DÍA PRIMERO: "El Aprendizaje"
A la mañana siguiente, Kira despertó alrededor de las siete. En sus ojos celestes se explayó el sol como una caricia santa, y ella comenzó a desempacar las cosas que habían quedado en su maleta. Luego, al uniformarse, ató a su pierna el látigo que le habían asignado como arma y se peinó durante un largo rato en que no hizo más que pensar... Pensar en la presencia honorable de Zero, los vampiros que la habían atacado sólo anoche, su pasado..., y ¿qué iría a acontecer ese día? Esperaba ser cada vez mejor compañera para el prefecto de cabello plateado, y ni una imitación de sonrisa se dibujaba en su cara.
Aquel varón había dormido únicamente un par de horas bajo un árbol, y recién ahora se estaba duchando para prepararse para un nuevo día de depresión. Tras dejar a Kira en su cuarto, había informado al Director sobre lo sucedido, pero ningún comentario demasiado interesante sobre la chica nueva se había planteado entre ellos. Aún no, al menos.
Como había sido pactado, Kiryuu tocó a la puerta de la joven a las nueve de la mañana y ella salió al instante. Con una reverencia sutil, lo saludó:
-Buenos días, Zero...
-¿Estás lista?
-Sí.
-Entonces, ven.
La acompañó hasta el comedor de Kaien, quien la saludó con euforia. La estaba esperando con un desayuno delicioso.
-Ah... Es mi favorito... –dijo ella al deleitar sus ojazos en un tazón de sopa de tomate.
-¡No me digas! –exclamó Cross-. ¿En serio? ¡El plato preferido de Zero es la sopa de verduras!
-Ah... Qué parecido... –respondió la chica con timidez, como si esa coincidencia fuera algo negativo. El chico, que estaba en el mismo cuarto, miró para otro lado mientras tomaba de su taza de té.
-Bueno, me contó Zero que anoche tuviste un pequeño problema con dos estudiantes nocturnos...
-Eh..., sí...
-No debes preocuparte por nada, querida. Tienes las herramientas y el permiso para mantener el orden aquí, así que si vuelves a estar en aprietos, estarás en total derecho de resolverlo. Aunque, por otra parte..., no quisiera que olvides que el objetivo de esta institución es fomentar la sociedad entre vampiros y humanos.
-Pero...
-Sí, ya sé que no fue iniciativa tuya, pero lo que quiero decir es que hay que buscar la forma más pacífica de resolver los problemas... en la medida que sea posible.
-Entiendo, Director... "Zero no es pacífico al resolver los problemas... Se nota que el ideal de este sitio es imposible de cumplir... Si hay algún tipo de paz, siempre hay rencor... Nunca nos llevaremos bien una especie con otra..." –pensó.
Al terminar el desayuno, el líder Cross le pidió a la doncella que saliera un segundo y esperara a su compañero unos instantes. Con un mensaje para ese muchacho, se dirigió a él:
-Zero, escucha... –empezó, y el joven hombre ya sabía lo que le iban a decir-, ella no tiene la culpa de nada... y sabes que no es el reemplazo de Yuuki...
-No puede-
-Déjame terminar... Debes dejar atrás el pasado, por tu bien y porque Kira no se merece tu desprecio. No la hagas sentir mal; por favor. No la conoces todavía.
-No quiero conocerla. Nunca te pedí que la convirtieras en prefecta.
-¡No tenía adónde ir! –exclamó en voz baja-. Si supieras...
-¿Qué?
-Nada... Nada, Zero. Por favor..., sólo..., ayúdala a incorporarse... Ella no te ha hecho nada malo. Sólo quiere agradarte.
El varón no lo miró más. Podía ser que en una parte recóndita de sí se estuviera sintiendo mal por ser tan reacio con la damisela, pero su corazón era realmente salvaje. Además, costaba ser considerado después de haber atravesado martirios como los de él.
Sin contestar, salió del salón y se reencontró con Kira en el pasillo, quien le regaló un vistazo de altas expectativas e inocente.
-Vamos a clase –dijo él sin rodeos.
-Sí.
Caminaron juntos hasta su salón sin compartir ni una mirada. Los alumnos la contemplaron como a una anormal, y el delegado del aula, aquel marciano de anteojos y peinado afeminado de raya al medio, la detuvo para interrogarla:
-¡Hooola!, bienvenida a mi salón. ¿Tú quién eres, doncella de los cabellos prietos?
-¿"Doncella de los cabellos prietos"? –ella respondió sorprendida.
-Debo decir que tu belleza es ciertamente como algo que nunca he visto, y me encuentro en la necesidad de darte mis deseos de buena suerte ahora que estás entre nosotros. Dime, señorita, ¿de dónde vienes?
-Ah... Yo...
Zero se fue a sentar. El delegado le parecía un tonto y él era muy autosuficiente como para escuchar sus palabras idiotizadas. Exhaló un suspiro de superación al ubicarse en su lugar. Recuperando un poco el sueño, cerró los ojos con la cabeza hacia atrás.
-No le prestes atención a Kiryuu. Con todos es igual. Bueno, me estabas diciendo...
-Soy del condado de Kozumi...
-¿De Kozumi, eh...? Mmm... –(Por supuesto, no tenía ni idea de de dónde quedaba dicha localidad...). -He oído hablar de ese lugar... Muy interesante, en verdad...
-No tiene nada de particular...
La profesora ingresó a la sazón. Debía establecerse orden en el aula de nuevo, y el molesto delegado le insistió a la chica:
-¡Ven, ven, siéntate conmigo! ¡Oh...! ¡Por cierto, ¿cómo te llamas?
-Kira.
-¡Kira, ven conmigo!
-Eh... No quisiera ofenderte, pero...
-"'Reemplazar a Yuuki'... Sí, claro..." –pensaba Zero-. "Todo esto es... Es tan estúpido... ¿De qué sirve? No entiendo por qué justo ahora..." –seguía, vacilando en su conciencia-. "El Director está forzando las cosas..., pero no voy a olvidar... No voy a olvidar lo que pasó... Yuuki..., ella..."
Fue interrumpido. De pronto su meditación fue quebrada por la presencia de Kira junto a él. Sin sonreír, pero sí con una mirada honesta, la jovencita le preguntó:
-¿Puedo sentarme junto a ti...?
Él dudó unos instantes y se le quedó mirando. De alguna manera, quería echarla lejos y prohibirle acercarse a sus sentimientos, aunque algo más profundo todavía rogaba darle espacio en su asiento...
-Disculpe, señor Kiryuu –habló la docente amargada del frente-. ¿Le gustaría explicar a la clase qué está pasando? ¿Quién es su amiga?
-Disculpe, profesora Takefumi. ¿No le ha informado el Director?
-He estado muy ocupada, señor Kiryuu. Si lo supiera, no estaría preguntando.
-Bueno... –dijo él, suspirando y bajando la vista-. Es la... nueva prefecta...
-A-Ah, ¿sí?
-Sí, señora –Kira terció con respeto-. Disculpe mi falta de respeto a la clase... No sabía cómo presentarme en este primer día... Mi nombre es Kira Airen...
-¿Airen?
-Así es, señora.
-Airen... –farfulló para sí misma la mujer...-. Bueno, señorita Airen, puede tomar asiento. Empezaremos con la clase. Estoy demorada con los temas de este mes.
La chica se sentó a la izquierda de Zero, quien procuró verla lo menos posible. En la clase de matemáticas que siguió, no se perdió ni un poco. De hecho, no requirió el uso de los libros, ya que siguió al pie de la letra la lección en el frente y se puso al corriente de la temática de enseñanza. Evidentemente, la mujer venía preparada.
Precisamente, cuando los demás alumnos ya estaban aburridos de escuchar a la profesora, se pidió que alguien pasara a los pies de la pizarra a resolver unos ejercicios enrevesados, y Kira alzó la mano de inmediato. Como era de esperarse, el público observó con especial atención la resolución de los ejercicios por la muchacha de cola de caballo negro, y ésta halló la respuesta matemática en un abrir y cerrar de ojos. Los listos de la clase se sintieron amenazados, en especial las damas, que ya de por sí cataban picores de envidia por su belleza natural; es que había algo en sus ojos fríos que resultaba hipnotizante...
-¿Eh? Muy bien, Airen... Muy bien. Puedes sentarte. ¿A ver, alguien más?
Kira se sentía orgullosa de ser tan inteligente. Subió las gradas hasta su asiento junto a Zero, al final del salón. Para su sorpresa, en el recorrido un pie la hizo tropezar, mas no caer. Ella se volteó con rapidez para ver el autor de esa pequeña trampa, aunque todos simularon distracción, sin mencionar a las chicas que se reían en voz baja. En consecuencia, la nueva prefecta entendió que, para variar, no era tan bienvenida después de todo.
Ahora más apagada, se sentó junto a Zero. Él había sido testigo del hecho pero no le preguntó si estaba bien.
A la tarde, los vampiros volvieron a salir de su dormitorio para asistir a las clases nocturnas, y Kira prestó mayor atención. El varón de cabellera plateada mantuvo el dominio de la situación y le hizo un señalamiento a su compañera:
-Recuerda que Zashi y Deimou están detrás de esa puerta... Contrólate.
-Sí...
El portón se abrió lentamente y los estudiantes nocturnos emergieron con todo su porte. Se detonaron los gritos de las humanas ya libres de sus horarios escolares y que ensordecían a Zero como cada atardecer, despertando las más insoportables de sus histerias masculinas. Shikara encabezaba la caravana, con esa sonrisa calma y peligrosa, y detrás de ella venían, tal cual, Zashi, Deimou, quienes atisbaron con cólera a los guardianes, y luego más varones que parecían del mismo estilo. Rikken se ubicaba más atrás, e ignoró al prefecto de ojos lilas, aunque siguió recibiendo las ovaciones de las jovencitas que estaban locas por él.
Pero debía ser que el aura de esa mujer advenida era muy fuerte, porque la atención de Kadashi, el más atractivo vampiro de todos, de ojos verdes esmeralda y lacio pelo negro hasta un poco más de los hombros, fue dirigida a Kira tan pronto como la vio. De seguro el día anterior ella había estado demasiado atemorizada por el rechazo de Zero como para que aquel galán la notara, pero ahora no dudó en examinar cada uno de sus rasgos de princesa. Se detuvo junto a ella y le habló con una filosa voz:
-Hola, preciosa... –Ella no pudo disimular su sobresalto y buscó el rostro de su compañero Kiryuu instintivamente. –Eres una visión interesante... Dime quién eres...
-Un caballero usualmente se presenta antes de pedir el nombre de una mujer –replicó con fuerza pero sin mirar hacia sus brillantes ojos.
Él rió ligeramente.
-Es verdad... Muy observadora. Mis disculpas, estimada dama... Mi nombre es Kadashi. Soy la mano diestra de nuestra presidenta Shikara Haze.
Las palabras del hidalgo de colmillos impactaron contra los sentidos de la prefecta. Su pequeña espalda se sintió electrificada como una valla metálica, helada y expuesta al mismo tiempo al fuego. Sufrió el calambre de su diafragma, cuando ni una molécula de oxígeno pudo entonces entrar o salir, aunque ella quiso respirar aún más agitada.
-"¡¿'Ha... ze...'?" –pensó así para sus adentros, aterrada...
-¿Qué te sucede? Estás pálida... ¿Quizás... necesites que te devuelva el color...?
Vislumbrando el curso que estaba tomando esa breve charla, Zero dio una rauda orden, exponiendo la rigidez en su voz:
-Los estudiantes nocturnos deben ir a clases ahora.
-Mmm... Nuestro prefecto... realmente no sabe cómo ganarse la simpatía de los otros. Pero, bueno... Espero que nos veamos luego..., señorita... –se despidió, y le guiñó el ojo.
Las demás humanas gruñían con furia. La atmósfera se nubló para Kira Airen.
-¡¿Qué? –se quejaron entre sí-. ¡Cross se llevó a Kaname... y, ¿ahora esta sin nombre llama la atención de Kadashi? ¡No es justo!
Zero ahuyentó a todas las jóvenes chillonas de vuelta a sus dormitorios. Los vampiros ya estaban entrando a sus salones, y era hora de desalojar la zona. Sin embargo, Airen se quedó a un lado de la escena, abrazada a sí misma y tratando de elaborar lo que sentía.
Una vez que estuvieron solos, el caballero se acercó y le dijo:
-Oye, ¿estás bien? –El tono de su habla evidenciaba que no lo preguntaba con preocupación, sino con la idea de despabilarla de ese estado.
-S-Sí... ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Supongo...
-La mujer de cabello verde... Shikara... ¿cómo se apellida?
-¿Por...?
-Necesito saber...
-Haze.
Lo miró con un espanto imperecedero; sus ojos trepidaban como dos cristales vapuleados por el mar.
-¿Qué pasa?
-N-Nada... –contestó, luego ya alejando su mirada de la vista del hidalgo.
-Ah, disimulas perfecto.
-No puedo hablar de-
-¿La conoces?
-No.
-¿Entonces?
-No importa –espetó, huyendo del brete conversacional, lo cual ciertamente produjo interés en el caballero. Que ella ocultaba información era un hecho altamente visible. Y que luchara por mantenerla acallada y aún así le costase actuar, a Zero le gustó. -Luego te digo.
Él liberó un resoplo y acomodó las manos en sus bolsillos calientes. Giró sobre sí y arrancó la marcha al sector del campus a la sazón más poblado por estudiantes, en clase o no.
-¿Vamos a patrullar?
-Sí, ¿a dónde crees? –replicó, contagiando sus palabras con disgusto.
Por ende, lo siguió, ya presa de un exasperante fastidio. Mantuvieron el silencio durante casi una hora, dedicándose a mirar y buscar movimientos extraños, fuera de lugar. Se frenaron, tras no haber descubierto infracciones ni alumnos deambulando, cuando arribaron a una fuente de agua. Allí, la dama se sentó y respiró, profundamente, purificando las bases y la boca de sus pulmones. Zero Kiryuu permaneció lo más lejos posible, observando el cielo oscurecerse sobre ellos.
-Zero... –habló la guardiana novata.
Sin respuesta.
-Zero... –repitió.
-Ya te oí.
-Ah... Esto... Quería saber... ¿Cuántos años tienes?
-¿Por qué quieres saber?
-No lo sé... Para saber... Espero no ofenderte con mi pregunta... No pareces muy viejo.
-¿Viejo? –mal reaccionó.
-Sí.
-¡¿Me veo viejo? –exclamó.
-No –espesó, abriendo los ojos al enfrentarse al terrible genio del muchacho-. Acabo de decir que no.
-¡Entonces habla bien!
Kira apretó los dientes y frunció las cejas, comprimiendo los ojos en un mohín de creciente hastío. No meditó en el instante previo a decir lo que pensaba:
-No lo haría si pudiese hablarte sin que me muestres los dientes todo el tiempo...
La repentina muestra de vida en la chica hizo que Zero le arrojara un vistazo de inmensa desorientación, ambiguo, pues no se distinguía si estaba marcado por la ira o por la rendición. Ella se arrepintió inmediatamente ni bien lo vio de reojo convulsionarse de tal modo. Procuró quedarse quieta y no respirar ni separar los labios apretados.
En realidad, se congelaron los dos.
-"De acuerdo. Si me golpea, me voy. Me voy ahora"
Un suspiro emanado de las fauces perfectas del guardián le hizo sentir a Kira que el único posible acontecimiento a seguir sería un enfrentamiento físico.
-"A que me golpea. O me escupe. O me insulta. Vaya, es un bravucón. Será lindo, muy famoso, pero es un-" –ella pensó, ostentando una superficie insólitamente calma y preparada para una violenta contestación, pero interrumpida finalmente cuando notó que él volvía a acomodarse en su postura de reposo.
Aguardó, pues, unos segundos de silencio, suspensa en la perplejidad. Y luego:
-Diecisiete.
La réplica sosegada del chico.
Las cejas delgadas, bien depiladas de la dama se arquearon.
-A-Ah... –dijo al fin, confundida, y abandonando sus reflexiones internas-. Diecisiete. ... ¿en serio? Entonces no te queda mucho tiempo para irte de esta academia... –dedujo con algo que oscilaba entre la preocupación y el asombro.
-¿Quién te dijo que pienso irme? –espetó, sereno no obstante.
-¿Eso es un no?
-Es cosa mía.
-Ah...
Por unos momentos el silencio retornó, quebrado por ella más tarde:
-Yo tengo dieciséis... Cumplo los diecisiete la semana que viene.
Kiryuu no le contestó nada en primera instancia. Sí que era incómodo estar...
-¿Tú? –Esperó y persistió: -¿Eh?
-No festejo mis cumpleaños. El tiempo pasa y ya. No me interesa.
-Ah...
Transcurrieron diez minutos de elipsis. Todo permaneció igual entre ellos; el vacío sonoro generó ansiedad en el hombre más que en la mujer, como una picazón molesta que se extendía por todo el cuerpo con la velocidad del veneno de insectos africanos.
-Sabes... –volvió la dama hermosa-, antes de ayer me parecía imposible la idea de dirigirme a ti..., con todo lo que he oído de tu familia..., pero, a decir verdad,... pareces un tanto distinto de lo que dicen los demás cazadores...
Él sonrió con media boca, claramente burlándose de un comentario como aquél. Se encogió de hombros y enarcó la mirada.
-Gracias por el dato, pero me da igual.
Kira Airen cerró los ojos y suspiró. Quiso levantarse y dejarlo solo. Era insoportable. Si era un buen sujeto, lo debía ser muy en lo profundo de su ser, porque a simple vista se relacionaba con el mundo a las patadas. Mejor sería que algo cambiase antes de que más días transcurriesen así.
Mientras tanto, Zero caviló, sin atribuirle importancia a los gestos de incomodidad de su compañera ni a sus silencios de progresiva intolerancia:
-"Quisiera poder... No... No puedo olvidarme de lo que sentí... Aún no ha pasado el tiempo... Después de cuatro años... Pero... No puedo... evitar odiarla..."
-Supongo que hoy fue un día mejor después de todo... –se esforzó por opinar optimistamente-. Y aún no termina... En el condado de Kozumi mis días no eran tan... no lo sé... Está bien aquí..., creo...
La luz del sol desapareció por completo al ritmo que Kira quiso, pero no supo si era lo más indicado, poder darse el lujo de bajar los brazos y no defenderse de un joven atractivo supuestamente del mismo lado que ella en tanto cazador, pues el mínimo margen que tenía para no desmoronarse a raíz de sus propios conflictos apenas sí le alcanzaba para repeler las agresiones de alguien como él, y la agotaba ciertamente.
Una hora más tarde, que ella ocupó mirando las estrellas y formando constelaciones en su mente, un sigiloso movimiento entre los arbustos colindantes llamó la atención de un Zero Kiryuu que perpetuaba los minutos al recordar los retratos de su pesar. Dejo entonces el trance y se puso en guardia. Dio unos pasos hacia la oscuridad de las arboledas cercanas.
-¿Qué...? –la chica saltó.
-Shh.
Ella acercó la mano a su látigo y esperó... Zero sacó su pistola y apuntó, inflexiblemente declarando:
-Sal de ahí. Ahora.
Para sorpresa, fue Deimou quien se puso lentamente de pie, envuelto en oscuridad densa y con los ojos contorneados por un odio rojizo.
-¡Tú...! Y, ¿dónde está-?
La punzante presencia de Zashi, iracundo, quiso atrapar a Kira por la espalda, mas ésta reaccionó a tiempo y lo repelió con Ayilai. Volaron incontables chispas de electricidad agresiva cuando hizo contacto con la piel del vampiro ardiente.
-¡Agh...! ¡Maldita, pequeña-!
Zero se distrajo divisando el ataque fallido de Zashi contra su colega. Deimou saltó con los dientes afuera hacia el guardián de ojos lilas, pero éste lo esquivó y lo dejó inconsciente de un golpe. Kira gritó:
-¡Zero! –y lanzó su azote de nuevo contra el bravucón que intentó agredirla por segunda vez. Logró enroscarlo en su brazo y el hombre vil chilló electrocutado en una magia etérea anti-vampiros que lo puso fuera de pelea...
Los prefectos hicieron silencio y respiraron con calma otra vez. La chica entonces miró a su compañero y apocadamente sonrió, probablemente satisfecha con haber hecho las cosas bien y buscando aprobación. En respuesta, él sólo asintió con la cabeza, pero no enunció congratulaciones...
-Hay que llevarlos de vuelta al Dormitorio de la Luna... –dijo luego.
-Pero ahí no hay nadie; los vampiros están en clase...
-No importa. No podemos dejarlos aquí... –Se detuvo a pensar. -Tú quédate. Me llevaré a Deimou y volveré para llevarme a Zashi.
-Pero...
-Si despierta, asegúrate de mantenerlo bajo control.
-E-Está bien.
Zero cargó a Deimou en su espalda y ella se quedó vigilando a Zashi desde una distancia prudente, con el látigo Ayilai en mano, bien apretado.
Él dio los primeros pasos cuando un aflictivo, nostálgico pensamiento a medias surcó su mente:
-"Se defendió... mejor que..."
Unos quince minutos más tarde, Zero volvió, y Kira exclamó su nombre, aliviada de que por fin retornara y pudiese hacerse cargo del estudiante dormido pero que aún así resultaba para ella una amenaza. Él le sugirió fríamente que se quedara sola patrullando la zona, que iría a dejar a Zashi y luego volvería, y aunque a la dama la idea mucho no le gustó, tuvo que obedecer y armarse de valor.
Había crecido con ella, pero la oscuridad parecía atemorizarla. Su puño sostuvo a Ayilai con constante firmeza. Tragó saliva. Su falta de ánimo y su debilidad arraigada invocaba una sensación de cero gravedad en sus pies, el desvanecimiento de las dimensiones que podían darle contención pero que elegían abandonarla. Vacía, y en un agujero negro.
Al final, su miedo la condujo hasta el edificio de los dormitorios de chicas de la clase diurna, y caminó bajo la luz de los balcones habitados. Allí pudo bajar la guardia y encontrar cierta serenidad. Sin embargo, sobre el final se ensimismó demasiado; ya no prestó atención a su rededor que de pronto le legó una sorpresa. Sin previo aviso, de un modo insólito que parecía no dar explicación, un globo de agua helada estalló contra su cabeza tras ser lanzado de las alturas. Del espanto que sufrió, terminó en el suelo, aunque más se sintió humillada por darse cuenta de que la habían burlado por completo. Miró a los balcones vacíos de los dormitorios de chicas, pero no halló respuesta, y ahí permaneció unos instantes, atada a la horrible congoja de la soledad y la vergüenza.
Quince minutos después se reunió con Zero, quien pudo rápidamente descubrir dónde se había metido ella y percatarse de la humedad sobre su uniforme y su cabellera negra.
-¿Por qué estás mojada? –le preguntó con una ceja alzada.
-No lo sé... –la chica contestó con un exiguo llanto contenido-. Me arrojaron un globo con agua...
-¿Qué?
-No vi a nadie...
-Te tomaron de sorpresa.
-Hm... –gimió, ocultando la mirada.
-Debes cambiar eso. Eres cazadora de vampiros, aparte de prefecta.
-Lo siento...
-¿Vas a llorar?
-No. Discúlpame...
-Lo mejor será que te vayas a cambiarte... O mejor aún..., ve a descansar. Ya patrullaste suficiente por hoy.
-Sobre Zashi y Deimou... –inquirió, frotándose la cara-, ¿qué pasará?
-Haré que los expulsen. Está claro que no se detendrán hasta que hagan un desastre.
-Oh, bueno...
-Ahora, vete.
-De acuerdo... Buenas noches... –dijo finalmente ella, yéndose lejos. La entera postura de su cuerpo era triste y digna de quien no puede dejar de sentirse amedrentado.
Zero Kiryuu la vio irse, y por algún motivo no se marchó hasta que la vio entrar al edificio. Su mente entró en conflicto, y se puso rabioso consigo mismo. Era un hombre bueno, lo sabía, y estaba maltratando a una chica que realmente era muy dulce. Ella no se merecía eso; no tenía ni idea de lo que él había vivido... Y no tenía nada que ver con Yuuki; Kira no la conocía. Respiró agitado, tratando de quitarse el reconcomio de encima pero sin lograrlo.
Como por impulso, el guardián de la Academia dio un puñetazo a la pared y gruñó. Cerró los ojos. Agachó la cabeza. Sus cabellos plateados se vertieron sobre sus facciones tensas.
-"Imbécil... Yo sólo... Sólo..."
