldrás con la tuya, y menos con mis hijas ―y tomó posición ofensiva.

Detrás de la cortina de pelo verde, Kyuke esbozó una sonrisa. Se colocó en posición de ataque, con las piernas separadas, agachado pero con su oculta vista enfocando al segador, su mano izquierda apoyada en el suelo y su mano derecha detrás de él. En torno a la extremidad derecha, las sombras de los muebles y del mismo Isshin comenzaron a arremolinarse, formando una vara metálica de dos metros de largo, rematada en una de sus puntas con un garfio muy grande.

Kyuke se abalanzó sobre Isshin. El segador pudo bloquearlo, empujándolo hacia atrás y propinándole un revés al ser, pero éste, con la ayuda de su garfio, pudo atajar la espada e intentó quitársela de las manos. Isshin intentaba no ceder, debido a que la última vez que se enfrentaron él no salió muy bien parado y Egetsu fue el instrumento de una sanguinaria tarea.


Gerlstina soltó una risa, mientras Zangetsu se encajaba más en su puño: ― Vaya, vaya, vaya. Mira que si eres hábil, morro, no como aquellos segadores de hace ciento sesenta años ―empujó la zanpakuto hacia Ichigo con fuerza―. El güerito aquel ―miró a Urahara, quien atacó a Kihuoteoncho con una cuchillada, pero no logró darle, ya que repentinamente apareció a espaldas del sombrero― y el cabrón que acaba de irse eran un par de pendejos. No te imaginas lo inútiles que se veían luchando.

Ichigo cargó contra la mujer de pelo rosa, pero ésta pudo detener la poderosa zanpakuto con su antebrazo izquierdo: ― ¿A qué te refieres con que mi padre era inútil? ―preguntó, imprimiendo más fuerza en Zangetsu, clavándola unos centímetros más en la piel de Gerlstina― ¿Qué le hiciste?

La de aspecto vaquero volvió a empujar la espada hacia el joven de pelo naranja: ― ¿El güerito es tu padre? ―preguntó señalando a Urahara, sorprendida y enarcando una ceja.

Ichigo también puso una cara de sorpresa: ― ¡Qué! ―exclamó, algo indignado― Urahara no es mi padre ―recobró su postura de batalla―. Es el hombre que se acaba de ir.

Gerlstina se encogió de hombros: ― Ah, mira tú. Bueno, pero no importa. Los dos fueron un par de idiotas ―preparó sus revólveres e Ichigo, al verla, también se anticipó a sus movimientos.

― ¿Por qué dices eso? ―preguntó enfadado Ichigo. Pero la mujer desapareció, poniendo al joven de cabello naranja en un serio aprieto, debido a que no podía sentir su presión espiritual.

Pero el presto disparo de un revólver a su costado derecho lo hizo reaccionar, dando un salto a la izquierda. Sin embargo, esto no lo salvó de una potente patada en el abdomen, sacándole el aire y dejándolo sin aliento, provocando que se agachara.

― ¿Qué por qué digo eso? ―interrogó Gerlstina, burlona. Se alejó un par de pasos―. Después escucharás el porque. Es una buena historia, donde también involucra a aquella chaparrita con ojos de tecolote(1) ―señaló hacia atrás de Ichigo, y éste enfocó su vista en Rukia, que ya era atendida por Orihime, junto a Renji y Nemu, mientras que Uryu, Chad y el novato defendían a la chica de pelo naranja de Mibértola, quien luchaba con Mayuri y de vez en cuando intentaba asestarle un golpe a Orihime, pero era atajada por los defensores de manera oportuna.


Mayuri comenzaba a sentir enojo con su pelea, ya estaba tardando demasiado, pero a la vez comenzó a ver a su contrincante de vestido victoriano como un objeto más de investigación, al igual que sus anteriores rivales. Era demasiado rápida para ser segadora, pero tenía habilidades muy buenas en esgrima como para equipararla con una, sin embargo había algo muy raro en ella, y no era que atacara a dos objetivos a la vez, sino a algo que había notado desde que se presentaron.

La mujer no emanaba ningún tipo de presión espiritual.

El científico, una vez más y de forma oportuna, paró una cuchillada de Mibértola: ― Vaya, si que eres interesante ―dijo, deshaciendo el cruce de espadas. La mujer dio un salto hacia atrás―, ¿no te interesaría formar parte de una investigación? ―preguntó, haciendo ademanes con ambas manos.

Mibértola arqueó una ceja: ― ¿A qué os referís? ―cuestionó, sin bajar la guardia.

Mayuri sonrió: ― Sólo tienes que dejar que te diseccione un poco y algunas pruebas algo rigurosas ―respondió, encogiéndose de hombros, pero atento a los movimientos de la mujer.

La pelinegra soltó una suave pero burlona risa: ― Lo siento, tengo que decir que no es posible ―comentó y cargó contra el científico. Éste pudo volver a retenerla―. Hace ciento sesenta años querían capturarnos, pero ―imprimió más fuerza a su cimitarra― no pudieron con nosotras. Somos demasiao para vosotros ―añadió en son de burla, y, como en su pelea con Rukia, le clavó el tacón de su pie izquierdo en el pie derecho del investigador.

El enojo de Mayuri estaba al límite, y fue más lejos con ese pequeño golpe traicionero ¿Qué se creía esa mujer al creerse superior a él? ¿A un capitán? Era demasiado soportar esa clase de arrogancia.

― ¡Ya fue suficiente! ―exclamó, irritado― ¡Desgarra, Ashisogi Jizo! ―e invocó el shikai.


Urahara bloqueó una vez más un ataque de Kihuoteoncho. La mujer de kimono pardo era bastante rápida con la katana. Una cuchillada, luego un revés, después un corte diagonal y otro vertical, seguidas de tres estocadas, todos fueron interceptados por Benihime en un lapso de segundos. Después del breve, pero formidable ataque, ambos dieron un salto hacia atrás.

― Has mejorado mucho, che ―dijo Kihuoteoncho, soltando la mano derecha de la katana―. Ya no sos el mismo pibe que hace ciento sesenta años, ahora tenés más fuerza y velocidad. Pero —alzó su dedo índice derecho― no creas que eso te bastará, aun te falta mucho para que vos intentés cortarme —sonrió de manera burlona.

Urahara, al parecer, no hizo caso del último comentario. Alzó a Benihime y colocó el lado sin filo en su palma izquierda, que daba al frente: ― Hado número 32: Okasen ―invocó.

Un poderoso rayo de energía amarilla salió disparado a buena velocidad hacia Kihuoteoncho. Ésta, sin embargo no se apartó de la trayectoria del Kido. Esperó hasta que la energía se acercó lo suficiente, empuñó su katana con la mano izquierda y sonrió.

Urahara vio como la mujer de pelo lila atacaba el Hado con un corte diagonal. Pero también pudo admirar como, con discreto asombro, en lugar de impactarse contra la fémina o deshacerse, el Kido cambiaba de trayectoria, regresando hacia la persona que lo había invocado. También pudo percibir que había adquirido algo de fuerza y velocidad.

El hombre del sombrero, con ayuda del shunpo, se apartó de la trayectoria de Okasen, apareciendo a la derecha. El Hado finalmente fue a estrellarse contra una cerca de setos, incendiándolos. Antes de darse cuenta dónde estaba su contrincante, un agudísimo dolor en sus talones se hizo presente y la fuerza en sus pies comenzó a menguar, por lo que no le quedó de otra que apoyarse con la rodilla izquierda en el suelo, aun cuando el dolor era más tremendo.

Kihuoteoncho apareció enfrente de él, justo a escasos centímetros, con una pequeña sonrisa burlona: ― Yo también he aprendido algunos trucos, hincha del Banfield(2) ―dijo, y soltó una risa―. Creo esta escena ya la habías hecho antes ¿la recordás? ―preguntó, sonriendo.

Urahara bajó la mirada. La mujer tenía bastante razón, se encontraba en el mismo estado vergonzoso que hace ciento sesenta años. Y lo peor de todo, que en ese tiempo, al estar así, por su culpa dos personas que había empeñado en proteger, habían perecido en manos de las perversas hermanas Mikoba.


Orihime estaba haciendo el máximo esfuerzo por sanar las heridas de sus amigos. Desde que pudo ver a las hermanas Mikoba, gracias a las gotas, no había dejado de pensar de lo que serían capaces esas mujeres, al ver las heridas de Rukia, Renji y Nemu, que extrañamente comenzaban a supurar un líquido blanquecino y espeso, semejante al queso cottage. Afortunadamente, gracias a su poder de rechazo había curado a los tres tenientes a tiempo, cerrando y "limpiando" sus heridas de esa extraña sustancia.

Si a los segadores les hacían eso, no quería imaginar de qué serían capaces de hacer con un simple humano.

Chad y Uryu contemplaron el trabajo de Orihime, los tres segadores lucían recuperados de esos cortes. Pero también pudieron contemplar como estaban decididos volver a la pelea, por lo que ellos tampoco iban a quedarse atrás

― Esperen ―dijo el novato, interponiéndose entre ellos y las peleas.

― ¿Qué ocurre? ―le preguntó Uryu.

― No deben ir ―respondió el joven segador, intentando sonar autoritario―. No sería buena idea, mi capitán me ordenó que no interrumpamos hasta que haya capturado lo que fuere que estuviera dando problemas.

Rukia miró hacia donde estaba Ichigo, quien tenía a Zangestu trabada con el antebrazo izquierdo de Gerlstina: ― ¿Pero qué no ves que necesitan ayuda? ―preguntó, señalando hacia la pelea del joven de cabello naranja, quien recibía otra patada de la mujer de aspecto vaquero, esta vez de lleno en el rostro.

El novato miró hacia donde estaba Ichigo, y luego a Mayuri, que estaba chocando su shikai con la cimitarra de Mibértola innumerables veces: ―. Sí, pero confío en sus habilidades ―dijo, con algo de seguridad―. Además…

― Además, ¿qué? ―interrumpió Renji, algo desesperado― ¿Piensas que le vamos a hacer caso al demente de tu capitán? ¿Crees qué ahora importan los intereses del Doceavo Escuadrón?

El novato no sabía que responder. Si bien su capitán le dejó claro que no debían interferir en caso de que la cosa se pusiera fea, a menos que le gustara ser objeto de crueles castigos, su ética también le decía que debían interferir, pues poco a poco las cosas no estaban pintando bien para su capitán, Urahara e Ichigo.

― Tranquilo, Renji. No ves que la pusiste nervioso ―dijo una voz detrás de ellos. Todos voltearon para ver a la teniente Rangiku Matsumoto, junto a Shuuhei Hisagi, Izuru Kira e Ikkaku Madarame.


La medianoche se cernía en la ciudad de Tokio. Al claro de la luna llena, las calles lucían vacías, sólo con algunas sombras deformes proyectadas por los árboles, dando un aspecto tétrico. En lo alto de un edificio de condominios, el joven capitán Isshin Shiba vigilaba la ciudad con una mirada seria.

En los últimos días, en la Sociedad de Almas, estaban apareciendo demasiados niños por el Rukongai. Aunque la mayoría de los habitantes coincidía con un crecimiento demográfico, algunos sospechaban que algo andaba mal en el Mundo de los Vivos. Por eso, a veces atosigaban a los segadores en las calles de que deberían echar una mirada para ver que es lo que causaba tanta aparición de infantes.

Así que el Seireitei se dedicó a investigar el motivo de la aparición de los niños y llegó a una horrible conclusión: una oleada de asesinatos infantiles estaba teniendo lugar en el Mundo de los Vivos.

Varios Escuadrones enviaron gente al Mundo de los Vivos para ver quien o que estaba produciendo estas muertes. Todos obtuvieron un éxito relativo, ya que encontraron a las personas responsables. Sin embargo, ellos no tenían la culpa, pues los segadores habían observado una mirada hueca en cada humano que había hecho los asesinatos, indicándoles algo anormal.

Con ayuda de saltos, llegó a un edificio de pocos pisos de altura, unos cuatro, pero ocupaba un área bastante considerable. De color blanco, con amplias ventanas en su parte frontal y pequeñas a los lados con jardineras, amplios jardines con coníferas, bambués, nogales y cerezos en los cuales había instalados juegos infantiles y un pequeño estanque donde las pálidas y brillantes siluetas de los peces koi reflejaban la luz de la luna.

Isshin se acercó a una de las paredes del edificio. En ésta, con grandes y brillantes caracteres rojos, se podía leer "Hospital Infantil Kotobuki".

El hombre sonrió un poco. El ambiente era perfecto para los niños en pleno crecimiento. Sin embargo, ese encantador paisaje no era el principal motivo por el que estaba allí. Según reportes de los corresponsales en el Mundo de los Vivos, ese lugar estaba siendo sede de una serie de asesinatos infantiles. Todo lo que pudieron reunir los informantes fue que una mujer, de nombre Miyuki Ishikawa, estaba cometiendo los actos.

El segador se asomó más por la pared del edificio, y se sentó a esperar. A los pocos minutos de haber tomado asiento oyó la puerta de atrás abrirse. De inmediato se incorporó y fue a ver quier era.

Gracias al claro de luna, pudo ver a una persona que caminaba despacio hacia un cerezo y llevaba algo entre sus brazos. Debido a la vista, no podía distinguir si era hombre o mujer, así que fue bajando poco a poco, apoyándose en las jardineras de las ventanas. Cuando tocó el suelo, la figura estaba dejando lo que tenía en sus brazos y emprendía su regreso al hospital, así que el segador se escondió detrás de un pino.

Isshin reconoció a la figura. Era Miyuki Ishikawa, sin embargo algo no andaba en orden. Los informantes le habían dicho que ella era una persona bastante alegre y buena con los niños. La mujer que Isshin tenía enfrente no mostraba algún rasgo de felicidad, ya que su rostro tenía un semblante extremadamente serio y su mirada estaba hueca, sin emoción alguna. Miyuki se adentró en el hospital, e Isshin salió de su escondite, para ver qué había dejado la mujer al pie del cerezo.

Al llegar al árbol, pudo contemplar lo que Miyuki había dejado en el árbol. Era un bulto. Isshin se acercó para apreciarlo más y se sorprendió. Envuelto en una sábana marrón, estaba el cadáver de un niño, de apenas semanas de nacido. Al retirar un poco las sábanas pudo notar que su carita se hallaba desfigurada debido al sufrimiento que pasó antes de que le quitaran la vida. Pero antes de seguir contemplando mejor al niño, dos golpecitos en su hombro derecho lo sacaron de concentración.

Disculpa ―dijo una áspera voz― pero creo que no te vas a comer a ese niño ¿o sí?

Isshin se dio la media vuelta con rapidez y se topó con una imagen algo sobrecogedora. Ante él y de cabeza, se encontraba un hombre joven con el rostro demacrado, pelo largo y la piel tan pálida que incluso a la sombra del cerezo se podía apreciar su albo color y sus marcadas ojeras. Pero lo que sorprendió un poco a Isshin fueron sus ojos, éstos eran de un penetrante e hipnótico color magenta.

Por acción del instinto Isshin posó una mano en Egetsu, cosa que provocó una risilla del ser: ― ¿Acaso piensa atacarme, segador? ―preguntó burlón.

Isshin no respondió, sólo frunció el ceño y empuñó a Egetsu.

El ser bajó del árbol, y con eso su rostro se ocultó tras la larga cortina de pelo: ― Entonces no me queda alternativa que responder ―y haló una rama que estaba encima de él. Pero, al observarlo bien, Isshin pudo notar que eso no era madera, y la criatura le confirmó sus sospechas al mostrarle bien el objeto. Era una vara metálica de ocho metros de largo, terminada en una de sus puntas en un enorme garfio.

La criatura no esperó algún movimiento de Isshin, ya que repentinamente intentó golpearlo con el extremo romo de la vara. Gracias al shunpo, Isshin se apartó del árbol y salió a una zona más despejada.

El ser se dio cuenta y, dando la media vuelta, de su espalda comenzaron a salir, con el sonido de chasquidos, alas parecidas a las de un murciélago. La criatura pegó un salto y, con unos cuantos aletazos, se desplazó hacia donde estaba Isshin y le atacó con el garfio, pero esta vez el segador lo pudo bloquear.

La criatura, que estaba volando, al ver su larga arma trabada con la zanpakuto, la movió horizontalmente hacia su derecha y con fuerza, con lo cual arrojó a Isshin junto con su zanpakuto hacia unos setos.

Isshin se incorporó rápidamente, al mismo tiempo que el ser aterrizaba a un metro de donde él estaba: ― Por cierto segador ―dijo, colocando su enorme garfio al lado izquierdo―, mi nombre es Kyuke Kageakumu ―hizo una pequeña reverencia―, ¿cuál es el suyo? ―preguntó.

Isshin Shiba ―respondió el segador, y de manera simultánea saltó sobre Kyuke.

Kyuke saltó para esquivar el ataque: ― ¿Algún rango, Isshin? ―cuestionó, con una confianza que no le agradó al hombre―. Ya que es segador debe tener alguno, ¿no?

Isshin también saltó, intentando darle un corte a Kyuke, pero éste voló hacia la derecha: ― Capitán del Décimo Escuadrón del Seireitei ―respondió, amortiguando su caída con los dos pies.

¿Acaso usted también ha venido a investigar, capitán? ―interrogó Kyuke, al mismo tiempo que, aun en el aire y ante los ojos de Isshin, reducía su garfio de ocho metros a sólo dos, y sin perder tiempo atacó al segador.

Isshin pudo atajar el golpe, pero, con su arma más corta, Kyuke podía maniobrar mejor: ― Sí, pero no te incumbe ―contestó, dándole un corte horizontal que el ser pudo detener con su garfio.

Con un movimiento hacia abajo, Kyuke venció a Egetsu y le dio un golpe a Isshin con su ala derecha: ― ¿No me digas que vienes a ver lo de los niños muertos? ―preguntó con sorna.

El segador pudo destrabar su zanpakuto e intentó propinarle un revés al ser, pero fue bloqueado: ― Tal vez si o tal vez no ―respondió, al mismo tiempo que atacaba con dos cuchilladas, la última dando de lleno en una de sus manos.

Kyuke sólo gruño al ver su mano lastimada: ― Entonces no te molestará que te diga que esa mujer me traía la cena ―soltó, y abrió y cerró su mano hasta que dejó de sangrar―. Fue tan fácil entrar en su mente y corazón.

Isshin estaba procesando lo que había dicho la criatura. Sin embargo, Kyuke se lanzó de nuevo hacia Isshin, atacando y bloqueando mucho más rápido que las veces anteriores.

El hombre se apartó varios metros de un peligroso movimiento del garfio y preparó su zanpakuto: ― ¡Gesuga Tensho! ―exclamó, soltando una poderosa onda de energía espiritual.

Kyuke saltó hacia su izquierda y voló de nuevo contra Isshin. Éste no esperó a que llegara el otro, también se lanzó al ataque.

El tiempo, para la percepción de los dos, parecía paralizado. Sentían que algo ya había acabado, y que no tenían más que hacer en ese momento. Para Isshin, una sensación de alivio lo llenó, ya que había clavado a Egetsu en el estómago de Kyuke, y éste cayó al suelo, desplomándose hacia su lado derecho.

Sin embargo, algo andaba mal. La sensación de bienestar fue efímera, ya que, antes de tomar su zanpakuto del ser, ésta no salía. Trató varias veces de tirar de ella, sin resultados. Entonces la oyó, una débil risa que pronto fue tomando fuerza. Para asombro de Isshin, Kyuke se fue incorporando lentamente, con Egetsu clavada en su estómago.

Kyuke se apartó la espesa cortina de pelo, mostrándole a Isshin una sonrisa bastante escalofriante y una mirada demente: ― ¿Crees que esto es suficiente para matarme? ―preguntó, y dejó caer nuevamente su pelo en el rostro.

Al ver a Isshin un poco asombrado, el ser aprovechó la situación. Con ayuda de su garfio, tomó al segador por la mandíbula y lo arrojó hacia atrás con mucha fuerza, contra el cerezo. Después abrió sus alas y pegó un salto, volando hacia el tercer piso y entró por una ventana, rompiéndola.

Isshin, al verse en el aire, logró estabilizarse y se detuvo contra el cerezo. A continuación, con ayuda del shunpo, fue trepando jardinera por jardinera hasta llegar a la ventana por la que había entrado Kyuke.

Se metió con mucho sigilo, el pasillo estaba iluminado por la luz de la luna que lograba colarse por las ventanas. Pero fue alertado por gritos que salían del fondo del pasillo, de una puerta doble. Sin perder el tiempo usó el shunpo y llegó.

Antes de abrir la puerta, oyó el ruido de vidrio rompiéndose. Entonces procedió a entrar y vio algo que lo hizo estremecerse.

Ante él estaba una habitación de seis por seis metros, con quince camas en cada pared lateral y una ventana en la pared del fondo, ahora rota. Pero lo que más lo perturbó fueron los cuerpos mutilados de treinta niños.

Caminó lentamente entre el sanguinario panorama. Algunos niños tenían cortes en sus estómagos, otros con perforaciones profundas en sus pechitos, y unos cuantos estaban decapitados. Isshin intentó no sorprenderse ante tal visión, pero el último niño hizo que se cayera de la impresión.

En su cama, yacía muerto un niño de siete años. Tenía sus ojos bastante abiertos y su rostro deformado, como si estuviera gritando. Pero pudo ver su causa de fallecimiento, ya que Egetsu estaba enterrada en su cuello hasta la empuñadura.

Un repentino tirón sacó de sus memorias a Isshin. Kyuke estaba jalando con más fuerza a Egetsu, por lo que Isshin también hizo su esfuerzo. El de pelo verde hizo un movimiento hacia abajo y venció a Egetsu, así pudo darle un fuerte golpe a Isshin en la cara con la parte roma de su vara, mandándolo a la cocina.

― ¡Qué esperas, Doru, ya llévatelas! ―gritó Kyuke, en lo que se recuperaba Isshin― ¡Vuela, idiota! ¡VUELA!

Doru, quien al igual que los otros estaba contemplando la pelea, asintió. Tomó el saco que contenía a Yuzu, a Karin, quien estaba inconsciente gracias a Vasile, y se dirigió hacia el hueco que había hecho el enorme pelirrojo.

Una vez en la planta superior se dirigió hacia la ventana por la que habían entrado. Pero la figura de un joven de pelo blanco, ojos aguamarina, mediana estatura y uniforme de capitán segador interrumpió su paso.

― ¿A dónde vas? ― preguntó la seria voz del capitán Toushiro Hitsugaya.


― Nosotros nos encargamos de esto ―dijo Ikkaku con firmeza―. Ustedes apártense si no quieren interrumpir.

― Pero mi capitán… ―comenzó el novato, pero la mano de Matsumoto le indicó que callara.

― Chico, deja esto en nuestras manos ―interrumpió la teniente. Después se giró a donde estaban Uryu, Orihime, Chad, Rukia, Renji y Nemu―. Ustedes vayan a ayudar al capitán Hitsugaya y al señor Kurosaki, en estos momentos están en casa de Ichigo.

Rukia asintió: ― De acuerdo pero ―miró hacia donde estaba Ichigo, quien estaba chocando a Zangetsu contra los antebrazos de Gerlstina―, ¿podrán con ellas? ―preguntó.

― No te preocupes Kuchiki ―respondió Ikkaku, algo impaciente―. No perderemos ante estas simples mujeres.

― Trataremos de controlar la situación ―intervino Izuru, sonando más calmado que el oficial del Onceavo Escuadrón.

― Si las cosas no salen bien, intentaremos hacer tiempo ―secundó Shuuehei.

― Así que todos acompáñenme ―sugirió Matsumoto―, incluido tú ―señaló al novato―. Debemos ir a ayudar a mi capitán y al señor Kurosaki ―y desapareció con shunpo.

Rukia, Renji, Nemu y el novato la imitaron, mientras que Ishida tuvo que hacer uso del Hirenkyaku(3). A Orihime y Chad no les quedó de otra que correr hacia la casa de Ichigo.


La pelea entre Ichigo y Gerlstina no pintaba nada bien para el chico. Estaba bastante molido por los fuertes golpes de la mujer, además de que ella no dejaba darle un respiro. En cambio, Gerlistina lucía como si nada, sólo los cortes en los antebrazos y sus puños eran la evidencia de los ataques de Ichigo, pero por lo demás sonreía y se movía con una rapidez que fácilmente superaba al mejor shunpo.

Tras otro puñetazo en el rostro, que mandó al joven de cabello naranja al suelo, Gerlstina soltó una risa: ― ¡Ándele, morro! ―exclamó divertida―. Levántese, ¿o ya se rajó? ―preguntó, sin cambiar su tono burlón

Ichigo se incorporó lentamente, pues el dolor de todas las patadas y puñetazos comenzaba a manifestarse: ― Sólo fue un respiro ―dijo jadeante.

La mujer de pelo rosa sonrió de forma malévola y apuntó su revólver derecho: ― Bueno, ya que no puedes ―cargó el arma lentamente, como si fuera a disfrutar el momento de dispararla―, nos vemos, huerco.

Pero el revólver nunca se descargó, ya que Ikkaku Madarame se interpuso y clavó a Hozokimaru algunos centímetros en la muñeca derecha de la mujer

Gerlstina tenía una mirada de enojo, pero aun así no dejaba de sonreír: ― ¡Pinche vato pelón! ―exclamó, forcejeando con la zanpakuto del oficial del Onceavo Escuadrón― ¡Hazte a la chingada, cabrón metiche! ―empujó la espada hacia su propietario.

Ikkaku retrocedió algunos centímetros por la fuerza de Gerlstina y se volteó hacia Ichigo: ― Vaya Ichigo ―dijo, sin poder reprimir la burla―, no sabía que una mujer pudiera darte una paliza y sin alguna espada.

Ichigo frunció el ceño: ― Mejor cállate y ayúdame a pelear ―reclamó.

Sin embargo, Ikkaku empujó al de pelo naranja: ― No te voy a ayudar ―encaró a Gerlstina― esta ahora es mi pelea ―adoptó una posición de ataque y se lanzó hacia la mujer, quien no dudo en rebotar a Hozokimaru con su antebrazo derecho.

Ichigo se quedó estático unos segundos, observando como Ikkaku liberaba su shikai y empezaba una pelea más feroz. Sin embargo, abrió mucho los ojos al darse cuenta de algo, e inmediatamente despareció con shunpo.


El combate entre Mibértola y Mayuri estaba adquiriendo más fuerza y velocidad. La cimitarra de la pelinegra chocaba innumerables veces contra Ashizogi Jizo. Cuchilladas, reveses y estocadas eran bloqueados efectivamente por ambos combatientes, además de que ninguno tenía algún rasguño.

Tanto el científico como la pelinegra dieron un salto hacia atrás, después de numerosos golpes intercambiados y bloqueados.

Mayuri miró enfadado a Mibértola: ― Estas provocándome ―dijo, con un poco de enojo―. Soy un hombre muy paciente, pero tú me estás poniendo a prueba.

La pelinegra sonrió suavemente: ― Por favor, segaor. La pelea está mejor que al principio, no hay que…

No pudo terminar, ya que dio un salto hacia atrás para esquivar el ataque de Izuru Kira. Ella se preparó para arremeterlo, pero Mayuri inmediatamente interrumpió tomando a Kira fuertemente del hombro.

― ¿Qué demonios haces, escoria? ―preguntó el científico, irritado.

El teniente rubio sólo volteó a verlo por el rabillo del ojo: ― Defendiéndolo, al igual que ellos ―respondió, y ahora sí enfocó su mirada al capitán sin intimidarse―. Órdenes del Capitán Comandante ―dirigió la vista hacia las otras peleas.

Mayuri hizo lo mismo y notó que Urahara, quien estaba con una rodilla apoyada en el piso, también era defendido por Shuuhei, que resistía los rápidos embates de Kihuoteoncho, y también que Gerlstina peleaba con Ikkaku, pero no notó a Ichigo.

― Así que trajeron a más ―la voz de Mibértola hizo que Mayuri e Izuru voltearan―. Bueno ―se encogió de hombros―, si quieren hacer esto más injusto yo también puedo hacer lo mismo.

Haciendo un amplio ademán, la pelinegra empuño su cimitarra y la apuntó hacia abajo: ― Le Contrôle ―dijo, y tocó el suelo con la punta de su espada suavemente.


Doru estaba un poco intimidado ante la severa mirada de Toushiro y retrocedió unos cuantos pasos.

― Libéralas ―ordenó Toushiro, dando dos pasos hacia el pelinegro.

Doru siguió retrocediendo: — Nunca —murmuró desafiante―, antes tendrás que quitármelas.

El capitán de pelo blanco desenvainó su zanpakuto: — En ese caso… ―y desapareció con shunpo.

Doru comenzó a temblar e inmediatamente comenzó a correr hacia la ventana, pero una fuerte cuchillada lo detuvo, lanzándolo hacia tras algunos metros.

Toushiro estaba ante el pelinegro, con su semblante serio: ― No te lo diré otra vez ―amenazó― libéralas.

― Nunca ―repitió aun más retador―, para eso tendrías que matarme.

Ante esas palabras, Toushiro no dudó en avanzar hacia el, pero se detuvo para parar el ataque de alguien que había saltado encima de Doru en el último momento.

El pelinegro se percató de quien había saltado. Natasha tenía trabada su kilij con Hyorinmaru, pero parecía que en cualquier momento Toushiro rompería el cruce de espadas.

― ¡Vuela, Doru! ¡VUELA! ―gritó Natasha, al mismo tiempo que comenzaba a retroceder por la fuerza de Toushiro.

Doru, todavía algo atontado por el ataque de Hitsugaya, corrió hacia la ventana y pasó por ella, rompiéndola. Pero debido a su torpeza momentánea, cayó al piso en lugar de despegar completamente.

― Maldita sea ―murmuró el joven. Se percató de que tuviera a las dos chicas consigo, y sí, allí estaban. Yuzu en el saco y Karin inconsciente. Aunque también percibió a alguien que intentaba atacarlo.


Ichigo no podía estar más furioso en su vida. Primero, Urahara le dice que no debía ir a su casa. Segundo, al llegar a su casa ve a este individuo saltar a través de la ventana. Pero lo tercero no lo podía poner más enojado, y era que esa persona llevaba a Karin y un saco enorme.

Así que, sin tener dudas, atacó al individuo. Éste pudo esquivarlo y comenzó a correr, pero Ichigo lo alcanzó fácilmente y le propinó una cuchillada al nivel de los tobillos, logrando cortarle el izquierdo y, por consiguiente, haciéndolo caer de cara al piso.

Ichigo estaba a punto de atacarlo cuando se detuvo de improviso: ― Rey, espera ―habló su Hueco, algo preocupado―, ¿no percibes algo extraño en él? ―preguntó.

― ¿A qué te refieres? ―inquirió en un murmuro.

Concéntrate un poco y verás a lo que me refiero ―respondió.

Ichigo hizo lo que Ogichigo le pidió y se asustó un poco. Ese joven, que ahora no podía caminar, tenía la misma presión espiritual que sintió días atrás y le hizo levantarse en la madrugada, incómodo.

Pero el hombre guardaba más sorpresas, ya que ante los mismos ojos de Ichigo, se sentó y su tobillo comenzó a regenerarse, en medio de fuertes tronidos y repulsivos sonidos como si estuvieran aplastando algo espeso y húmedo. El joven de cabello naranja abrió mucho los ojos, ya que estaba viviendo una especie de deja vu.

Doru se dio cuenta de la mirada de incredulidad de Ichigo y sonrió: ― ¿Te parece interesante? ―preguntó, y se incorporó―. A lo mejor esto te parecerá aun más ―y de golpe desplegó sus alas en la totalidad de su envergadura.

Ichigo había aprendido, con el paso del tiempo y las batallas, a no dejarse impresionar por el enemigo cuando hiciera ese tipo de despliegues arrogantes. Pero este caso era diferente, ya que, por primera vez en su vida, se sentía un poco sobrecogido con ese hombre, o lo que fuera, con sus alas desplegadas y mirándolo de una manera que, por vez primera, le provocaba miedo. Un miedo que no era sano, algo que le turbaba en lo más profundo de su alma, y que comenzaba a nublar su mente.

¡REY! ―exclamó Shirosaki―. Deja de mirar a ese, las cosas acá dentro se tornan negras.

Doru se dio cuenta de la reacción de Ichigo, e intentó, con algo más de confianza, correr nuevamente. Sin embargo, el segador sustituto salió de su trance y volvió a atacar al pelinegro con mucha más ferocidad, que, debido al peso que traía encima, no podía esquivarlo con tanta facilidad, y un revés cortó el saco que contenía a Yuzu.

Inmediatamente, Ichigo paró su ataque. El tiempo y el espacio parecían inexistentes cuando, a los ojos del de pelo naranja, Yuzu caía lentamente del saco. Estaba inconciente, pero parecía que dormía plácidamente y vestía ese delantal verde limón que tanto le gustaba a su hermana. Pero la tierna imagen de Yuzu se fue tan rápido cómo llegó, pues Doru, aprovechando el aletargamiento de Ichigo, tomó a la chica de un pie y comenzó a correr y aletear, intentando despegar.

Ichigo tardó sólo algunos segundos en salir de su trance temporal. Ahora, una furia indescriptible emergía en todo su ser, un sentimiento de venganza pura surgía un su mente. Además, esas dos emociones le ayudarían con un nuevo objetivo que se le formuló en la mente: rebanar a ese ser hasta que la última gota de su sangre embarre a Zangetsu

¡REY! ―replicó su Hueco interno― ¡Contrólate! No es bueno que pienses así, no te dejes llevar por eso ―agregó en un tono que por primera vez estaba usando Ogichigo: súplica―. No nos conviene, créeme.

Ichigo ―habló Zangetsu―, él tiene razón. No es conveniente que pierdas el control. Ese hombre no es un enemigo común al que puedas vencer con…

Pero Ichigo ignoró a las dos personas en su interior. Una vez más usó el shunpo, saltó lo más fuerte que pudo y alcanzó a Doru, quien ya se elevaba del suelo por encima de dos metros, y lo tomó por el pie derecho, logrando que el pelinegro perdiera altura y estabilidad.

Doru comenzó a aletear más fuerte, pero con Ichigo colgándole de un pie y una jovencita en su hombro y aferrando a otra del tobillo con una mano no era muy fácil intentar ganar altura, además Ichigo estaba tirando de él insistentemente, por lo que recurrió a una táctica un tanto deseperada.

— ¡Suéltame! ―bramó el pelinegro, enfocando a Ichigo con un hipnótico brillo en sus ojos pardos.

Al ver a Doru a los ojos, Ichigo se quedó paralizado y, de manera involuntaria, soltó el pie del pelinegro, quien al verse libre dio unos cuantos aletazos para ganar varios metros de altura en pocos segundos.

Para Ichigo la percepción de tiempo y espacio volvía a ser distinto, ya que se sentía caer varios metros hacia abajo en cámara lenta, pese a que había sólo centímetros entre el suelo y él, observando como Doru se alejaba cada vez más y más con sus hermanas, hasta perderse en el claro cielo nocturno.

El joven de cabello naranja aterrizó normalmente, pero ahora el sentimiento de impotencia crecía a pasos agigantados en el y, sumándose con lo que sintió con la muerte de Tatsuki, explotó y cayó de rodillas al piso.

― ¡NO! ― un fuerte grito salió de su garganta, y le dio un fuerte puñetazo al piso. Frunció su rostro para impedirse soltar alguna lágrima por sus hermanas.

Sin embargo, Ichigo no pudo lamentarse más. Sintió muchas presiones espirituales provenientes de su casa, que estaba unos treinta metros atrás, además del ruido de un muro destrozándose, por lo que se apuró a llegar.


Cuando arribó, vio un enorme agujero en la pared frontal. Se metió raudamente por allí y encontró que su casa ahora estaba sirviendo como campo de batalla. Los muebles rotos, las paredes llenas de agujeros y todas las cosas como los adornos y electrodomésticos, estaban rotos y regados por doquier. Hasta el techo presentaba bastantes agujeros.

Y en medio de todo este desorden había varias peleas entre su padre y sus amigos, contra gente extraña que Ichigo jamás había visto. Chad y Uryu peleaban contra un corpulento individuo pelirrojo que blandía una extraña espada; Isshin, Rukia y un segador desconocido combatían contra un hombre flaco y de largo pelo verde que empuñaba una vara con un garfio; Renji y Nemu estaban batiéndose con un hombre que parecía haber salido de una obra teatral victoriana, con Orihime de apoyo para defenderse de las cuchilladas. Además, arriba podía sentir a Toushiro y a Rangiku pelear con alguien.

Al llegar Ichigo, Kyuke enfocó su oculta vista en él y comenzó a reirse: ― Vasile ―llamó al enorme pelirrojo, al mismo tiempo que esquivaba una cuchillada del novato― llama al capitán. Estará encantado de venir.

Vasile golpeó con su ala derecha a Uryu y a Chad, tumbándolos momentáneamente: ― ¡Capitán Rotunslav Desmodov! ― gritó a todo pulmón.

Justo cuando Ichigo estaba por decidirse a entrar a una pelea, sintió una presencia llegar a su casa. Pero esta era diferente, era poderosa, como si fuera un capitán, además de que comenzó a acelerar su respiración y su corazón a latir mucho más rápido. Con esa presencia, todas las peleas pararon.

Además estaba experimentando el mismo miedo que sintió con Doru, pero era mucho más profundo. Quizá demasiado, porque el joven de pelo naranja comenzó a sentirse paralizado debido al auténtico terror que nacía en su cuerpo.

Ichigó oyó unos pasos detrás de él: ― Y díganme, ¿por qué pararon de pelar? ―preguntó una suave voz masculina, que heló la sangre a Ichigo.

Pero Ichigo no era el único conmocionado. Uryu empalideció, aun cuando su piel es clara pudo notarse; Chad se quedó paralizado, al igual que Ichigo y Orihime tenía una mirada en la que se podía reflejar un enorme miedo.

Los únicos que no parecían afectados eran Isshin, Renji, Rukia, Nemu y el novato del Doceavo Escuadrón, que veían a todos extrañados.

Ichigo sintió como una mano se posaba en su hombro y lo obligaban a darse la vuelta. Entonces, vio a un hombre casi tan alto como el, de pelo negro algo erizado y corto hasta la nuca, piel bastante pálida, y vistiendo un elegante smoking negro con una corbata verde esmeralda.

Sin embargo, lo que Ichigo notó más fueron los ojos. En el demacrado rostro de ese hombre había dos orbes amarillas, que en ese momento brillaban con un destello bastante atrayente y sentía que esa mirada le estaba penetrando en lo más profundo de su mente y corazón. Entonces, el hombre sonrío de manera maligna e Ichigo pudo notar dos enormes y puntiagudos caninos en su dentadura.

De manera repentina, todo se volvió negro para Ichigo. Su casa, sus amigos e incluso los enemigos desaparecieron. Sólo estaban él y ese par de penetrantes ojos amarillos.

― Así que tu eres Ichigo Kurosaki ―habló la suave voz del hombre―. Kyuke me habló mucho de ti…

Ichigo, reacciona ―Ichigo pudo escuchar la lejana voz de Rukia en toda esa penumbra.

El joven de pelo naranja perdió el equilibrio y lentamente comenzó a caer en la oscuridad

Ichigo ―ahora le habló la voz de Isshin, pero el seguía cayendo.

Kurosaki reacciona ―oyó a Uryu.

Ichigo reacciona ―escuchó gritar a Orihime.

¡Rey, estamos perdidos! ― esta vez escuchó a su Hueco interno lamentarse ― ¡Estamos perdidos! ¡Estamos perdidos!

―…y francamente nunca pensé en llegar a conocerte. Pero ahora…

¡Ichigo! ― Rukia seguía llamándolo, pero se oía mucho más lejana

¡Hijo, despierta! ― exclamó Isshin, pero al igual que Rukia se escuchaba a una distancia considerable.

No lo escuches Ichigo ― ahora habló Chad, pero paso lo mismo que con Rukia e Isshin.

―… que estamos cara a cara todo lo que me contaron es cierto ―la voz del hombre seguía siendo fuerte y clara―. Tú estás contaminado Ichigo…

¡Ichigo, despierta! ¡Ichigo, reacciona! ― las voces de sus amigos ya no eran notorias.

―…y usaste esa contaminación para tu poder. Hay un dicho muy famoso y voy a ponerlo a prueba contigo…

¡ICHIGO! ― el inaudible grito de Rukia fue lo último que escuchó antes de chocar en la penumbra total, donde ni el podía verse.

―…sólo deja que las sombras invadan tu mente y corazón.

― Si ―respondió débilmente Ichigo―, señor.


Notas del autor

*Y comenzando el mes con un nuevo capítulo. Nuevamente les ofrezco una disculpa por haber tardado en actualizar, sin embargo tuve un muy buen motivo para atrasar la publicación. No quiero sonar presumido pero, amigos y amigas ¡ya me gradué de la universidad!, ya terminé una etapa más y ahora viene el largo proceso de titulación. Y todo el mes anterior era ocuparse para la foto, la graduación, fiestas, gastos, gastos y más gastos, y por eso avanzaba poquito. Pero les aseguro que valió la pena.

*La palabra madmalosielle la explicará Urahara más adelante.

*Lo del Hospital Kotobuki si fue un hecho real, aquí me encargué de aderezarlo un poco.

*Y como con cada capítulo, les pido paciencia por favor.

Glosario:

(1)Tecolote: Así se le conoce en México a la mayoría de los búhos y lechuzas.

(2)Banfield: De Club Atlético Banfield, es un equipo argentino de fútbol, con uniforme a rayas blancas y verdes.

(3)Hirenkyaku: Es el equivalente del shunpo para los Quincys

Gracias por leer.